Dictadoras: las mujeres de los hombres más despiadados de la historia. Rosa Moreno. 2014

Editorial Lumen. ISBN: 9786073120883

Por: Abigail Cobar

¿Cómo es que compramos un libro aunque la autora sea desconocida para uno y no tengamos ningún antecedente sobre el texto? En mi caso lo hice por lo seductor que me pareció el subtítulo y la verdad no salí defraudada. Los “despiadados” de los que se habla, en el orden en que son presentados son absolutamente reconocibles con un solo nombre: Stalin, Hitler, Mussolini y Franco… ¿así o más despiadados? Nombres equivalentes a locura y crueldad sin límites; entonces, cabe preguntar, ¿cuál es el perfil de la(s) mujer(es) que se enamora(n) de un hombre así? La periodista que dio vida a este volumen no da respuesta, se limita a presentar el resultado de sus investigaciones y en nosotros está sacar conclusiones.

El primero, Iósif Vissariónovich Dzhugashvilli,  Soso de cariño cuando pequeño. El pseudónimo de Stalin, con el que pasaría a la historia, lo tomó  del apellido Stal  de una de sus amantes, a quien se le señalaba como una peligrosa “activista bolchevique”; le gustó la idea de ser reconocido como un hombre de acero. El personaje tuvo numerosas mujeres siendo la primera de ellas su madre y no por el acto natural de ser la primera a la que conoció sino que fue ella quien se impuso al padre evitando que fuera zapatero ya que reconociendo el enorme talento de su hijo y siendo ella misma muy ambiciosa,  lo envió al seminario pensando en que sería un destacado elemento dentro de la otrora importantísima iglesia Ortodoxa y aunque ese deseo no se vio cumplido sí llegó a ser reconocido como el Papa Rojo por haberse convertido en el amo de la vida de todos los rusos. A pesar de su baja estatura, tener un brazo deforme y la cara picada de viruela y aunque únicamente tuvo dos esposas oficiales y una mujer más que estuvo dentro del círculo más cercano por muchos años, no hubo un solo instante de su vida en el que no estuviera vinculado política y sexualmente con alguna mujer. Las prefería muy jovencitas pero no tenía reparos en relacionarse con mujeres mayores que él. El ciclón bolchevique que inundó Rusia después de la caída del Zar arrastró de manera señalada a las mujeres ya que estos nuevos aires las ubicaban en un status de igualdad y de libertad entre esta, la sexual. Gran número de ellas eran activistas cuasi delirantes dispuestas a luchar con las armas y con trabajo incesante de divulgación; así, mayoritariamente las amantes del líder eran militantes convencidas que le rindieron total idolatría; las excepciones, que también las tuvo, fueron usadas, despreciadas y desechadas. Vale señalar que ellas misma promovían, admitían y aceptaban ese tipo de relación y que todas sabían de la existencia de las otras sin que esto cambiara la entrega absoluta a ese “hombre mercurial, que sufría repentinas y paralizantes depresiones que le apartaban de la vida durante días y días”. No faltó la que se suicidó, la que lo esperó siempre, la esposa abnegada y la hija preferida.

Adolf Hitler, Adi, fue el niño consentido de su madre, su razón de existencia y él la acompañó en su última etapa de vida y cuando finalmente murió de cáncer de mama, “su pequeño” contaba con apenas 16 años de edad. Las siguientes mujeres de su vida fueron; Ángela una media hermana, su tía Johanna quien contaba con suficiente dinero y amor como para apoyarlo en sus apuros económicos y que al morir le heredó una muy generosa cantidad de dinero que tuvo que compartir forzadamente en obediencia forzada del testamento. Otra mujer significativa fue una fiel ama de llaves que le apoyó incondicionalmente. Su primer enamoramiento fue a los 17 años y totalmente platónico, nacido de la admiración de que ella poseía, al igual que él, una mente superior”. Es de sobra sabido que rehuía toda charla con sus compañeros militares que versara sobre mujeres y sus opiniones acerca del tema era de total misoginia, no obstante, dejó la siguiente constancia escrita…[la multitud no es sólo como mujer, sino que ésta constituye el elemento más importante de un auditorio. Las mujeres toman la iniciativa: las siguen los hijos, y al final la familia arrastra al padre.] Es después de la primera guerra mundial cuando se da el gran cambio en su personalidad y fue, observando las reacciones de las mujeres, como va cincelando su discurso ya que sostenía que las masas poseen un carácter intrínsecamente femenino.  Decía mantenerse soltero porque esto hacía que a las mujeres les naciera el deseo de lograr lo que ninguna otra, atraparlo. Se tienen archivadas más de 150,000 cartas de sus admiradoras en las que ponen a su disposición todo cuanto poseen con tal de estar cerca o que se les permita tener un hijo de él. En esta disposición de complacer a las mujeres llegó a ofrecer en campaña que si ganaba él les proporcionaría un marido a todas las solteras alemanas. A los 34 años conoció a María Reiter, joven de apenas 15 años a quien hizo su amante de forma intermitente y secreta. Se nos da cuenta de cuatro mujeres que fueron claramente sus amantes, siempre en forma intermitente y oculta. El muy conocido romance fue el que sostuvo con su sobrina que terminó dándose un balazo en el corazón.  Menos conocido es el caso de Unity Mitford, joven inglesa, de clase alta, bella, rica, fanática fascista que soñaba con la unión entre Alemania y Gran Bretaña al través del matrimonio con Hitler y que también se dio un tiro en la sien derecha cuando Inglaterra le declaró la guerra a Alemania. Para su desgracia no murió pero Adolf se encargó de internarla en una clínica en suiza en donde finalmente le salvaron la vida. Magda Göbbels otra mujer que sintió una verdadera veneración por el líder; todo indica que fue ella quien ideo terminar con la vida de sus hijos, luego la de ella y que al final Joseph se suicidara para tener el mismo fin de su líder. Y por último la rubia inocente Eva Braun sobre la que casi todo se sabe.

