marathon-1437365Por: Lorena Correa
El psicoanálisis, creado gracias al ingenio de Sigmund Freud, desde sus comienzos nació como una terapia. Dice Freud refiriéndose al primer caso de histeria tratado por Breuer: “Nuestro primer propósito fue comprender las perturbaciones de la vida anímica de los seres humanos, porque una asombrosa experiencia nos había mostrado que en ella comprensión y curación andan muy cerca, que una vía transitable lleva de la una a la otra.” Después dice en “La fijación al trauma, lo inconsciente”: “Nuestra terapia opera del siguiente modo: muda lo inconsciente en consciente y sólo produce efectos cuando es capaz de realizar esta mudanza”.
Como podemos ver, y a pesar de que el mismo Freud nos advirtió en no caer en el “furor curandis”, desde el nacimiento del psicoanálisis está implícito el que es una terapia que produce efectos y que busca la curación de la enfermedad mental. Nos dice Amapola González (1989) que el psicoanálisis es un cuerpo de doctrina científica que explica y describe el funcionamiento del aparato mental del ser humano y es, además, un sistema curativo de la enfermedad de nuestra mente. Tras Freud, se han sucedido generaciones de psicoanalistas y pensadores que han aportado al desarrollo y mejoramiento continuos del psicoanálisis, al servicio de aminorar el sufrimiento de las personas. Así, no debemos de perder de vista el objetivo del psicoanálisis: la salud mental.
El psicoanálisis pretende promover el crecimiento, el funcionamiento y la adaptación adecuada de las personas para lograr una mayor productividad, una conciencia personal y social más amplia y un aumento de la capacidad para encontrar posibilidades reales que conduzcan al desarrollo y al cambio. (Kanan, 1987).
Para internarnos más en el tema que nos ocupa, a continuación haré una revisión histórica de diversos autores representantes de diferentes escuelas y corrientes psicoanalíticas, que plantean lo que considero interesantes objetivos del análisis. Aclaro, aunque resulte obvio, que no pretendo lograr una unificación o congruencia entre las diversas corrientes psicoanalíticas, tarea imposible y a mi modo de ver innecesaria para los fines del presente trabajo. Así, independientemente de la variación en la técnica, métodos y procesos de las diversas escuelas psicoanalíticas, los cuales sólo mencionaré de paso, lo que busco resaltar es que, al final, todas convergen en el mismo objetivo: la búsqueda de la salud mental de los pacientes en análisis.
Siguiendo esta misma línea, nos dice Bleichmar (1989) “No hay para el psicoanálisis en la práctica un método que pueda demostrar resultados superiores de una teoría sobre otra. Es posible creer en una concepción sobre las demás, pero es ya otro problema demostrarlo. Con distintos modelos se puede curar a un paciente y, curiosamente, con una misma base conceptual puede haber un tratamiento bueno o exitoso y otro que no lo sea; el factor personal es bien conocido.”
Comenzamos, obviamente, con Freud, quien estableció los cimientos del psicoanálisis y nos dice del mismo como instrumento terapéutico (1923): “Donde está el ello, allí debería estar el yo”. De lo anterior vemos que el psicoanálisis busca que la persona obtenga un dominio y control de los impulsos instintivos.
Así, nos dice Freud, que se busca transformar el ello en yo, hacer conciente lo inconciente. Nos habla de la posibilidad del hombre de controlar sus impulsos a través del autoconocimiento. Freud, en 1933, nos habla acerca del objetivo del psicoanálisis: Fortalecer al yo…ampliar su campo de percepción y engrandecer su organización.
Freud también habló acerca de las limitaciones del psicoanálisis. Excluía del tratamiento analítico muchos tipos de desorden mental, en especial la psicosis, sobre la base de que el psicótico no puede establecer la transferencia necesaria con el analista, ya que para él, la base del proceso analítico consiste en superar las resistencias a través de la transferencia.
Nos dice también en Análisis terminable e interminable (1937): “La experiencia nos ha enseñado que la terapia psicoanalítica, o sea, el librar a un ser humano de sus síntomas neuróticos, de sus inhibiciones y anormalidades de carácter, es un trabajo largo.” Para después decir: “El análisis debe crear las condiciones psicológicas más favorables para las funciones del yo; con ello quedaría tramitada su tarea”.
