El siguiente texto del Dr. Sergio Toscano formó parte del V Congreso, homenaje Al Dr. Avelino González, de la Sociedad Psicoanalítica de México, A.C., celebrado en octubre de 1981. Aparece en el Gradiva Vol. II, No. 2, mayo-agosto del mismo año.
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El reconocimiento de que la salud o la enfermedad mental se deriva de lo normal o anormal del desarrollo infantil y el entendimiento de los desarreglos sicológicos de los niños han hecho de esta etapa de la vida un tema de gran importancia y fascinación. El conocimiento al respecto ha llegado tarde pero su desenvolvimiento es intenso y amplio, primero derivado de los estudios retrospectivos de adultos en tratamiento psicoanalítico, y ahora con la observación de niños normales, de estudios longitudinales, del diagnóstico y tratamiento de pequeños y adolescentes enfermos mentales, el campo se enriqueció y amplió. Su sistematización constituyó la subespecialidad llamada paidosiquiatría o psiquiatría infantil como también se le conoce. Esta es de gran utilidad ya que cuida y devuelve la salud mental de los chicos, además previene las desarmonías psíquicas de los mayores.
Debido a lo anterior ahora es posible diagnosticar y tratar psicoterapéuticamente o psicoanalíticamente a los niños teniendo los conocimientos de la especialidad. Por otra parte, no se puede ayudar a los chicos con sólo conocer el funcionamiento psíquico del adulto; no es suficiente, falta entender y discernir el del individuo en formación con su modo evolutivo, las leyes que lo rigen y las influencias ambientales que lo determina. La perspectiva es diferente; cuando se trata al adulto se maneja al producto final de un largo periodo de evolución, una estructura establecida, con problemática muy definida. En cambio cuando se trata al niño se enfoca al individuo en formación, con estructura ligera, poco sólida, cambiante y muy influenciable por los eventos externos, especialmente los provenientes de los padres. De ahí que el especialista deba también conocer el devenir psíquico de los adultos. El actuar sin todo este entendimiento puede causar mucho daño.
Dentro de la evolución del pensamiento psicoanalítico ha habido cambios importantes que nos ayudan a entender mejor los problemas inherentes a este campo. Lo cual por otra parte nos demuestra que nuestra ciencia no es estática, ni esclerosada, sino que es activa y está en un proceso continuo de evaluación y renovación de sus conceptos.
Así podemos ver que los planteos originales de Freud que los empezó a formular hace ya casi un siglo se han ido modificando en la medida que el avance de ideas ha tenido efecto y se encuentran otras mejores. El objetivo de este trabajo es exponer a ustedes algunas ideas básicas de lo que se ha dado en llamar la nueva psicología o psicología del “self” en relación a niños y adolescentes, que significa la integración del concepto del self dentro del enfoque psicoanalítico; pero al nivel que realmente le corresponde, esto es, con la amplitud y profundidad que las investigaciones demuestran que tiene. Pensando así el self es una función que se inicia muy temprano en la vida y se convierte según Kohut en el continente sistémico del resto del suceder psíquico. Es el sentido de ser, de nuestra existencia exclusiva e incambiable que nos hace sentir por una parte únicos y por otra distintos de los demás, y que nos acompaña desde poco después de nuestro nacimiento hasta nuestra muerte.
Cuando hay problemas en la integración del self, el individuo entra en dificultades psicológicas de por vida, como la falta de auto-estima, la sensación de extrañeza de sí mismo, la de incapacidad, la de vacío, o la de fragmentación de la personalidad tan comúnmente encontrada ahora en los desórdenes narcisistas. En el niño empezamos a notar también los principios de estos desarrollos que en sí mismo contribuyen a formar cuadros clínicos susceptibles de discernir y además de corregir, sobre todo debido a que hay una mejor posibilidad de mejoría de los objetos con los que el pequeño se relaciona.
