sociopatia-Penny Mathews-1436295Por: Adriana Ortiz
Lamentablemente, cada vez es más frecuente en nuestro país escuchar noticias donde “niños o adolescentes” se encuentran involucrados en actos violentos, agresiones e incluso asesinatos. Sin duda, las siguientes noticias han marcado recientemente a nuestra sociedad, dejándonos perplejos ante lo sucedido, buscando una posible explicación que nos permita entender qué lleva a un niño a asesinar a otro…
“La muerte de un niño que jugaba al secuestro conmociona a Chihuahua” Según las autoridades la muerte ocurrió el jueves cuando el niño jugaba al secuestro con otros 5 menores: dos jóvenes de 15, dos niñas de 13 y uno de 12.
“Niño sicario es contratado en Facebook” Tiene 14 años y fue detenido por la policía apenas cometió el hecho. El menor de la ciudad mexicana de Tijuana, en la frontera con Estados Unidos, contó a las autoridades que se bajó de un taxi, caminó hacia su víctima —un hombre de 35 años— y le disparó a la cabeza con un arma calibre 40. Le iban a pagar $31.000.
“El Ponchis”: 14 años 4 homicidios y 3 años preso. “He matado a 4 personas, los degollaba. Sentía feo al hacerlo, me obligaban; que si no lo hacía que me iban a matar. Yo nada más los degollo, pero nunca fui a colgarlos a los puentes, nunca”.
El presente trabajo está dividido en 3 partes, las cuales abordarán la sociopatía en los niños y adolescentes desde una postura médica a través del DSM V (2014), aportaciones psicoanalíticas de Sigmund Freud y Donald Winnicott y finalmente el punto de vista psiquiátrico.
 
DSM V
El trastorno antisocial de la personalidad, sociopatía o trastorno disocial según el DSM V es un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás, el cual comienza en la infancia o el principio de la adolescencia y continúa en la edad adulta. Los comportamientos característicos específicos de la conducta antisocial forman parte de cuatro categorías:

  1. Agresión a las personas o animales
  2. Destrucción de la propiedad
  3. Fraudes o hurtos.
  4. Violación graves de las normas

Los cuales se llevan a cabo en diferentes planos:
Plano cognitivo: el sujeto muestra dificultad para planificar el futuro, minimiza, no considera y no previene las consecuencias de sus actos, toma decisiones sin pensar, es manipulador, miente repetidamente, disocia su vida pública de la privada (muestra encanto superficial hacia el exterior y en el hogar, tiene poca comunicación con la familia y es hostil), es irresponsable, muestra una despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás.
Plano emocional: el sujeto es insensible, desprecia los derechos, deseos o sentimientos de los demás, es agresivo, irritable y explosivo, puede ser muy voluble y presentar estado de ánimo depresivo.
Plano interpersonal: puede tener peleas físicas repetidas o cometer actos de agresión (incluidos malos tratos a la pareja e hijos), no siente empatía, no puede establecer vínculos afectivos sólidos con los demás, no siente culpa o remordimiento por sus actos.
En función de la edad de inicio:
Tipo de inicio infantil: se inicia por lo menos una de las características criterio de trastorno antisocial antes de los 10 años de edad.
Tipo de inicio adolescente: ausencia de cualquier característica criterio de trastorno antisocial antes de los 10 años de edad.
Nivel de gravedad:
Leve: pocos o ningún problema de comportamiento exceden de los requeridos para establecer el diagnóstico y los problemas de comportamiento sólo causan daños mínimos a otros.
Moderado: el número de problemas de comportamiento y su efecto sobre otras personas son intermedios entre “leves” y “graves”.
Grave: varios problemas de comportamiento exceden de los requeridos para establecer el diagnóstico o los problemas de comportamiento causan daños considerables a otros.
 
