Por: Brenda Durán
Hacemos tan nuestros los lugares, que no es sorpresa encontrar en la literatura y en el cine lugares que podrían por sí mismos, personajes. Con vida propia recibe Hogwarts a Harry Potter después de cada verano, después de su primer encuentro, Harry no es más el niño que vive debajo de la alacena. A su orfandad lo acoge un pecho bueno, en ese comedor capaz de alimentar sin límite a su alumnado, una Sala de los Menesteres omnipotente, un espejo de Oesed capaz de reflejar a un Yo ideal. Hogwarts tiene vida propia.
Son incontables las películas, cuya trama gira alrededor de alguna casa embrujada, algún lugar terrorífico. El realismo mágico en las plumas de Elena Garro, García Márquez y de Juan Rulfo nos han regalado a pueblos enteros; Macondo, Cómala e Ixtepec casi como personajes principales de sus historias.
En una de las más recientes películas de Disney “Encanto”, la casa tiene vida propia. Los dones de sus habitantes, la llenan de magia. Mirabel es capaz de ver una grieta en medio de esa fachada fuerte, así como es capaz de ver las grietas en una abuela idealizada por el resto de su familia. Los lugares son también parte de nuestra historia como humanidad y de las historias particulares. Lo que hoy compone a una vivienda en occidente, ha ido cambiando con el tiempo. Tanto Avrane (2021) como Dolto (1994) coinciden al catalogar como promiscua, la forma de habitar los espacios en la Edad Media. No había límites marcados entre quienes dormían en donde, personas de diferentes clases sociales dormían en los mismos espacios. “Las clases sociales se mezclaban en la calle y los lugares públicos. La segregación no dividía a la ciudad en hermosos barrios y guetos miserables. La insalubridad era para todos.” (Dolto, 1994)
En palabras de Avrane (2021) “A comienzos del siglo XX se crean los cuartos de baño. La promiscuidad y transparencia han desaparecido; la represión está en marcha y se inscribe en las paredes. Los pacientes de Freud pueden empezar a consultar”
Las construcciones que sobreviven al tiempo, tienen historias para contar, pero pocos espacios tienen más significado que aquellos lugares donde se genera mayor intimidad ¿Cuáles son las condiciones de vida actuales?
En primer lugar podemos hablar de que a diferencia de la Edad Media, existe en las grandes ciudades una segregación “Las diferenciaciones socioespaciales en el espacio urbano nos remiten a la concentración geográfica de la pobreza…los barrios pobres tienden a agruparse y conforman espacios o franjas urbanas dominadas por situaciones de exclusión social” (Aguilar G & López M, 2015).
No podemos pensar en la distribución de los espacios de la Ciudad de México, sin pensar en sus contrastes. En las elecciones de las alcaldías en 2021, tras conocer los resultados, hubo reacciones en redes sociales. Muchos catalogaron de clasistas los chistes que se hicieron al respecto, sin embargo pusieron al desnudo una realidad de desigualdad. Existen en esta ciudad zonas marginadas, una diferencia en el acceso a servicios como el agua. Vivir en la periferia implica un riesgo, mayor índice de violencia y una dificultad mayor para desplazarse. Otro fenómeno a observar es la dificultad a la que se enfrentan los jóvenes para acceder a viviendas dignas. Según Forbes (2020) “En la Ciudad de México, solo un 1% de los jóvenes son sujetos de un crédito hipotecario en relación con sus ingresos” Esta situación se atribuye en parte a la financiación de la vivienda en que los grandes desarrollos son adquiridos por inversionistas. Esto, trae como consecuencia un incremento en los precios no sólo de vivienda sino de renta, además de elevar el costo del suelo a su alrededor. Todo este contexto ha de tomarse en cuenta, ya que se hace presente en el consultorio.
