Un Retrato de la Sociedad Actual
Autor: Alejandra Rivas
1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. (Génesis 1:1, 1:2)
El inicio del ser humano está también lleno de caos, de sin sentido, de inconsciente, de ello, es necesario para todos alguien que a decir de Winnicott, cumpla con las funciones maternas para el desarrollo psíquico y físico del infante, para poder desarrollar un aparato mental que vaya Mas allá del principio del placer.
La función del ello es encargarse de la descarga de cantidades de excitación (energía o tensión) que se liberan en el organismo mediante estímulos internos o externos. Esa función del ello cumple con el principio primordial o inicial de la vida que Freud llamó el principio del placer, cuya finalidad es liberar a la persona de la tensión, el cual al ser aliviado, es entendido como placer, (Hall, 1983)
Durante este periodo de vida en el que el ello predomina, no existe una diferenciación entre el sí mismo y el objeto, el infante es uno mismo con su madre, en este momento, el bebé vive un placer de tipo narcisista primario, un autoerotismo original en el que el sujeto no tiene aun la diferenciación entre el mundo externo y el mundo interno. (Doltó, 1974) La actitud frente al mundo exterior va a conformarse a partir del modelo de relación amorosa que tiene el lactante con su madre.
En el estudio de la relación madre-hijo, Winnicott destaca la constancia: la madre provee una continuidad de existir, “ampara” al infante en un ambiente por ella creado y que (idealmente) promueve su crecimiento.
La madre se convierte entonces en un objeto capaz de moldear la realidad del niño, tanto interna como externa; el niño se relacionará con sus objetos como se ha relacionado con su madre, el niño entenderá el mundo tal y como lo entiende su madre, la madre transforma el ambiente exterior e interior del bebé.
La madre “ambiente” a la que se refiere Winnicott, es aquella madre que abarca la totalidad del ambiente del niño, pues para él, es lo único que existe.
Para Bollas, el objeto transformacional, es la experiencia subjetiva primera que el infante hace del objeto, un objeto “sabido no pensado” pues el niño lo conoce, pero aún no lo puede representar en su mente, aún no existe una constancia objetal; el niño depende 100% de este objeto. “La memoria de esta temprana relación de objeto, se manifiesta en la búsqueda, por parte de la persona, de un objeto (persona, lugar, suceso, ideología) que traiga la promesa de transformar el self. (Bollas, 1987)
El mundo de la publicidad explota la huella del objeto transformacional: lo usual es que el producto anunciado prometa alterar el ambiente exterior del sujeto y, desde ahí, modificar su estado de ánimo interior.
Bollas propone que incluso durante la vida adulta, estamos en constante búsqueda de un objeto transformacional, es decir, un objeto que cambie nuestra realidad tanto externa como interna, tal como lo hace la madre en los primeros años de vida, por tanto, el deseo de buscar un objeto de ésta índole, se refiere a un deseo de regresar a una etapa pregenital; “buscar el objeto transformacional es memorar una experiencia objetal temprana, recordar no cognitiva sino existencialmente – en una experiencia afectiva intensa. Un vínculo que se identificó con experiencias transformacionales acumulativas del self”
Winnicott es uno de los psicoanalistas que se da a la tarea de definir el concepto de self aunque no lo diferencia con exactitud del yo. En su escrito: La integración del yo en el desarrollo del niño (1962) menciona “en las etapas muy tempranas del desarrollo del niño, el funcionamiento del yo debe considerarse un concepto inseparable de la existencia del infante como persona. La vida instintiva que exista al margen del funcionamiento del yo puede ignorarse, porque el infante no es todavía una entidad que tenga experiencias. No hay ningún ello antes del yo. Solo a partir de esta premisa se justifica el estudio del yo. La palabra self llega después de que el niño ha comenzado a utilizar el intelecto para mirar lo que los otros ven, sienten u oyen, y lo que conciben ante su propio cuerpo infantil. ¿Existe un yo desde el principio? La respuesta está en que el principio está en el momento en que empieza el yo (el principio es una suma de principios)”. Por lo que se observa el yo está ligado a la experiencia y a la presencia del otro; el self surge cuando el niño se da cuenta de sí mismo a través de la mirada del otro, esto es, cuando puede empezar a diferenciar el llamado sí mismo del objeto, es aquí, en mi opinión, cuando el yo toma fuerza y se convierte en la base de la realidad.