Pero para poder llegar a exponer con mayor amplitud el enfoque de la nueva psicología, tenemos que hacer un recorrido breve pero necesario de dos planteos básicos anteriores, empezando por la teoría de los instintos y estructural de Freud, y enseguida por la de la psicología del Yo.
CONTRIBUCIÓN DE FREUD
TEORIA DE LOS INSTINTOS Y LA ESTRUCTURA DE LA PERSONALIDAD
Freud (Jones 1955, Vol. 2) (Wolman 1972) inició la revolución psicológica de nuestra época y con ello fijó la atención en el desarrollo infantil. También desmitificó la infancia, le quitó el velo de inocencia con que se le cubría. Vio que el pequeño tenía impulsos agresivos y sexuales con que lidiar, describió el Complejo de Edipo en 1900, en la Interpretación de los Sueños,  y finalmente, en los Tres ensayos sobre la teoría de la Sexualidad (1905ª) organizó sistemáticamente sus descubrimientos de la sexualidad infantil. La idea de distintos estados inconscientes de desarrollo psicosexual fue re-establecida en Formulaciones de los dos principios del funcionamiento mental (1911) y la Teoría de los Instintos fue revisada en Una Introducción al Narcisismo (1914).
Posteriormente Freud hizo cambios a su pensamiento, en 1920 en Más allá del Principio del Placer él explicó el fenómeno de la repetición compulsiva y el instinto de muerte. En 1923, en El Yo y el Ello estableció la teoría estructural completando así su hipótesis del desarrollo infantil.
EL ELLO. Esencialmente la teoría estructural plantea como centro de la personalidad al Ello, el cual no tiene relación directa con el mundo externo y lo conocemos solamente a través del Yo. Todos los instintos orgánicos operan dentro del  Ello y se engloban en dos tipos: Libido (Eros) y Agresión (Thanatos). El único fin de los instintos es su satisfacción inmediata. El Ello entonces es incapaz de garantizar la existencia de la persona ni tampoco producir angustia. El tipo de pensamiento es el proceso primario que carece de lógica y de la estructura del pensamiento que rige la vida consciente.
EL YO. Fenichel (1945) desarrolla el concepto freudiano del Yo, indicando que nace cuando lo hace el individuo, al mismo tiempo que empieza el desarrollo del principio de la realidad. Su trabajo consiste en distinguir entre los estímulos internos provenientes del Ello y los de fuera percibidos por los sentidos. El Yo arcaico, como el destruido de los psicóticos no es capaz de establecer esta diferencia y cae presa de delirios y alucinaciones.
Las percepciones tempranas del bebé son tipo proceso primario con gran cantidad de condensación y distorsión; el mundo es percibido de una manera difusa. La percepción yoica empieza como una identificación con los objetos percibidos, el pequeño pone los objetos en la boca y sí introyecta sus primeros objetos amorosos. Esta visión poco clara va acompañada de sensación de omnipotencia, pero cuando la percepción se precisa, el niño comprende que la satisfacción de sus necesidades depende de factores externos.
La verbalización es muy importante en el desarrollo de varias funciones del Yo. El uso de las palabras facilita y precisa la comunicación con otra gente, se mejora la prueba de la realidad y el control de impulsos. En suma el Yo donde se asienta la consciencia del lactante en crecimiento y del niño de corta edad, tiene varias funciones: Es el centro receptor de los sentidos del gusto, oído, vista, tacto y olfato. Los instintos del niño actúan sobre el Yo  como también las sensaciones del mundo externo. También dirige la musculatura voluntaria y es la estructura que interviene en la memoria, el juicio y el pensamiento. Gradualmente asume su jerarquía como la porción racional, consciente y lógica de la personalidad. Rige los métodos por los cuales el niño maneja sus impulsos instintivos, la forma en que confronta el mundo externo y su actividad motora, y basa sus reacciones en la experiencia del pasado y al mismo tiempo en la situación actual.