“J” paciente de 30 años menciona en sesión “Imposible construir un patrimonio, veo los precios de los departamentos y me doy cuenta de que voy a pagar renta toda mi vida”
Hablar de los espacios, a veces implica hablar de la pérdida. Tal es el caso de los fenómenos de migración y de exilio y desplazamientos debido a situaciones de guerra, violencia o pobreza. Cristina Peri Rossi escribió en sus años de exilio, lejos de su natal Uruguay el siguiente poema:
Uno aprende que lo imprescindible
no eran los libros
no eran los discos
no eran los gatos
no eran los paraísos en flor
derramándose en las aceras
ni siquiera la luna grande -blanca-
en las ventanas
no era el mar arribando
su rumia rompedora en el malecón
ni los amigos que ya no se ven
ni las calles de la infancia
ni aquel bar donde hacíamos el amor con la miradaLo imprescindible era otra cosa. (Peri Rossi, 2007)
En el psicoanálisis como en la poesía lo imprescindible es otra cosa. En la escucha analítica, cuando un paciente habla de aquellos lugares donde se juega la vida, cuando habla de su casa, de su escuela de la infancia, de aquella casa de fin de semana; sabemos que nos habla también de su mundo interno. Cuando un paciente llega al consultorio preguntamos acerca de mudanzas, lo que implicó ir por primera vez a la escuela.
Cuando un paciente se narra, nos habla también de aquellos lugares que a veces como refugio, otras como trinchera lo acogieron o recibieron de forma hostil. Es en los lugares donde nos ocurre la vida, y los sucesos, los ruidos, los olores, pero sobre todo; sus representaciones dejan huella en nuestro psiquismo. ¿Cómo habitamos los espacios y cómo los espacios y lugares nos habitan? ¿Cómo investimos a los lugares? ¿No son de pronto algunos lugares también personajes dentro de nuestra novela personal?
Ante el aislamiento por COVID-19, aquellas personas que podían trabajar desde casa, se aislaron para evitar riesgos de contagio. Independiente a las características y diferencias de cada hogar dentro de la realidad objetiva, tales como ubicación, acceso a servicios, seguridad y condiciones de las viviendas, para algunos el quedarse en casa implicó mayores dificultades que para otros. Mucho tuvo que ver con quienes se compartía el espacio pero intuyo que hubo también influencia por la representación que cada persona tenía de su vivienda.
Para Avrane (2021) “La casa nos representa y las representaciones de casas son como nuestros espejos inconscientes…Nosotros habitamos como habitamos nuestro cuerpo y vivimos en el mundo” Una explicación más precisa la podemos encontrar en los planteamientos de Winnicot. Podríamos entonces plantear las viviendas y aquellos lugares a los que investimos con energía, como objetos- distintos- que- yo que representan el pecho materno. De esta manera podemos pensar no sólo las viviendas, sino muchos de los lugares que son significativos para alguien como una representación de este pecho.
“A”, paciente de 23 años se queja constantemente en sesión de su madre, ésta revisa sus cosas y le dice cómo vestir. Para tomar la sesión, pone música en su computadora de fondo y se conecta con audífonos, ya que ha expresado que las paredes de su casa son muy delgadas. No, no son solamente las paredes, son los límites entre ella y su madre. Las paredes delgadas, le dan la sensación de sentirse fusionada con su madre.
En su libro Mapas de lo Inconsciente, Radchik explica el espacio mental como “una entidad psíquica en sí misma”. En sus palabras la mente, tiene la capacidad de recibir información. Al principio de su vida, es la madre quién se encarga de llevar a cabo muchos de los procesos mentales por el bebé, la madre contiene y descifra, mediante una forma de ensoñación estos procesos. A esto se le conoce como la función continente. Conforme se avanza en el desarrollo, el bebé será capaz de integrar los aspectos hostiles que depositó en su madre y conformar una psique. Podrá tener una representación de sí mismo, de ella y del mundo que contenga aspectos buenos y malos. Al hacer esto, empezará a construir un espacio dentro de la mente. Por lo tanto, para Radchik el espacio mental es un lugar simbólico y mientras más amplio sea éste, mayor capacidad logrará para contenerse a sí mismo y al entorno. (Radchik & Velasco, 2019)
Hablar de espacio mental es hablar de un espacio en el interior. Para Winnicott la vida transcurre en una zona intermedia entre el interior y el exterior. Para plantear todo aquello que está entre el sí mismo y el entorno, me gustaría referirme a Juan Quibrera (2017), quien se refirió a la habitación de la película Room como “Un complejo fenómeno-espacio transicional construido con pedazos de la madre. Es el mundo construido y digerido por la madre que, a través del vínculo, le otorga a su hijo para poder vivir y soñar”. Una manera de pensar no sólo las viviendas sino todos aquellos lugares que son catectizados es como espacios transicionales donde, en palabras de Winnicott “realidad interior y vida exterior se conjugan, un primer entorno virtual, una de cuyas representaciones son los brazos que sostienen, la cuna, la habitación. La casa lo hereda” (Winnicott, 1993)
¿Qué es lo que se pierde cuando un desastre natural, como lo fue el terremoto de 2017 deja sin hogar a cientos de personas? ¿Qué es lo que verdaderamente se disputa una familia en un litigio por una herencia? Más allá de los bienes, del precio de un inmueble y el dolor la pérdida de un espacio físico, puede remitir a un desamparo mucho más primitivo.