“Normalmente no tenemos más certeza que el sentimiento de nuestro sí mismo, de nuestro yo propio” (Freud, 1930).
En la persona bien adaptada, el yo es la instancia que prevalece para poder mantener una armonía entre el mundo interno (ello, superyó) y el mundo externo (realidad); en caso de que el yo se recargue demasiado sobre el ello, el superyó o el mundo externo, se producen desaptaciones o desarmonías (Hall, 1983)
Sin embargo cuando aparece el yo en escena, el reinado del principio del placer ha terminado, el ello ha de ser sometido a buscar diferentes formas para descargar la tensión, para realizar sus deseos y recurrir a la represión, pues el yo está gobernado por el principio de realidad, y en la realidad, es necesario demorar la descarga de la pulsión, hasta que se encuentre el objeto que ha de catectizarse, poder demorar la descarga, significa poder tolerar la frustración. Este principio de realidad tiene a su servicio el proceso secundario del pensamiento; el niño ya puede pensar, ya puede hacer representaciones mentales delos objetos que le rodean, mas adelante podrá hacer la representación palabra de aquellos símbolos lingüísticos que conocemos como lenguaje el cual le permitirá expresar sus deseos y necesidades.
Y aunque es esta la línea de desarrollo esperada, no siempre funciona así, por esto, Winnicott definió el self verdadero como “el potencial heredado que experimenta una continuidad de existir, y que a su modo y a su ritmo adquiere una realidad psíquica personal y un esquema corporal personal” (1960) y el self falso como originado en la sumisión y con la capacidad de tener una función defensiva que protege al self verdadero (Winnicott, 1965).
“Acaso imaginemos el self como facilitador transformacional, o nos revistamos de capacidades de alterar el ambiente que no sólo son imposibles sino desconcertantes a poco que reflexionemos. En esos sueños diurnos, el self como objeto transformacional está en alguna parte en el tiempo futuro, y justamente una rumia de proyectos para el futuro” Esa búsqueda aunque concurra a escindir la mala experiencia de sí del saber cognitivo del sujeto, es empero un acto semiológico que significa el empeño de la persona en una particular relación de objeto que se asocia con una transformación del yo y una reparación de la “falta básica” (Bollas)
La madre debe permitir al niño vivir satisfactoriamente su omnipotencia, su narcisismo primario, su principio de placer para que así, con el tiempo, la madre pueda frustrar y ayudar a la demora de la descarga y así favorecer el desarrollo de un yo fuerte; en caso contrario, el yo se vuelve lábil (depende claramente de muchos factores, pero en este trabajo me situaré en el desarrollo de la personalidad fronteriza)
Kernberg (1979) describe la labilidad yoica a través de las manifestaciones específicas que son: 1) el predominio de primitivas operaciones de defensa del yo, y de sus manifestaciones no específicas tales como 2) falta de control sobre los impulsos, 3) intolerancia a la ansiedad y 4) insuficiente desarrollo de los canales de sublimación, mencionado además otros dos aspectos, a saber: 5) propensión al pensamiento del proceso primario y 6) debilitamiento de la prueba de realidad.
