Colaboración de Eugenia Vega en el portal Terra.com.mx
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Los celos son una reacción humana ante la amenaza, real o imaginaria, de perder a la persona amada. Generalmente, los relacionamos con los celos en la pareja, pero, realmente, sentimos celos hacia nuestros padres, hermanos, amigos o colegas de trabajo. Es decir, si sentimos que un tercero amenaza nuestra relación con alguien, ahí es cuando comienzan a surgir celos.
En la pareja los celos se dan en distintos niveles y por diversas razones. A veces, los celos inician a partir de una situación real y comienzan a crear desconfianza en la pareja; en otras ocasiones, se originan sin fundamento real y la persona celosa vive constantemente amenazada por todo lo que le rodea, pues, la mayor parte del tiempo, la imaginación hace que se viva como “peligrosa” cualquier situación de la vida diaria.
En primera instancia, es importante señalar que sentir celos implica sentirse amenazado por miedo a  perder a la persona que se ama; entonces, uno podría cuestionarse sobre ¿cómo se ama? y ¿qué implica ese “amor” a cierta persona? Las personas que se viven celadas sienten, la mayor parte del tiempo, que tienen mucha necesidad de controlar este amor por parte de sus parejas.
El control es uno de los ingredientes principales de los celos; la amenaza de perder al otro se siente a partir del sentimiento de pérdida de control sobre él. Esto se presenta en diferentes situaciones, desde controlar los planes de la persona a futuro o tratar de cambiar constantemente características de la pareja, hasta cosas tan sencillas como la manera de vestirse o de reírse, con quién puede llevarse la persona, entre muchas otras.
Asimismo, los celos pueden tener su origen a partir de sentimientos como  inseguridad, desconfianza, baja autoestima, necesidad de control, de aprendizajes socioculturales como “los hombres no pueden ser monógamos”, “las chicas con tantito que les hagas caen”, “no existen amigos del sexo opuesto, siempre tiene que acabar en amor”.
Hay muchas frases de este tipo que provocan el surgimiento de los celos  en una relación de pareja. La receta que no falla es una pizca de inseguridad, más dos cucharaditas de frases típicas y una taza de sentimiento de posesión por la pareja: esto acaba por hornear una buena dosis de celos. Si le aumentas a cada ingrediente la experiencia y vivencia de cada persona a este respecto,  el resultado reflejará  el nivel de celos que hay en la pareja.
Existe también otro factor importante que genera celos: el sentir que el otro nos pertenece, que es de nuestra propiedad y, por lo tanto, si hace algo que no nos parece, sentimos que lo perdemos. Y volviendo al tema sociocultural, las mujeres sentimos que cuando tenemos una relación de pareja le pertenecemos a “nuestro hombre”, y de ahí él puede definir con quién nos llevamos, qué hacer de nuestra vida, qué ponernos, qué decir, y hasta, a veces, qué sentir.
Anulamos muchos aspectos de nuestra personalidad por ser merecedoras de pertenecer al otro. Este hecho es un gran facilitador de los celos y el control. Asimismo, los hombres también padecen de este sentimiento de que una mujer los sienta suyos; eso le da derecho a muchas mujeres de hablarles todo el día por teléfono, de saber exactamente qué están haciendo, pues son su pareja y necesitan tener el control sobre él.
En nuestra cultura, “el que no cela no ama“. Sentimos que si nuestra pareja no nos cela significa que no le importamos. Derivado de esto, hay mujeres y hombres que viven en una relación de mucho control y celos, que hacen que se sientan  asfixiados, pero se consuelan con el discurso de “pero es que le importo”, “es que me ama”, “imagínate si no fuera así y que no le importaras”; justificamos un comportamiento que llega a ser sumamente agresivo con la confusión y el mensaje erróneo de que eso significa amar.

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