La Manipulación de la Mente
Autor: Larissa García

El fenómeno de la manipulación es complejo y su existencia nos puede remontar a sucesos históricos, culturales, o sociales que fueron determinados por esto.

La manipulación mental implica una serie de estrategias psicológicas que provocan un impacto emocional, con la finalidad de poder determinar la conducta de otro individuo, perturbando el control de sus propias ideas, comportamientos, emociones y decisiones. Una parte de la personalidad (del Yo) acaba siendo suprimida, inhabilitando el pensamiento crítico, la reflexión y el libre albedrío.

En el desarrollo de éste fenómeno, existen dos partes: El manipulador y el manipulable. El primero generalmente tiene que ver con personalidades Sociopáticas, que intentan persuadir a otro individuo, con la finalidad de conseguir su beneficio. Sin embargo, en la persona manipulable, la gama suele ser más extensa y dependen de otros factores.

Existen diversas estrategias para conseguir la manipulación del otro, ya que esto incluye  más que un discurso o una simple orden, un lenguaje no verbal, actitudes, ideales entre otros. Para conseguir este efecto se suele recurrir a la emoción del individuo, intentando dejar de lado la razón, es decir su pensamiento crítico. Generando un impacto emocional, que provoca que el pensamiento quede en segundo término. Es decir, se necesita el bloqueo del pensamiento y la reflexión para el éxito de la manipulación.

Es común que el manipulador recurra a continuas repeticiones sobre el material o la conducta que busca modificar en el otro, por ejemplo los líderes políticos suelen apelar a constantes bombardeos mediáticos con tal de provocar una respuesta emocional en sus seguidores.

Otra estrategia se da cuando se busca la “divinización” del líder frente a sus seguidores, como ocurrió en el caso de Charles Manson, quién se hacía llamar “satán o Cristo” esto con la intención de generar mayor poder e influencia en su palabra. Lo anterior, se suma al interés por propiciar un aislamiento en sus seguidores, con la finalidad de evitar factores que puedan afectar el proceso de manipulación, tal como ocurre con las sectas. El aislamiento tiene la finalidad de evitar distractores y propiciar la enajenación.

El manipulador, busca propiciar una actitud de lealtad entre sus seguidores y por ende un rechazo a todo lo que sea oposicionista como un acto reflejo, sin la necesidad del pensamiento crítico.

Ahora bien, el fenómeno de la manipulación abarca muchos variables, que se deben tomar en cuenta para comprenderlo. En primer lugar es importante diferenciar los niveles de intensidad. Podemos llamar manipulación de baja intensidad a la estamos expuestos todos los días,  como  sería la publicidad y las estrategias de mercadotecnia, los cuales tienen la finalidad de generar una preferencia en nuestro consumo impactando en nuestra emoción; o bien los líderes políticos, quienes a través de discursos, una imagen estudiada y tácticas sociales, acaban provocando una opinión determinada en la población. O bien, la “moda” y sus tendencias, acaban definiendo no solo el uso de la ropa, sino de los gustos y costumbres.

Sin embargo, la manipulación de baja intensidad, acaba brindando cierta adaptación a nivel social,  y permite el arraigo de la identidad brindado la sensación de pertenencia.

Por otro lado, está la manipulación de Alta intensidad, aquí tanto la voluntad, la autocrítica, el pensamiento y la conducta queda al servicio en su totalidad del Manipulador. Al grado de poder provocar que la vida del sujeto quede comprometida, en actos que eran impensables para él en el pasado, logrando cambiar  juicios, valores, ideales, costumbres entre otros. Es en este extremo en el que se puede ubicar casos como el de “Charles Manson” y su “familia” quienes cometieron una serie de asesinatos brutales, por seguir órdenes e ideales de su líder. Una parte de su personalidad, la capacidad de juicio, el pensamiento crítico, quedo comprometido bajo el consumo de  LSD, sus problemas familiares y  las palabras e ideales de Charles Manson, quien encontró mentes fértiles para su delirio en jóvenes abandonados, carentes y adictos.

Así mismo, las estrategias de manipulación de Joseph Goebbels en el movimiento nazi, nos brinda un ejemplo más, de la manipulación de alta intensidad y sus alcances. Ya que su tratado e ideales logró influir en el pensamiento y creencias de pueblos, provocando un resultado brutal durante la segunda guerra mundial. Sin embargo, es importante resaltar que el tratado propuesto por Goebbels años atrás, es utilizado en nuestros días en el mundo de la publicidad por su eficacia.

