23478Por: Marian Martínez
En algún lugar, una joven está atrapada en una pequeña habitación. La puerta de la habitación tiene una ranura que gente china fuera de la habitación puede utilizar para deslizar hojas de papel a la joven. En esos papeles hay preguntas escritas, naturalmente, en chino. Desafortunadamente, la joven no tiene ni idea de lo que dicen las preguntas. ¿Pero cómo podría ella saberlo? Nunca aprendió chino, y además de una o dos películas de acción en Hong Kong en la universidad, ni siquiera lo había escuchado. Así que, para esta desdichada joven, cada nota no parece más que un montón de símbolos extraños. Antes de encerrarla en el cuarto, le dieron una orden. Específicamente se le dijo que escribiera una respuesta apropiada a cada pregunta que recibiera, y regresara esa respuesta a través de la ranura.
Una vez que las preguntas en chino comienzan a aparecer, ella se encuentra perdida.
“¿Por qué?, ¡yo no puedo leer esto en absoluto! ¿Qué voy a hacer?”. Es en ese momento que ella ve un librero. Éste está lleno de libros gruesos, y al examinarlos, ella descubre que son un tipo de libros con frases chinas. No tienen ninguna explicación de lo que significa nada, pero muestran respuestas chinas a las preguntas chinas. “¿Se supone que debo usarlos?” se pregunta. Las preguntas siguen llegando. Cada vez más y más y más… Ella encuentra el conjunto de caracteres que corresponden al conjunto de caracteres del papel y escribe cuidadosamente la respuesta indicada.

  • “¿Cómo va todo?”
  • “Horrible. Por favor, sácame de aquí “.
  • “¿Tienes hambre?”
  • “Sí. No he comido nada desde el desayuno.” (Aquí le dan un poco de pollo Kung Pao.)
  • “¿Estás llena?”
  • ” Sí, aunque no creo que a mi estómago le haya caído muy bien.”
  • “¿Tienes novio?”
  • “Sí, estoy saliendo con un bailarín de reggae.”
  • “¿Cuándo fue tu primer beso?”
  • “Cuando tenía 14 años. Él iba un grado arriba de mí en la escuela.”
  • “¿Qué color de ropa interior estás usando?”
  • “Negro.”
  • “¿Qué es lo primero que vas a hacer cuando salgas de esta habitación?”
  • “Darle una buena paliza a quien está enviando estas preguntas con la cacerola donde cocinó el pollo Kung Pao”.

