Texto leído en el cuadragésimo octavo concreso anual de la Asociación Psicoanalítica Mexicana.
Autora: Dra. Luisa Rossi

Antes de iniciar quiero agradecer la invitación para participar en el cuadragésimo octavo congreso anual de la Asociación Psicoanalítica Mexicana “La Práctica Psicoanalítica: Convergencias y Divergencias”. Es un honor compartir la mesa con los directores de institutos: Mtra. Clarisa Lasky de la Asociación Mexicana para la Práctica, Investigación y Enseñanza del Psicoanálisis, Dr. Alejandro Taméz de la Asociación Regio Montana de Psicoanálisis y Dr. Félix Velasco de la Asociación anfitriona.

Inicio contándoles un viaje al interior de la República:

El mes pasado me invitaron a Morelia, Michoacán a presentar en sesión plenaria, una ponencia sobre Investigación Psicoanalítica. Mi mayor y grata sorpresa fue encontrarme en un auditorio que albergaba a más de mil quinientas personas inscritas e interesadas en el psicoanálisis. En ese Encuentro Nacional de Investigación Educativa sobre “Psicoanálisis, Educación y Cultura”, estaban como ponentes en las mismas circunstancias que yo, diversas personalidades que se presentaron como psicoanalistas. Si bien hubo por lo menos otra persona – que representabaa alguna de las sociedades aquí presente -, la mayoría de los otros ponentes se identificaban a si mismos como psicoanalistas y docentes no sólo deuniversidades del país, sino con filiación a otras sociedades. Cabe señalar que las distintas presentaciones que escuché, fueron de alta calidad científica y por supuesto de orden y corte psicoanalítico.

Lo anterior me llevó a replantearme ésta presentación, y partir de lo que hoy existe, es decir: la educación psicoanalítica tradicional, ortodoxa, depende de la inclusión o exclusión de psicoanalistas a un determinado grupo;sólo aquellas sociedades con reconocimiento de la Asociación Psicoanalítica Internacionalcuentan con un “aval” para enseñar psicoanálisis, como si no hubiera o no existiera un movimiento psicoanalítico paralelo con voz, ideas, juicios y finalmente formación psicoanalítica.

Si ponemos un mínimo de atención a ese movimiento psicoanalítico paralelo, tenemos que aceptar abiertamente que en México existen varios grupos de psicoanalistas que enseñan psicoanálisis, entre ellos tenemos, por mencionar algunos:

a) Los analistas cuyas sociedades pertenecen a la Asociación Psicoanalítica Internacional.

b) Los analistas cuyas sociedades no pertenecientes a la IPA y cuentan con formación freudiana (ELEIA, IIPCS, Círculo Psicoanalítico, etc.) por mencionar algunos.

c) Los psicoanalistas pertenecientes a sociedades de otras corrientes no freudianos, como Lacanianos, Fromianos, Jungianos y

d) Los autodidactas, entre otros.

Casi todos los grupos mencionados, cuentan con institutos, centros o sitios de enseñanza, amén de los lugares más públicos como las universidades. Por lo tanto podemos afirmar que en México se enseña psicoanálisis en sus muy distintas formas y modalidades.

Seguramente hay muchos más centros de enseñanza que escapan de mi conocimiento, pero no es importante, importa ser conscientes de la diversidad, y de lo que otros psicoanalistas, y/u otros profesionistas de diversas disciplinastienen para aportar al enriquecimiento de la enseñanza de nuestra área.

Regresando al título de la mesa “Retos futuros de la enseñanza del psicoanálisis en México”, pienso que la labor inicial podría ser la revaloración de parámetros y paradigmas culturales y del conocimiento en lo general y en lo particular. Entendiéndose por paradigma, el conjunto de formas que sirven de modelos en los diversos tipos de reflexión.

Sólo el conocimiento científico se puede considerar absoluto y aún éste es sujeto de una apreciación histórica que lo vuelve relativo.

Gran parte de la enseñanza del psicoanálisis, la ejercen los institutos, siguiendo el conocido modelo Ettington, a través de seminarios, supervisiones, análisis personal, agrego: experiencia de vida, cultura, etc. Como ya mencioné, existenformas de enseñanza menos formales, que se dedican a lo mismo que nosotros, incluso con mucho mayor éxito.

