Este texto se publicó en 1981 en nuestro Gradiva númeto 2 Vol. II, mayo-agosto. El grupo de discusión fue coordinado por el Dr. Santiago Ramírez y la síntesis estuvo a cargo de la  Mtra. en Psic. Mónica Cohen.

En  los Estados Unidos hay una enorme presión social que impulsa a homosexuales a pertenecer al movimiento de liberación homosexual. Dicho movimiento es fuente de gran antagonismo en contra de los hallazgos psicoanalíticos acerca de la homosexualidad, antagonismo que incluso ha llegado a influenciar a muchos candidatos en los Institutos Psicoanalíticos. En ocasiones existe la necesidad de demostrarle a los candidatos las falacias de los postulados de dicho movimiento, ya que padecen de una incomprensión absoluta acerca del inconsciente. En muchos institutos psicoanalíticos se llega al extremo de no aceptar como paciente al homosexual a menos que su diagnóstico sea el de: Trastorno de la Personalidad Narcisista. Irónicamente, esta falta de aceptación de la homosexualidad como enfermedad mental, ha creado una alta demanda en personas preparadas para tratar pacientes que buscan tratamiento que profesionales adecuadamente preparados para  tratar dicho padecimiento.

Muchas veces el homosexual se ve atrapado en el “glamour” del estilo de vida homosexual fomentado por el movimiento. Este estilo de vida tolera una serie de inhibiciones sexuales presentadas por el homosexual y le proporciona una solución instantánea para su depresión subyacente. Muchos pacientes llegan a la clínica totalmente influidos por la retórica y el encanto que acarrea el movimiento homosexual y muchas veces el terapeuta se ve en la necesidad de atacar los efectos del movimiento desde sus bases más fundamentales y de aconsejar a familias enteras.

En cuanto al peligro de suicidio en el homosexual, hay que tener siempre presente que el forzar al paciente para que abandone su relación de objeto homosexual puede desatar una profunda depresión que puede llegar a culminar en el suicidio.

La meta fundamental del conocimiento psicoanalítico al respecto, es la profilaxis.

La criatura que no ha logrado una adecuada separación antes de los 3 a 4 años de edad ya presenta una tendencia hacia la homosexualidad; la relación con la madre es sumamente ambivalente y seguramente aparecen signos de femineidad que muchas veces no son detectados a tiempo. En uno de sus artículos, el Dr. Toscano demuestra cómo una acertada intervención terapéutica a una edad temprana es capaz de corregir las tendencias homosexuales en los niños. Cabe también mencionar a la familia homosexogénica descrita ya por Freud, Beaver y Socarides, en la cual, la madre acapara el mando, el padre no es respetado  abdica de su rol; en esta familia el padre no funge como amortiguador entre la criatura y la madre, y es así como juega un papel primordial en la activación del proceso homosexual (Phyllis Greenacre también nos habla de la devaluación del padre que prevalece en dichas familias).

Resulta de vital importancia para el progreso de nuestra ciencia que los avances psicoanalíticos que se han logrado en esta área sean propagados y comprendidos a fondo entre la comunidad profesional que tiene a su cargo la vida y bienestar de otros seres humanos.

INTERVENCIONES

Dra. Gaitán:

Nuestros conocimientos y planteos teóricos deben enfatizar los aspectos de la homosexualidad que ha tratado el Dr. Socarides y debe de estudiarse a fondo la literatura al respecto.

Respecto a la familia homosexogénica, cabe mencionar al padre que navega con bandera de bondadoso y por lo tanto, no se puede odiar, aunque su actitud real sea agresiva ya que trastorna el desarrollo psicológico normal del hijo. Se debe de enfatizar que ambos padres  dan el mensaje encubierto que lleva al niño a la homosexualidad; son cómplices que le dan a entender a la criatura que, “si creces, nos matas y por lo tanto, te matamos”, mensaje que es asimilado así porque en el proceso primario del pensamiento rige la atemporalidad.

