danger-school-traffic-signal-1444922Por: Paola Saenz
“Si no tomáramos en cuenta lo que ocurre en la crianza de los niños y en la casa familiar, nuestro comportamiento hacía los maestros sería incomprensible; pero tampoco sería disculpable” (Freud, 2011).
Sigmund Freud, 1914
Sigmund Freud en 1914 en su escrito “La psicología del colegial”, relata que un día, mientras iba caminando por la calle, reconoció a un profesor de sus años de secundaria. La presencia del mismo, le hizo recordar sus aspiraciones de joven y comparar que cuando pequeño veía en el profesor a una persona adulta, sin embargo, en el reencuentro ambos eran ya adultos y eso provocaba un extraño sentimiento. En ese texto, Freud menciona que “las actitudes afectivas hacia otras personas, ya relevantes para la posterior conducta de los individuos, quedaron establecidas en una época insospechadamente temprana” (Freud, 2011, pp. 248). Esta época temprana es la primera infancia en la cual se comienzan a construir los primeros tipos de relación con los demás de manera afectiva y que en un futuro se verán reflejados en los prototipos de vínculo que cada uno elija tener ya sea de forma consciente o inconsciente con el mundo externo.
 
Si bien es cierto que los términos de “transferencia – contratransferencia” los utilizamos preferentemente o únicamente en el espacio analítico en la relación paciente – analista, opino que en general, la relación entre los individuos se maneja con base en transferencias y contratransferencias, ya que todo el tiempo nos estamos expresando continuamente con la sociedad, y vivenciamos de forma inconsciente diversos tipos de relación que se asemejan a otras de antaño. La diferencia en la transferencia y contratransferencia que se da en el análisis y la que se da en otros tipos de relación, radica en que el análisis tiene como propósito utilizarla como herramienta para la posterior interpretación del mundo interno e inconsciente del paciente. En ese sentido, es que quiero exponer algunos tipos de posible relación que pudieran acontecer entre los compañeros y docentes en el salón de clases, se analizará como es que se re-editan objetos del pasado en la convivencia con los otros y nombraré a este tipo de transferencia con la agrupación, “transferencia intragrupal” debido a que el prefijo <<intra>> significa en el interior de.
 
Freud decía que todos los vínculos libidinales que apreciamos en la vida están relacionados genéticamente con la sexualidad, es por esta razón que se verá cómo es que el individuo que se encuentra fijado en determinada etapa psicosexual, se comporta y actúa con sus compañeros o docentes, pero, es menester mencionar, que la forma en la que la transferencia va surgir dependerá del tipo de estructura que tenga la persona. En este caso, haré referencia únicamente a las etapas oral, anal, fálica y genital, en las cuales, ya sea en menor o mayor grado se llevan a cabo procesos transferenciales. Cabe mencionar que estas son posibles conductas que se pueden presentar, sin embargo, pueden surgir muchas otras que no hayan sido mencionadas en este trabajo.
 
Freud dijo que “en el origen sólo tuvimos noticia de objetos sexuales; y el psicoanálisis nos muestra que las personas de nuestra realidad objetiva meramente estimadas o admiradas pueden seguir siendo objetos sexuales para lo inconsciente en nosotros” (Freud, 2011, pp. 103), esto quiere decir que todas las elecciones que el ser humano realice de pareja, amistades, incluso, enemistades estará basada en los primeros recuerdos y vivencias que tuvo. Por esta razón, muchas veces nos encontramos con personas que tienen constantemente conflictos con figuras de autoridad, o que se enamoran de la misma persona que les causa conflictos una y otra vez, entre otras cosas.
 