Dado el poco tiempo que tenemos,hablaré brevemente, sólo de uno de lostres aspectos importantes y entrelazados entre si que en nuestro siglorepresentan desde mi óptica, un reto para el fututo de la enseñanza.

a) Enseñanza psicoanalítica eninstitutos. ( Dejo fuera o para futuras presentaciones los otros dos aspectos).

b) Cambios tecnológicos. Educación a distancia, intra y extra muros y lo que llamé:

c) Utopía.


Enseñanza psicoanalítica en institutos.

¿Cómo podría serla enseñanza en los institutos de psicoanálisis?

Para que la enseñanza se de, necesitamos no sólo de un cuerpo teórico y docente, también necesitamos contar con personas interesada en adquirir y/o formarse en esta particular disciplina.

La mayoría de los Institutos  tenemos un sistema de enseñanza formal; sin discutir si la lectura es idónea o no, es un hecho que ha funcionado y como prueba estamos aquí los presentes, sin embargo, la enseñanza del psicoanálisis, atraviesa por un aislamiento significativo del resto de las disciplinas académicas.

Para abordar esta premisa resulta útil retomar un debate que se perfila como una discusión sobre la enseñanza profesional en una sociedad compleja.

Pero antes que nada, ¿qué podemos entender por sociedad compleja? ¿Acaso no son ya complejas cada una de las disciplinas en las que se especializa todo profesionista?

A mi entender, ahí reside en gran medida el problema: la sociedad compleja es aquella que obliga a una continua especialización y esta a su vez desemboca en una inmensa ignorancia ante todo lo que se extralimita del acotadísimo campo de acción del profesionista. El imperio de los expertos conlleva a una ceguera ante toda idea integrada de sociedad, de lo humano; implica la visión fragmentada de un mundo cada vez más complejo, más especializado y, por ende,más confuso.

Por supuesto, el problema de la complejiidad y la enseñanza no es un asunto exclusivo de psicoanalistas o del psicoanálisis, sino un rasgo de la Modernidad, que si bien ha contribuido a un desarrollo explosivo de todas las disciplinas en prácticamente todos los campos, implícitamente nos demanda flexibilidad y cambio para estar en consonancia con las demandas económicas, políticas y sociales de nuestra sociedad.

La enseñanza del psicoanálisis moderno en nuestros institutos, dependerá de su incorporación a otras áreas, el psicoanálisis per se con los años, hábilmente se integra a otras disciplinas como: la filosofía, sociología, antropología, historia, pedagogía, por mencionar algunas,lo hace con muchísimo éxito ydeja de ladoalos institutos. Esos espacios de enseñanza los han tomado esos movimientos psicoanalíticos paralelos que difícilmente reconocemos y fácilmente desconocemos.

Las universidades, conscientes de este problema, se encuentran en la búsqueda de estrategias que permitan aminorar esta consecuencia estructural; para ello han recurrido a lainterdisciplina, entendiéndose ésta, como la posibilidad que tieneuna disciplina para implementar el método de otra con el fin de lograr una observación distinta y más rica, de su típico objeto de estudio. Por ejemplo, los psicoanalistas, ¿podríamos decir que nos aproximamos alo inconsciente- desde el método de otra disciplina –pongamos, la sociología?

Estoy segura que habrá intentos encomiables, pero dudo mucho que sea un ejercicio de investigación frecuente. Mi impresión es más bien la contraria: seguimos enfrascados en una defensa de la técnicay en el camino perdemos la flexibilidad necesaria para probar métodos distintos que nos ayuden a comprender mejor los problemas complejos.

El dilema de la enseñanza, es de todos los ámbito académicos, mas no todos muestran la misma resistencia para leer al vecino. Recordemos a Anthony Giddens, sociólogo inglés contemporáneo, quien sin pensárselo dos veces retoma a Erikson para yuxtaponer su confianza básica a un elemento esencial de cualquier interacción, no sólo humana, sino también de fiabilidad con una multiplicidad de sistemas de la vida cotidiana.