Benito Andrea Amilcare Mussolini… [Tuvo un incalculable número de mujeres: esposas, amantes, amigas, admiradoras, italianas y extranjeras, jóvenes y maduras, guapas y no tan guapas, burguesas, aristócratas y plebeyas, fascistas, socialistas, liberales, anarquistas.] Y eso que se ostentaba como… [Hombre clasista, racista, individualista, machista, defensor del uso de la violencia y creyente de una suerte de “hombre superior” que se impondrá a la “masa informe”.] En el mismo año se casó dos veces siendo la segunda la esposa definitiva, Rachele, de quien se decía “tenía un carácter prosaicamente práctico” y su propia hija afirmaba “El verdadero dictador de la familia es mi madre”. Rachele sabía de las andanzas de su marido pero de todas solo le importaron tres; parece que el matrimonio se mantenía unido porque ambos comulgaban con la idea de que el matrimonio debe permanecer hasta el final de la vida. Se dice que llegó a poseer hasta cuatro mujeres en una noche, en su propia oficina,… [Eran actos de naturaleza conejil]; se ha hecho el cálculo de que pudo haber tenido sexo únicamente con unas seiscientas ya que la súplica de  mujeres de todas las clases sociales que le escribían rogándole en tono suplicante que querían pasar un momento con él eran miles.

Y por último nos presenta a las mujeres de Francisco Franco que se limitan a dos: su madre y su esposa. Doña Pilar su madre buena, sumisa y resignada, era el niño de mamá y en las dificultades con son su padre él siempre se alineaba con ella mientras los hermanos permanecían neutrales. Cuando ésta murió Francisco prohibió la entrada al padre al velatorio y solo le permitió que viera de lejos el entierro. Durante su carrera militar jamás se emborrachó ni se fue a buscar mujeres. Cuando tiene 27 años y ya con una carrera militar un tanto incipiente pero pujante conoce de vista a Carmen Polo de apenas 15 años que estudiaba en una escuela de monjas muy rigurosas y que pertenecía a una familia pudiente y cercana a la aristocracia. Inicia entonces un cortejo pertinaz que duró seis años hasta que logra casarse con ella. Para este momento él ya era un destacadísimo y condecorado militar. Los testimonios giran sin excepción en que ella nunca estuvo enamorada de Francisco, bajito, poco culto, raro, callado, rostro inexpresivo, tendiente a la gordura, voz aflautada y la gente al referirse a él lo hacía con sorna, pero hábilmente reconoció su tenacidad y su necesidad de acceder a las altas esferas sociales, elementos que se encargó de fomentar y dirigir. Carmen Polo amaba más que nada el dinero, la avaricia era su sello personal al punto que al morir su marido mandó fundir todas sus medallas y premios para convertirlos en lingotes de oro y plata. Logró todo lo que soñó, joyas, honores y emparentar con la realeza. La ideología de vida de esa pareja fue el culto al poder. Dicen que su aspecto al avanzar en edad era el de una verdadera urraca.

Hasta aquí el amplísimo comentario de esas mujeres compañeras de hombres por demás singulares.

Este libro puede conseguirse en Librería Gandhi.

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