El psicoanalista René Käes opina que una de las metas que tiene el grupo es que los miembros se vinculen entre ellos para construir y mantener una cohesión individual (Käes, 2000), pero, muchas veces se puede observar que hay miembros que ya sea de manera consciente o inconsciente buscan provocar lo contrario, es decir, la división y ruptura del grupo, ya sea por múltiples motivos como por envidia, por celos o por no poder tolerar lo libidinal, entre muchas otras. De igual modo, también se pueden encontrar a otros compañeros que busquen lo contrario, una unión idealizada, en la que no puede haber una mínima diferencia entre los participantes sino provoca mucha angustia, también puede presentarse una búsqueda de fusión con los otros o una fatigosa dependencia.
Dentro del grupo la convivencia entre los sujetos es inevitable, sea cual sea la forma de vincularse que cada uno tenga, cualquier conducta es un modo particular de relacionarse. Dentro del mismo, es natural que se formen diversas agrupaciones, ya que cada uno brinda protección y defensa a cambio de pertenecer a ellas (Käes, 2000), así como una identidad, una disminución de los mecanismos defensivos, una filiación única y libertad de expresar ideas. Kaës citando a Didier Anzieu dice que este último propone un modelo de inteligibilidad del grupo como entidad a partir del modelo del sueño, es decir, el grupo es, como el sueño, el medio y el lugar de realización imaginaria de los deseos inconscientes infantiles (Käes, 2000, p. 43) por lo que en la convivencia con los otros, se van a apuntalar deseos insatisfechos que tendrán la intención de cumplirse, al igual que diferentes tipos de pulsión buscarán su gratificación. Es esperado que así como en toda relación humana, entre los miembros existan diferencias y disconformidades que pueden ser causadas por diversos motivos pero dependerá del tipo de patología de cada individuo la manera en que va a solucionarlas y/o manejarlas. Otro brete al que se enfrenta un grupo es que los miembros tienen diferentes expectativas y demandas entre ellos y hacía la figura de autoridad, en este caso, el docente o algún otro superior y buscarán que los demás las cumplan para la satisfacción de sus pulsiones. Estas situaciones serán provocadas por las diferentes personalidades que conforman al grupo, y por cada grupo que a su vez se conducirá influenciado por el tipo de relación objetal que tuvo en sus primeros años, su mundo interno y la influencia de pulsiones de vida o muerte que buscarán unificar o agredir al vínculo de la agrupación.
En los primeros seis años de vida, el individuo ya ha aprendido en gran medida, la manera de vincularse anímicamente con el mundo externo. Este ha reafirmado la manera de relacionarse afectiva y emocionalmente con las demás personas ya sean de su sexo o del sexo opuesto, y los sujetos en quienes se fija son sus hermanos, sus padres o alguna figura importante de su crianza (Freud, 2011). El grupo construirá a partir de la convivencia continua su propio mundo interno, es decir, un psiquismo compartido en el cual contribuye inconscientemente cada uno de los pertenecientes a el. Dentro de el será posible cumplir deseos inconscientes que en etapas anteriores provocaron angustia y que, por lo tanto, se reprimieron y en el presente se actúan sin que tengamos noticia de ello muchas veces y se vivencian de nuevo con cualquier persona con la que exista algún tipo de vínculo. De hecho, opino que no se requiere un vínculo para llevar acabo procesos transferenciales, ya que es posible ver casos en los cuales una persona puede tener conflictos con la autoridad y presenta comportamientos agresivos, sin importar, si conoce a la persona o no, es decir, muchas veces lo que esta en juego es el aspecto simbólico de lo que representa el otro. Para Käes, en el grupo “reposan los apuntalamientos y los pactos de renunciamiento, la eficacia de las prohibiciones estructurantes, los referentes identificatorios, las creencias y representaciones compartidas” (Käes, 2000, pp. 11).
Las catexias de cada compañero son depositadas con diferentes metas en la relación con los demás, así como sucede en cada etapa del desarrollo psicosexual del individuo. La transferencia puede surgir de la imagen de la madre, del padre, de un hermano o hermana o de alguna figura importante en la crianza. Por ejemplo, en el salón de clases habrá casos donde se viva a los compañeros como rivales y el sujeto sienta la necesidad de competir, así como sucedió en la relación con sus hermanos o hermanas; otros casos donde los demás fungirán como el superyó que se experimentó con lo padres, grupos donde se formen triadas como en una relación edípica, compañeros que se idealicen, otros que proyecten su agresión y busquen escindir al grupo, también podemos encontrar a aquellos que buscan capturar la atención y admiración de los padres/profesores y personas que ante la angustia de pérdida de amor y angustia de separación busquen de manera incesante unir al grupo. Es interesante observar, quien dentro del grupo comienza a actuar como la madre que busca proteger a los demás o que se encarga de metabolizar los elementos beta del grupo, o una búsqueda de sentirse útil para los hijos/compañeros; también aquél que busca fungir como padre y demarcar los límites del grupo; o aquél que busca ser el pequeño de los hermanos/compañeros para sentirse protegido.
Las personas con las que convivimos en nuestra vida, reciben de nuestra parte ciertos sentimientos que provienen de antaño, nos comportamos de forma simpática o desagradable conforme también a la manera en que ellos se comportan con nosotros (Freud, 2011). Es por esto que en estas transferencias intragrupales, se pone en juego la identificación proyectiva e introyectiva ya sea en mayor o en menor grado ya que los individuos muchas veces están actuando y adjudicándose roles y representaciones inconscientemente en un interjuego con los otros, es decir, de inconsciente a inconsciente donde la otra persona termina identificándose y actuando lo que el otro proyecta.
“El grupo reúne, a menudo extraños unos a otros en el momento del encuentro inicial. Cada uno de los miembros del grupo se ve así confrontado con un encuentro múltiple e intenso con varios otros, objetos de investiduras pulsionales, de emociones, afectos y representaciones diversas en resonancias o disonancia reciproca. Se producen y se mantienen, en un juego complejo de proyecciones e identificaciones reciprocas, una co-exitación interna y una co-excitación mutua importantes” (Käes, 2000).
 
