Lo transgeneracional

Autor: Mariana Vergara

El interés del psicoanálisis por las dimensiones transgeneracionales presentes en el funcionamiento de la mente individual y en el de las organizaciones familiares, muestra un desplazamiento radical de óptica, desde una dimensión intrapsíquica al estudio de las relaciones entre lo intrapsíquico y lo interpersonal.

Lo interpersonal comprende temas mirados por el psicoanálisis como los de la realidad externa, el contexto y las interacciones entre las personas.

Lo interpersonal es el punto de encuentro de dos vectores; uno nos lleva al pasado del sujeto y más allá de sus orígenes (historia de sus padres y ancestros) y el otro vector nos lleva al funcionamiento en el aquí y ahora de la familia, a la relación existente entre las personas, a los contenidos comunicados por ellas y a los modos con los que comunican.

Kaës (1993) distingue entre transmisión transpsíquica e intersubjetiva y define con claridad que lo que se transmite entre los sujetos no es del mismo orden que lo que se transmite a través de ellos.

Para él, la transmisión transpsíquicapresupone la ausencia de espacios intersubjetivos y a ésta pertenecen fenómenos de inducción, sugestión y contagio.

La transmisión intersubjetiva es, en cambio, la familia y es aquí donde se ubica la transmisión transgeneracional con sus efectos en el plano intrapsíquico y en el intersubjetivo o interpersonal.

Una propuesta que permite entender mejor estos fenómenos es la  de Laplanche y Faimberg, quienes distinguen las cualidades de la presencia del otro dentro de nosotros:

  • Laplanche: Utiliza el término implante para el proceso común mediante el cual los significantes que, guiados del adulto, son fijados en la dermis psicofisiológica de un sujeto en el cual aún no se ha diferenciado el inconsciente, de modo que podría hablarse de transmisión del inconsciente.
  • Faimberg: Utiliza el término intromisión para la variante patológica del proceso que con violenta intrusión, emite en la persona, un elemento no metabolizado o no posible de metabolizar.

En los años 70´s muchos autores inspirados por los escritos de Green desarrollaron algunas investigaciones sobre este tema.

Por ejemplo, Abraham y Torok (1978) hablan del enquistamiento en el inconsciente del sujeto, de formaciones inconscientes de otro que son asimiladas como un fantasma a través del mandato de un antepasado. (Así el fantasma pasa del inconsciente de un padre al de un hijo).

Ellos afirmaban que la transmisión transgeneracional se organiza a partir del negativo, no sólo de aquello que fracasa o falta en la metabolización psíquica, sino también de eso que nunca ha ocurrido, de aquello que no ha sido representado o no es representable.

Para Evelyn Granjon (1990) estos déficits de la simbolización inconsciente que se revelan como un material indigesto no elaborado por uno de los miembros de una familia son llamados “las voces del silencio”.

Los temas de la muerte, del incesto, del parricidio, del abandono, de culpas inconfesables, muerte, delitos o crímenes sexuales, son temas recurrentes en las dimensiones transgeneracionales.

El aspecto importante de lo anterior no es la naturaleza del trauma en sí mismo, sino más bien la incapacidad del sujeto o del grupo que lo rodea para elaborarlo; pudiéndose generar así, de la angustia que lo subtiende, dos caminos; uno hacia la compulsión a la repetición, que vuelve inútil el paso del tiempo y el desempeño de las generaciones, y el otro, que abre la historia a la solución y a las reparaciones creativas, motivadas por la angustia que habría caracterizado la elaboración del trauma.

Es aquí cuando cobra importancia el impacto de la genealogía y del enfoque transgeneracional sobre el individuo.

El enfoque transgeneracional brinda al trabajo clínico un camino para ayudar a explicarnos dinámicas inconscientes familiares que hacen que el paciente repita ciertas situaciones de vida y entender cómo es que algunas conductas pueden estar determinadas por la historia psicológica de generaciones anteriores.

Asimismo incluir en la historia personal de un paciente, su historia familiar transgeneracional, nos ayuda a comprender y utilizar de un mejor modo la herencia psíquica familiar y transformarla al disolver las cargas familiares inconscientes.

El enfoque transgeneracionalasí como el análisis transgeneracional toma en cuenta el proceso psíquico genealógico del paciente y tiene como objetivo entonces, poner en perspectiva la historia de la familia, comprenderla, tomar el rol y resolver así las situaciones excluidas de la conciencia familiar y las creencias que las sostienen.