EL SUPER YO. En 1914 Freud introdujo el término Ego ideal, definido como una “facultad crítica dentro del Yo”. El ideal del Yo se forma bajo las influencias del ambiente y representa las demandas que éste hace al Yo, muchas de las cuales no puede cumplir. Es la conciencia individual, es la actitud crítica por parte del Yo. También censura los sueños y es la fuerza mayor para reprimir los deseos instintivos.
EL SUPER YO. Se desarrolla al final del período fálico, cuando el niño presa de la angustia de castración teme al castigo de sus padres. Es la etapa del complejo de Edipo en la cual el pequeño se ve forzado a dejar a su madre como objeto de amor, así como también lo hace la niña respecto a su padre. En ambos casos el chico frustrado regresa de las relaciones objetales a la identificación y a la introyección. Entonces las figuras parentales se idealizan y se ven más poderosas y gloriosas de lo que son en realidad. El Super-yo eventualmente se convierte en una agencia mental independiente, frecuentemente en oposición al Yo.
ETAPAS DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL
Freud aplicó el principio de constancia al desarrollo e la personalidad. La vida empieza con la concepción y la vida intrauterina va a través de estados prehumanos en un ambiente protegido. El nacimiento es una experiencia traumática, ya que rompe con esta protección y la angustia generada es el prototipo de los estados angustiosos ulteriores (Freud, 1926). Como el trauma del nacimiento expone al infante a estímulos mayores que su capacidad de manejarlos, entonces se retrae del contacto con el mundo exterior para protegerse. La frecuente e inmediata gratificación de sus necesidades narcisistas genera sus sentimientos de omnipotencia, la falta de satisfacción da lugar a la desesperanza y desesperación.
De acuerdo a Freud el niño normal pasa a través de una serie de etapas dinámicamente diferenciadas durante los primeros cinco años de vida, seguidos por un período de cinco o seis años llamado de latencia en que las fuerzas instintivas se estabilizan. En la adolescencia la dinámica se desestabiliza para irse aquietando poco a poco en la medida que se aproxima a la edad adulta. Sin embargo él consideró que los primeros cinco años eran decisivos en la formación de la personalidad.
Como ha sido mencionado, cada estado del desarrollo durante los cinco primeros años se define en términos de la reacción de la zona particular que el pequeño encuentra placentera. Así en el primer año de la vida, la boca es la región principal de la actividad dinámica. La etapa oral es seguida por el desenvolvimiento de las catexias y anticatexias alrededor de las funciones de eliminación. Esta etapa anal dura el segundo año de vida y es seguida por la etapa fálica en la cual los órganos sexuales son las zonas erógenas principales. Después de estas tres etapas el chico pasa por un período prolongado de latencia durante el cual los impulsos se mantienen en un estado de represión. Los impulsos pregenitales son reactivados durante la adolescencia y si son entonces bien sublimados y desplazados por el Yo, es posible para la persona pasar al estadío final de la madurez, la etapa genital.
PSICOLOGÍA DEL YO
Aquí resumiéremos las contribuciones de relevantes investigadores que pusieron bajo la luz al Yo logrando con esto un avance sorprendente en el psicoanálisis desde todos puntos de vista. Tomaremos como eje la obra de Anna Freud que a nuestro juicio es la más representativa, sin por esto querer ignorar la de Heinz Hartmann, Erik H. Erikson, David Rappaport, Donal Winnicott, etc.
En 1939 Heinz Hartmann publicó la Psicología del Yo y el problema de la Adaptación, lo que se considera el inicio de este movimiento, aquí el autor libera al Yo parcialmente de su dependencia del Ello y abrió la posibilidad de un nuevo enfoque a los problemas de motivación, aprendizaje, pensamiento, percepción y otras actividades.