Que el homosexual masculino trata de identificarse con la madre, no implica que la lesbiana trata de identificarse con el padre. El papel predominante que juega la agresión en la etiología de esta enfermedad, excluye la posibilidad de una real identificación; un aspecto de la homosexualidad es que ésta constituye una ridiculización (con el montaje agresivo que esto implica) del sexo opuesto y por consiguiente, una defensa del propio sexo.

En psicoterapia, más que trabajar los aspectos fóbicos de la homosexualidad, resulta fundamental elaborar la imposibilidad para separarse e individuarse que presenta el paciente.

Dr. Socarides:

En respuesta a la pregunta acerca del transexualismo, cabe mencionar que ocurre principalmente en homosexuales afeminados y en transvestistas; es una manifestación secundaria de un grave trastorno de la identidad genérica. El transexual niega la existencia de su pene y está convencido de que es mujer psicológicamente; busca la castración en un esfuerzo por deshacerse de la agresión que para él representa el pene. Como testimonio que los transexuales se dejan  llevar por la promesa de un camino corta a la felicidad, está la carta escrita por un paciente después de una operación de cambio de sexo, en la que comunica que tiene la sensación de haber pagado para ser crucificado.

Dr. Santiago Ramírez;

Hay hombres que, sin ser transexuales, asumen el papel femenino en el embarazo.

En cuanto a la pregunta acerca del embarazo psicológico, cabe mencionar que cuando la sexualidad está censurada hay una serie de deseos que se realizan inconscientemente.

Dr. Socarides:

En respuesta al número de preguntas acerca de qué implicaciones acarrea el ser un psicoanalista homosexual, respondió que: no cabe duda que la contratransferencia adquiere matices patológicos, especialmente si se trata de un paciente a su vez homosexual; hay reportes, por parte de terapeutas homosexuales que afirman que se da una gran excitación contratransferencial en torno a la voracidad masculina del paciente; el deseo sexual en el terapeuta puede adquirir enormes proporciones y resultar imposible su supresión. El candidato a psicoanalista que sufre de un trastorno narcisista de sus necesidades preedípicas, debe de someterse a un riguroso e intenso psicoanálisis y entonces puede incluso llegar a ser el psicoanalista mejor capacitado para tratar homosexuales.

Ningún instituto debe de aceptar a un candidato homosexual por presión política ejercida por los movimientos sociales de nuestros días.

Dr. Ramírez:

En la clínica, uno se topa con homosexuales irreparables, intratables, que no acuden a psicoterapia por motivo de su homosexualidad, sino por síntomas secundarios no-fundamentales. El peligro que se corre en el tratamiento de dichos individuos, está ejemplificado por un paciente de un candidato en supervisión; el paciente fue estimulado demasiado rápido a la heterosexualidad y terminó por suicidarse debido a que dejó su relación homosexual sin primero creer en otra relación de objeto, al perder su única posibilidad de relación se vio sin nada integrador y sufrió una quiebra.

En la homosexualidad está contenida, no sólo una enorme oralidad, sino una importante defensa en contra de la desintegración. Las equivalencias tales como pecho-boca, ternura sadismo ya han sido ampliamente mencionadas.

Dr. Socarides:

Es una desgracia lo que sucedió al paciente que el Dr. Ramírez pone como ejemplo y apunta a la necesidad de ampliar nuestros conocimientos teóricos y prácticos acerca de la psicodinamia y manejo de la homosexualidad. Respecto a su comentario acerca de la existencia de homosexuales intratables, debo permitirme expresar mi completa oposición a la luz de los hallazgos más recientes y de los resultados reportados en la clínica. Una tercera parte de la población de pacientes homosexuales han sido reportados como completamente curados, una tercera parte han abandonado el tratamiento prematuramente; tales estadísticas son tan buenas y alentadoras como las que se han reportado para las neurosis comunes.  Como lo demuestro en mi ponencia, hasta lo pacientes preedípicos son capaces de catectizar afectivamente a la mujer si se siguen los procedimientos terapéuticos establecidos en la actualidad. Anteriormente, la misma Anna Freud reportó casos de tres lesbianas que, con terapia para cambiar su homosexualidad, finalmente resultaron curadas de dicho padecimiento.

Las curaciones que se obtienen en esta área de la práctica psicoanalítica deben de ser reportadas con más constancia de lo que se ha hecho hasta ahora.

