Por: Julio César Paredes
“Si encuentras al Buda en el camino, mátalo” Koan zen
Este Koan me lo presentó un paciente al plantear los problemas que en ese momento lo aquejaban, al estarse preguntando qué era lo que le faltaba hacer en su vida para salir del enredo en el que se encontraba ¿qué tantas cabezas debo cortar para seguir adelante? ¿Qué significa matar al Buda? Bueno sé que significa matar al Buda, pero ¿no es muy drástico el tener que llegar a ese punto?
 

  1. Definiciones de agresión

Tanto en la cultura popular como en el medio psicoanalítico la palabra agresión posee una connotación negativa, caracterizada de manera principal con una cualidad destructiva. Se ha creado todo un credo alrededor de la no agresión, se crean cuentos para niños, dinámicas de control emocional y técnicas para el manejo de la agresión, ya que ser un sujeto “agresivo” invita a ser alguien que buscar destruir o dañar a los otros.
Podemos hallar muchos ejemplos acerca de esta connotación negativa que tiene la palabra agresión, uno de ellos y que es básico es su misma definición en el Diccionario de la Real Academia Española (2017), en dónde se define agresión como “Acto de acometer a alguien para matarlo, herirlo o hacerle daño”, este es el empleo común que se le da a la palabra, con base en ello hoy en día se puede observar a muchas mamás instruyendo a sus hijos en no ser agresivos, en no pegarle a sus compañeros (aunque sea en defensa propia).
El mundo psicoanalítico tampoco se ha escapado por completo de esta visión de la agresión, ya que al hablar de pulsiones agresivas en sus inicios Freud les proporcionaba su explicación en la pulsión de muerte, la agresión “Designa, para Freud, las pulsiones de muerte, en tanto que dirigidas hacía el exterior. El fin de la pulsión agresiva es la destrucción del objeto” (Laplanche, 2016) La pulsión agresiva de esta manera surge de la victoria de la pulsión de vida sobre la pulsión de muerte y la dirige hacía el mundo externo en lugar de conservarla en el Yo poniendo en peligro la vida del individuo dado la tendencia autodestructiva que proviene de la pulsión de muerte. Y al hablar de agresividad podemos hallar de igual manera que la agresividad es la “Tendencia o conjunto de tendencias que se actualizan en conductas reales o fantasmáticas dirigidas a dañar a otro, a destruirlo, a contrariarlo, a humillarlo, etc. La agresión puede adoptar modalidades distintas de la acción motriz violenta y destructiva; no hay conducta, tanto negativa (rechazo de ayuda, por ejemplo) como positiva (por ejemplo, ironía) como efectivamente realizada, que no pueda funcionar como agresión” (Laplanche, 2016).
La agresión entonces se volvió un derivado de la pulsión de muerte y el entendimiento respecto a ella se basó en este último concepto, sin embargo si nos remontamos a los orígenes etimológicos de la palabra agresión encontramos que “En efecto, aggredior, aggressus sum, aggredi (de ad más gradior, gressus sum, gradi) significa simplemente ir hacia, dirigirse a, acercarse, aproximarse; significados que luego se amplían en emprender, acometer, atacar, agredir” (Arnal, Mariano 2017).
De esta definición proporcionada por Arnal se puede rescatar lo siguiente: la raíz etimológica habla acerca de movimiento, de ponerse el sujeto en acción para hacerse de algo, de acercarse a un objeto o un fin; es esta última palabra la que ayuda a ir distinguiendo la agresión del vocablo destrucción.
Con base en la información anterior quiero rescatar algunos puntos:

  1. La agresión es una pulsión.
  2. El fin de la pulsión agresiva es la destrucción del objeto.
  3. El origen de la palabra no es el de atacar sino el de movimiento, atacar es una modalidad de este movimiento.

 

  1. ¿Pulsión de muerte = agresión?