Retomando el objeto transformacional de Bollas y la propuesta que hace acerca de cómo el ser humano va a seguir buscando constantemente un objeto que sea capaz de cambiar su realidad, me pregunto cual es la influencia que tienen los medios de comunicación sobre esto; es claro que la publicidad (como ya se mencionó anteriormente) abusa de esta idea, proponiéndole a los consumidores la capacidad que tiene un desodorante, un celular o unos jeans de cambiar SU mundo, los jóvenes, principalmente los adolescentes caen en la cultura del consumismo esperando ese tan anhelado cambio, pues están ellos reeditando su infancia, su objeto transformacional, se encuentran nuevamente con un superyó poco eficiente, y esperan el cumplimiento de la promesa que les hacen, “tu vida puede ser mejor comprando esto o aquello”
Pero más allá de la publicidad, me llama la atención los programas de televisión y las películas que hay en la actualidad. Tal vez lo que vemos en la televisión, es una forma de búsqueda de este objeto, un objeto que cambie nuestra realidad y que nos complete, y no nada más un objeto, pues la tele y el cine tienen la capacidad de presentarnos una especie de “realidades alternas”; series de televisión como Juego de Tronos, habla acerca de las pulsiones del ser humano; tanto la libidinal como la agresiva; toca temas de incesto, de prostitución, de promiscuidad, de sadismo, de perversión, de valores familiares, del honor de pertenecer a una familia, pero también de la falla en la imposición de límites, pues todo es válido con tal de alcanzar el poder; en mi opinión, pareciera un retrato de las personalidades fronterizas y/o narcisistas, en donde hubo una falla en la contención, una falla en el desarrollo del yo, es quizá, Juego de Tronos y las series como esta, en donde se deposita la permisividad de un yo lábil, la actuación de un yo falto de control de impulsos, en la televisión todo es valido, cada vez se recurre menos a la fantasía, pues ya todo está puesto; me pregunto si para las estructuras más neuróticas es una forma de liberar los impulsos, mientras que para las estructuras fronterizas, podría entenderse como un ejemplo de todo lo que se podría llegar a permitir en la sociedad; las películas que antes eran clasificación C, ahora son clasificación PG-13
Películas como Requiem por un sueño (adicciones, sexualidad perversa) es clasificada NC-17, mientras que Hostal y Saw (El Juego del Miedo) son clasificación R, lo cual me hace pensar que la agresión se ha vuelto algo de todos los días; cuando empezaron a clasificar las películas, no se permitía por ejemplo que se mostraran las formas en las que los delincuentes llevaban a cabo sus crímenes, mientras que hoy en día existen cientos de shows cuyo tema principal es precisamente ese; Criminal Minds, CSI, NCIS, Castle, Unforgettable, etc.
Amapola González en el artículo Identificaciones contradictorias, su influencia en el manejo de la agresión dice: “Las estructuras yoica y superyoica se habrán desarrollado en función del equipo genético del sujeto y las experiencias a que éste haya estado  sometido. Con respecto al mundo externo cobra especial importancia la comunidad, en general, y la familia en particular.
En todos los casos la descarga se llevará a cabo por uno de los dos canales: fantasía o bien acción motora.

  1. Fantasía (descarga de poco monto de catexis) – consciente e inconsciente
  2. Acción motora (descarga de mayor monto de catexis) – Es consciente que se está descargando agresión – sobre objetos externos”.

 
Sin embargo, libros como Las 50 sombras de Grey han sido ampliamente aceptados, y no es que esté en contra de que así sea, pero considero que los medios de comunicación y el estilo de vida actual, en el que los hijos no tienen la misma importancia que antes, pues los padres se preocupan más por la cantidad de tiempo que pasan con los hijos, que la calidad del mismo que pueden disfrutar con ellos; vivimos en un mundo en el que la esterilidad ya no es un obstáculo definitorio para procrear, pero también es un mundo en el que me parece que la tecnología ya nos rebasó, la represión parece ser cada vez menos necesaria, pues ahora el no tolerar algo implica una conducta discriminatoria, por ejemplo, pude ver en una red social, como unos padres apoyaban incondicionalmente a su hijo de 6 años que quería convertirse en mujer, seguido de miles de comentarios aplaudiendo la valentía de estos padres de tener la gran capacidad de respetar los deseos de su hijo. “Su majestad el bebé” al que se refería Freud ha pasado a ser “su majestad el niño” y “su majestad el adolescente”, considero que hemos caído en una situación de tolerar todo sin cuestionar las repercusiones que tiene en la vida psíquica de cada individuo, es quizá por esto que las patologías de “moda” son el trastorno fronterizo de la personalidad y la personalidad narcisista, pues ambas carecen de un yo fuerte capaz de enfrentar a las exigencias reales del mundo.
