Texto de Matilde Matuk publicado en el portal Terra.
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Imagina la siguiente escena: Andrés, de 10 años y víctima de leucemia, lleva interno varios meses en una clínica. Al despertar, lo primero que ve son enfermeras y doctores; antes de ir a dormir, no ve más que cuatro paredes y estantes llenos de medicamentos. Sobran los motivos para que se sienta triste. Pero, ¿qué pasaría si pudiera pasar cuando menos unos minutos de su día en compañía de una mascota? Probablemente todo cambiaría.
Diversos estudios científicos han sugerido que el contacto con animales de compañía es beneficioso para la salud. A decir de los especialistas, acariciar un perro o un gato ayuda a liberar tensión y disminuye significativamente el estrés.
Recientemente, un hospital en Sao Paulo, Brasil, se dio a conocer en el mundo por una iniciativa novedosa. Los médicos decidieron abrir las puertas a las mascotas para que éstas pudieran visitar a sus dueños; creen que, de esta forma, la recuperación de los pacientes será más efectiva.
El Albert Einstein, uno de los hospitales más prestigiosos del país e incluso de América Latina, es el primero en el mundo en permitir visitas animales en sus instalaciones. Es una medida arriesgada, pero que puede acarrear múltiples beneficios.
 
Beneficios y requisitos
Rita Grotto, gerente de atención al cliente del Albert Einstein, explica en entrevista para Terra: “Buscamos  proporcionar al paciente la mejor experiencia posible, dándole todo lo que necesita. Queremos que se sienta bienvenido en nuestras instalaciones”.
Los expertos afirman que el contacto con animales promueve la recuperación de los enfermos en todos los niveles. “Está comprobado que convivir con animales reduce la presión sanguínea, libera tensiones y aumenta la autoestima. Además distrae a los enfermos, evitando que caigan en depresión”, comenta Matilde Matuk, psicoanalista de la Sociedad Psicoanalítica de México.
En Brasil, han sido ya 40 los pacientes, algunos incluso en terapia semi-intensiva, que han tenido la posibilidad de abrazar en el hospital a sus amigos de cuatro patas. Por ahora sólo pueden entrar perros, gatos y pájaros.
“Somos muy apegados a nuestro perro, Nick. Mi marido lleva ya 6 meses en el hospital y lo extraña mucho”, explica Elena Chachamovitz. Ella pidió permiso al hospital para que el cachorro visitara a su esposo. Después de que su petición fuera revisada, el hospital accedió. “En su cumpleaños llevamos al perro para festejar. Creo que es muy importante que cuando el paciente esté aquí tenga acceso a sus cosas. Esto hace su vida más fácil mientras se recupera”.
Por supuesto, hay requisitos. Es preciso que el médico de cabecera del enfermo emita un permiso por escrito; el animal tiene que contar con todas sus vacunas, certificado veterinario de buena salud y debe haber sido bañado 24 horas antes.
“Tenemos mucho cuidado en respetar a los demás pacientes, pues no queremos molestarlos. Controlamos mucho el transporte y el movimiento interno de los animales. Las mascotas pequeñas pueden entrar en la habitación del paciente; las grandes sólo a las áreas generales”, abunda Rita Grotto.
 
Un poco de historia
El uso de animales con fines terapéuticos no es cosa nueva. Los griegos antiguos solían incluir en sus terapias paseos a caballo, pues creían que éstos ayudaban a mejorar la autoestima de los enfermos.
En 1792, en el Reino Unido, un grupo de científicos trató a enfermos mentales con mascotas. En 1867, los animales de compañía formaron parte de un tratamiento de epilépticos en Bethel, Alemania.
Casi 80 años después, en 1944, la Cruz Roja Americana organizó en el Centro para Convalecientes de la Fuerza Aérea de Nueva York el primer programa terapéutico de rehabilitación de los aviadores. Éste incluía animales.
En la década de los sesenta, el psiquiatra Boris M. Levinson estudió a profundidad la relación entre los animales y la salud emocional. Acompañado por su fiel perro “Jingles”, acuñó el término coterapeuta para referirse a los beneficios que proporcionan a los humanos. En su libro “Psicoterapia infantil asistida por animales”, Boris relata cómo sus pacientes más introvertidos perdían sus inhibiciones gracias a la presencia de un can en el consultorio.
 
Mascoterapia en el mundo, atención en cuatro patas
En Estados Unidos, diversos programas acercan a perros entrenados a pacientes en hospitales pediátricos. Son canes de carácter tranquilo, que incluso algunas veces duermen en la cama de los enfermos. Asisten con su instructor, ya que han recibido un entrenamiento específico para esta tarea. Los niños esperan con ilusión ese día para recibir las atenciones del “perro-terapeuta”.
Desde 2011, el Hospital Psiquiátrico de Álava (Vitoria, España) recibe voluntarios de la perrera municipal, quienes “prestan” perros a los pacientes para que paseen, jueguen con ellos y los cuiden.
En América Latina también existen ejemplos. En Guatemala se encuentra la Asociación de Mascotas Terapeutas, impulsada por la veterinaria Rosario Barrios. La sección de pediatría del Hospital General San Juan de Dios abre sus puertas a perros que tengan seis meses de edad y cuenten con un certificado de salud veterinario para que visiten a los niños y ayuden a su mejoría.
 
¿Y en México?
En el país, a decir de una fuente de la Secretaría de Salud consultada por Terra, no existe un hospital público ni privado que cuente con acceso oficial a animales entrenados o mascotas con fines curativos o de compañía. Sin embargo, la Ley General de Salud en Materia de Prestación de Servicios de Atención Médica tampoco señala una prohibición expresa en este sentido.
Pese a la limitada accesibilidad, en México se registran más avances generados desde la comunidad que desde la legislación. De acuerdo con Román Delgado, gerente de Relaciones Públicas de Pedigree, existen diversos estudios que demuestran los beneficios físicos y emocionales que los perros brindan a los seres humanos.
“A través de diversas actividades promovemos la tenencia responsable y la convivencia sana entre las personas y los animales de compañía. Estamos a favor de fomentar que más instituciones den acceso a las personas y a sus perros que fungen como guía o asistencia”, señala.
El Centro de Terapias Simón A.C. (con sedes en ciudades como León o Tamaulipas) y la Asociación Civil Mascoterapia Perros de Servicio AC (localizada en Querétaro), se encuentran en pro de construir centros de terapia asistida. Esta última es una asociación mexicana sin fines de lucro que nació por la inquietud de asistir a niños, jóvenes, adultos y adultos mayores que viven con discapacidad intelectual, física y emocional.
Su objetivo es la terapia asistida con perros, así como entrenarlos para ayudar a personas con problemas neuromotores. En un futuro, planea entrenar perros guía para personas invidentes y perros escucha, para quienes tienen problemas de audición.
Quizá sea tiempo de estrechar la brecha que impide que los animales visiten a los pacientes en los hospitales grandes. Brasil ya puso el primer ejemplo, ¿le seguirá otro pronto?

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