Por: Antonio Galván
Durante el proceso analítico se ponen de manifiesto diversos fenómenos psíquicos los cuales van surgiendo a medida que las sesiones siguen su curso y dichos fenómenos son interpretados. Con el fin de que las manifestaciones psíquicas sean puestas en juego de la forma más natural posible y sin la innecesaria intervención del analista, el proceso analítico se lleva a cabo dentro de diversos parámetros que son establecidos dentro de lo conocido como encuadre, el cual, podría ser definido de una forma muy simplista como “las reglas del juego” (habré de definir de forma más completa el concepto de encuadre más adelante en este trabajo). Dichos parámetros incluyen el uso del diván, la regla fundamental, la regla de abstinencia, de confiabilidad, horarios de las sesiones, entre otros. Así, el proceso puede avanzar dentro de un clima favorable y los fenómenos mentales del paciente ser interpretados de la manera más óptima posible.
Dentro de los fenómenos esperados, se encuentran las resistencias, las cuales se presentan por parte del paciente para defenderse del avance del proceso analítico, defendiendo alguna situación inconsciente que afecte al paciente. A su vez, las resistencias también pueden ser por parte del analista, quien puede, por ejemplo, evitar la interpretación un material en específico. Esta situación, termina mostrando, variadas y singulares formas defensivas tanto del paciente como del analista, ante contenidos específicos que aparecen durante las sesiones. Sin embargo, el encuadre puede servir como útil herramienta para poder comprender la manifestación de las resistencias y así poder ser interpretadas, de manera tal, que estas sean vencidas y propiciar así, el progreso del proceso analítico. Un ejemplo común de esto es cuando el paciente llega tarde a las sesiones, a pesar de tener establecidos los horarios para ser atendidos, o bien el resistirse hablar, sabiendo que la regla fundamental del análisis es que el paciente diga todo aquello que suceda en su pensamiento sin censurarse nada. Es a partir del encuadre que el analista puede dar una perspectiva a estas conductas y así interpretarlas.
No obstante, surge la duda sobre aquellos casos, donde el paciente despliega defensas que se alían con lo establecido en el encuadre con el fin de evitar el surgimiento e interpretaciones de diferentes fenómenos inconscientes. Esto puede ser, por ejemplo, seguir de forma altamente disciplinada el encuadre, y racionalizando que es lo establecido por el analista, y así evitar el surgimiento de los deseos pulsionales o bien de las manifestaciones superyoicas, para que puedan ser interpretadas. En el presente trabajo me he dispuesto a entender de mejor manera la dinámica de este proceso tan particular, y dar una opción de óptica ante esta situación, para ello considero preciso iniciar con la aclaración de lo que se entiende por encuadre y resistencia.
Antes de dar inicio a lo que sería propiamente la exposición, me parece importante aclarar que no es mi interés actual, explicar fenómenos donde el seguimiento del encuadre por parte del paciente permite la manifestación de fenómenos inconscientes que le suceden. Sino a aquellos casos donde el encuadre sirve como aliado a las resistencias del paciente. Por ejemplo, un paciente que llega en toda sesión a tiempo y se conflictúa de sobremanera cuando se retrasa por 5 minutos, porque no es lo correcto. Esta situación pone de manifiesto  que el paciente, busca seguir lo establecido en el encuadre, con la mayor de las disciplinas. Pero la motivación es la de evitar el reproche del Superyó, quien es el que exige perfección ante el cumplimiento de reglas. Por lo mismo, el paciente no utiliza el encuadre y sus parámetros para evitar el surgimiento de un material inconsciente, sino que el mismo encuadre ha puesto de manifiesto ciertas condiciones superyoicas del paciente. Por lo tanto, las defensas del paciente no se alían con el encuadre para resistirse al surgimiento de contenidos inconscientes y son estos casos los que evitaremos durante el desarrollo de este tema.
El encuadre.