APORTACIONES PSICOANALÍTICAS
FREUD.
Freud (1915) describió los fenómenos agresivos como emergentes de unas pulsiones libidinales, que en determinados momentos se manifestaban con urgencia constituyendo lo que denominó “perversiones” o aberraciones sexuales. Planteó el término de sadismo, como una tendencia de dominación que busca vencer la resistencia del objeto sexual.
En estas primeras aportaciones de Freud (1915) también se refirió a la “ambivalencia afectiva”, refiriéndose a los afectos de amor y odio hacia una misma persona, respaldando que la pulsión hacia la crueldad es un componente de la sexualidad y que dicha pulsión generalmente representa una parte del comportamiento social del enfermo. Afirma que (…) “de esta relación entre crueldad y libido, se origina también la transformación del amor en odio, de emociones tiernas en emociones hostiles (…)
En 1914 Freud habla acerca de las “pulsiones del yo”, abordando el análisis del amor y del odio. En “Las pulsiones y sus destinos”, Freud (1915) separa las pulsiones en dos grandes grupos: las pulsiones yoicas o de autoconservación y pulsiones sexuales.
Freud (1915) menciona que la agresión se origina cuando el yo sufre una herida narcisista, como resultado de las frustraciones o cuando el yo se siente amenazado.
En “El Malestar en la Cultura” Freud (1930) considera a la tendencia agresiva como “una disposición instintiva innata y autónoma del ser humano, aquella constituye el mayor obstáculo con que tropieza la cultura”. Considerando a la agresión como la heredera legítima de la pulsión de muerte.
Esta pulsión de muerte puede adoptar fundamentalmente tres formas:

  • El goce sádico.
  • La rabia destructora.
  • La violencia como forma de dominio.

(…)A mi juicio, el destino de la especie humana será decidido por la circunstancia de si el desarrollo cultural logrará hacer frente a las perturbaciones de la vida colectiva, emanadas del instinto de agresión y de autodestrucción” (…) Freud (1930).
Freud consideraba que Eros o impulso de vida, es quien puede llegar a contrarrestar a Tánatos o impulso de muerte.
 
DONALD WINNICOTT
Winnicott (1956) considera que la agresión tiene dos significados:

  1. Se relaciona de manera directa o indirecta con la frustración.
  2. Es una de las dos fuentes principales de energía que posee el individuo. Siendo un tipo de fuerza que el niño trae al nacer y que el medio puede contribuir a que la agresión sea expresada adecuadamente; pero si no se le permite expresarla el pequeño puede reaccionar con dificultad para defenderse, ser destructivo y antisocial.

Winnicott (1956) menciona que la tendencia antisocial no es un diagnóstico, ya que se le puede encontrar en un individuo normal, neurótico o psicótico.
Utiliza el término privación para referirse a que el ambiente no suministró los cuidados necesarios en el periodo de dependencia absoluta y el término deprivación se refiere a la pérdida de un ambiente “suficientemente bueno” que promueva la integración, siendo esto lo que está vinculado con la tendencia antisocial (Winnicott 1956).
Entonces según lo citado arriba podemos decir que el niño necesita sentirse satisfecho en sus necesidades y contenido por el medio para así lograr su bienestar. Lo mencionado por este autor explica de manera muy clara cómo es de vital importancia que un niño pueda expresar o descargar también sus molestias sin temor a que será reprendido o ya no será amado, ya que si no se hace en un ambiente de contención se realizará en cualquier otro ambiente pudiendo presentarse conductas antisociales como lastimar a otros, hacer bulling, dañar objetos ajenos, entre otras. Buscando de manera inconsciente que la sociedad se haga cargo de esas conductas, que le ponga un límite.
Winnicott (1957) cita un ejemplo de las conductas antisociales en un niño hijo de una de sus amigas cercanas, el cual robaba.
(…) “Le propuse lo siguiente (a la amiga), dígale que usted sabe, que él no roba porque desee o necesita lo que roba, sino porque busca algo a lo que tiene derecho: está formulando una demanda a su madre y padre, pues se siente deprivado de su amor” (…)
Lo cual, a decir de la madre del pequeño del ejemplo, le funcionó muy bien y el niño aceptó que sentía que no era querido.
La postura de Winnicott respecto a los actos antisociales es que el niño de alguna manera busca que alguien se ocupe de él, a través de alguna clínica, institución, correccional, por citar algunas.
Otro aspecto revisado por este autor es que la tendencia antisocial implica una esperanza, ya que la falta de la misma suele ser una característica de la deprivación, explicando que el niño no se comporta de manera antisocial todo el tiempo sino que lo hace en los momentos esperanzados.
Siguiendo la línea de la deprivación, Winnicott (1957) hace referencia a que desde muy pequeños los niños pueden estar mostrando señales de estar en deprivación, pero que al ser tan comunes suelen pasar inadvertidas, considerando la voracidad como un síntoma antisocial.
(…) “si un bebé se muestra voraz es porque experimenta cierto grado de deprivación y cierta compulsión a buscarle una terapia por intermedio del ambiente (la misma madre puede aplicarla). Una madre debe fallar en cuanto a la satisfacción de las demandas instintivas del hijo, pero puede alcanzar el éxito absoluto en cuando a no dejar caer al bebé y proveerle lo necesario para atender las necesidades de su yo.”(…) Winnicott (1957)
De acuerdo a lo planteado por Winnicott (1956), considera que la voracidad del niño es una búsqueda compulsiva de una cura la cual tiene que provenir de la misma persona que fue la causante de su deprivación.
Para Winnicott (1956) el psicoanálisis no es el tratamiento indicado para la tendencia antisocial, lo adecuado consiste en proveer al niño de un cuidado que él puede redescubrir y poner a prueba, y dentro del cual pueda volver a experimentar con los impulsos del ello.
(…)“Si el niño es paciente analítico, el analista tiene 2 alternativas: 1)hacer posible que la transferencia cobre peso fuera del marco analítico; 2) prever que la tendencia antisocial alcanzará su máxima potencia dentro de la situación analítica y estar preparado para soportar el impacto” (…)
 
