Autor: Susana Velasco K.

¿Por qué algunas personas eligen como profesión, ocupación, actividad  recreativa o deporte actividades que ponen en constante riesgo a sus vidas?

Antes que nada cabe señalar que no podemos generalizar las opiniones acerca de las motivaciones emocionales – conscientes o inconscientes-  que operan en forma individual en cada una de las personas  que llevan a cabo actividades de alto riesgo, ya sea como trabajo o como pasatiempo.

Dentro de estos últimos, encontramos los llamados “deportes extremos” que, como su nombre lo dice, pueden ser de un alto grado de peligrosidad, como por ejemplo el paracaidismo, el rappel, el montañismo, el forcado, el bungee jumping, etc.

Se sabe que, al igual que otras conductas adictivas, en un gran número de hombres y mujeres que eligen  estas actividades o deportes, existe ya una predisposición de naturaleza psicobiológica desde su nacimiento.

Desde esta perspectiva y siguiendo la opinión de los expertos en la materia, podemos sostener que:

En muchos casos, la actividad eléctrica del cerebro es más lenta, lo que produce que la percepción e integración de los estímulos externos sea más débil y por ello necesiten de impactos más intensos que el promedio de la gente para sentir placer y dolor.

Asimismo, frecuentemente existen alteraciones a nivel de las sustancias bioquímicas del cerebro que dan como consecuencia:


a)  motricidad impulsiva,
b) fallas en la inhibición de la adrenalina, que es la sustancia que producimos entre otras cosas, cuando nos alteramos y debemos asumir conductas defensivas o de ataque, que en otro contexto servirían para sobrevivir a situaciones adversas. Al observar detenidamente la realización de alguno de dichos deportes extremos, estos se pueden interpretar efectivamente como actos de supervivencia y/o de enfrentamiento con la muerte. Contemplan el deseo de dominarla y controlarla, saliendo triunfantes la vida y la persona que la controla, en este caso el deportista o el trabajador.

Si revisamos algunas de las historias personales y familiares de estos atletas a menudo nos encontramos que de pequeños padecieron de hiperactividad, o bien presentaron algún trastorno por déficit de atención, manifiesto en edad preescolar y escolar. Igualmente podemos hallar que alguno de los familiares más cercanos, como el padre o la madre, cursaron los mismos padecimientos u otros trastornos como pueden ser:

a) del estado de ánimo (depresiones o hipomanías ),
b) de ansiedad (fobias y/o contrafobias) y
c) abuso de sustancias (adicciones al alcohol u otro tipo de drogas), etc., que tuvieron un impacto emocional importante en la vida y dinámica de relación familiar.

Cuando estas personas permanecen inactivas, si es que lo logran, de inmediato les sobrevienen sentimientos de desazón e intensa ansiedad.

Por otra parte, es un hecho que si miramos para atrás en el tiempo, a lo largo de la historia el ser humano ha soñado con volar y desde las alturas, dominar la vida, la muerte  y experimentar sensaciones de poder y libertad. Podríamos decir que este anhelo nos mueve a todos en una u otra medida. Cuando nos percatamos de nuestra pequeñez en relación al poder de la naturaleza, debemos de renunciar a ello y canalizar nuestros deseos a formas que sean más accesibles a nuestras posibilidades y se ciñan a la realidad.

Hay personas para quienes esas renuncias son impensables, puesto que representaría una herida narcisista muy intensa, por lo que deben negar su condición y asumir actitudes omnipotentes – no siempre francamente evidentes-,  llevándolos a arriesgarse una y otra vez más.

En los jóvenes esto puede ser más o menos normal; es cierto que están dotados de mayor fuerza y destreza física que los adultos, pero también frecuentemente echan mano de conductas desafiantes y audaces en forma defensiva, con el objeto de llamar la atención y/o negar el dolor que produce la separación emocional de los padres y la infancia, así como  controlar el miedo de lo que representa asumir mayores responsabilidades en la vida.

Podemos decir que en todos los que realizan de forma constante actividades de alto riesgo físico existe una fantasía suicida más o menos inconsciente; un deseo o necesidad compulsiva de saludar de cerca a la muerte. Algunos sobreviven, otros aprenden a fuerza de accidentes, otros mueren y no solamente sufren en ese tránsito, sino dejangrandes huecos en sus seres amados.

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