El siguiente texto escrito por Andrés Gaitán González forma parte de nuestra Antología Gradiva y fue leído en el VII Congreso de la Sociedad Psicoanalítica de México, A.C., efectuado el 23 y 24 de septiembre de 1989 en la ciudad de México, en conmemoración del cincuenta aniversario de la muerte de Sigmund Freud.
 

Estamos reunidos como una forma de agradecer a Sigmund Freud el enorme legado de conocimientos acerca del funcionamiento del aparato mental, que gracias a su genio y a su enorme capacidad y voluntad para expresarlo en palabras, nos brinda hoy por hoy la mejor técnica para aliviar el sufrimiento psicológico, en la gran variedad de modalidades en que éste se presenta, como son la angustia, la depresión, las fobias, los actos compulsivos y pensamientos obsesivos, las inhibiciones, los trastornos de conducta, de la alimentación, de la vida sexual, los problemas en las relaciones familiares, de pareja, laborales o sociales, los sentimientos de culpa conscientes o inconscientes, etcétera.
Todos hemos vivido a nuestra manera una o varias de las situaciones mencionadas, y tenemos en común el desconocer o no comprender la razón de algunos aspectos de nuestro comportamiento. Cuando estas situaciones que implican sufrimiento dificultan nuestra adaptación al medio que nos rodea, y los diversos procedimientos tendientes a cambiar la conducta han fracasado, se acude a la psicoterapia. Al momento de iniciar tratamiento se tiene apenas una vaga idea de la magna tarea a enfrentar.
Una parte indispensable en la terapia psicoanalítica o psicoanalíticamente orientada es descubrir y hacer consciente en el analizado aquellas formas de funcionamiento, motivaciones y demás contenidos de su personalidad que a causa de su desarrollo han debido perder su representación en la conciencia.
Esta tarea, presente a todo lo largo del tratamiento, consta a grandes rasgos de dos partes: en primer lugar, el terapeuta conoce los caminos que le permiten descubrir aquellos elementos que afectan el comportamiento del analizado sin que éste se percate de ello; en segundo lugar, debe lograr transmitir este conocimiento a su paciente, para lo cual utiliza como herramienta principal la interpretación.
En el presente trabajo se estudiarán  brevemente la asociación libre, los sueños, las fantasías, los chistes, los actos fallidos, los síntomas, la transferencia y sus manifestaciones en la conducta como los principales caminos que se han utilizado, desde Freud hasta nuestros días, para conocer los contenidos inconscientes de la personalidad.
El primer camino utilizado por Freud (junto con Breuer) para conocer los procesos inconscientes era la hipnosis, método basado en la sugestión y con el cual lograron llevar a cabo varios tratamientos exitosos del padecimiento histérico, tan poco comprendido entonces. La principal objeción expuesta por Freud al método hipnótico puede resumirse con la siguiente cita:
…cuando se emprende el análisis de un neurótico sin el auxilio de la hipnosis (…) se advierte, sin excepción alguna, una resistencia que se opone a la labor analítica y provoca, para hacerla fracasar, amnesias parciales. La hipnosis encubre esta resistencia, por lo cual la historia del psicoanálisis verdaderamente dicho no comienza sino con la innovación técnica constituida por la renuncia a la hipnosis
Así Sigmund Freud abandonó el método hipnótico y se dedicó a la tarea de encontrar un camino diferente que le permitiera llegar al conocimiento de los procesos inconscientes, hasta que implementó la técnica de la asociación libre; y con ello surgió el psicoanálisis, producto de la genial mente de Freud, que si bien no acuñó el término <inconsciente>, sí le corresponde el mérito de haber desarrollado la técnica para estudiarlo.
Una de las características que hace de la asociación libre una herramienta indispensable para la terapia psicoanalítica es la relevancia de las leyes de asociación. Los primeros en realizar un estudio científico y deducir las importancia de estas leyes fueron los integrantes de lo que se conoce como la Escuela de Asociacionistas Ingleses, que llamaron la atención sobre el hecho de que dos eventos que se presentan contiguamente en el espacio o en el tiempo están relacionados entre sí; la tarea importante es descubrir qué tipo de relación guardan . En la terapia psicoanalítica utilizamos este conocimiento como uno de los caminos hacia lo inconsciente, ya que muy frecuentemente el elemento que une a una verbalización o actitud del paciente con aquella otra que le precede o que le sigue permanece inconsciente para el analizado, que lo vive como dos eventos totalmente independientes.