La sociedad juega un papel vital en el desarrollo de los seres humanos; Winnicott decía que el medio ambiente ocupa un lugar central tanto en el desarrollo del psiquismo como en el de la patología; crecer nos obliga a enfrentarnos a un mundo externo antes no reconocido, un mundo externo que ha sido mostrado por un objeto transformacional que nos ha puesto en el camino una serie de obstáculos para poder alcanzar el placer que durante los primeros meses de vida no constaba más que de un lloriqueo para que las necesidades fueran satisfechas.
Freud en Más allá del principio del placer (1920) nos muestra el camino que el yo ha de recorrer para poder entrar en contacto con la realidad, las exigencias que esta va poniendo en el camino, explicando como para poder vivir en una sociedad, es importante el uso de la represión, el cual inicia cuando hay instintos que en la búsqueda del placer se vuelven incompatibles con la realidad, en el tema de la sexualidad por ejemplo, entra la prohibición incestuosa a lo largo del complejo de Edipo para después dejar como heredero al superyó, una conciencia moral y un ideal del yo que harán las veces de padres para poder vivir en el mundo que nos rodea.
Como conclusión considero que es importante replantearnos la permisividad en la que hemos caído, el libertinaje, y es que acabamos promoviendo una falsa independencia en los niños y adolescentes, pero son ellos los que van a buscar en un mundo externo la contención que tal vez no reciben en casa, me pregunto si la sociedad sigue jugando un papel de yo auxiliar, o de madre contenedora, pues cada vez hay menos censura, menos fantasía, por tanto es cada vez menos la represión y pienso por lo tanto que son cada vez mas comunes las actuaciones en todo ser humano, si todo está permitido, ¿por qué limitarme? Será labor de los padres replantearse la educación que le quieren dar a sus hijos, la tecnología es una excelente herramienta, la televisión, las tablets ahora juegan las de niñera, pero lo que me parece más importante, es que en ningún momento, los medios de comunicación pueden hacer las veces de las funciones maternas, dejándonos a nosotros psicoanalistas, una gran labor: funcionar como un yo auxiliar para este tipo de pacientes, una figura que contiene dentro de un encuadre analítico. Considero que es por esto la importancia de no dejar que el paciente fronterizo o narcisista quiera apoderarse de los límites impuestos dentro del consultorio.
 
Bibliografía

  • Bollas, C. (1987). La sombra del objeto: Psicoanálisis de lo sabido no pensado. Buenos Aires: Ed. Amorrortu:
  • Dolto, F. (1971). Psicoanálisis y pediatría. Francia: Ed. Siglo veintiuno editores
  • Freud, S. (1930). El Malestar en la Cultura. En Obras Completas de Freud. Ed. Amorrortu: Argentina 1976.Tomo XXI, pag. 66.
  • González, A. (1981). Identificaciones contradictorias, su influencia en el manejo de la agresión. Gradiva, vol 1. Ed. SPM
  • Hall, C. (1983). Compendio de Psicología Freudiana. Barcelona: Ed. Paidós
  • Kernberg, O. (2001). Desórdenes fronterizos y narcisismo patológico. Barcelona: Ed. Paidós
  • Winnicott, D. W. (1993/1965). La integración del yo en el desarrollo del niño. En: “Los procesos de maduración y el ambiente facilitador: Estudios para una teoría del desarrollo emocional” pp. 73 a 82. Argentina: Ed. Paidós
  • Winnicott, D. W. (1993/1965). La distorsión del yo en términos del self verdadero y self falso, pp. 182 a199, En “Los procesos de maduración y el ambiente facilitador: Estudios para una teoría del desarrollo emocional”. Argentina: Ed. Paidós

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