La feminización del Complejo de Edipo: reconsideración del significado de la separación.

Autor: Guadalupe Portal.

 

Introducción:

El complejo de Edipo en la niña, etapa crucial del desarrollo, presenta características únicas que no han sido exploradas en su totalidad ni se han incorporado de manera integrada a la teoría psicoanalítica. Algunos autores como Kulish y Holtzman (2000) describen diferencias en el Complejo de Edipo femenino y masculino a partir de patrones característicos en las relaciones de objeto, defensas así como consideraciones sociales.

El presente trabajo pretende describir algunas de nuevas aportaciones al Complejo de Edipo en la mujer a fin de comprender de mejor manera este proceso esencial en la construcción del aparato psíquico.

El foco de este trabajo, serán pues, las diferencias en las relaciones de objetoy las consideraciones sociales vinculadas al Complejo de Edipo. Asimismo, se explora el papel de la separación en la situación triangular de las mujeres a fin de distinguirlo de la separación en la relación diádica madre-hija.

 

Modelo Edípico Freudiano.

El punto de partida para la comprensión del Complejo de Edipo es, por supuesto el modelo freudiano. Para Freud (1933) el desarrollo del niño y de la niña fueron inicialmente idénticos. Consideró que hasta los tres o cuatro años, ni el niño ni la niña tenían conocimiento de las diferencias sexuales. Ambos cursan la etapa fálica con metas sexuales, fálicas, masculinas dirigidas hacia la madre. Incluso Freud postulaba que la libido en sí misma era masculina. De esta forma, la sexualidad femenina en un inicio, es primariamente masculina y el desarrollo posterior dependerá de la renuncia a esa sexualidad masculina. La envidia del pene, es decir la reacción de la niña ante la falta, inicia la triangulación de las relaciones de objeto y el giro al interés edípico, así como hacia el deseo de un bebé. El paradigma freudiano propone una relación triangular en la cual el niño ama a su madre y compite con y desea “deshacerse” de su padre. Este paradigma se universaliza y abarca la psicología de la niña, en la que de manera análoga se propone una estructura triangular en la que la niña ama al padre y compite con y desea “deshacerse” de la madre.

Horney (1924) cuestionó la concepción freudiana y argumentó que el sentimiento de inferioridad en las niñas no era primario si no adquirido y reforzado por la cultura, y que los deseos reproductivos no surgían necesariamente de una sustitución compensatoria por la falta del pene. Consideraba que se debía a una identificación con la madre. Esta idea resurge posteriormente en el concepto de feminidad primaria.

Asimismo, de acuerdo con Kulish y Holtzman (2000) la relación triangular en las niñas no es simplemente un espejo de lo que sucede con el niño, si no que tiene características femeninas específicas. Las autoras consideran que en las niñas existen cuestiones vinculadas con la separación temprana en la relación diádica con la madre, y por tanto, es fundamental diferenciarlas de aquéllas relacionadas con la separación en la relación triangular edípica. Es decir, existen elementos de separación en las relaciones de objeto tanto triádicos como diádicos, así como conflictos pre-edípicos y edípicos.

 

Feminidad Primaria.

Este término fue utilizado por primera vez por Stroller (1968) en sus estudios acerca del desarrollo del género y sus desordenes. Greenberg (1993) sugiere que el sentido de una feminidad primaria se desarrolla en las etapas preverbales de la infancia temprana, a medida que la identidad de género se imprime en la persona en el periodo de cercanía corporal, íntima con la madre.

Para Kulish (2000) el término de feminidad primaria es problemático al nivel teórico, ya que tiende a utilizarse a la ligera y de manera concreta. Sin embargo, considera que es útil cuando se aplica en la clínica. Propone que se separen las diferentes áreas que abarca ese concepto (género femenino, identidad, imagen corporal, elección de objeto, representaciones de la feminidad, identificaciones con el objeto materno y las fases del desarrollo psicosocial) a fin de articular con mayor claridad los factores biológicos innatos, el desarrollo de las relaciones de objeto y las influencias sociales.

Finalmente, Welldon (1988) postula que el centro de la identidad de género femenino incluye la identificación preedípica con la madre, la cual se establece completamente para el segundo año de vida, momento en el cual se logra la diferenciación entre sexos.

 

El mito de Perséfone.

A fin de analizar los elementos femeninos específicos del Complejo de Edipo en la niña, Holtzman y Kulish (2000) consideran que se debe renombrar este proceso del desarrollo y denominarlo el Complejo de Perséfone, el cual se narra a continuación:

El mito cuenta la historia de Perséfone. Es hija de Zeus y Deméter (hija de Cronos y Rea, hermana de Zeus, y diosa de la fertilidad y el trigo). Su tío Hades (hermano de Zeus y dios de los Infiernos), se enamoró de ella y un día la raptó.