Los primeros dos puntos se pueden explicar en conjunto. La pulsión está definida por Freud (2012) como un “estímulo para lo psíquico (…) El estímulo pulsional no proviene del mundo exterior, sino del interior del propio organismo” Al contrario que con los estímulos que provienen del mundo exterior, los estímulos internos presentan mayor dificultad para su satisfacción. Ante una ráfaga de viento, el polvo, un dolor provocado por alguna colisión o un cambio drástico en la cantidad de luz, el individuo puede reaccionar con rapidez para cancelar, ya sea la fuente del estímulo o las consecuencias de éste; sin embargo los estímulos que provienen del interior no poseen esta fácil resolución, deben realizarse modificaciones en cuanto al objeto o la meta para que se pueda llegar a la satisfacción de este.
En el mismo artículo, “Pulsiones y destino de pulsión” de 1915, Freud desglosa los componentes de las pulsiones en 4 características, que todas ellas, deben de tener; tales son:

  1. Esfuerzo: se refiere a la característica energética de la pulsión, es el qué tan intensa o qué tanta fuerza posee esta.
  2. Meta: la meta de toda pulsión es la satisfacción, son los caminos o medios para lograr esta satisfacción lo que se presenta de manera variable.
  3. Objeto: el componente más variable de la pulsión, es aquello con la cual la meta llega a su cumplimiento; un objeto puede servir a la satisfacción de una sola pulsión o para la satisfacción de varias, puede ser ajeno al mismo sujeto o el mismo sujeto puede ser objeto de la pulsión.
  4. Fuente: la cual será aquella necesidad interna que inicia la búsqueda de su satisfacción es de origen somático y la pulsión es la representación psíquica de ella.

Con base en estos 4 componentes en su momento Freud intentó explicar la agresión como una pulsión cuya fuente era la fuerza autodestructiva inherente a todos los seres vivos, cuya meta era la destrucción en un inicio del mismo organismo y que con la ayuda de la pulsión de vida (Eros) colocaba fuera ahora esa fuerza destructiva, aunque una pequeña parte de la pulsión de muerte se mantiene en el individuo ayudando a formar la instancia psíquica del Superyó.
Pareciera que el mismo Freud tenía grandes dificultades para comprender su propio descubrimiento y lograr definir cuál era la participación de la pulsión de muerte en los procesos psíquicos y el comportamiento humano. Una de esas dificultades surge de la complicación, o imposibilidad, de proporcionarle un nombre a la pulsión de muerte, es decir crear un término unificador para ella. En su texto Más allá del principio de placer (1920) Freud hace el distingo entre las pulsiones de vida y las pulsiones de muerte, las primeras unificadoras y con el fin de conservar la vida, llamó Eros a esta pulsión y libido a la energía característica de ellas, así las pulsiones sexuales y las pulsiones de auto conservación presentaban características libidinales “Tanto nos vemos a destacar el carácter libinoso de las pulsiones de autoconservación ahora, desde que osamos a dar otro paso: discernir la pulsión sexual como el Eros que todo lo conserva , y derivar la libido narcisista del yo a partir de los aportes libidinales con que las células del soma se adhieren unas a otras” (Freud, 2012).
La energía de Eros es la libido, pero no hay un nombre para la energía de la pulsión de muerte, la agresión es sólo una manifestación o modalidad de estas pulsiones y por tanto no se pueden usar como sinónimos o de manera indiscriminada, ya que una no hace referencia a la otra de manera directa. Con esto se pueden concluir dos cosas:

  • La agresión es una pulsión en sí misma;
  • Si la pulsión agresiva es diferente a la pulsión de muerte entonces su fin no es necesariamente la destrucción del objeto, la agresión tendrá sus propios fines, objetos, fuente y esfuerzo.

Un ejemplo de ello lo proporciona el mismo Freud al explicar: “los conflictos de intereses se zanjan en principio mediante la violencia. Así es en todo el reino animal, del que el hombre no debiera excluirse[i]; en su caso se suman todavía conflictos de opiniones, que alcanzan hasta el máximo grado de la abstracción y parecen requerir de otra técnica para resolverse” (Freud, 2011). Entonces la violencia tiene modalidades, hay diferentes maneras de confrontar, agredir, detener, impeler y someter al otro, e incluso es más preciso decir que la pulsión agresiva presenta modificaciones a lo largo del tiempo, a lo largo del desarrollo.
Este es un intento de separar el término de agresión del concepto de la pulsión de muerte, como se indicó anteriormente no son sinónimos. Hay que pensar la agresión desde el tercer punto a discutir, desde su raíz etimológica, el ir hacia adelante, dirigirse a un punto, lugar, objeto, aprehender a los objetos, y este ir hacía también puede hablar de acometer, de lastimar, de herir en un sentido más amplio, pero el fin último de la pulsión agresiva no es sólo el destruir al objeto.
 