Este concepto fue creado por AnneSchutzenberger (psicoanalista francesa) en los 80´s. A Schutzenberger se le atribuye dicho enfoque, sin embargo se puede decir que el primero en hablar de un enfoque transgeneracional es Freud, en “Tótem y tabú” cuando se refiere a la transmisión de generación en generación a través del inconsciente.

Schutzenberger comenzó a utilizar el concepto para hacer referencia a los lazos familiares, la transmisión y lo transgeneracional. Comenzó a utilizar con sus pacientes, como método terapéutico el método del genosociograma (mapa genealógico que construyen en sesión paciente y terapeuta y donde se inscriben los datos e información de la familia).

Para Anneel genosociogramaes una representación del inconsciente familiar. A través de éste, se puede descubrir por ejemplo que todos los hijos mayores fallecen en diferentes generaciones a los veinte años, o que la edad en que le dan el diagnóstico de una enfermedad grave a una persona coincide con la edad en la que un ancestro tuvo un accidente grave, que se contraen nupcias el mismo día que lo hizo la abuela, repeticiones de abortos en diferentes generaciones,  mujeres abusadas, suicidios, etc.

Uno de los principales postulados de la teoría psicoanalítica es la existencia de una concordancia intergeneracional en los patrones de relación, en donde el vínculo temprano con la madre se internaliza, y se activa posteriormente cuando se reedita y revive en otras relaciones significativas; como se aprecia en la relación de pareja y en la liga emocional que se establece con los hijos.

Son diversas las hipótesis psicoanalíticas que se han formulado para explicar la influencia del mundo representacional de los padres y los abuelos principalmente la historia personal de la madre en el desarrollo y en la estructuración psíquica de un nuevo ser.

Fraiberg y colaboradores (1987), postulan que en toda crianza existen fantasmas, visitadores del pasado no recordado de los padres, huéspedes no invitados al bautizo, que en algunas familias aparecen en escena en momentos inesperados, en donde padres e hijos se encuentran así mismos protagonizando, reeditando, papeles de obras de tiempos pasados.

Otras familias se manifiestan como poseídas por sus fantasmas, huéspedes permanentes que claman por la tradición y por los derechos de permanencia y han estado presentes en el bautizo de dos o tres generaciones sin haber sido invitados.

Selma Fraiberg considera que son estos fantasmas los que compelen a la repetición del pasado en el presente; es decir, los conflictos pasados no resueltos de los padres interfieren en la relación actual con sus hijos.

En este caso, el bebé viene a ser un compañero silencioso en la tragedia familiar. El bebé es cargado por el pasado opresivo de sus padres desde el momento que él entra al mundo. Los padres parecen condenados a repetir, -reeditar-, la tragedia de su infancia con su propio bebé.

Fonagy (1993) comenta al respecto, que la cualidad de la representación mental del objeto y de la representación en el Self de la relación con éste, son determinantes importantes de la transmisión transgeneracional.

Kaes (1993), por su parte, considera que desde el pensamiento freudiano lo que se transmite es el afecto y el representante de la pulsión. La memoria del afecto y de la representación será una huella que podrá seguir un destino en lo inconsciente; se mantendrá viva, mas allá de la represión, fuera de la consciencia del sujeto. Así mismo, Kaes señala que algunas investigaciones sobre el tema insisten en el hecho de que: “nada puede ser abolido que no aparezca, algunas generaciones después, como enigma, como impensado, es decir, incluso como signo de lo que no pudo ser transmitido en el orden simbólico”.

Lebovici (1993) al describir el concepto de la transmisión intergeneracional del vínculo, señala que el foco ha sido puesto sobre los conflictos infantiles de los padres, con su respectiva infancia de los abuelos, constituyéndose así lo que él designa como “el mandato transgeneracional”.

Así mismo, Lebovici (1994) hace notar que la transmisión intergeneracional hace posible comprender los efectos de los conflictos de la infancia de los padres en el desarrollo de sus hijos. La transmisión intergeneracional también introduce a las generaciones de los abuelos dentro de la vida psíquica de los hijos, a través de los conflictos infantiles de los padres, ya sea preconscientes o reprimidos.

El rol que juega el bebé, entonces, es el de ser portador de un mandato de la transmisión familiar y participa también del equilibrio familiar. El bebé, es a menudo portador de un secreto de familia.