Pero la interdisciplina no es el único camino para afrontar la complejidad. Siguiendo a Edgar Morin, también podemos pensar en la transdicplina, que implica un movimiento distinto; consiste en abordar un objeto de estudio complejo afín a varias disciplinas, desde los propios métodos de investigación, para en conjunto, poder dar cuenta de las múltiples facetas que lo conforman. La transdisciplina presupone, necesariamente, cuestionar el paradigma del subjetivismo, aceptar la parcialidad del conocimiento, la dependencia de la posición desde que se observa el objeto y la disposición para colaborar con posturas que han sido tradicionalmente antagónicas.

¿Los psicoanalistas, dirían ustedes, estamos preparados para cubrir estos requisitos que nos demanda una sociedad compleja? ¿Estamos a la altura de los retos erigidos por una educación con estas características? Nuestra propia formación, ¿nos preparó para integrar otro tipo de saberes?¿Atrincherarnos en nuestros extensos programas de formación, supone una ceguera ante el mundo que cohabitamos?, ¿un suicidio académico?

Las respuestas habrá que discutirlas a detalle, pero, en sí, ya son positivas estas reuniones intersocietarias; aún falta incrementar los encuentros, primero, con otras corrientes psicoanalíticas, como la lacaneana o la jungiana, – por mencionar algunas-para después, con suerte, invitar a otros profesionistas para que nos hablen de nuestros protegidos objetos de estudio.

A partir de esto, lo que me parece cada vez más evidente es que los institutos llegamos tarde a la transdisciplina, corriendo el riesgo de perdernos su inestimable valor. Me explico con un ejemplo: el género.

El psicoanálisis ha tenido mucho que aportar para comprender los estudio de género; sin embargo, el género no es un objeto exclusivamente psicoanalítico., es estudiado y analizado también por antropólogos, sociólogos, economistas , politólogos, etc. Sus vicisitudes son algo cotidiano y omnipresente durante el trabajo analítico, pero, ¿conocemos, o más aún, enseñamos, algunas de estas posturas en los institutos?

Siguiendo con este ejemplo, pensemos en algo más concreto, como en el libro –psicoanalítico- de Mabel Burín e Irene Meler, titulado “Varones”. ¿Cómo enseñamos en nuestros institutos a leer un libro así? ¿Cuál es nuestro punto de partida? ¿Estamos seguros de que los candidatos cuentan con los referentes necesarios para entender un texto como ese?Cuando Mabel Burín retoma a Judith Butler para contrastarla con Julia Kristeva, ¿podemos presuponer que los candidatos conocen, aunque sea superficialmente, la obra de Foucault sobre la sexualidad y el psicoanálisis mismo? Dejar fuera de nuestros programas de estudio a alguien como Foucault no sólo significa desestimar a un clásico sobre el que se edifican las nuevas teorías sociales –incluido el psicoanálisis- sino que también priva a los candidatos del conocimiento necesario para asimilar los textos psicoanalíticos.

El género es tan sólo un ejemplo entre muchos y por tanto es posible mencionar otros objetos de estudio igual de importantes, como el del Poder e incluso el de la Identidad. Y también -en un terreno aparentemente menos teórico- estamos obligados a pensar en que tiene que decir el psicoanálisis frente a todo lo que sucede fuera del consultorio, lo que atañe a todos los que no son nuestros pacientes; pienso en problemas sociales tan acuciantes como la pobreza o la inseguridad en México. ¿De qué manera damos cabida a esto en nuestros programas? ¿El psicoanálisis tiene una posición que ayude a comprender mejor este mundo tan complejo y en muchos sentidos amenazante en el que nos encontramos? ¿Es pertinente hacerlo?

Yo creo que es difícil, atemorizante, y muchos de nosotros no sabemos cómo abordarlo; pero es una responsabilidad ineludible: he ahí el desafío, la dirección de la enseñanza del psicoanálisis. Tal vez sea momento de hacernos eco del reclamo que le hacía Derrida a cientos de psicoanalistas en París, al comenzar este siglo, cuando desnudó sus resistencias hacia el compromiso: el psicoanálisis no puede seguir funcionando como si no necesitara coartada, como si se bastara a sí mismo en un mundo interdependiente. Tal vez la urgencia del psicoanálisis (freudiano) sea salir a conquistar, con los otros, nuevos campos analíticos.

Gracias por su atención.

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