III. La agresión y su desarrollo.
Un elemento dinámico que hay que sostener es que si bien la agresión no es equivalente a la pulsión de muerte, la pulsión de vida, la libido, sigue siendo un elemento importante en el desarrollo del individuo.
El desarrollo libidinal ha sido tratado por diferentes autores: Freud con su teoría del desarrollo psicosexual, Erikson con su propuesta del desarrollo psicosocial y Mahler con su teoría de la separación e individuación. Cada una de esas teorías explica el crecimiento del ser humano y las diversas modalidades, retos o vicisitudes que cursa a lo largo de su desarrollo y cómo a partir de ellas se estructura el aparato psíquico o el self del individuo, por medio de establecer una diferenciación del sí mismo con el otro y las formas de relacionarse con ese otro.
En la teoría del desarrollo psicosexual de Freud “cada fase del desarrollo está determinada por el impacto en la psique de los impulsos instintuales somato-psíquicos que logran su dominio como el resultado de un programa constitucionalmente predeterminado de maduración[ii]” (Parens, 1980). Así el desarrollo cursa por una serie de zonas denominadas erógenas como lo son la boca, el ano y el pene; el dominio de los impulsos correspondientes a cada una de estas etapas permite al individuo llegar a la genitalidad.
La agresión en esta teoría del desarrollo está presente en tanto está influenciada por la libido y en cómo se relaciona con ella, la agresión varía y se ve afectada de acuerdo al desarrollo de la libido, entonces hablamos de agresión en la etapa oral, anal o fálica; la agresión tiene un apellido y este apellido determina su funcionamiento. En la teoría freudiana se le otorga gran importancia a la fase anal, en lo que respecta a la agresión, dado que es en esta etapa en la cual hay un incremento de lo que Freud denominaba sadismo.
“Las formulaciones de Erikson enfatizan el desarrollo del Yo en tanto el niño se adapta a su ambiente interno y externo. Erikson propone un desarrollo de la identidad del Yo que dura toda la vida, describiendo cada etapa en términos de conflicto nuclear, una tarea principal y una crisis específica de cada etapa[iii]” (Parens, 1980).
Las etapas propuestas por Erikson son: 1) Confianza básica vs desconfianza básica; 2) Autonomía vs vergüenza y duda; 3) Iniciativa vs culpa; 4) Industria vs inferioridad; 5) Identidad vs difusión de identidad, entre otras. Es importante señalar que cada una de estas etapas se encuentra relacionada con las etapas del desarrollo psicosexual de Freud, siendo la etapa de autonomía vs vergüenza (que correspondería a la etapa anal) en la cual se espera que el niño logre un mejor control de su agresión y logre un equilibrio entre amor y odio.
Por último, “la teoría de Mahler de simbiosis e individuación-separación cubre esencialmente los primeros 3 años de vida. Al nacer el niño se encuentra en la fase del autismo normal. Del segundo mes en adelante, se mueve a la fase simbiótica normal. De la mitad del primer año de vida, en la cumbre de la simbiosis, el niño comienza el proceso de separación-individuación” (Parens, 1980).
La agresión, en la teoría mahleriana, tiene un papel importante durante la sub etapa de reacercaminento, la cual forma parte de la fase de individuación-separación. El deseo de alejarse de la madre y el deseo de mantenerse con ella, además de la sensación de pérdida de omnipotencia y la frustración que esto genera, promueven el incremento de la agresión hacía la madre teniendo como consecuencia un desarrollo pobre de esta etapa generando dificultades para mantener la constancia objetal y el aumento del temor a la pérdida del objeto.
Como se puede observar la presencia de la agresión en cada una de estas teorías es causal, en otras palabras, su papel no es más que el de un elemento que se halla presente desde un inicio y que por influencia del desarrollo de la libido se ve modificado. Lo más importante es qué tanto la libido puede mezclarse con la agresión y de esta manera subyugarla para evitar conflictos con otras instancias psíquicas o el mundo externo.
Hasta ese momento no hay un estudio que se enfoque en la pulsión agresiva en sí misma, siendo que se considera que la agresión es un elemento en sí, ya dado desde el nacimiento y que se sostiene con las mismas cualidades a lo largo del desarrollo siendo sus únicas modificaciones las que son realizadas por influencia de la libido.
A través del estudio de infantes entre los 4 y 6 meses de haber nacido, Henri Parens estudio la agresión y propuso que al contrario de lo que se creía la agresión no era única y sin especificidades, al contrario la agresión observada en los niños de estas edades podía corresponder a 3 tendencias distintas:

  • “Agresión no destructiva, cuyo fin es el de afirmarse a uno mismo, controlar, asimilar, y junto con el Yo impulsa el dominio tanto del self como del ambiente, es una fuerte fuerza motivacional inherente a los esfuerzos por autonomía, competitividad, asegurar y protegerse a uno mismo (…) Íntimamente atada a metas narcisistas alimenta la asertividad y la auto-determinación[iv]” (Parens, 1990)

Este tipo de agresión se halla desde un inicio en el infante, la meta no es la destrucción y es la rama de la agresión que ayuda a que el Yo del infante pueda comenzar a diferenciarse y controlar tanto su cuerpo como el mundo que lo rodea.
El control corporal, la capacidad para dominar tareas, encuentra sus raíces en este tipo de agresión, algunos logros de la infancia están influenciados por ella, como puede ser el desarrollar la capacidad de gatear, de caminar, el poder realizar el cambio del pecho a la mamila entre otros logros del desarrollo.

  • “Agresión no afectiva (…) hay agresión que es inherentemente destructiva sin que sea hostil, un ejemplo de comportamiento que se deriva filogenéticamente de la agresión de presa. Esta es la destrucción de la estructura animada por el bien de la alimentación y la auto-preservación[v]” (Parens, 1990)

En esta rama podemos encontrar por ejemplo conductas como el masticar, aquellos niños que llegan a morder el pezón también pueden presentar este tipo de agresividad en gran medida.

  • “Hostilidad destructiva, como las otras tendencias en la agresión como su fin principal está el actuar sobre, afirmarse a uno mismo sobre, y controlar; emerge bajo la influencia del placer excesivo incluso desde el inicio de la vida. Para el final del primer año de vida , su objetivo se vuelve el infligir dolor o dañar y con ello, por efecto de la destrucción hostil, controlar al objeto (…) La tendencia hostil destructiva, por supuesto, es usualmente concebida en términos de odio y rabia, y es vista generando ambivalencia (…) influencia el carácter de los derivados del Ello y del Superyó, y con frecuencia crea desorden en el funcionamiento del Yo, en el desarrollo y estabilización del self y en las relaciones de objeto[vi]” (Parens, 1990).