La joven se encontraba recogiendo flores en compañía de sus amigas las ninfas y hermanas de padre, Atenea y Artemisa, y en el momento en que va a tomar un lirio, (según otras versiones un narciso), la tierra se abre y por la grieta Hades la toma y se la lleva.Aparentemente, el rapto se realizó con la cómplice ayuda de Zeus, pero en la ausencia de Deméter, por lo que ésta inició unos largos y tristes viajes en busca de su adorada hija, durante los cuales la tierra se volvió estéril.

Al tiempo, Zeus se arrepintió y ordenó a Hades que devolviera a Perséfone, pero esto ya no era posible pues la muchacha había comido un grano de granada, mientras estuvo en el Infierno, no se sabe si por voluntad propia o tentada por Hades. El problema era que un bocado de cualquier producto del Tártaro implicaba quedar encadenado a él para siempre.

Para suavizar la situación, Zeus dispuso que Perséfone pasara parte del año en los confines de la Tierra, junto a Hades, y la otra parte sobre la tierra con su madre, mientras Deméter prometiera cumplir su función germinadora y volviera al Olimpo. Esto estableció las estaciones del año, con base en las separaciones y reuniones de Deméter y su hija.

La leyenda cuenta que el origen de la Primavera radica precisamente en este rapto, pues cuando Perséfone es llevada a los Infiernos, las flores se entristecieron y murieron, pero cuando regresa, las flores renacen por la alegría que les causa el retorno de la joven. Como la presencia de Perséfone en la tierra se vuelve cíclica, así el nacimiento de las flores también lo hace.

Por otra parte, durante el tiempo en que Perséfone se mantiene alejada de su madre, Deméter y confinada a el Tártaro, o mundo subterráneo, como la esposa de Hades, la tierra se vuelve estéril y sobreviene la triste estación del Invierno.

Este mito describe la relación cercana entre la madre y la hija, señala las separaciones y las reuniones y la manera de resolver los conflictos vinculados con el ingreso al mundo sexual. De igual manera, una situación edípica femenina, positiva, requiere que la hija mantenga la relación con su madre, al tiempo que compite con ella. De acuerdo con las autoras, el mito de Perséfone implica una relación sexual triangular, en la cual la hija crea una solución de compromiso, separándose en tiempo y espacio de su relación con una mujer/madre y un hombre/padre. Oscila entre dos mundos: el sexual en la que gobierna como reina (Perséfone) y el cálido y seguro mundo de la madre, en el cual es una virgen inocente.

Se presenta un paradigma del conflicto de lealtad heterosexual, es decir el deseo tanto de permanecer junto a la madre como huir con el padre. Este es el dilema de la niña pequeña.

En el mito de Perséfone los objetos totales, tanto masculinos como femeninos, se separan en tiempo y espacio como vía para resolver los conflictos de etapas posteriores.

La niña se encuentra atrapada entre el apego a su madre y la atracción hacia su padre. El mito representa la solución de compromiso defensiva mediante la cual las preocupaciones de esta etapa del desarrollo se pueden manejar.

Holtzman y Kulish postulan que los temas de separación con la madre acompañan típicamente los recuerdos de la experiencia de pérdida de la virginidad y la entrada a la heterosexualidad adulta. Asimismo, las fantasías inconscientes incestuosas acerca del padre, se entremezclan usualmente con este material. La mujer que ingresa el mundo sexual heterosexual, presenta preocupaciones por la separación de su madre que no son de tipo regresivo, diádicas o preedípicas, si no que forman parte de la experiencia triangular y del desarrollo mismo.

Por otra parte, Fenichel (1954) señaló que el Complejo de Edipo en la mujer debe su conformación específica, casi en su totalidad a la transferencia a la relación genital con el padre, de rasgos de la relación pregenital con la madre. Los teóricos klenianos tempranos propusieron, mas que la envidia del pene, la existencia de una pulsión innata que impulsa a la niña a la situación edípica heterosexual.