Con el tiempo, la experiencia clínica demostraba que no era suficiente que el analizado comprendiera algo intelectualmente, sino que era necesario comenzar a elaborar su conocimiento logrado. En “Recordar, repetir y reelaborar” (1914) recomienda esperar y dejar que las cosas sigan su curso, cultivando la paciencia: “Esta elaboración de la resistencia puede convertirse en la práctica en una tarea tediosa…pero es la parte del trabajo que tiene el mayor efecto transformador en el paciente”. Así, al analista debe tratar de dar a “todos los síntomas de la enfermedad un nuevo significado transferencial, para reemplazar su neurosis común por una neurosis de transferencia”, que por medio del trabajo terapéutico revive, reedita el conflicto pasado y busca resolverlo de mejor manera.
Nos dice Freud también que si bien el análisis no puede cambiar al individuo en el sentido constitucional, lo que pone límites, por cierto, a su eficacia, puede hacer del paciente lo que éste habría llegado a ser si las circunstancias de su vida hubieran sido más favorables.
Además de lo mencionado anteriormente, de los trabajos de Freud se desprenden demás fines del tratamiento psicoanalítico, como el tener energía psíquica libre y disponible, energía psíquica que antes estaba destinada a sostener una sintomatología producto de una conflictiva interna, lo cual mejora nuestra capacidad para amar, trabajar y disfrutar.
Los objetivos teóricos del psicoanálisis pueden formularse de diversas maneras; Freud lo hizo reiterativamente, quizás con mayor claridad, empleando estas palabras: “Podría establecerse que la mira del tratamiento consiste en eliminar las resistencias del paciente y hacer una reseña de sus represiones, para poner en descubierto la unificación más amplia y el fortalecimiento de su yo, permitiéndole así economizar la energía mental que está consumiendo en conflictos internos y aprovechar lo mejor que sus capacidades heredadas permiten en él, de modo que sea todo lo eficiente y capaz de goce que sea posible. La eliminación de los síntomas de su enfermedad no se obtiene de manera específica, pero aparece, por así decirlo, como un subproducto, siempre que el psicoanálisis se conduzca de forma apropiada.”
Ahora mencionaremos las posteriores aportaciones de diversos psicoanalistas al respecto:
Otto Fenichel aporta una idea que me parece interesante: la sola verbalización de preocupaciones poco claras proporciona un alivio, porque un yo puede enfrentar mejor las ideas verbalizadas que las sensaciones emotivas poco claras.
En cuanto a los representantes de la psicología del yo, me gustaría comenzar por mencionar a Hartmann, quien pone énfasis en reforzar el área libre de conflicto y lograr un funcionamiento yoico suficientemente adaptativo.
También Schafer (1970) nos dice: “Al psicoanálisis le concierne corregir las rigidizaciones de la personalidad y aclarar el camino hacia una esperanza y hacia la experiencia de progreso, de la seguridad y del placer. La curación no es remover los síntomas, sino la modificación, a través del entendimiento, de los trastornos de la personalidad”. Anna Freud (1972) dice que “La nueva técnica de investigación y exploración de las resistencias y de la transferencia es idéntica a la técnica de curación”.
Por otra parte, Gaitán (1985) dice que “El psicoanálisis es el método curativo que alcanza sus metas al lograr un cambio en la estructura de la personalidad”.
En el desarrollo de la teoría de las relaciones objetales, Melanie Klein, supuso a la posición depresiva como el momento crucial del desarrollo: es su elaboración una y otra vez a lo largo de toda la vida lo que permite la profundidad emocional y personal y la capacidad de reparación de los objetos. Decía Klein (1950) que la terminación del análisis se vincula con el resurgimiento de las angustias depresivas y su elaboración.
Meltzer, en “El proceso psicoanalítico” se basa en el modelo kleiniano de desarrollo, es decir en las posiciones esquizoparanoide y depresiva de Klein, reviviéndose estas posiciones en el proceso analítico, el cual divide por etapas. Así, se busca que en el proceso se llegue a la etapa que llama el umbral de la posición depresiva para después poder elaborar el destete, es decir, la separación con el analista.