Esta tendencia de la agresión es lo que después podría derivar en lo que llamamos violencia, donde el fin único y principal es el de dañar al otro, ya no hay ningún otro objetivo más que el de acabar con el objeto y así liberarse de él. Sin embargo no hay que olvidar que esta misma tendencia tiene gradientes, la hostilidad destructiva puede presentarse desde la burla, la broma, hasta la aniquilación total del objeto.
Bajo esta visión la agresión pierde la noción de ser algo completamente malo, ya no es destrucción en sí, sino posee cualidades necesarias por sí misma para el mismo desarrollo de las estructuras psíquicas. La importancia de esta descripción de la agresión radica en la posibilidad de observar los fenómenos del desarrollo desde otro punto de vista, estas tres tendencias pueden hallarse combinadas en un solo acto y observar cuál es la prevalencia de una sobre otra indicar cuáles son otras dificultades en el crecimiento del individuo o en qué tipo de agresión hay un énfasis ayudando a crear un diagnóstico al respecto.
No es posible abandonar la exposición de Parens sin ahondar un poco más en su propuesta y es que al hablar de la hostilidad destructiva se presenta un fenómeno que es común y básico en la teoría psicoanalítica, y este es la ambivalencia.
La ambivalencia es entendida como la presencia de amor y odio, u hostilidad destructiva, hacía un mismo objeto. Este objeto, que en muchas ocasiones suele ser la madre, es meritorio de ser depósito de ambas pulsiones dado que es tanto gratificador como frustrante, y en los primeros meses de vida es la madre quien se encarga de realizar ambas cosas con el pequeño, con sus cuidados, con sus caricias, con su pecho y sin él.
“Mucho antes que sea valuada emocionalmente, ella influencia, positiva o negativamente, las vicisitudes de la destructividad en el infante de tal manera facilita – si su influencia fue positiva – el dominio del infante de las tareas venideras del desarrollo” (Parens, 1990) Hay que recordar que ya la tendencia de la agresión no afectiva se halla presente en el recién nacido e incluso se pueden llegar a observar algunas muestras de hostilidad destructiva desde los primeros momentos.
De tal manera el manejo y la expresión de la agresión se ven influenciadas por la madre mucho antes de que exista una diferenciación del yo – no yo; tomando en cuenta las teorías del desarrollo mencionadas con anterioridad el bebé debe lidiar con las frustraciones que se le presentan durante las etapas orales, de confianza básica y autismo normal.
Si la influencia de la madre no es positiva, en su mayor medida, los retos del desarrollo comienzan a verse obstruidos, la etapa oral necesitará de mucha energía para ser dominada creando puntos de fijación importantes que a posterioridad podrían derivar en alguna patología no neurótica; la confianza básica no se podría establecer dado que el mundo se ha vivenciado como carente de atención a él y es vivenciado como peligroso y angustiante; y por último, la etapa de simbiosis será difícil de ser superada, avanzando al autismo normal con las carencias de la constancia de un objeto bueno omnipotente que proteja al infante.
En otras palabras, se puede considerar que la misma línea del desarrollo de la agresión tiene gran influencia en el desarrollo de la libido, una no somete a la otra, sino justo lo contrario, habría de haber una carga suficiente de agresión para que continúe el desarrollo así como una carga suficiente de libido que facilite el proceso.
Este equilibrio entre ambos tipos de pulsión es necesaria para superar los dos momentos del desarrollo en los cuales la agresión aumenta y con cada uno de esos aumentos la posibilidad de superar la ambivalencia que viene con ellos.
Los dos aumentos de la agresión en el desarrollo que propone Parens (1990) consisten en un primer incremento en la tendencia de la agresión no destructiva cuando el sistema nervioso y muscular han madurado lo suficiente durante la segunda mitad del primer año de vida. Tiene una fuerte influencia en el narcisismo y sensación de omnipotencia, dado que el niño al ya ser capaz de distinguir a un otro siente que tiene la capacidad de controlar el mundo que tiene a su alrededor, ahora puede moverse en mayor medida que antes y este aumento de la agresión se puede observar en los intentos exploratorios del infante.
Con este primer aumento de la agresión, el aumento de la omnipotencia y la capacidad de exploración surge un primer momento de ambivalencia, la madre frustra los intentos del niño, comienza a poner prohibiciones a sus capacidades y el niño comienza a desarrollar hostilidad hacia ella, desea dañar a esa madre que le pone límites, pero que al mismo tiempo ama y sabe que necesita.
Este conflicto interno causa angustia en el niño, entre el amor y el odio hacía la madre ahora debe alcanzar una resolución: lastimarla, dañarla y deshacerse de ella para conservar su sentido de omnipotencia y proteger su narcisismo o proteger a su objeto amado y conservarlo a costa de sacrificar estas dos cualidades. Lo esperado es que en este primer conflicto ambivalente el niño logre neutralizar la agresión y hacer uso de ella para otras actividades, permitiendo con ello, en mi opinión, dos avances:
1) Tener ahora energía libre para dominar las tareas siguientes, ya que al neutralizar la agresión esta se vuelve energía disponible y le permite evitar el tener que hacer uso de otros mecanismos de defensa, el Yo tiene una labor menos que realizar.
2) La posibilidad de convertir la hostilidad destructiva en agresión no destructiva, si el desarrollo psíquico puede continuar es debido a esta transformación de la pulsión agresiva.
Considero que si la libido puede presentar fijaciones a lo largo de su desarrollo, la pulsión agresiva de la misma manera debe tener las propias. Siendo así el caso si el primer conflicto de ambivalencia es difícil de superar y la hostilidad destructiva no es capaz de neutralizarse en su mayoría, quedará un precedente de ella muy importante en el funcionamiento psíquico lo cual tendería a inhibir la expresión de las otras tendencias de la agresión, ya que habría poca diferenciación entre una y otra.
El segundo momento de ambivalencia es aquel que se hace presente en el período edípico y que posee una base similar a la que plateó Freud en su momento: la relación amor-odio con el padre del sexo opuesto con el cuál se sostiene una relación de rivalidad. De este segundo momento hay que destacar la variación que surge de la diferencia de los sexos, aquí la expresión de la agresión se verá en parte definida al sexo de cada uno de los niños, siendo que los varones dan mayores muestras de usar sus cuerpos para la expresión de ella, mientras que las niñas mostraran una conducta más “malvada”, más traviesa en relación con la madre.
“El brote de la agresión fálica parece ser una diferenciación biológicamente predeterminada dentro de la agresión que sirve a la libido; no es inherentemente destructiva. Una explicación alternativa es que esta agresión puede haber recibido sus cualidades fálicas por la influencia prevalente de la libido genital[vii]” (Parens, 1990). Sin embargo retomando mi punto anterior creo es pertinente considerar la resolución del primer momento, ya que si este dejo remanentes importantes de hostilidad destructiva esta se hará presente en la agresión fálica en un intento más de poder ser neutralizada y una vez más aquella hostilidad que no logre serlo será introyectada en el Superyó proporcionándole características rígidas y persecutorias.
En caso de que el primer momento de la agresión logre ser superado, pero el segundo momento no lo sea, es decir, que la agresividad edípica no logre ser neutralizada o elaborada, el Superyó introyectado tendrá características punitorias y en las cuales el temor de haber podido lastimar a los objetos puede tener gran prevalencia. Ya no hablamos de una agresividad que se confunde, no es que cada acción tienda a vivirse como hostil, sino que prevalece una angustia a no poder contener la agresión y con ella en un momento llegar a lastimar al objeto, se podría decir que el primer momento de resolución corresponde a la posición esquizoparanoide de Klein, mientras que el segundo a la posición depresiva.
Se ha llegado a considerar que la agresión es un elemento conflictivo en algunas patologías en especial, como pueden ser la depresión, la neurosis obsesivas y, por supuesto, las psicosis, sin embargo considero que cada una de las estructuras clínicas tiene un monto de agresión no resuelto, no elaborado y la forma de confrontar y manejar esa agresión será particular de cada estructura.
Antes de terminar no quiero dejar sin respuesta la pregunta ¿qué es lo que provoca el comportamiento hostil? La respuesta es que el comportamiento hostil surge en reacción a las situaciones de alto displacer y a las afrentas que se hagan al narcisismo del sujeto, cuando alguno de los dos elementos se hace presente la hostilidad destructiva entra en acción en un esfuerzo por eliminar la fuente de displacer o que está lastimando al narcisismo. Se hace uso de la destrucción para poder conservar la integridad, agresión al servicio de la vida, destruir para conservar, para proteger, para mantener el funcionamiento mental en un nivel óptimo y el aparato psíquico no se vea inundado de ella impidiendo llevar a cabo sus funciones.
Esta es una breve y en verdad escueta explicación del desarrollo de la agresión y sus varias tendencias y manifestaciones, hay mucho más material que elaborar, aclarar y profundizar y es que como menciono Avelino González (2011) “el concepto del término “agresión” es muy amplio. Se le puede considerar de diferentes puntos de vista: origen, calidad, cantidad, distribución, finalidad y objeto necesario para la descarga. Todas estas propiedades de la agresión están interrelacionadas”.
Y al final de este trabajo no dejan de surgir dudas, preguntas, que en su momento habrán de hallar una respuesta: ¿En esta distinción y clasificación de la agresión en dónde queda la pulsión de muerte? ¿Acaso la pulsión de muerte puede estudiarse en el espacio analítico a través de la reacción terapéutica negativa y la compulsión a la repetición? ¿Es la pulsión de muerte el resultado de acciones como las autolesiones y el suicidio o son éstas resultado de la conflictiva agresiva? Al escribir esta última línea recuerdo el koan de mi paciente y pienso ¿qué es lo que se necesita cortar para poder seguir avanzando? Una vida dónde la agresión debe ser suprimida y controlada por completo nos lleva a una vida no vivida, llena de insatisfacciones y en algunos casos a la parálisis y la muerte del propio sujeto en los casos más extremos.
 