Ejemplificaré lo anterior con una breve cita: se trata de una paciente de treinta años con gran conflictiva derivada del hecho de ser hija de una madre soltera y no haber conocido a su padre. En una sesión le informo que en un mes saldré de vacaciones y que por tanto durante dos semanas se suspenderá temporalmente el tratamiento; verbalmente expresa su conformidad y comenta brevemente lo importante que es tomar unas vacaciones de vez en cuando, guarda silencio por unos minutos y a continuación habla de lo difícil que es para ella enfrentar adecuadamente los desafíos que se le presentan tanto en su relación de pareja como en el trabajo, manifestando que a pesar de ello se siente muy motivada para resolverlos, aunque tenga que luchar contra todo y contra todos. Le interpreto que siente que yo también le planteo una exigencia muy difícil de cumplir debido a que por dos semanas tendrá que enfrentar esos desafíos sin el apoyo que representa la terapia. La paciente guarda silencio por un momento y a continuación afirma saber que le digo que me voy para ponerla a prueba, y poder así verificar si será capaz de resolver sus problemas sola. Más adelante en el tratamiento y gracias a seguir esta línea interpretativa, pudo descubrir que este razonamiento era el mismo que había utilizado inconscientemente para explicarse la ausencia del padre, demostrando así que dos comentarios aparentemente independientes entre sí fueron relacionados inconscientemente por la analizada como generados por una motivación común, y al momento de sobrepasar esa resistencia fue capaz de analizar la rabia y el dolor que experimentaba ante el abandono del padre; estos mismos desafíos enfrentaba ella en ese momento con su pareja y con su hija, producto de una relación anterior.
En este ejemplo podemos observa además la importancia de la transferencia como otro de los caminos que guían hacia los contenidos inconscientes. La paciente consideraba que yo la ponía a prueba al abandonarla, repitiendo con ello en el análisis la misma explicación que se había dado ante el abandono del padre, la finalidad era proteger la imago paterna de sus sentimientos hostiles y protegerse a sí misma de la situación depresiva que trae consigo tal abandono; este mecanismo fue repetido en la terapia en vez de ser recordado; el mismo patrón de comportamiento podía advertirse en sus relaciones de objeto actuales.
Otro elemento de gran importancia en la técnica de asociación libre consiste en el hecho de que al pedirle al analizado que hable de todo lo que se le ocurra sin omitir nada, se favorece la aparición del mecanismo conocido como desplazamiento a lo insignificante, con lo cual contenidos inconscientes que no pueden verbalizarse debido por ejemplo a su alta carga emocional, pueden encontrar una forma derivada de expresión al asociarse con acontecimientos y ocurrencias que aparentemente son inocuas, y por tanto el yo permite su acceso a la conciencia, a costa obviamente de mantener inconscientes los vínculos asociativos que los unen.
Otro camino hacia lo inconsciente es el análisis de los actos fallidos o parapraxis. Para tener una idea de a qué nos referimos con esto citaré la clasificación que hiciera Freud: “Las parapraxis se dividen en: 1) Acciones chapuceras; 2) Errores; 3) Olvido de impresiones e intenciones; 4) Objetos perdidos o extraviados; 5) Errores al leer; 6) Errores al escribir; 7) Lapsus linguae; 8 ) Acciones casuales y sintomáticas y 9) Recuerdos infantiles y encubridores”.
El elemento importante e inconstante en todas ellas consiste en que un flujo de pensamientos inconscientes, ajenos al discurso o acto que se desea llevar a cabo, interfieren y claman  consideración. En la mayor parte de las ocasiones, la brecha que así se abrió  hacia lo inconsciente se cierra al instante siguiente, al grado que en algunos casos ni siquiera hay reconocimiento por parte del yo consciente de que tal descarga ocurrió. Un ejemplo, tomado de la vida real, clarificará lo anterior.