Para iniciar, creo apropiado partir de la definición de lo que es conocido como el encuadre. Durante la formación de la teoría psicoanalítica y por lo mismo de la técnica a utilizar durante el proceso analítico, Freud fue dándose cuenta de las diferentes variables que entorpecen el análisis y fue delimitando la labor analítica, para que ésta pueda ser desempeñada de la mejor manera y sin interferir en demasía ante lo manifestado por el paciente. Para ello, Freud va enumerando algunas de estas variables en su obra Consejos al médico (1912) donde inicia con una clara advertencia: “Las reglas a continuación propuestas son el resultado de una larga experiencia. Se observará fácilmente que muchas de ellas concluyen un único precepto. Espero que su observancia ahorrará a muchos analistas inútiles esfuerzos y los preservará de incurrir en peligrosas negligencias” (Freud 1912). Así, el autor refiere que el seguimiento de dichas reglas, es decir el encuadre, permiten la protección del analista y a su vez da pie a una mejor labor durante el proceso analítico.
Posteriormente, el entendimiento y la constitución de un método más fino propuso la modificación y la profundización de lo establecido como el encuadre. Producto de esto se ha llegado a entender que el encuadre, es una pieza fundamental dentro de la situación analítica, siendo el redil donde el proceso analítico puede ser desempeñado en las mejores condiciones. Bleger (1967) es parafraseado por Etchegoyen (1986) y menciona que el encuadre es el redil donde se despliega el proceso: “ningún proceso puede darse si no hay algo dentro de lo cual pueda transcurrir, y esos carriles por donde se desplaza el proceso son el encuadre: para que el proceso se desarrolle tiene que haber un encuadre que lo contenga” (Etchegoyen, 1986). Entendiéndose con esto que el encuadre no sólo son reglas a seguir para evitar negligencias del analista, sino también el escenario donde el proceso analítico tomará curso y será interpretado por el analista.
Hasta aquí, se entiende que el establecimiento del encuadre es de necesidad absoluta, la contención del proceso es imperativa para su óptimo desarrollo. Sin embargo, es tentativo y altamente frecuente que se piense que el encuadre sea una serie de condiciones inamovibles en cada una de las mismas, siendo esto un error. No debe entenderse que el encuadre no debe ser estricto, pero al mismo tiempo debe permitir suficiente flexibilidad para ser modificado dependiendo del proceso que el paciente va vivenciando durante el análisis. “el encuadre debe ser firme, pero también elástico” (Etchegoyen, 1986). Esto, teniendo siempre en cuenta que no es algo que se realice de forma constante, con cambios lo más mínimos posibles y claro, que vayan acorde con la realidad. “Esta condescendencia tendrá que ser siempre mínima, consultando a la realidad no menos que nuestra contratransferencia; y nunca debe hacerse con la idea de que a partir de una modificación de este tipo vamos a obtener cambios estructurales en el paciente” (Etchegoyen, 1986).
Con esto, considero que queda entendido la función del encuadre y su necesidad. Así como, la posibilidad que debe tener para una flexibilidad en el caso de ser necesario y los parámetros a considerar para hacer dichas consideraciones.
Resistencia.
El concepto de resistencia, se refiere a todo fenómeno que se genera de forma inconsciente durante el proceso que atente contra la posibilidad de analizar un contenido y el progreso del análisis. Es decir, el paciente despliega diferentes formas defensivas con el propósito de entorpecer la labor analítica y así preservar las ganancias secundarias que diferentes síntomas le producen. A su vez, las resistencias pueden presentarse para evitar el surgimiento de fenómenos transferenciales, esto con el fin de evitar la disolución de la neurosis de transferencia.