En el entendido de que hay múltiples expresiones de las conductas transferenciales, estas son unas tantas que pueden acontecer:
Comenzaré con el tipo de relaciones que pueden suscitarse en la etapa oral. En esta etapa habrá que recordar que los objetos primarios son percibidos como alimento o como el abastecedor de uno mismo, en sí, el otro no es visto como un sujeto. Melanie Klein decía que la envidia era una expresión oral – sádica de impulsos destructivos (Klein, 2009) por lo que, en un salón de clases, el compañero buscará escindir al grupo debido a que envidia los contenidos buenos que sus colegas poseen, ya sea la inteligencia, sus capacidades u cualquier otra cualidad, también puede envidiarse el tipo de relación que hay entre los miembros o con los docentes, así como en algún momento envidió el contenido del pecho bueno. El sujeto va a comenzar a destruir el objeto al que se envidia ya sea con chismes, comentarios agresivos o devaluatorios. Otro tipo de conducta que se puede presentar en este rubro es que como parte de la escisión habrá una idealización y una devaluación constante hacía sus colegas y/o docentes, se puede tener una actitud paranoica en contra de los demás, atacar constantemente la unión y sentirse constantemente agredido por los demás, la mayoría de las veces con figuras que sean fuente de envidia o que representen una autoridad para el sujeto. Así como el bebé busca la atención de la madre y sus constantes cuidados evitando toda frustración posible, la personalidad oral en el salón de clases buscará que los demás lo estén alimentando constantemente ya sea a través de halagos, de ser mirado y admirado, buscará hablar de manera impulsiva, haciendo uso inconsciente de esta para saciar su búsqueda de atención. Aunque Freud decía “A veces un puro es solamente un puro”, en muchas otras ocasiones, los compañeros del grupo comparten esta fijación oral y lo convierten en su forma de relacionarse. Puede existir una dependencia en la cual el sujeto se sienta seguro de sí mismo y contenido pero ante el alejamiento del otro puede venir una angustia que ponga en riesgo los límites del sujeto y su seguridad.
Fenichel menciona que “El objeto del primer acto sádicoanal son las heces mismas, cuya <expulsión> es percibida como una especie de acto sádico. En segundo lugar, el factor de “poder social” implícito en el hecho de controlar los esfínteres” (Fenichel, pp. 87, 2009). En la etapa anal y en transferencia con sus compañeros de clase y docentes, el individuo puede vivir a alguno de sus compañeros como una figura de autoridad que en su inconsciente representa al superyó, con la posibilidad de ser persecutorio o punitivo, dando por resultado la manera en que el sujeto se comportará frente a él. El sujeto buscará mantenerse al margen de este superyó para agradarlo, para que este no vaya a reprenderlo o vaya a decepcionarse de él. Las tendencias objetales anales son ambivalentes, en algunas ocasiones muestran ternura de forma arcaica, mientras que en otras ocasiones expresan hostilidad y desprecio (Fenichel, 2009). El colega pudiera sentirse amenazado ante los posibles juicios que pudieran estar emitiendo de él. Buscará tener un comportamiento adecuado y oportuno para no ser sujeto de una desaprobación. Este temor al juicio de los demás podría tratarse también de una proyección de la propia agresión y de los juicios severos hacia los compañeros. Por otra parte, el sujeto puede actuar controlando y dominando las tareas del grupo, a través de buscar el liderazgo diferenciándolo de una etapa más avanzada, aquí el fin es el deseo de no sentirse sometido por los otros. También el hecho de controlar al grupo en cuanto a las actividades o identidad del grupo. Puede actuar también con una dificultad para expresar sus emociones debido al aislamiento afectivo. Las heces que se expulsan también son gratificaciones y regalos para la madre, en este sentido, el individuo buscará mostrarle al profesor y a sus compañeros las habilidades, inteligencia y capacidades que tiene viviéndolo como un obsequio que da a los otros o como una muestra de orgullo de lo que puede generar. De igual modo, el niño se preocupa por el estado anímico del objeto y comienza a hacer sacrificios o concesiones por agradar a los adultos, en este sentido, en transferencia con los compañeros o con el docente se puede buscar agradar o sacrificar cierta parte por mantener el bien común.
En la primera infancia el pequeño infante idealiza al padre en todos los sentidos, sin embargo, cuando comienza a conocer y convive con otras personas a su alrededor se percata que su padre no es tan magnifico como imaginaba, y en este punto comienza a tener una actitud ambivalente hacia él. El infante ingresa a la escuela, se encuentra con los profesores que ahora se convierten en sustitutos del padre, de igual manera esta conducta puede aplicarse con la figura materna y una maestra o en la relación con los hermanos o hermanas que se viven en los compañeros del salón. En la transferencia con un sujeto fijado en la etapa fálica, se presentaran celos por la atención de los docentes, se buscará capturar su atención y ser objeto de su mirada. Los docentes pueden representar para el inconsciente a los objetos primarios de deseo, se admiraran, se idealizaran y se buscará seducirlos. Entre los compañeros podrán presentarse triangulaciones en las cuales se actuará la relación primaria con los dos padres, donde el sujeto estará actuando como el tercer excluido o como parte de la relación deseada, ya sea en la relación docente – compañero – sujeto o compañero – compañero – sujeto. Se presentan celos entre los colegas y competencia. “Los hermanos o hermanas menores, a los que habitualmente se siente como competidores, pueden ser considerados también como hijos propios […] y esto puede ya sea estimular el complejo de Edipo, o bien atenuar los deseos edípicos mediante una realización sustitutiva de los mismo (Fenichel, pp. 116, 2009).
En la transferencia genita se presentan relaciones maduras. Se acepta que entre los compañeros pueden existir diferencias pero que pueden hablarse, resolverse y aceptarse. Ahora se aceptan las figuras completas y totales con su parte negativa y positiva, tenemos al pecho bueno y al pecho malo integrados, se tiene una relación armónica cuando ya se alcanzó un desarrollo maduro y suficiente. Ahora somos capaces de aceptarnos a nosotros mismos y a los demás como figuras totales, los conflictos se resuelven a través del diálogo y de manera sensata y prudente. Se busca la unión, respetando la individualidad de cada sujeto y se toman en cuenta los tiempos y procesos de los demás miembros. Se forman relaciones de confianza y estima mutua, se forma un diálogo, una escucha y un aprendizaje colectivo.
TABLA 1. COMPARATIVA FASE DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL Y POSIBLE CONDUCTA DEL INDIVIDUO EN UN GRUPO
 