Bibliografía:

  • Arnal, Mariano (2017) El almanaque. Recuperado de http://www.elalmanaque.com/lexico/agresion.htm
  • Freud, Sigmund (2012) Pulsiones y destino de pulsión en Obras Completas Vol. XIV (105-134) Buenos Aires: Amorrortu.
  • Freud, Sigmund (2012) Más allá del principio de placer en Obras Completas Vol. XVIII (p. 1-62) Buenos Aires: Amorrortu.
  • Freud, Sigmund (2011) El problema económico del masoquismo en Obras Completas Vol. XIX (p. 161-176) Buenos Aires: Amorrortu.
  • Freud, Sigmund (2011) ¿Por qué la guerra? En Obras Completas Vol. XXII (p. 179-198) Buenos Aires: Amorrortu.
  • González, Avelino (2011) La agresión y el concepto psicoanalítico del desarrollo en Obras de Avelino González Fernández. Pionero del psicoanálisis en México (p. 292-298) México:SPM.
  • Green, André (2014) ¿Por qué las pulsiones de destrucción o de muerte? Buenos Aires: Amorrortu.
  • Green, André y otros (2008) La pulsión de muerte Buenos Aires: Amorrortu
  • Laplanche, J & Pontalis, J.B (2008) Diccionario de psicoanálisis. México: Paidós.
  • Parens, Henri (1980) Psychic Development During the Second and Third Years of Life en The Curse of Life: Psychoanalytic Contributions Toward Understanding Personality Development Vol. 1 Infancy and Early Childhood (p. 459- 500) EUA: International Univ.
  • Parens, Henri (1990) Toward an Epigenesis of Aggression in Early Childhood en The Course of life Vol. II Early Childhood (p. 129-161) EUA: International Univ. Press.
  • Parens, Henri (1990) Toward a Reformulation of the Psychoanalytic Theory of Aggression en The Course of life Vol. II Early Childhood (p. 83-127) EUA: International Univ. Press.

[i] Creo que es necesario hacer una diferencia acerca del uso del término pulsión e instinto. Entendemos por instinto aquella conducta o conjunto de conductas que tienen cualidad de automáticas e inherentes a la especie, estas conductas no surgen de meditación alguna y forman parte de la ontogenia; por otro lado una pulsión es una fuerza de fuente somática que alimenta al psiquismo, es decir, no es de carácter ontogénico, sino filogenético, por ello su satisfacción es complicada y los medios para dicha satisfacción tan variados. Igualar al hombre con el animal, no es incorrecto en el sentido taxonómico, ya que hablamos del reino animal, pero la manifestación y manejo que se da respecto a la agresión es de diversidad en el ser humano, mientras que en otros animales es una conducta estereoripada. Por tanto es más apropiado hablar de una pulsión agresiva, que de un instinto agresivo, en el ser humano.
[ii] La traducción es mía.
[iii] La traducción es mía.
[iv] La traducción es mía.
[v] La traducción es mía.
[vi] La traducción es mía.
[vii] La traducción es mía.
 
Imagen: freeimages.com / Egalo Palo
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