Para entender de mejor manera el concepto de resistencia, cito a Greenson (1967) quien explica cómo este fenómeno se relaciona con las funciones defensivas que el paciente pone de manifiesto durante el proceso analítico: “La resistencia se opone al procedimiento analítico, al analista y al Yo Razonable del paciente. Defiende la neurosis, lo antiguo, lo familiar e infantil, del descubrimiento y el cambio” (Greenson, 1967), entendiendo así que, la función de la resistencia es de oponerse al cambio que el proceso analítico intenta hacer en el analizando aquejado por los diferentes embates de su vida anímica, siendo este el fin último del análisis. Etchegoyen cita a Klimovsky, quien menciona que: “el proceso terapéutico para ser tal tiene que provocar cambios, porque si así no fuera no sería un proceso…y esos cambios son los que nosotros tratamos de propiciar con las interpretaciones.” (Etchegoyen, 1986). Con esto podríamos concordar con Greenson quien define a las resistencias de una forma sencilla: “La palabra resistencia se refiere a todas las operaciones defensivas del aparato psíquico provocadas en la situación analítica” (Greenson, 1967). A su vez, debe ser entendido que las defensas son procesos por los cuales el Yo, pone al aparato mental, a salvo del peligro y el dolor, siendo esto contraste con las actividades de índole instintual que buscan la descarga y el placer (Greenson, 1967).
Con lo anterior, queda entendido que las resistencias son formas defensivas que el sujeto emplea para evitar el surgimiento de algún contenido inconsciente que sea considerado como displacentero, esto con el fin de evitar el dolor y el peligro. Es por ello que se oponen al cambio que el proceso analítico intenta conseguir, ya que dicha experiencia puede ser dolorosa. A su vez, es necesario aclarar que las defensas que el paciente utilizará para resistirse al proceso, son aquellas utilizadas por el analizando durante la interacción con el mundo externo y en la vida cotidiana: “Hay que recordar que durante el curso del análisis las fuerzas de resistencia echarán mano de todos los mecanismos, modos, medidas, métodos y constelaciones de defensa que el Yo ha empleado en la vida exterior del paciente” (Greenson, 1967). Con esto, el paciente proporciona material analizable sobre su proceder defensivo, y es la interpretación de dichas medidas defensivas en las que se apoya la resistencia, lo que logrará el vencimiento de las mismas y así proseguir en el camino que busca el cambio interno del paciente, para poder soportar de mejor manera los embates de su vida anímica.
Sin embargo, surge la duda, ¿es posible que las resistencias utilicen los parámetros establecidos en el encuadre para poder evitar el surgimiento de contenidos inconscientes?
El encuadre como aliado de las resistencias.
Se ha dicho con anterioridad, que el encuadre sirve como los rieles donde el proceso analítico pueda avanzar de una manera óptima y con las menores complicaciones posibles. Sin embargo, debe entenderse que el encuadre es por función misma, un elemento que después de establecido se mantiene como el escenario donde se pone de manifiesto el proceso, más no por ello debe ser descartado como algo que existe pero que no desempeña un papel por sí mismo dentro del mismo proceso, vuelvo a Etchegoyen (1986) quien hace hincapié del mutismo del encuadre: “El encuadre tiene la función de ser mudo para que sobre ese telón de fondo hable el proceso; pero creer que lo sea por entero montaría tanto como pensar que hay que, por su naturaleza, no puede ser recubierto de significado” (Etchegoyen, 1986). Con esto, se da por entendido que el encuadre, aunque mudo, puede ser recubierto de diferentes significados por parte del paciente y esto decidirá cuál será el papel que el encuadre desempeñará durante el proceso analítico. Claro está que el significado dado al encuadre, dependerá de la singularidad del paciente y de su proceso: “El encuadre es, pues, un hecho objetivo que el analista propone (en el contrato) y que el analizado irá recubriendo con sus fantasías” (Etchegoyen,1986).