Esencialmente Hartmann piensa que el recién nacido y su ambiente están adaptados mutuamente desde el primer momento. La unión se establece no solo por sus necesidades de cuidado continuo sino también por sus reacciones a éstos estímulos (no obstante que frecuentemente las primeras reacciones no están bien adaptadas). Posteriormente tanto la estructura de la personalidad como otros procesos entre los que están incluídos inteligencia, percepción, memoria y motilidad contribuyen a este objetivo.
En esta óptica el Yo adquiere dimensiones extraordinarias, ya que prueba la realidad, control y dirige la energía motora, inhibe los impulsos instintivos a través de sus defensas, supervisa la respuesta a estímulos externos y finalmente tiene funciones integradoras como es la función sintética.
Anna Freud en 1946 en su libro El Yo y los Mecanismos de Defensa puntualizó la situación del Yo en el pensamiento psicoanalítico actual y trazó el plan para la futura investigación. En su trabajo en la Clínica Hampstead y en sus numerosas publicaciones ha explicado su pensamiento al respecto, en donde enfatiza el desarrollo del Yo en lugar de las etapas del desarrollo psicosexual. Ella sigue aceptando las susodichas etapas, pero su énfasis en los procesos yoicos es el resultado de ver el desarrollo como un proceso más contínuo, más fluído y sin esquemas rígidos.
En 1965 Anna Freud estableció una línea básica de desarrollo que ha servido de prototipo para todas las demás. Esta secuencia empieza en la dependencia eterna total del recién nacido y termina en la seguridad y autosuficiencia del joven adulto. Las etapas del desarrollo libidinal (oral, anal, fálica) solamente son la base innata biológica de lo psicológico. A continuación revisaremos brevemente los pasos de su esquema, citado por Benjamin B. Wolman en 1972:
1º. Inicialmente existe la unidad biológica entre la madre y el niño, en donde el narcisismo materno se extiende al pequeño, y el de éste incluye a su mamá.
2º. Aquí A. Freud describe la relación analítica, y la forma parcial como el bebé percibe sus objetos, de acuerdo con la satisfacción o no de sus necesidades tanto físicas como instintivas.
3º. En este paso se establece la constancia de objeto, lo cual permite que la imagen positiva de los objetos se mantenga independientemente de las satisfacciones o de las frustraciones.
4º. Describe la relación pre-edípica ambivalente, sádico-anal caracterizada por las actitudes yoicas de aferrarse, dominar, torturar y controlar los objetos.
5º. Esta etapa es la fálica-edípica y está completamente centrada en el objeto. Para A. Freud lo típico es la posesividad del padre del sexo opuesto (o viceversa) y los celos y revalidad con el del mismo sexo.
6º. En seguida tenemos el período de latencia en donde disminuye la urgencia instintiva y se transfiere la libido de los padres, al grupo, maestros, líderes, ideales y actividades sublimatorias.
7º. A este paso lo conocemos como pre-adolescencia. Hay un regreso a actitudes tempranas de comportamiento como el uso de objetos parciales, ambivalentes y de satisfacción de necesidades.
8º. Finalmente presenta la lucha del adolescente por negar, transformar, aflojar y cortar la liga con los objetos infantiles y transferir las catexias libidinales a los objetos del sexo opuesto fuera de la familia.
Anna Freud expone otras líneas de desarrollo basadas en la anterior, v.g.: aquellas que se fijan en la independencia corporal del egocentrismo a la camaradería, o del cuerpo hacia el juguete, o del juego al trabajo, etc. Ella enfatiza su valor  práctico y dice que con una mirada a la línea antes descrita puede explicar por qué la separación del niño de su madre o de su casa resulta traumática.