Los pacientes homosexuales son difíciles de tratar cuando no se les ha hecho consciente las causas de su enfermedad. Por otro lado, aquellos que acuden por la fuerza sabotean su tratamiento muy a menudo y son reportados como fracasos. Hay que recordar que una relación objetal patológica es mejor que la falta de relación objetal. Estamos hablando de una enfermedad que hace estragos en la personalidad y ahora, más que nunca, se les puede ofrecer la posibilidad de cura a los que buscan alivio a su sufrimiento.

En respuesta a la pregunta acerca de la influencia que pueden ejercer los maestros homosexuales sobre los jóvenes, se respondió: que es obvio que un adolescente que ha tenido un desarrollo psicosexual normal no puede convertirse en homosexual a no ser porque intente copiar la conducta del maestro homosexual; en este caso no se trata de una homosexualidad real, sino que la actitud homosexual es empleada con el fin de lograr cierta ganancia, como la venganza o el dinero.

Respecto a la capacidad de las parejas lesbianas para criar a un niño, se ha encontrado que los daños disminuyen si la mujer es consciente de su condición patológica. El problema con las parejas de lesbianas es que, por lo general, consideran que el suyo, es un estilo de vida. En la escuela y demás situaciones sociales de la vida diaria se suelen burlar del niño, pero la madre dice que el sexo de la pareja que uno escoje es sólo cosa de gustos y predilecciones. Este tipo de familias someten al niño a una fuerte indoctrinación y padecen la carencia de un padre que facilite la separación individuación, entre muchas otras cosas. La familia es el núcleo de la identidad sexual, si el niño no tiene la debida oportunidad de aprender el rol sexual que le corresponde, pasará por etapas muy difíciles, especialmente en relación a una separación inadecuada durante la etapa del reacercamiento, la cual fue ampliamente explicada por Margaret Mahler.

Dra. Gaitán:

Para responder a todos aquellos que se cuestionan el derecho que tenemos nosotros como psicoanalistas de quitarle a un determinado sujeto su homosexualidad: no sólo tenemos el derecho, sino la obligación, ya que se trata de pacientes que acuden a nosotros por ayuda.

Dr. Ramírez:

Nos referimos a sujetos que sufren de una identidad corporal alterada, sujetos que cumplen con todas las características necesarias para ser homosexuales y que, por lo tanto, con más facilidad caen en la homosexualidad.

Dra. Gaitán:

Una de las mayores causas de homosexualidad en la mujer es la presencia de mensajes contradictorios por parte de sus padres durante el desarrollo temprano. Ante el mensaje prohibitivo de no crecer, se detiene el desarrollo psicosexual, ya que la genitalidad es crecer. La pose de masculinidad en la mujer homosexual puede ser interpretada como un sometimiento y un esfuerzo de separación a la vez.

Dr. Socarides:

Vemos en la mujer homosexual una deficiente identificación inconsciente con la madre mala, con una identificación masculina, sobreimpuesta. Así como el hombre homosexual está en una búsqueda perpetua de su masculinidad, la mujer homosexual añora y busca la femineidad.

Dra. Gaitán:

Es importante aclarar que en realidad se trata de un sometimiento a una madre que el paciente vivencia como enferma.

Dr. Ramírez:

Digamos que la diferencia entre sometimiento e identificación, para el fin de esta discusión, es meramente semántica.

Está la pregunta de la relación que existe entre machismo y homosexualidad. Al observar la infraestructura de la familia mexicana, vemos que sufre de “mucha madre”, “poco padre” y “muchos hermanos”, nos percatamos también de la importancia que tiene la lactancia prolongada en el desarrollo de la personalidad. En el caso de los ricos, observamos pocos hijos y un período de lactancia restringido, aquí, por lo general, no hay ausencia de padre. El machismo implica una necesidad compulsiva de introyectar a un padre que no se tuvo; no tiene que ver con la homosexualidad, sino que es, más bien una necesidad imperiosa de símbolos fálicos.

Debido a que se agotó el tiempo destinado al grupo por discusión, se dio por concluida la sesión.

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