“P” vivió toda su infancia y adolescencia en casa de su abuela en una zona exclusiva. Hubo entre su madre y su abuela una ruptura que los hizo salir de aquella casa y perder todo privilegio económico proveniente de la abuela. Ésta vendió aquella imponente casa tras la partida de su hija y nietos. “P” hacía constantes referencias a aquella casa. Poco a poco pudo simbolizar que la casa representaba en realidad a su abuela, a quien por lealtad a su madre había dejado de hablarle y ese pecho bueno capaz de proveerlo que perdió en el proceso. Lo imprescindible no era la casa, era la abuela.
Bachelard autor de “Poética de los espacios”, citado por Avrane (2021) define a la casa como un cosmos, un refugio del sujeto y de su pasado. Hace énfasis también en la fragilidad humana y cómo nuestra existencia intrauterina es más breve que la de otros animales, salimos del vientre materno inacabados y expuestos a amenazas. Es por esta razón que las viviendas y espacios que nos acogen tienen valor como objetos capaces de resguardarnos de los riesgos a los que nos enfrentamos después de perder la vida intrauterina. Es a mi parecer entonces la vivienda, una metáfora del vientre materno, nuestro primer hogar.
Siri Hustvedt, en su ponencia en el último congreso de la IPA equipara a la placenta como el espacio potencial de Winnicot, ya que une y separa a la madre y al feto. Refiere la existencia de fantasmas umbilicales de la dependencia al cuerpo materno después de nacer (Hustvedt, 2021). Para (Raphael-Leff, 1991) El intercambio que existe entre nutrientes y desechos de la embarazada y el feto, ha de servir de metáfora ante la interacción que se da tras el nacimiento. Una madre contiene y metaboliza las ansiedades intolerables y preverbales del bebé a fin de devolvérselas de una forma que sea tolerable. Las metáforas de útero que asemejan la relación analista- analizando han sido muchas veces utilizadas.
Pablo Guerrero equiparaba la mente del analista al vientre materno. En concordancia con los planteamientos de Hustvedt, equiparaba el lenguaje entre el paciente y analista a un cordón-umbilical-palabra que permite recibir los nutrientes-interpretaciones que favorecen el desarrollo del paciente. Para Guerrero, el encuadre actúa como un vientre mental que contiene al paciente. (Guerrero, 2015)
Hustvedt cuestiona las metáforas que se usan para describir el proceso del embarazo desde la ciencia. Enfatiza en cómo estas metáforas son “belicosas” y hablan de implantar e invadir, aun cuando el blastocisto, a pesar de ser un agente externo, no es inmunológicamente rechazado por la madre. (Hustvedt, 2021) . Me pregunto si una metáfora capaz de expresar lo que implica alojarse en otro cuerpo podría ser la de huésped. El poder pensar al bebé como un invitado que requiere de la hospitalidad de otro.
Esta metáfora puede tener su relevancia también en el espacio analítico. Recibir a un paciente implica en términos de Derridá citado por Avenatti de Palumbo “Hacernos vulnerables al alojar la pregunta, implica disposición de parte del huésped, de quien la dirige, la introduce y se introduce así él mismo en esa casa, su casa” (Avenatti de Palumbo, 2017) ¿Qué no es esa la función del analista? También el analista se vuelve vulnerable al alojar la pregunta del paciente y al invitarlo a un espacio compartido.
Alojar es independiente al tiempo de sesión o al tiempo del análisis. Frecuentemente podemos encontrarnos pensando en un paciente a raíz de algo que escuchamos en un seminario, al llevarlo a supervisión o encontrándonos haciéndonos preguntas, aún tiempo después de que dejó el análisis. Cuando un paciente deja de presentarse, comúnmente le preguntamos ¿Te guardo tu hora? Nunca ¿te guardo tu espacio?