Las violaciones a la liga madre-hijo durante la fase primera darán lugar a la angustia de separación mencionada por Bowlby en 1960; el fracaso de la madre en su papel de satisfactora de necesidades y confort en la fase segunda causará rompimiento en la individuación descrita por M. Mahler en 1952 o la depresión anaclítica reconocida por  R. Spitz en 1946 u otras manifestaciones de deprivación dichas por Alpert en 1959, o al desarrollo precoz del Yo expuesto por James en 1960 o finalmente a lo llamado falso self manifestado por D. Winnicott en 1966. Durante la fase 4ª. –sádico anal- las relaciones insatisfactorias o inestables disturban el equilibrio en la fusión entre líbido y agresión, dando lugar a agresión y destructividad incontrolables descrita por A. Freud en 1965. Finalmente sólo después de lograda la constancia de objeto (fase tercera) la ausencia del objeto puede ser substituída por una imagen interna que se conserva estable.
LA NUEVA PSICOLOGÍA
El reconocimiento de la importancia del self para el cual no hay traducción adecuada tal vez la mejor sería el “sí mismo” en el desarrollo normal de la personalidad, y de su trascendencia como fuente de patología, es uno de los acontecimientos de mayor impacto en el psicoanálisis contemporáneo. Se han abierto las posibilidades del entendimiento hy tratamiento de los padecimientos narcisistas boderlines o prepsicóticos, así como de muchos otros problemas terapéuticos de los llamados difíciles antes con pocas esperanzas de alivio.
La nueva psicología como se ha llamado a este enfoque ha tenido también su influencia en el campo del desarrollo, patología y tratamiento de los niños y adolescentes aún cuando por ahora en forma incipiente y experimental pero bastante prometedora.
De acuerdo a Stolorow y Lachmann (1980), él planteó parte del supuesto de que en la más temprana infancia, el self y las representaciones del objeto no están diferenciadas. Gradualmente el recién nacido adquiere la capacidad de descriminación entre sus propias sensaciones y los objetos de los cuales se derivan (Jacobson, 1964). Entonces la primera tarea básica para el inicio de la articulación de su mundo representativo es la diferenciación o la separación subjetiva de las representaciones del self de las de sus objetos primarios, principalmente de la madre el establecimiento de límites con el objeto del self (self object) (Mahler, 1975). Un ejemplo de una temprana confusión con el objeto del self sería cuando el niñito cree que su madre conoce sus pensamientos o que puede ponerlos dentro de su cabeza. La falta de límites completos con el objeto del self le hace indispensable el apoyarse en las figuras paternas como objetos del self “self objects” cuyos atributos idealizados y funciones de espejo lo proveen con la cohesión del self y la continuidad del mismo que todavía no es capaz de mantener por sí mismo (kohut, 1971).
Un una segunda característica del niño muy pequeño es su incapacidad para integrar o sintetizar representaciones de matices afectivos contrastantes. Por lo tanto la segunda tarea  evolutiva coincidente con la anterior es la síntesis de las representaciones de objeto coloreadas positivamente como la imagen total de la buena madres, con las representaciones de objeto de tonalidad negativa, como la imagen total de la mala madre, en un objeto completo con ambas características, acoplando con una síntesis similar de representaciones contratantes del self integrado en una dimensión totalizadora (Kernberg, 1976).
Desde el punto de vista del mundo objetal la consolidación de representaciones diferenciadas e integradas se refleja en el logro de la “constancia objetal”, que es la capacidad de sostener y relacionarse con la imagen duradera de otra persona, la cual es valorada por sus cualidades positivas y negativas reales, y que se le reconoce como un individuo diferente con necesidades y sentimientos propios (Burgner y Edgcumbe, 1972). Desde el punto de vista del self, la consolidación de las representaciones diferentes a integradas se refleja en el establecimiento de una imagen cohesiva de sí mismo, con estabilidad en el tiempo y con un tinte afectivo más o menos independiente del de los apoyos ambientales. Esta constancia del self ha sido aludida en términos de la sensación de identidad por Erikson en 1956 y como la continuidad de la autoestima por Jacobson (1964) y Kohut en 1971.