CONSIDERACIONES DE LA PSIQUIATRÍA
El comportamiento antisocial es común entre niños, sin embargo no por eso van a ser llevados a la corte. Se han encontrado ciertas características en los niños antisociales, tales como: provienen de familias disfuncionales, indigencia, los mismos familiares presentan conductas antisociales y hay poco cuidado hacia los pequeños.
Aunque cabe mencionar que no todos los niños que están en familias antisociales son criminales. Robbbins (citada en Frommer 1972) dice que las terapias psiquiátricas no funcionan en el tratamiento de la sociopatía y que algunos casos han tenido mejoras con terapias psicológicas.
Otros autores dicen que hay una falla en el autoconocimiento y autorespeto del niño, resultado de algún defecto en del desarrollo.
Scott (citado en Frommer 1972) con base a su experiencia clínica en el trabajo con niños considerados antisociales, realiza una clasificación de los mismos dividiéndolos en 4 grupos:
GRUPO 1: a este grupo pertenecen los niños que actúan de alguna forma los deseos inconscientes de los padres o los patrones culturales de la delincuencia familiar. Presentando falta de culpa y arrepentimiento, sienten que sus actividades son aprobadas. No están psiquiátricamente enfermos y se pueden reintegrar a la sociedad.
GRUPO 2: saltan a la delincuencia para encontrar satisfacciones sustitutas por perdidas y privaciones emocionales, tienen una vida fantasiosa muy activa, la cual refuerza sus actividades y constantemente la trasforman en experiencias gratificantes. Robar y conductas sexuales inapropiadas son las formas más comunes de descargar su alivio en ansiedades.
Las conductas antisociales son el resultado de una respuesta al sentimiento inconsciente de privaciones injustas, ya sea de la ambivalencia o insatisfacción natural de algunas relaciones interpersonales en particular.
Un claro ejemplo de lo arriba mencionado lo podemos encontrar en la biblia con los “hermanos Caín y Abel”, donde Caín asesina a Abel con una quijada de burro por ser éste el favorito de Dios.
Existe inmadurez en el individuo ya que no ha aprendido a manejarse con las reglas del toma y daca de la vida por alguna razón.
Suele ser un grupo perturbador y estresante para la sociedad ya que actúan guiados por sus fantasías y necesidades. La mayoría de la publicidad (medios de comunicación masivos) trata de negarlo, tal vez por la ansiedad que provoca esa discusión.
GRUPO 3: niños que nunca han experimentado control y dirección en su crecimiento, ellos son cultural y emocionalmente privados, pobremente integrados, tienen limitaciones de compresión y comunicación debido a sus privaciones, dando como consecuencia una falta de empatía.
A este grupo pertenecen los niños que han sido enviados a escuelas especiales por su mal comportamiento, no había indicio de traumas o problemas, pero tenían un marcador de inteligencia bajo. Muestran serios problemas de lectura aunque un buen desempeño en aritmética a pesar de ser lentos. Casi todos ellos eran fumadores compulsivos y padecían de enuresis. Y debido a que la lectura influye en el lenguaje llegan a sentirse aislados por no poder expresarse de manera fluida. La permisividad los desorienta, los hace sentirse inseguros, por lo que es mejor crearles un ambiente estructurado y organizado.
GRUPO 4: inconformes, autodestructivos, que no responden a ninguna medida de ayuda. Scott descubre que tuvieron un alto rango de depresión, historias de suicidio y muertes violentas en su núcleo familiar, son llamados “niños psicópatas”.
Pocos niños pertenecen a este grupo, ninguno de ellos sufren desórdenes afectivos, sus acciones antisociales están dirigidas a individuos selectos con quienes tienen relaciones difíciles.
Sus actividades antisociales suceden mayormente de manera explosiva y no son precipitadas por ningún agravante obvio; pueden presentar cambios drásticos de humor. El objetivo de sus actos delincuentes es usualmente para gratificar un impulso o necesidad inmediata.
Estos delincuentes continuamente pueden ser vistos como héroes por otros niños, pudiendo tener las cualidades de un líder natural y causar completos estragos en cualquier comunidad a menos que sean limitados. Muestran una cara inocente y complaciente a los adultos envolviéndolos en la esperanza de que con el tiempo mejorarán; ya que se presentan a sí mismos razonables y sensibles cuando alguien habla con ellos, sin embargo, las actividades delincuenciales continúan y si éstas involucran a los adultos, crece su poder, dando la ilusión de no tener fronteras.
Estos niños son los psicópatas del futuro pudiendo convertirse en líderes de pandilla aterrorizando a las comunidades. No tienen la voluntad interna para defenderse o controlarse. Pueden ser temporalmente abarcados por remordimiento, el cual parece genuino si llegan a ser confrontados.
La mayoría de los niños antisociales son hombres una mínima cantidad son mujeres. La explicación puede ser que no son educadas hacia el liderazgo.
Otras causas para el comportamiento delincuente y antisocial se pueden encontrar en algunas enfermedades afectivas, tales como la depresión y ansiedad, pero no es considerado como antisocial si se realizó por vez primera.
 