Hacia al final de la Guerra Civil Española, cuando la causa republicana estaba prácticamente perdida ciertos dirigentes de los representantes de la democracia se reunieron para decidir si presentaban la rendición ante el enemigo o seguían peleando hasta la muerte por defender los ideales. La vida de los líderes ahí presentes no estaba en discusión, ya que sabían que habrían de perecer. El argumento de peso a favor de la rendición se apoyaba en la importancia de salvar las vidas de los jóvenes que iban al frente y a las familias que sufrían los bombardeos en la retaguardia. La votación se llevó a cabo y decidieron seguir con la batalla. Al día siguiente, durante una celebración del Partido Republicano, un orador, que había tomado parte en la votación del día anterior, debía pronunciar un discurso alentando a los hombres a la batalla, alimentar nuevamente la esperanza de que llegarían refuerzos internacionales para la causa y pregonar el futuro triunfo, sabiendo a ciencia cierta que todo ello era mentira…En un momento dado decidió utilizar un slogan  demagógico pero en su lugar expresó precisamente lo opuesto: “…¡porque yo, que ni digo lo que siento ni siento lo que digo…!” …la audiencia estalló en risas y en agresiones contra el orador. En efecto, todos sabían que el orador mentía, y no decía lo que sentía ni sentía lo que decía, todo ello a nivel consciente, pero debían reprimir y hacer inconsciente lo que ello significaba…significaba que todos ellos irían al frente, a la muerte… Estando en una fiesta, los mecanismos en funcionamiento son los que corresponden a la hipomanía; utilizaron el mecanismo de defensa de negación para alejar de la conciencia la idea de la muerte, y rieron debido a que la gran verdad que había dicho el orador les permitió, tal como funciona el chiste, hacer una descarga momentánea de los impulsos que debían estar reprimidos. Hasta este punto queda explicada la reacción de la audiencia, pero no por qué el orador tuvo ese lapsus en ese momento.
Los conocimientos sicoanalíticos que Freud nos heredó nos permiten hacer la psicodinamia del orador. Dije anteriormente que el acto fallido ocurre debido a que una cadena de asociaciones inconscientes interfiere con lo que se quiere decir conscientemente y clama consideración. En nuestro ejemplo, el orador sabía conscientemente que estaba enviando a su audiencia a la muerte que no había esperanzas de ganar la guerra, y el contenido inconsciente que clamaba consideración era la necesidad de castigo debido a un intenso sentimiento de culpa por la muerte de los hombres y jóvenes que lo escuchaban; al decirles que todo era mentira, inconscientemente pretendía provocar que lo lincharan, cosa que no ocurrió debido a lo que ya expliqué con respecto a la audiencia. Tan sólo cinco semanas después, quedaba decretada la derrota de la República Española a manos de los franquistas.
En la cita anterior también pudimos observar la principal función psicológica del chiste que es al mismo tiempo la razón por la cual hace gracia; y es debido  que es una descarga instantánea de contenidos inconscientes que por alguna razón tienen censurado su acceso a  la consciencia en ese momento o situación. Freud dividió los chistes para su estudio en tres grupos: en el primero, los chistes inocentes o <blancos> y los chistes intelectuales; en el segundo, los chistes cínicos, hostiles y escépticos, y en el tercero los chistes obscenos o <rojos>. Concluye que en el trabajo de elaboración del chiste están presentes también los procesos primarios de condensación y desplazamiento que operan en el inconsciente y que explicaré brevemente a continuación, al hablar del trabajo de elaboración del sueño
Pero si he dado ejemplos de los otros caminos hacia lo inconsciente, no puede dejar de dar también un ejemplo de chiste que cae en la categoría de obsceno: ¿Ustedes saben qué es lo que el hombre hace parado, la mujer sentada,  el perro en tres patas?…. Saludar. Si este chiste causa gracia es debido a que permite la salida de impulsos inconscientes propios de la etapa anal del desarrollo que están censurados por la situación social en que nos encontramos, al igual que ocurrió con la audiencia en el ejemplo pasado.
Hace ya noventa años que Freud publicó su obra La interpretación de los sueños, y es de muchos conocido que desde entonces consideró a las producciones oníricas como “el camino real al inconsciente”, dado que a través del descubrimiento de la cadena asociativa, que liga los contenidos latentes del sueño con las imágenes manifiestas que percibe alucinatoriamente el soñante, es posible conocer tanto los impulsos inconscientes que han sucumbido a la acción de los mecanismos defensivos como las defensas específicas que se utilizan; se comprenden también las relaciones genéticas, dinámicas y económicas de la patología del analizado con su conflictiva tanto interna como externa, y al mismo tiempo se facilita el participar de ese conocimiento al paciente, ya que los sueños son una de las pocas producciones inconscientes a las cuales es imposible negarles la paternidad.