Empíricamente nosotros podemos incluir como componentes significantes del self, aquellos atributos que por una parte contribuyen a influyen en determinar el curso del desarrollo psicológico y su funcionamiento. Entonces una enfermedad aguda severa puede tener consecuencias importantes, pero por el hecho de ser transitoria no afectará al self. En cambio una enfermedad crónica o un impedimento que interfiera el comportamiento, debido a su duración, sí se convierte en parte del self.
El fracaso en la obtención de un self efectivo y de la constancia de objeto se atribuyen a deficiencias en el cuidado temprano del bebé consecuente a psicopatología paterna. Ejemplo de esto sería la ausencia de respuestas empáticas a los requerimientos madurativos del pequeño, como los padres distantes o ausentes, las inconsistencias violentas de comportamiento como en el caso de los padres alcohólicos, o la frecuente exposición del niño a escenas violentas de tipo agresivo o sexual. Cuando los traumatismos emocionales interfieren con la estructuralización de la representación del mundo, el individuo permanece detenido, o vulnerable a regresiones con la aparición de objetos del self (self-objects) no diferenciados ni integrados, con sus consecuentes manifestaciones clínicas.
Las interacciones sociales del bebé junto con su manera particular de manejar la experiencia es el inicio de la diferenciación del self muy pronto después del nacimiento (Thomas y Chess, 1980). La observación muestra lo  anterior así como también se ve que para el tercer mes o incluso antes, el pequeño pasa varios minutos mirando sus manos, volteándolas, etc., presa de verdadero interés. Al mismo tiempo o algo después, solo en su cuna balbucea por largos períodos repitiendo una y otra vez el mismo sonido. Dunn (1975) sostiene que para el tercer mes los bebés están encantados  con las consecuencias de sus actos y se descontrolan  si su comportamiento con otras personas no produce la reacción que ellos esperan. Esto es ciertamente el inicio del constituyente básico del concepto positivo de sí mismo el “yo puedo producir cambios en el mundo externo, por lo tanto, yo debo ser una entidad separada del mundo externo para lograrlo”.
En la medida que el niño sigue creciendo, entre los 10 y los 18 años meses, ya es capaz de hacer más cosas por sí mismo que demuestran una evolución aún mayor de su self, y consecuentemente una mejor solidificación de su autoestima. El ver a un chico de dos años hacer un garabato en un papel y mostrárselo a su papá atestiguamos un ejemplo del valor que el chico siente tener para con él.
El concepto de sí mismo (self concept) y la autoestima en la etapa escolar ha llegado a un buen estado de desarrollo. En la medida que el mundo del chico se amplía en todos sentidos los elementos formativos y de diferenciación del self se unen en un proyecto mutuamente interactuante. Si hay armonía entre el chico y su ambiente, los fundamentos para el concepto de sí mismo normal y de un self estable se establecen, si falta se forma una evaluación de sí mismo negativa, autodenigratoria e ineficiente. El desarrollo de la autoestima es siempre un proceso interpersonal, ya que no existen en el niño mecanismos a priori mediante los cuales pueda evaluar por sí mismo el valor de sus logros, lo apropiado de sus esfuerzos, el uso de sus habilidades y su habilidad dentro del marco social. La comunicación y el juicio de los otros proveen las primeras medidas y las bases para sus futuras evaluaciones personales. El padre quien aprueba sin reservas todo lo que el niño hace le causa daño irreparable, así como también  se  la ocasiona aquél que le critica toda imperfección que comete.
SELF E IDENTIDAD EN LA ADOLESCENCIA.
Las demandas de la etapa crítica de la adolescencia ponen a prueba la estabilidad del self por un lado y ofrece una oportunidad para su consolidación final la cual podría resumirse diciendo que el self es una formación psíquica central que conjunta muchos elementos separados de pensamiento, emoción y comportamiento junto con todas las interacciones completas con el ambiente. El comprender todo esto en el marco operativo de un solo mecanismo psicodinámico, nos da una idea de la riqueza, variedad de operaciones, procesos y factores envueltos en la diferenciación e individuación progresiva del self. (Thomas y Chess, 1980).