La situación triangular denominada “Edipo positivo” y el desarrollo del interés heterosexual en la niña se conforma, de acuerdo con Holtzman y Kulish se la manera siguiente: En la familia tradicional, la niña de los tres a los seis años empieza a sentir que su objeto primario, la madre, es su rival en el afecto e interés del padre. Esta rivalidad amenaza la seguridad básica debido a fantasías amenazadoras de la pérdida de la relación nutriente con la madre y evoca conflictos de lealtad hacia ambos padres. En esta edad le cuidador primario del niño y el objeto de deseos edípicos es uno y lo mismo: su madre. Sus sentimientos de rivalidad y enojo se dirigen principalmente al padre, en quien no depende de la misma manera que con su madre. Por tanto, los temas de separación no son tan intensos en el niño como en el caso de la niña. Esto no implica que el niño no tenga conflictos de separación, sin embargo, la situación para las niñas en esta etapa del desarrollo, es decir el ingreso a la relación triangular, produce conflictos de separación más intensos. En última instancia tanto el niño como la niña deben afrontar la pérdida del lazo infantil con los objetos parentales infantiles e integrar imagos paternas separadas.

De acuerdo con Holtzman y Kulish la separación y el desarrollo psíquico están entrelazados, iniciando con la separación del selfy el objeto en la infancia y continúa el proceso para establecer la constancia del objeto, la construcción de la identidad de género y un sentido de autonomía corporal. Las alteraciones y conflictos en estas áreas pueden conducir a problemas mayores tales como déficits en el Yo y ansiedad de separación. Los temas vinculados con la separación-individuación ocurren a lo largo de la vida de acuerdo con Colarusso (1997).

Chodorow (1978) y Lerner (1980) han sugerido que la separación es especialmente mas difícil y notable en las niñas que en los niños, ya que la niña debe separarse del objeto primario, al tiempo que se identifica con ella como el objeto del mismo sexo. En contraste, la identificación del niño con el objeto del mismo sexo, el padre, ayuda al niño a la separación de la madre, pero lo deja más vulnerable a una exagerada necesidad de autonomía. Chodorow plantea que las fronteras entre la madre y la hija son más premeables y menos definidas que las fronteras entre la madre y el hijo. El Complejo de Edipo en la niña se ve afectado por estas configuraciones. Con el padre, sin embargo, se desarrolla una relación al mismo tiempo que la niña mira a su madre para determinar si se torna envidiosa, asegurarse que realmente se ha separado y determinar si de esta manera puede ganarse a la madre. El giro hacia el padre es tanto un ataque hacia su madre como la expresión de amor hacia ella. El Complejo de Edipo en hombres y mujeres es asimétrico. El amor de la niña al padre y la rivalidad con la madre está siempre mediado por el amor a la madre, aun en contra de su voluntad.

A partir de distintos casos y el material clínico de mujeres, Holtzman y Kulish describen que a menudo la sexualidad es vista como perteneciente a la madre, no a la hija. Esta percepción produce la necesidad de compartamentalizar las representaciones sexuales intrapsíquicas en un selfsexual y otro no sexual. Consideran este proceso como una defensa a fin de mantener el lazo con la madre al tiempo que ingresa a una relación erotizada con el padre. De esta forma, las pasiones y la sexualidad se relegan a una parte del self separada de la madre. Las autoras consideran que esta compartamentalización es un proceso típico del desarrollo, con significados tanto adaptativos como neuróticos.

 

Conclusiones:

Los temas de separación madre-hija son una parte fundamental del paradigma edípico en la niña.

El mito de Perséfone caracteriza de mejor manera este proceso ya que el personaje debe lograr un acuerdo entre la inocencia y la sexualidad, la relación de lealtad hacia el padre y la madre y los medios para transitar de la niñez a la adultez, que tipifican los aspectos centrales del desarrollo femenino.

Se reafirma el papel central del Complejo de Edipo dentro de un marco contemporáneo en el que se enfatizan:

a) Las relaciones de objeto

b) Las identificaciones preedípicas

c) La importancia de la relación de la hija con la madre y los temas de separación

d) La compartementalización como defensa.

 

Bibliografía

  • Chodrow, N. (1978) The reproduction of mothering: Psychoanalisys and the sociology of gender. Berkley: University of California Press.
  • Colarusso, C.A. (1997) Separation-individuation processes in middle adulthood: the fourth individuation. In The Seasons of life: Separation-individuation Perspectives, ed. S. Akhartand  Kramer. Northvale, N.J 73-94
  • Holtzman, D. And Kulish, N. (2000) The Feminization of the female Oedipal Comples. Part I: A reconsideration of the significance of separation issues. Journal of the American PsychoanaliticAssociation. 48: (4) 1413-1437
  • Kulish, N. (2000) Primary Feminity: Clinical Advances and Theoretical Ambiguities. Journal of the American PsychoanaliticAssociation. 48: 1355-1379

 

IMAGEN: sxc / simmbarb

 

Leave a Reply

Your email address will not be published.