Todas estas preguntas fueron escritas en chino. Y las respuestas también fueron escritas en chino. Todo lo que la joven hizo fue copiar con precisión los símbolos de los libros de frases en las hojas de papel, sin tener idea de lo que significaban. (De hecho, ella no tiene un novio bailarín. Ni siquiera ha besado a un chico, y su ropa interior es blanca). De cualquier manera, los chinos del exterior no saben quién está dentro de la habitación, o que están esos libros ahí adentro, así que piensan que la persona dentro de la habitación hablaba chino como ellos debido a las respuestas apropiadas.
Este argumento, “La Habitación China”, fue propuesto por el filósofo estadounidense John Searle (1999) como una manera de disputar algunas de las ideas sobre la inteligencia artificial. Aunque el presente trabajo no se enfoca en la inteligencia artificial, tomaré la pregunta que surge a partir de este argumento: “Responder acorde a lo esperado, o inteligentemente, es un indicador de verdadera comprensión?”. Searle propone que una computadora podría ser programada para contestar de manera inteligente y tener una conversación con humanos, tanto así que parecería un humano, pero que no necesariamente ésta podría entender lo que estaba diciendo. Searle plantea la pregunta: ¿Cómo podemos saber que las mentes humanas no son, en esencia, habitaciones chinas? ¿Podemos realmente decir que entendemos las cosas que decimos, o simplemente estamos simulando la comprensión?
Si pensamos el entendimiento como tener una clara idea sobre algo puede ser una definición un poco más alcanzable a diferencia de saber algo a la perfección, ya que nada es posible conocerlo a la perfección o en su totalidad.
Está claro que incluso si sentimos que hemos comprendido algo, nuestra comprensión puede no basarse en el conocimiento verdadero. De hecho, las personas llegan repetidamente a puntos en los que sienten haber comprendido sólo para comprobarse lo contrario por medio de la retroalimentación. (Miyake, 1981).
Parece claro, entonces, que a menudo podemos entender por qué pensamos que tenemos verdadero conocimiento, aunque no lo tenemos. También hay evidencia, sin embargo, que las personas con frecuencia pueden ser conscientes de que no saben mucho acerca de alguna persona, cosa o proceso, pero de igual manera sienten que lo entienden.
Ricardo Carlino plantea en El Paradigma de la Complejidad, que las cosas no pueden conocerse como tal, o por completo. Se les conoce por asociaciones y manifestaciones del objeto. Se pretende conocer, pero este conocimiento no puede ser nunca de manera total. Y es entonces que la angustia del no saber da lugar a paradigmas que tratan de darnos una explicación, por ejemplo, del inicio de la vida, de la formación del universo; y se acepta como un conocimiento lo que se sabe hasta ese momento. Todos hacemos esto para evitar o disminuir la angustia amenazante de lo desconocido. Y aunque es verdad que en el ser humano existe una tendencia a siempre querer saber más, se entiende también que hasta donde se conoce es hasta donde hay para conocer.
Cuando queremos evaluar la comprensión en otros, evaluamos las conductas observables. Pocas veces nos ponemos a pensar en el estado subjetivo de dicho individuo a evaluar. Se me ocurre el ejemplo de un examen, en el que el examinado ha obtenido un 10, pero expresa no haber entendido nada. Él o ella, podría no tener intencionalidad o motivación alguna en cuanto al conocimiento y de todas formas diríamos que la persona entendió. Searle intenta hacernos juzgar la comprensión en otra persona exigiendo que la otra persona no sólo demuestre conocimiento, sino que también se encuentre en cierto estado subjetivo. Esto queda más claro con el ejemplo de la habitación china, mientras una máquina o un hombre en una habitación pueda comunicarse en chino, la mayoría de nosotros estaríamos de acuerdo con que él realmente entiende el lenguaje. Horgan (2013) Sin embargo, cuando Searle nos muestra lo que ocurre dentro de la habitación y pregunta si realmente se puede decir que el hombre entiende, hace que uno se pregunte: “¿Entendería si yo fuera la persona en la habitación?”. Y la respuesta es clara: “por supuesto que no”. Es a partir de esto que nos podemos preguntar entonces qué significa realmente entender algo.
El aspecto más relevante de la comprensión para este trabajo puede ser el hecho de que tiende a hacer que dejemos de buscar información; dicho de otra forma, “en ausencia de motivación extrínseca, una persona que entiende X no buscará falsificar o debilitar el conjunto de creencias que es la base cognitiva de la comprensión de la persona”. Si definimos la comprensión en relación con una meta, cuando X se entiende, el objetivo se ha alcanzado y por lo tanto, no hay necesidad para continuar la búsqueda de información. Además de que hay pocas razones para suponer que la gente estará interesada en confirmar que realmente entienden X. Overskeid (2005)
Mientras no experimentemos un problema, tendemos a ir por la vida sintiendo que entendemos lo que está pasando sin pensar mucho en los supuestos en que nuestra comprensión se basa. Esto por un lado es bueno, ya que el sentimiento de que entendemos nos permite no estar pensando interminablemente en algo que nunca vamos a entender por completo, además de ser una defensa contra la angustia. Lo que sentimos que entendemos raramente crea un problema para nosotros, porque nuestra interpretación de la mayoría de los hechos y argumentos aseguran que no entran en conflicto con nuestra comprensión de la realidad externa. También es a veces malo, porque entonces ya no se busca más razón de lo ya comprendido, porque cuando no existe ningún problema, nos falta la motivación para pensar en una solución.
Nosotros como analistas debemos no perder la motivación intrínseca para buscar el conocimiento de nuestros analizandos y descubrir todo lo descubrible de su mundo interno. Ya que si creemos que conocemos al sujeto y por lo tanto lo entendemos, probablemente perderemos nuestra capacidad de investigadores y más bien trataremos de hacer encajar todo lo nuevo encontrado a lo que ya conocemos, con la verdad del sujeto a manera de justificar o explicar lo que ya tenemos conocido. Si bien es importante definir y diagnosticar para poder entonces establecer un objetivo y un plan de trabajo, me parece que nunca debemos asumir que se tiene todo el conocimiento sobre esa persona o que no hay nada más por descubrir.
Me parece importante también relacionar el hecho de que muchas veces creemos haber comprendido algo sin realmente comprenderlo con el análisis. Creo que es muy fácil creer que estamos entendiendo lo que el analizando nos está queriendo transmitir y muchas veces intervenir e interpretar sobre una línea que no era la más adecuada. Algunas veces nos encontramos tan conectados con el contenido manifiesto de la sesión, que nos es difícil entonces conectarnos con el inconsciente del paciente, transcurriendo así sesiones enteras en las que creemos que estamos trabajando sobre la línea que el analizando necesita y realmente nos encontramos de alguna manera en concordancia con él, no confrontándolo y no avanzando en el trabajo analítico Carveth (2012). Esto puede tener mucha relación con la empatía; claro que parte del trabajo analítico es ponerse en los zapatos del otro y tratar de entender qué es lo que pasa, pero cuando esto deja de ser consciente, dejamos de ser imparciales y esto lleva a problemas en el análisis, actings por parte del analista y en general causa disrupciones que no son benéficas ni para el analista ni para el analizando.
El auténtico conocimiento es conocer la extensión de la propia ignorancia.  Confucio
Bibliografía

  • Carveth, D. L. (2012). Concordant and Complementary Counter-Transference: A Clarification. Canadian Journal of Psychoanalysis, 70-84.
  • Carlino, R. El paradigma de la complejidad.
  • Horgan, T. (2013). The Real Moral of the Chinese Room: Understanding Requires Understanding Phenomenology. American Philosophical Association Newsletters: Philosophy and Computers, 12(2), 1-6.
  • Miyake, N. (1981). The effect of conceptual point of view on understanding.
  • Overskeid, G. (2005). Empirically Understanding Can Make Problems Go Away: The Case of the Chinese Room. Psychological Record, 55(4), 595. Quarterly Newsletter of the Laboratory of Comparative Human Cognition.
  • Searle, J. (1980). Minds, Brains and Programs. Behavioral and Brain Sciences.
  • Searle, J. (1998). Do We Understand Consciousness?’ Interview with Walter Freeman, Journal of Consciousness Studies.
  • Searle, J. (1999). The Chinese Room, in R.A. Wilson and F. Keil (eds.), The MIT Encyclopedia of the Cognitive Sciences, Cambridge, MA: MIT Press.

 
 
Imagen: Ideograma chino “jiā” (casa)
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