Cambios en el self y la auto-evaluación puede ocurrir también en la edad adulta, como resultado de crisis en la vida, influencias de otras personas, los efectos de un tratamiento psicoterapéutico, etc., hablándonos esto del continuo movimiento de la personalidad, naturalmente son las limitaciones inherentes a la edad.
ALGUNAS CONSIDERACIONES CLÍNICAS.
La experiencia profesional indica que ya sea que se trate de un niño pequeño, un escolar, un adolescente o un adulto, el juicio que tenga de las consecuencias de su comportamiento es de vital importancia. La persona que cree que sus acciones influyen en las actitudes y comportamiento de otras y que puede lograr sus metas, muestra una imagen positiva de sí mismo, seguridad y efectividad en el manejo de las demandas del medio. Al contrario el individuo quien es derrotista acerca de su habilidad para utilizar su comportamiento para promover sus metas y siente que generalmente resulta en consecuencias desfavorables para él, tendrá inevitablemente una imagen degradada de sí mismo, Todo esto opera a nivel inconsciente en consecuencia estará dirigido a la restauración del self, lograr su consolidación y su eficiencia operativa.
Vistas así las cosas vemos que el conjunto del self nos entera del funcionamiento psíquico global del niño y nos habla de la integración de sus funciones básicas dentro de su sistema. Es una forma de ver las cosas funcionando y evolucionando, no la forma escueta microscópica y reduccionista de los planteamientos.
Así por ejemplo, cuando hablamos de un desorden amplio del desarrollo (Pervasive developmental disorder, D.S.M. III) nos referimos a una falta de integración del self en donde se observa que el paciente a veces no es capaz de control alguno, ni de discernir la diferencia entre él y sus objetos, carece de sociabilidad, su lenguaje es pobre así como su atención, percepción, prueba de realidad  y control de la motricidad. Si logra cierta estabilidad, ésta la pierde ante la menor presión y vuelve al estado de desorganización.
Otro ejemplo: el desorden de la angustia de separación, (Separation Anxiety Disorder D.S.M. III) caracterizado por una angustia excesiva y paralizadora del niño cuando se le separa de las personas a las que está apegado. En estas circunstancias el comportamiento indica que el chico tiene una preocupación excesiva e irreal respecto de lo que les pueda pasar a sus padres o a sí mismo. Por eso mismo rehusa ir a la escuela, dormirse, ir a casa de otros niños o quedarse solo en la suya. Tiene pesadillas, quejas somáticas y reacciones exageradas como berrinches, llanto y pánico cuando algo amenaza su permanencia en lugar seguro. Como se ve el chico se desquebraja psicológicamente ante las situaciones que no puede manejar. Su self no tiene la coherencia para mantener el sistema funcionando de forma independiente,  necesita todavía de la presencia física de los objetos y mantener su equilibrio mental. En pocas palabras el establecimiento del self ha sido incompleto, su funcionamiento precario, lo cual le invalida socialmente y se muestra clínicamente de acuerdo al cuadro antes descrito.
En ambos ejemplos es posible ver también la pobre imagen que de sí mismos tienen los pacientes, la incapacidad de pensar metas y lograrlas y en general una falta de adecuación social.
La rectificación de los cuadros anteriores estriba en nuestra intervención para el mejoramiento de las actitudes patológicas paternas, y psicoanalíticamente o psicoterapéuticamente  la reestructuración del self, lográndola mediante la corrección de sus self objects a través de una relación que permita la revisión de los mismos y sus cambios en transferencia.
Por otra parte es necesario enfatizar que las presentes ideas están en proceso de inicio y necesitan maduración y experiencia clínica para que queden establecidas con solidez, pero eso sólo vendrá con el tiempo y la investigación, que después de todo son nuestras esperanzas para la disminución del dolor humano.
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