Sobre los factores curativos en psicoanálisis (Strachey, 1934) el papel del analista puede relacionarse con la introyección de una función: la capacidad analítica o función psicoanalítica de la personalidad. El paciente incorpora de su analista una actitud y el compromiso de una tarea con las que trabajará dentro de su mente toda la vida.
Por su parte, Racker enfatiza en el conocimiento de uno mismo, establece que “Tanto los fenómenos patológicos como las perturbaciones de carácter, las relaciones del ser con el mundo, su infelicidad, su angustia y sus dificultades para trabajar y gozar, son el efecto de una causa: el desconocimiento de sí mismo… El verdadero conocimiento equivale a la unión consigo mismo, a una plena aceptación en la conciencia y en el sentir de todo aquello del propio ser que antes ha sido rechazado patológicamente”.
Por otra parte, me gustaría mencionar a Kohut y la psicología del self, que ofrecen virajes conceptuales a los criterios básicos del enfoque freudiano. Para ellos, no se busca tanto el conocimiento y la resolución de los conflictos, sino poder superar este estancamiento sobre la base de mejores objetos del self (el analista). En “La restauración del sí-mismo” (1984) dice Kohut que el objetivo del tratamiento es lograr la cohesión del self para que no se fragmente ante la pérdida de los objetos del self. Una vez lograda esta cohesión, el individuo podrá recuperar su capacidad creativa y productiva. Según él, el análisis de las transferencias narcisistas abrirá al sujeto la posibilidad de establecer relaciones empáticas con los objetos del self en su vida actual, incrementará su autoestima y la sensación de continuidad del sí mismo en el tiempo y el espacio.
También Kohut (1984) en “¿Cómo cura el análisis?”, a diferencia de muchos autores, cree que la cura en psicoanálisis no guarda relación con la expansión del dominio del yo. La experiencia analítica es una nueva oportunidad de maduración. Lo que cura en el proceso no es el conocimiento de los conflictos, sino las vivencias que se adquieren con un objeto del self empático, experiencia que soluciona las heridas que dejaron abiertas los objetos de la infancia. Así, el proceso analítico es una nueva oportunidad de desarrollo. La patología es una detención del desarrollo, por lo que se busca superar ese estancamiento sobre la base de mejores objetos del self (analista). Los cambios podrán verse como una continuación del desarrollo que estaba estancado en niveles primitivos. El proceso analítico puede ser visto como un crecimiento y una evolución.
Es importante señalar la semejanza de las ideas anteriores con las ideas de Donald Winnicott y el grupo británico en la idea de un nuevo comienzo, mejor estructurado.
Winnicott piensa que el setting brinda una segunda oportunidad para el desarrollo, dando el terapeuta en el tratamiento un “sostenimiento suficientemente bueno” que la faltó al paciente en su infancia. El marco del análisis sería una condición ambiental que predispone a la regresión y permite el descongelamiento de la situación de fracaso que se produjo en el desarrollo del paciente por una falla ambiental. El análisis retoma el desarrollo del sujeto en el punto en que quedó congelado. E paciente revive su pasado, y depende absolutamente del analista (holding) para repetir sus vínculos primarios de la infancia. Así vemos que el análisis es un proceso que permite que el paciente retome su desarrollo natural. El setting analítico facilita y permite un proceso de regresión que es indispensable para desandar un camino equivocado, para restañar las heridas del desarrollo emocional primitivo.
Así, el desarrollo emocional primitivo que se malogró y desvió puede ser reasumido a través de una experiencia singular (análisis) que le permita al individuo volver atrás y comenzar de nuevo. La regresión del paciente en el setting analítico significa un retorno a la dependencia temprana, es un proceso regresivo que marcha hacia la curación vía la dependencia infantil.
Por otra parte, me gustaría mencionar a Kernberg, quien afirma que, al señalar e interpretar las maniobras defensivas primitivas se ayuda al paciente a integrar sus objetos internos y permitir la construcción de un objeto total.
