Colaboración de Irvin Camacho para el portal Bienestar 180
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¿Cómo ser más optimista? La palabra ‘optimismo’ evoca diferentes cosas para cada persona. Para algunos, ser optimista es una condición necesaria, si no es que la más importante, para atraer aquellas cosas buenas que desean en la vida.
Para otros, el optimismo está asociado con ser superficial, ingenuo y sin un sentido de la realidad. La verdad es que, como en muchas cosas, inclinarse en exceso hacia cualquiera de los dos extremos, optimismo o pesimismo, puede ser perjudicial. Por eso, vale la pena no sólo ser optimista, sino saber ser un buen optimista.
Pesimismo y optimismo
Para empezar, ¿qué es el optimismo? Además de ser la tendencia a ver el lado bueno de las cosas, también es un término que se utiliza para definir el estilo al que recurre una persona para explicarse las causas de los problemas que le afectan.
Un paso para aprender a ser optimistas es evitar ser demasiado pesimista. Alguien con un estilo pesimista es más propenso a percibir los problemas como situaciones sobre las cuales no tiene ningún control.
Por ejemplo, al reprobar un examen, alguien pesimista pensaría que irremediablemente carece de las habilidades necesarias para poder aprobarlo, idea que lo desanimaría para presentar un examen extraordinario. Tal vez el segundo examen inclusive era menos complicado, pero la convicción de que el problema no tenía remedio llevó al pesimista a no actuar y, por ende, al fracaso.
En cambio, si una persona piensa que reprobó porque no estudió lo suficiente (algo sobre lo que sí tiene control), probablemente aproveche la oportunidad que representa el examen extraordinario, se prepare y lo apruebe. En otras palabras, un optimista tratará de encontrar qué es lo que puede hacer para salir adelante, y lo hace, mientras que alguien pesimista se paralizará pensando solamente en las cosas que no puede cambiar.
Exceso de optimismo
Sin embargo, un optimismo ciego puede llevarnos al exceso de confianza y al descuido, provocando que no nos esforcemos lo suficiente para conseguir las cosas, por ejemplo, creer que no necesitamos estudiar para el próximo examen, lo cual termina siendo igualmente nocivo que el pesimismo al hacer que no actuemos deliberadamente para solucionar el problema.
Entonces, dados los inconvenientes de recurrir a cualquiera de los dos estilos en exceso, se sugiere adoptar una actitud flexible para reflexionar sobre las causas de nuestros problemas. Si tendemos al exceso de optimismo debemos estar más atentos para reconocer las causas de aquello de los que somos responsables. Y, si tendemos al pesimismo, necesitamos practicar la habilidad para rechazar ideas de auto derrota.
Otra estrategia, si tendemos a ver el lado negativo de las cosas con frecuencia, debemos buscar explicaciones alternativas de por qué no nos salieron las cosas como esperábamos. Es interesante ver cómo si se le pregunta qué otra razón cree que haya habido a alguien que cree que falló por falta de capacidad, responda que probablemente le faltó esforzarse más.
¡Ejercita tu optimismo!
En síntesis, algunas ideas que ayudan a conservar un nivel adecuado de optimismo en nuestras vidas son:

  1. Presta atención si crees que te paralizas ante las adversidades, puede que estés cayendo en un exceso de pesimismo o, inclusive, de optimismo.
  2. Aprovecha las oportunidades para mejorar. A veces parece que las posibilidades son pocas, pero tú puedes lograrlo.
  3. Si notas que las explicaciones que das a tus problemas son pesimistas, intenta buscar explicaciones alternativas.
  4. El pesimismo no necesariamente es malo si la sensación de malestar que te provoca te motiva para moverte de la situación en la que estás. Recuerda que existe un exceso de optimismo.
  5. Siempre que te topes con un problema, identifica cuáles son las cosas que puedes hacer para salir adelante y llévalas a la acción.

Finalmente, el cómo explicamos las causas de nuestros problemas ciertamente influye en cómo responderemos a ellos. Se puede decir que la historia que nos contamos a nosotros mismos acerca de las cosas malas que nos suceden sí afectan en lo que sucederá después en dicha historia.
 
 

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