Así, se puede dar por entendido que el encuadre juega un papel dentro de la situación analítica, dependiendo enteramiento del significado con que lo recubra el paciente. Con esto, podemos inferir que uno de dichos significados puede ser el de aliado de las funciones defensivas que son utilizadas como resistencias para el análisis. De nuevo, Etchegoyen nos marca la pauta para esto, citando a Bleger: “Bleger se refiere, entonces, a los casos donde el encuadre no se modifica para nada; cuando el analizado lo acepta por completo, total y tácticamente, sin siquiera comentarlo. Es ahí, nos advierte, donde pueden yacer las situaciones más regresivas, donde puede abroquelarse la defensa más contumaz” (Etchegoyen,1986). Fenichel nos menciona, por ejemplo, el uso de la escisión por parte del paciente, para evitar compaginar lo que sucede en el consultorio con su vida cotidiana: “O bien el paciente ha comprendido lo que le muestran sus asociaciones y las interpretaciones del analista, y sin embargo, este conocimiento permanece totalmente separado de su vida real. Es como si el paciente se dijera: Esto sólo es válido mientras estoy acostado en el diván” (Fenichel, 1966). Considero que, con esto, Fenichel menciona aquellos casos donde el paciente escinde su vida cotidiana de lo sucedido en el consultorio apoyado de un encuadre, que, diferencía la relación terapéutica entre analista y analizado, con el fin de no realizar el cambio prospecto por ambos al inicio del tratamiento.
Considerando lo anterior, y comprendiendo que el encuadre puede aliarse con las resistencias, el paso que parece abrirse ahora, es el de definir ante qué contenido se está resistiendo el paciente: “Tenemos que distinguir entre el hecho de que el paciente se esté resistiendo, cómo se resiste, a qué se resiste y por qué se resiste” (Greenson, 1967). Ante estas cuestiones, quisiera por ahora delimitarme a lo que considero como una de las respuestas a estas interrogantes, sin esto querer decir que, este fenómeno de alianza entre el encuadre y resistencia sucedan sólo ante este contenido.
La resistencia ante la transferencia.
Durante el desarrollo de los diferentes fenómenos que se expresan en la intimidad de la situación analítica, es la transferencia la que constituye uno de los nódulos centrales para el desarrollo de un proceso analítico satisfactorio. Sabemos bien que el concepto de transferencia se encuentra dentro de las situaciones mejor estudiadas y reportadas. Sin embargo, tales intentos de explicaciones y reportes siempre parecerían incompletos, más esto es entendible debido a que se sabe que la transferencia varía dependiendo de la individualidad del analizado. Es decir, dependiendo de la persona que se presenta en nuestros consultorios, y todas las situaciones de su mundo interno, y por ello el fenómeno de la transferencia será percibida de forma distinta. Freud, define a la transferencia como el fenómeno por el cual el paciente ve en la figura del analista, un retorno de contenidos infantiles y del pasado: “Lo más asombroso es que el paciente no se reduce a considerar al analista, a la luz de la realidad objetiva, como el auxiliador y consejero…no, sino que ve en él el retorno-reencarnación- de una persona importante de su infancia, de su pasado, y por eso trasfiere sobre ese arquetipo” (Freud, 1938). A pesar de esta ser una definición altamente incompleta del fenómeno de la transferencia, sabiendo que no es el propósito de este trabajo definirla, podemos quedarnos por ahora con lo dicho por Freud, pues nos sirve para entender su papel en el Inter juego de las resistencias y el encuadre como su aliado.
Entendiendo que la transferencia, como aquel fenómeno donde el paciente deposita los arquetipos infantiles en la figura del analista, entonces nos es posible considerar que el paciente puede llegar a resistirse ante dicho fenómeno para evitar la re-edición de situaciones de su pasado dentro del espacio analítico y durante el desarrollo del proceso terapéutico. Entendiendo que para el inconsciente la atemporalidad es posible, entonces la confusión del pasado en el presente logra que se vivan situaciones transferenciales como el revivir contenidos amenazantes y dolorosos para la estructura mental de la persona, por lo cual llega a suceder en algunos casos, que el paciente se resista en utilizar al analista como un depositario de sus arquetipos infantiles, para así evitar el re-vivir lo ocurrido durante su infancia.