Etchegoyen (1986) piensa que la reconstrucción que el paciente hace de su relación con los objetos primarios sufre un proceso de cambio durante el tratamiento analítico. A medida que se modifican las ansiedades y conflictos narcisistas del paciente, éste va cambiando la versión de cómo fueron sus padres reales. Lo que podemos conocer es la realidad psíquica del paciente, el cual tiene un monto de distorsión sobre los hechos de la realidad presente y pasada, pues los percibe a través de sus conflictos inconcientes. Al analizar la transferencia y una vez elaborados sus conflictos inconcientes, el paciente podrá tener una versión ecuánime de su historia personal.
Entonces, el trabajo analítico consiste en que el sujeto revise su realidad interior (verdad histórica) y se vaya dando cuenta de que lo que él considera los hechos es sólo su versión de los hechos. Ya decía Freud en “Construcciones del análisis” (1937) que el propósito del análisis es lograr una imagen de los años olvidados verdadera y completa. Parece una tarea imposible de cumplir, pero a pesar de ello, el análisis ofrece la posibilidad al paciente de reconocer su propia perspectiva y que sepa que no es la única ni la mejor, ofreciéndole nuevas perspectivas y posibilidades.
El tratamiento psicoanalítico se propone reconstruir el pasado borrando las lagunas del recuerdo de la primera infancia, que son producto de la represión. Lo hace levantando resistencias y resolviendo la transferencia a través del análisis de sueños, actos fallidos, recuerdos encubridores, síntomas y carácter.
Podemos ver que mediante la interpretación en el análisis se busca que el paciente logre comprender que ya no es más un niño indefenso, sino un adulto perfectamente apto para sobrevivir y que tal vez sus padres no son tan terroríficos como los vivió en su muy temprana edad.
El análisis es un proceso de crecimiento y también una experiencia creativa. La esencia del proceso consiste en levantar los obstáculos para que el analizado tome su propio camino. El análisis busca darle al analizado los instrumentos necesarios para que él solo se oriente y vuelva a ser él mismo. El análisis es un proceso hacia delante en términos de crecimiento, integración o cura. (Etchegoyen, 1986)
De acuerdo con Arlow y Brenner: el objetivo de la terapia analítica es ayudar al paciente a lograr una solución de sus conflictos intrapsíquicos a través de la comprensión, lo que le permitirá manejarlos de una forma más madura.
Por su parte, Bion nos dice: “El tratamiento analítico ofrece al analizado las condiciones necesarias para que pueda obtener el conocimiento acerca de sí mismo. Pero el intento de conocer implica un sentimiento doloroso que es inherente a la experiencia emocional misma del conocimiento…Si el análisis no trata ese dolor estaría perdiendo la posibilidad de encarar una de sus funciones principales como es la de intentar lograr una contención que lo capacite para una transformación en crecimiento psíquico y no para formaciones sustitutivas”. La interpretación informa y da al analizado la posibilidad de organizar una nueva forma de pensamiento, de cambiar de punto de vista (Bion, 1965). No busca modificar la conducta del paciente sino su información. Para Bion, en el análisis se busca aprender de la experiencia y “La finalidad de un tratamiento psicoanalítico es el crecimiento mental”.
Christopher Bollas (2009) nos dice acerca de la curación: Los analistas que pertenecen a la Escuela Británica han insistido que una de las funciones curativas es recibir una comunicación de un paciente y eliminar lo tóxico de ese introyecto por vía de interpretaciones, a fin de que el paciente reinternalice el introyecto modificado y entre en posesión de un objeto interno menos perturbador. Este proceso se repite una y otra vez, con lo cual el paciente logra internalizar no sólo los objetos internos reformados, sino también la función continente del analista, o sea, adquiere la aptitud de eliminar lo tóxico en objetos internos malos.
Continúa diciendo que la regresión a la dependencia permite a una persona obtener importantes insights desde el interior del self. El proceso del análisis se dirige hacia la construcción de la potencialidad auto-analítica y en el pensamiento de lo sabido no pensado. Así, el psicoanálisis habrá sustentado y cultivado el autoanálisis progresivo del analizando.