CONCLUSIONES
Considero que al hablar de la sociopatía en los niños y jóvenes es un tema que genera y moviliza angustias, ya que resulta complicado atribuirle a un niño la capacidad de matar por su mismo estado de indefensión; pero también de alguna forma se niega la responsabilidad que tenemos como sociedad. Es claro que un niño que resulta un “fastidio” está pidiendo a gritos el ser contenido.
Definitivamente el entorno desempeña un aspecto fundamental en el desarrollo de las conductas antisociales en los niños, haciéndose más complicado el establecimiento de límites claros y definidos por parte de los padres hacia sus hijos. Un posible factor es que en la sociedad actual tanto los padres como las madres trabajan y por lo tanto se encuentran ausentes una gran parte de su tiempo, quedando los niños al cuidado de terceras personas, como los abuelos o las nanas.
El uso de videojuegos violentos podría, a mi parecer, fomentar la agresión y estimular la fantasía de considerar que así es también la vida real. De igual forma las redes sociales que fomentan el narcicismo exacerbado y quitan valor a las relaciones cara a cara pueden ser un factor más que contribuye a la falta de empatía por el otro, así como la poca tolerancia a la frustración, misma que puede ser canalizada en los actos hostiles y delincuencia.
 
Bibliografía

  • American Psychiatric Association, 2014, DSM-5. Guía de Consulta de los Criterios Diagnósticos del DSM-5, Médica Panamericana.
  • Freud, Sigmund (1914), “Introducción al narcisimo”, en Obras completas, t. XIV, Buenos Aires, Amorrortu, pp. 65-104.
  • Freud, Sigmund (1915), “Las pulsiones y sus destinos”, en Obras completas, t. XIV, Buenos Aires, Amorrortu, pp. 105-113.
  • Freud, Sigmund (1920), “Más allá del principio del placer”, en Obras completas, t. XVIII, Buenos Aires, Amorrortu, pp. 3-62.
  • Freud, Sigmund (1930), “El malestar en la cultura”, en Obras completas, t. XXI, Buenos Aires, Amorrortu, pp. 57-140.
  • Winnicott, Donald (1950-1955), “La agresión en relación con el desarrollo emocional”, en Escritos de pediatría y psicoanálisis, Barcelona, Laia, pp. 281-299.
  • Winnicott, Donald (1956), “La tendencia antisocial”, en Escritos de pediatría y psicoanálisis, Barcelona, Laia, pp. 413-425.
  • Winnicott, Donald (1957), “Deprivación y delincuencia”, Buenos Aires, Paidós, pp. 117-124,104-156.
  • Frommer Eva (1972), “Diagnosis and treatment in clinical child psychiatry”, London, William Heibemann Medical Books LTD, pp. 84-104.

 
Foto:  FreeImages.com/Penny Mathews
 
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