Para mí, como para algunos otros analistas en formación, la pandemia implicó comenzar a recibir pacientes no en un espacio físico sino a través de la pantalla. En palabras de Carlino (2021) Un análisis implica abrir un espacio mental, un espacio intra, del diálogo. La mente está destinada a emitir y producir un diálogo. Conforme aprendemos a convivir con el virus del COVID nos ajustamos a la “nueva normalidad”, esa que tiende a volver a lo presencial. Estos cambios han implicado mucha flexibilidad. Aquellos que comenzamos a formarnos en medio de la pandemia, nos enfrentamos a un nuevo reto: abrir el consultorio como espacio físico.
Abrir el consultorio físico es también abrir un espacio amoroso capaz de alojar. Implica para el analista catectizarlo, elegir el diván, los colores, implica la intención de hacer de un espacio cualquiera, un lugar acogedor sin revelar del todo aspectos del analista. El consultorio, por sí mismo implica también un lugar de trabajo para el analista, un medio para subsistir y es por esto que ha de estar lleno de la vitalidad del mismo.
La implicación de abrir un espacio mental para un paciente, va más allá. Una vez que llega un paciente a análisis, éste no paga por la hora, paga por el espacio. El encuentro en un consultorio, es sobre todas las cosas, compartir territorios. En la escucha analítica hemos de estar al pendiente de la forma en que nuestros pacientes invisten a sus espacios, de la forma en que sus viviendas son representadas, de aquellos lugares que los han alojado y de la forma que tienen de alojar muchos de los lugares dentro de su historia personal.
Implica ser vientre y contener, ser placenta y metabolizar, Implica a veces ser partero socrático y dar a luz a contenidos buenos, implica tolerar el ser experimentado a veces como mansión embrujada, como casa de los espejos en la feria, otras tantas como unos brazos que acunan, una casa de juegos, pero implica ser, sobre todas las cosas un espacio nuevo para pensarse y narrarse, para en palabras de Tamara Kamenszain “Armar una trama nueva, con materiales viejos” (Kamenszain, 2018)
Bibliografía
- Carlino, R. (Octubre 2021 de 2021). Psicoanálisis a Distancia: Encuadre y Contrato. “Psicoanálisis en la Intersecciones”.
- Aguilar G, a., & López M, F. (2015). espacios de pobreza en la periferia urbana y suburbios interiores de la Ciudad de México. Las desventajas acumuladas. 25(50), 5-29.
- Avenatti de Palumbo, C. (2017). La hospitalidad como poética de la esperanza. Franciscanum 168, 175-196.
- Avrane, P. (2021). Casas: Cuando el Inconsciente habita los lugares. Argentina: La Cebra.
- Dolto, F. (1994). La causa de los niños. Paidós.
- Forbes. (Octubre de 2020). Forbes. Obtenido de https://www.forbes.com.mx/noticias-millennials-generacion-endeudada-y-sin-vivienda-en-mexico/
- Guerrero, P. (2015). La mente del analista como vientre materno. Escritos de Analistas en formación, Sociedad Psicoanalítica de México.
- Hustvedt, S. (2021). The Infantile: Its multiple dimensions. Umbilical Phantoms. Vancouver.
- Kamenszain, T. (2018). El libro de Tamar. Eterna Cadencia.
- Peri Rossi, C. (2007). Estado de Exilio. Visor Libros.
- Quibrera, J. (Octubre de 2017). ROOM: Espacio transicional en un cuento de hadas del siglo XXI. Obtenido de Sociedad Psicoanalítica de México, Escritos de Analistas en Formación: https://spm.mx/2018/room-espacio-transicional-en-un-cuento-de-hadas-del-siglo-xxi/
- Radchik, A., & Velasco, S. (2019). Mapas de lo inconsciente. México: Editores de Textos Mexicanos.
- Raphael-Leff, J. (1991). The Mother as a Container: Placental Process and Inner Space. Feminism & Psychology, 1(3), 393-408.
- Winnicott, D. (1993). Realidad y Juego. Gedisa.
- Imagen: Pexels/Tom Analogicus
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