Ahora bien, no se ha encontrado una estructura de personalidad específica que implique tendencias a ser manipulable. Ya que se habla de distintas necesidades y circunstancias que pueden influir en éste fenómeno. Sin embargo, se existen propuestas teóricas que abordan esto.

Autores como Schoenewolf (1990) mencionan que puede existir la “tendencia de algunas personas a presentar mayor susceptibilidad hacia el contagio emocional”, sin llegar a estructuras de personalidad definidas. El contagio emocional, entendido como  una mezcla de emociones que inundan al individuo, sugestionándolo e induciendo su conducta, lo anterior a través de buscar provocar emociones tales como el miedo, angustia, ira etc.

Por otro lado, Bursten (1973) propone que ““La personalidad manipulable, es intensamente narcisista, en quienes dicho narcisismo es frágil” o está comprometido; en dichos sujetos,  sus “vidas son gobernadas y reguladas por la necesidad de reparar sus heridas narcisistas”. Ya que lo anterior provoca mayor interés en la ilusión e imagen pública que en la verdad de las cosas. Martin (1984) profundiza en esto, ya que resalta la necesidad de vivir “una ficción” en sus vidas, provocando la necesidad de crear o creer en cosas que permitan tal irrealidad. Por lo tanto, el vacio de la persona narcisista busca llenarse con falsas identificaciones, que se intentan obtener a través de una irrealidad, provocando que la manipulación sea viable siempre y cuando cubra la necesidad narcisista que se busca.

Ahora bien, Spotnitz (1976), menciona que los individuos que alcanzaron una madurez emocional suficiente, es decir cierta fortaleza Yoica, son menos propensos a ser manipulables. Ya que el YO, tiene en funcionamiento, la mayoría de sus funciones. Ahora bien, para la psicología del Yo, la manipulación se explica, ya que el yo queda inundando con excitación que no puede manejar ni descargar, quedando débil y susceptible a cualquier influencia externa. Lo anterior toma fuerza, si existe un superyó sádico que tenga sometido, controlado y por ende debilitado al Yo. Esto último, es visible en las personas que están acostumbradas a seguir órdenes sin cuestionarlas.

Por otro lado, el fenómeno de la manipulación, toma una fuerza distinta cuando existe la presencia de un grupo, ya que éste puede ser altamente manipulable.

Cuando el individuo está inmerso en un grupo, el escenario grupal permite con mayor facilidad la realización de actos y conductas que en lo individual difícilmente se realizarían.

Lo anterior facilitado por el anonimato que brinda el movimiento grupal y por ende la anulación de la responsabilidad sobre los actos.  El grupo brinda la sensación de Omnipotencia, se pierde el pensamiento crítico; ya que el individuo sustituye sus ideales personales, por los ideales del grupo. Chasseguet (2003) al igual que Freud, señalaban la disolución que sufría el superyó en los grupos, permitiendo así la realización de conductas que en otro contexto serían impensables.

Por lo tanto, la ignorancia, la muerte del pensamiento crítico, un Yo debilitado y las necesidades narcisistas nos convierte en “campo fértil” para ser manipulables. .

BIBLIOGRAFÍA

  • Bursten,  B  (1973). “The Manipulator. A Psychoanalytic View” .(Yale University Press).  Psychoanalytic Quarterly   44:  149-151
  • Hubback, J. (1974). “Notes on Manipulation, Activity and Handling”.  Journal of Analytical Psychology   19: (2) 182-191
  • Martin, J (1984). “Clinical Contributions to the Theory of the Fictive Personality”.  Annual of Psychoanalysis   12:  267-300
  • Schoenewolf, G (1990). “Emotional Contagion: Behavioral Induction in Individuals and Groups”.  Modern Psychoanalysis   15: (1) 49-61.
  • Lothane, Z (2006). “Mass Psychology of the Led and the Leaders: With Some Thoughts on Current World Events”.  International Forum of Psychoanalysis   15: (3) 183-192.
  • Chasseguet-Smirgel, J (2003).  “El ideal del Yo: ensayo psicoanalítico sobre la enfermedad de idealidad”. Amorrortu.  Buenos Aires, Argentina.

 

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