 

Los secretos familiares, son temas que de común acuerdo, la familia mantiene bajo el silencio, ya que de saberse, ocasionaría vergüenza, culpa o temor, a los miembros de la familia. Estos secretos tienen su origen en los tabúes de la sociedad, que censura estos modos de actuar.

La palabra secreto viene del latín “secretus” y deriva de “sercenere” que significa poner aparte para que no se vea.

En la familia, aquello que se esconde es lo relacionado con lo que produce vergüenza y dolor, y psíquicamente no se puede elaborar.

Los grandes temas que suelen ocultarse tienen que ver con el origen, la muerte y el sexo.

Los secretos se pueden diferenciar en dos tipos; los nocivos y los peligrosos.

Se establece esta diferencia porque al momento de la revelación, los secretos nocivos harán que las relaciones en la familia pasen por un proceso de adaptación y reacomodo y se producirá una interferencia en los vínculos familiares.

En cambio un secreto peligroso comprometerá la esencia misma de la familia y su posibilidad de continuidad. Los sentimientos de intimidación, miedo, poder sobre el otro y sometimiento están entrelazados y relacionados con los secretos peligrosos. Por lo general en éstos la persona calla porque teme que si habla el peligro será mayor.

Para la psicoanalista Janine Puget, algunas familias quedan estructuradas en torno a secretos grupales. La consigna tácita es que sus miembros nunca deben referirse a lo que saben y menos aún pensarlo o decirlo todos juntos.

Se evita así la desintegración familiar que se produciría al difundirse algún hecho penoso o vergonzoso. Al no poder comentarse ni pensarse, es reprimido y se presenta en forma de síntomas que se repiten.

Los secretos familiares producen efectos y síntomas en adultos y en niños durante más de una generación.

La psicoanalista François Dolto decía “lo que es callado en la primera generación, la segunda lo lleva en el cuerpo.”

También mencionaba que los niños manifiestan lo que no se habla a través de síntomas y conductas.

Los secretos de familia con el transcurso del tiempo, se pueden manifestar de distinta manera y se hacen visibles de forma patológica, o en la contratransferencia del analista o en actuaciones de los miembros de una familia.

 

Casos

Guillermo había tenido serios problemas de conducta y aprendizaje en los primeros años de colegio.

En la adolescencia acudió a tratamiento. Su padre mantenía en secreto una relación extramatrimonial de la que tenía otro hijo.

Cuando era niño, Guillermo tenía una pesadilla que se repetía en la que veía caer a su padre de un rascacielos.

Su abuelo paterno se había suicidado poco antes de su nacimiento, información que conoció años después.

Ana: su segundo aborto ocurrió de nuevo en primavera, misma fecha en que coincidía con la muerte de su abuela, de la que más tarde supo que había sido objeto de abusos por parte de un tío, del que tuvo una hija, su madre, y que solo pudo tenerla a ella, que nació en mayo. Ana decía: “En mi familia todo sucede en primavera”. A lo largo de un proceso psicoanalítico, pudo quedar embarazada y llevar a término su gestación, ya que pudo gestar con palabras una historia familiar que le pesaba demasiado y le impedía identificarse con una mujer capaz de vivir la maternidad como algo bueno.

Conclusión

Los sucesos y las verdades no dichas organizan lazos inconscientes por donde circula de manera involuntaria la información familiar que ha sido silenciada. Estos hechos ocultos buscarán siempre una solución o salida a través de síntomas y conductas que el paciente soporta sin saber por qué. Sin embargo el psicoanálisis brinda la posibilidad al paciente de saber, externar, entender y mostrar esas verdades ocultas.

 

Bibliografía

  • Faimberg, H. (1985). El telescopaje de generaciones: la genealogía de ciertas identificaciones. Revista de Psicoanálisis, 42, 5 p.1043 a 1056.
  • Freud , S. (1913). Tótem y Tabú. Tomo XIII, Amorrortu.
  • Pinkus,  L.  (). Secretos en la familia. Editorial Cuatro Vientos.
  • Sandler, J. (1976). Countertransference and Role-Responsiveness- International Revue of Psychoanalysis, 3.
  • Schutzenberger, A. (2005). Ay, mis ancestros. Editorial Aguilar
  • Van Eersel, P. (2004). Mis antepasados me duelen. Ediciones Obelisco.
  • Winnicott, D.W. (1963). Communicating and not communicating leading to a study of certains opposites. In: The maturationprocess and the facilitating environment, London, the hogar press, 1965.

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