Para comprender aunque sea a grandes rasgos la forma de interpretación de los sueños propuesta por Freud, es indispensable conocer las diferencias entre contenido latente y contenido manifiesto de los sueños, y también lo que se entiende por trabajo de elaboración del sueño. El contenido latente se refiere a las ideas  los afectos contenidos en los impulsos que buscan la descarga. A partir de esto se inicia el trabajo de elaboración que persigue principalmente dos fines: uno hallar una forma de expresión alucinatoria de tales  impulsos, principalmente a través de imágenes visuales, a fin de que al soñante le parezcan reales en el mundo externo; y dos, lograr esa descarga sin avasallar la represión de los contenidos inconscientes. Para lograr estos fines se utilizan principalmente dos mecanismos; la condensación, cuya finalidad a grandes rasgos es permitir la expresión de diversos contenidos a través de una imagen o pequeña serie de imágenes; y el desplazamiento, que está principalmente al servicio de la censura, y consiste en despojar de su intensidad a los elementos centrales del contenido latente que están censurados y, por medio de la sobredeterminación, depositar dicha intensidad en otros elementos que en ese momentos tienen libre el camino hacia el contenido manifiesto. Una vez realizado esto, la agencia censora del sueño tiene una intervención más, ya que a través de lo que se conoce como revisión secundaria, es responsable de interpolaciones y adiciones al contenido del sueño, después de las cuales acaba por conformarse lo que se conoce como contenido manifiesto del sueño, o sea las imágenes que el soñante percibe y que la gran mayoría de las veces resultan incomprensibles cuando se les investiga a la luz del pensamiento consciente.
Las fantasías tienen en común con los sueños el ser descargas parciales de impulsos censurados, el estar basadas en gran parte en impresiones de la vida infantil, en que ambos se encuentran beneficiadas en cierto grado de relajamiento de la censura y que también en el trabajo de formación de fantasías intervienen los mecanismos de condensación y desplazamiento. Lo que distingue a los sueños de todos los demás caminos hacia lo inconsciente es, pues, su carácter alucinatorio  que da la sensación de realidad.
La función de fantasías del yo logra un producto imaginativo que representa una transacción entre las demandas del mundo interno del individuo, que funciona bajo el principio del placer, y posibilidades que le ofrece la realidad. Cuando la descarga es de un impulso que ha sido censurado, el yo apela a descargas sustitutas y ejerce sobre las fantasías la misma censura que con los sueños, hasta lograr un producto que es aprobado para pasar a la consciencia.
En este momento es posible apreciar que el mecanismo de formación de los síntomas sigue el mismo camino que el trabajo de elaboración de los sueños, de las fantasías y de los chistes. Cuando un impulso instintivo censurado pugna por encontrar expresión en el exterior, el yo impone contra él una contracarga, llamada mecanismo de defensa, que se lo impida; el impulso buscará entonces, a través de cadenas asociativas, realizar descargas parciales encontrando derivados que logren evadir la censura impuesta por el yo; estos derivados que logren evadir la censura impuesta por el yo; estos derivados son lo que se presenta ante nuestros ojos como síntomas. Por su parte el yo, a través de los mecanismos inconscientes de condensación y desplazamiento, colabora con la búsqueda de dichos derivados. Así, el síntoma es también una transacción entre mundo interno y mundo externo cuando hay un conflicto no resuelto, y sigue para su elaboración el mismo camino que el utilizado por el yo para otros procesos mentales no patológicos.
A través del análisis de los síntomas, siempre es posible conocer el impulso que se encuentra reprimido, las defensas que se utilizan para mantener su represión y la línea asociativa que finalmente generó el síntoma.
 
BIBLIOGRAFIA
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GAITÁN, Avelino. El Inconsciente y el desarrollo de la personalidad. Trabajo leído en el Primer Curso de Introducción al Psicoanálisis, organizado por la Sociedad Psicoanalítica de México, A.C. y la Facultad de Psicología de la Universidad Veracruzana, noviembre 7 y 8 de 1986, Veracruz, Ver.

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