Según Menninger y Holzman, no siempre los objetivos del psicoanálisis se pueden enunciar con tanta simpleza, porque en realidad varían mucho. Para ellos, se refleja en la vida real del paciente con pasos orientados hacia el mejoramiento de las relaciones con los demás. La situación de la realidad contemporánea se irá ampliando y extendiendo, con mayor libertad para la afectividad y creatividad objetiva. Coinciden en que el tratamiento psicoanalítico acarrea una mejoría, coinciden en que sucede algo, en que se producen cambios en la estructura y función de la personalidad.
Retoman el ideal socrático del conocimiento: conocer correctamente cosas sobre uno mismo y sobre el mundo propio, y contemplarlas con objetividad en el pasado y en el presente- lo cual podría designarse como el objetivo del tratamiento. Sin embargo, esto sólo es cierto siempre que tal conocimiento se acompañe de la relación emocional apropiada y de un sentido de libertad por la inversión de los poderes creativos y constructivos que se derivan del instinto de vivir. Según ellos, el paciente con la ayuda del psicoanálisis ha adquirido un yo más grande y mejor, ha adquirido un nuevo yo.
Finalmente, quisiera mencionar a Rickman (1950) quien habla del proceso de integración de la personalidad que, según él, se manifiesta en: la capacidad para moverse con libertad del presente al pasado (haber removido la amnesia infantil que incluye la elaboración del complejo de Edipo); la capacidad para la satisfacción genital; la capacidad para tolerar la frustración libidinal sin defensas regresivas ni angustia; la capacidad para trabajar y también soportar el no hacerlo; la capacidad para tolerar los impulsos agresivos en unos mismo y los demás sin perder el amor objetal y la capacidad para el duelo.
Por cuestiones de tiempo y espacio me tomé la libertad de elegir determinados autores que consideré representativos para el desarrollo del tema, cabe aclarar, sin embargo, que muchos otros se han ocupado de ello, como Ferenczi, Michael Balint y Willy Hoffer, por mencionar algunos.
Conclusiones
Como vemos, los criterios de curación van a ser diferentes según sean los soportes teóricos que se adopten, sin embargo, si los vemos más de cerca, creo que encontramos que los criterios de curación que se proponen no son tan distintos unos de los otros. Creo que el análisis es un proceso de desarrollo personal y por lo tanto es interminable, sin embargo, también creo que busca alcanzar ciertos objetivos, ya que su meta también es el progreso del analizado hacia la salud mental.
El psicoanálisis tiene una meta terapéutica: comprender para curar. El objetivo terapéutico es su razón de ser. No sólo cuenta la comprensión, sino que es necesario también producir transformaciones.
Entre las transformaciones y progresos que se buscan, podemos enunciar las siguientes: conocimiento de uno mismo, crecimiento, evolución, funcionamiento y adaptación adecuada que se traduce en una mayor productividad, mayor entendimiento, mayor conciencia personal y social, mayor capacidad para el desarrollo y para la resolución de conflictos. Se busca también un mayor control de los impulsos, un fortalecimiento del yo y sus funciones, mayor capacidad y eficiencia para trabajar, amar, disfrutar y reparar relaciones de objeto, mayor capacidad creativa y productiva. También propone favorecer el desarrollo mediante la integración de objetos internos, la reconstrucción y transformación de imagos mediante la modificación de ansiedades y conflictos, así como lograr una mayor comprensión, afectividad y capacidad para tolerar la frustración.
Como vimos, el psicoanálisis no busca solamente la desaparición de síntomas, sino también la modificación de la estructura de la personalidad. Se propone el crecimiento mental, un cambio del carácter, un mejor contacto con la realidad, así como la expansión de la personalidad, su integración y desarrollo. Esto incluye el desarrollo de nuevas capacidades para tolerar la frustración y la capacidad de autoanálisis.
 
Bibliografía

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  • Bollas, Ch. (2009) La sombra del objeto. Psicoanálisis de lo sabido no pensado, Buenos Aires: Amorrortu.
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  • Schafer, R. (1970) “The Psychoanalytic Vision of Reality”, International Journal of Physhoanalysis, LI, 279-296

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