Ante lo anterior, la duda que surge es ¿y cómo entraría el encuadre en esta situación de resistencia contra la transferencia? Es aquí donde quisiera echar mano de un ejemplo clínico de forma breve. Advirtiendo que me centro en un caso en donde la paciente utiliza los mecanismos de escisión y de racionalización en pos, de echar mano de lo establecido en el encuadre para evitar el surgimiento de fenómenos inconscientes y así evitar el avance del proceso, fin que tiene toda resistencia, pero no con ello delimitar esta situación al uso exclusivo de estas defensas.
Una joven que acudía a análisis conmigo y durante el periodo de un año, llegó a mencionar (después de 9 meses de análisis) a una amiga suya que se desempeñaba como analista, a la cual describía como agradable pero reservada con lo referente a su vida personal, y manifestó su deseo de que dicha amiga le tuviese la confianza para contarle más sobre ella, a la vez que mencionaba que su padre era igual de reservado y por lo mismo lejano emocionalmente. Le interpreté que dicho deseo también era dirigido hacia mí, para así poder tener una relación cercana con la figura de su padre, puesta en mi persona a lo cual respondió “No, tú me dijiste la primera vez que nos vimos que tú no dabas consejos, por lo que entiendo que nuestra relación es estrictamente de paciente y analista, por lo que yo no te veo más que como eso, ni como amigo, ni como mi papá ni nada, tú te quedas aquí y de aquí no sales”.
Dicha paciente racionalizaba, utilizando lo establecido en el encuadre para dar una explicación contundente a la escisión que le permitía dejarme fuera de una interacción más profunda con sus objetos, dejándome encerrado en el consultorio y separándome a mí y a lo hablado en las sesiones, de toda posibilidad de interacción con ella en el mundo externo. En otras palabras, la paciente escindía su vida cotidiana de lo que sucedía en el consultorio (su interacción conmigo incluida) y utilizaba el encuadre para justificar dicha acción. Con esto lograba evitar ser consciente de la transferencia que se ponía de manifiesto en el espacio analítico, con el fin de evitar pedirme que le compartiera más de mi vida personal (prohibición que en el encuadre también viene incluida) sabiendo que no sucedería y así no re-vivir el alejamiento emocional por parte de su padre. Así el encuadre ha tomado el significado de aliado para la racionalización que sostiene la resistencia ante la transferencia.
Conclusión
El encuadre se refiere a todos aquellos parámetros que delimitan la técnica psicoanalítica con el fin de que el proceso fluya de la forma más optima posible. Sin embargo, dichos parámetros pueden ser utilizados por el paciente como una forma de fortalecer resistencias que le permitan defenderse de la manifestación de diferentes fenómenos inconscientes, ente los cuales se hayan los fenómenos transferenciales. Para evitar que esto suceda, se tiene que tener en cuenta que el encuadre es un observador mudo pero activo durante el proceso analítico, lo cual permite, que el paciente lo llene de significado, siendo uno de ellos el de aliado de las manifestaciones defensivas.
Al entender lo anterior, le será posible al analista interpretar el significado que el encuadre tiene para el paciente. Así, se verán vencidas las resistencias y por lo tanto el contenido podrá ponerse de manifiesto, permitiendo el progreso del proceso analítico.
 
Bibliografía:

  • Etchegoyen, H. (1986) Los fundamentos de la técnica psicoanalítica. (3ra Ed). (2014) Argentina: Editorial Amorrortu. (pp. 582-594).
  • Fenichel, O. (1966) Teoría psicoanalítica de las neurosis. (1ra Ed) reimpreso en México (2009): Editorial Paidos. (pp.42 y 43).
  • Freud, S. (1912). Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico, Obras completas, Vol. 2. México: Editorial Siglo XXI. (pp. 1654-1660)
  • Freud, S. (1938). Esquema del psicoanálisis, Obras completas, Vol. XXIII. (2da Ed. 9ª reimp). (2007) Buenos Aires, Argentina: Editorial Amorrortu. (pp. 173-182)
  • Greenson, R. (1967) Técnica y práctica del psicoanálisis). (3ra Edi. 3ra reimp.). (2014) México: Editorial Siglo veintiuno (pp.88-96)

 
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