FASE DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL TIPO DE RELACIÓN DEL INDIVIDUO CON EL GRUPO
ORAL Busca escindir al grupo. Idealización y devaluación de los miembros del grupo y de los docentes. Envidia. Dependencia. Relaciones parciales.
ANAL Proyección del superyó en los integrantes del grupo. Dominio de los miembros del grupo y control de las tareas del grupo.
FÁLICA Triangulación edípica con miembros del grupo. Celos. Rivalidad con los hermanos. El tercero excluido. Competencia.
GENITAL Relaciones maduras. Se buscará la unión, el resolver diferencias de manera madura. Relaciones totales.

En conclusión, es esperado y común que en todo grupo se presente la transferencia, de hecho, Käes opina que “todo buen grupo debe permitir al yo apuntalarse sobre el para recuperar un funcionamiento armonioso” (Käes, 2000, pp. 32). El grupo hace uso de diversos mecanismos de defensa tanto individuales, como otros que surgen en conjunto con los demás como es el caso de la identificación proyectiva y la identificación introyectiva. Es importante tener en cuenta los diversos tipos de relación transferencial que se puede tener con los otros ya que en el trabajo clínico el conocer la relación que tienen los pacientes con sus compañeros y docentes nos puede proporcionar información fundamental del psiquismo del individuo y para el posterior trabajo en el tratamiento. El grupo será el sitio que recibirá las transferencias que han sido poco analizadas o incluso que no han sido analizadas, es posible equiparar la fijación en las etapas del desarrollo que tiene el sujeto con relación a la forma de vincularse y comportarse con sus compañeros de clase y los docentes. Por último, es interesante pensar, la manera en que están distribuidos los compañeros en el salón de clases y el lugar que ocupa cada uno de los individuos, de igual modo, el lugar en el que se coloca el profesor ya que muchas veces podría simular a una comida familiar en el cual todos están sentados alrededor y el profesor/padre que se sienta en la cabecera proporcionando con su conocimiento el alimento bueno para los alumnos/ hijos que lo pueden introyectar o escupir conforme su mundo interno y las introyecciones de sus imagos.

Biografía

  • Fenichel, O. (2009). Teoría psicoanalítica de las neurosis. Barcelona, España: Paídos.
  • Freud, S. (2011). Tótem y tabú. Algunas concordancias en la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos. In S. Freud, Tótem y Tabú y otras obras (2da ed., Vol. XIII, p. 278). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu.
  • Klein, M. (2009). Envidia y gratitud y otros trabajos (1era ed.). D.F., México: Paídos .
  • Käes, R. (2000). Las teorias psicoanalíticas del grupo. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu.

 
Imagen: freeimages.com / Jorc Navarro
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