Identidad Masculina Ante la Liberación Femenina
Autor:  Citlali Amado

La subordinación histórica de la mujer ante el hombre explica por que los estudios sobre el género femenino cifran predominantemente su atención en el problema de cómo construir una nueva identidad femenina que permita proyectar socialmente una figura que revierta la situación tradicional del dominio masculino.

La crisis actual en relación a los paradigmas de la masculinidad fue disparada predominantemente por el cambio en la división sexual del trabajo, producto de una economía cambiante e incluyente de la mujer en el mercado laboral; pero también por la llamada liberación femenina que ubica a la mujer en otro contexto deseante de relaciones más igualitarias

GÉNERO Y SEXO

El sexo queda determinado por la diferencia sexual inscrita en el cuerpo, mientras que el término “papel de género”, propuesto por Jhon Money en 1955,  es usado para describir el conjunto de conductas atribuidas a los varones y las mujeres.

El género se relaciona con los significados que cada sociedad le atribuye y se define como la red de creencias, rasgos de personalidad, actitudes, valores, conductas y actividades que diferencian a mujeres y hombres. Tal diferenciación, solo es producto de un largo proceso histórico de construcción social, que produce diferencias entre los géneros femenino y masculino e implican desigualdades y jerarquías entre ambos.

os psicoanalistas ubicamos la identidad dentro del Superyó, que incluye los mandatos y expectativas culturales. Concebimos la identidad como el resultado de un proceso de interrelación continua entre tres vínculos: la integración espacial (está determinada culturalmente y también contiene los mensajes y deseos paternos), la integración social y la integración temporal (capacidad de seguir sintiéndose a través del tiempo).

DEBATES ACTUALES ACERCA DEL CONCEPTO DE GÉNERO.

a)    Innato vs Adquirido

Los eventos sociales de la crianza infantil constituyen claramente la influencia de mayor importancia. El sentimiento de ser mujer o ser varón se establece a mediados del segundo año de vida, mucho antes de que se configure la representación de la diferencia genital.

Robert Stoller, destacó la prioridad que en nuestra especie adquiere el otro significativo por sobre la constitución anatómica como determinante de la estructuración del psiquismo (Bleichmar, 1998). Cuando el cuerpo biológico no concuerda con la percepción o el proyecto identificatorio que los padres elaboran respecto del infante, es el deseo parental lo que prevalece.

b)    Psicoanálisis vs Sociología

Debemos considerar que el género es un sistema en sí mismo, que debe ser analizado por las diversas disciplinas de la ciencia en los diferentes niveles que sean necesarios para abarcar todo su estudio.

c)    Deseo vs Poder

Por una parte, el psicoanálisis es una teoría que considera el deseo como motor del funcionamiento subjetivo, mientras que los estudios de género se refieren en última instancia a las relaciones de poder entre varones y mujeres.

d)    Género vs Diferencia Sexual Simbólica

Tubert afirma que no hay masculinidad ni feminidad en la sexualidad infantil, es el complejo de Edipo y su correlato, el complejo de castración el que establece la diferencia.

Tanto el sentimiento subjetivo de masculinidad o feminidad como el deseo erótico se construyen a través de un devenir histórico que es individual y colectivo.

¿QUÉ ES LA MASCULINIDAD?

La cultura occidental está asentada en dos fuentes míticas que son el mito bíblico (la creación) y el mito mariano (virginidad, maternidad), a partir de los cuales se sientan las bases de la estructura identitaria patriarcal pues no solamente despoja a la mujer de su capacidad fecundante al hacerla nacer de la costilla del hombre, sino que la despoja de la paternidad sagrada siendo hija del hijo de Dios, sin una liga directa con el creador.

David Gilmore considera que la estereotipia de roles genéricos en general y la masculinidad en particular, forman parte de nuestra estrategia de supervivencia de los seres humanos pues los hombres son considerados como el sexo “prescindible” para la sobrevivencia del grupo mientras que las mujeres, son por un lado necesarias para la reproducción en un grado mucho más alto que los hombres y por otro son más frágiles; por lo que han sido a la vez protegidas y subordinadas.

Marvin Harris (1987) ha llegado a afirmar que cuando los hombres de una sociedad ven amenazado su dominio, se embarcan en guerras con sus vecinos, a fin de crear circunstancias mediante las cuales puedan dominar a sus mujeres.

Entonces: ¿Son los hombres seres que buscan la protección de las mujeres o más bien son seres hostiles y peligrosos? Son ambas cosas según las circunstancias. En algunas ocasiones agradeceremos su aspecto protector y proveedor, mientras que en otras padeceremos sus tendencias opresoras.

ASPECTOS BIOLÓGICOS Y PSÍQUICOS

De acuerdo con los estudios biológicos más recientes, los varones son más proclives a padecer trastornos genéticos, deben luchar para sobrevivir ya que tienen una mayor probabilidad de ser abortados, y también atraviesan por un complejo proceso para obtener la masculinidad, dependiente de la adecuada provisión hormonal durante la gestación. A lo largo del crecimiento, experimentan más trastornos de conducta y aprendizaje y en la adolescencia son las principales víctimas de accidentes. Son sacrificados en las guerras, suicidas que no amenazan vanamente, mueren más temprano, siendo su expectativa de vida unos siete u ocho años menor respecto a las mujeres.

A pesar de ello la debilidad física y la resistencia parecen caracterizar a las mujeres, mientras que la fuerza y la precariedad son el sello distintivo de los varones.

La crianza materna, y el hecho mismo de ser nacidos de una mujer, constituye un reaseguro identitario para las niñas. Los varones en cambio, cuando han estado a cargo de mujeres durante sus primeros años, deben ser sustraídos de su influencia. La metodología existente para masculinizarlos se basó en el repudio de sus identificaciones femeninas, en la escisión de los aspectos de su personalidad ligados con la dependencia infantil o con deseos pasivos de distinta índole, y el depósito de esos aspectos disociados sobre sus compañeras femeninas.

EL MALESTAR CONTEMPORANEO

La crisis actual es producto de una profunda revolución económica, social y política. La globalización, la reproducción asistida, el empoderamiento femenino, los derechos humanos y otros factores socavan el orden patriarcal tradicional. Surgen crisis familiares en el intento de redefinir los sistemas de poder y dominación que lo sostienen.

La mayor parte de las mujeres contemporáneas sostiene deseos contradictorios. Por una parte anhelan la protección masculina y el homenaje narcisista característico del galanteo tradicional. Pero no quieren pagar el precio que pagaron sus madres y sus abuelas: infidelidad, dependencia económica, violencia, etc.

LA LIBERACIÓN FEMENINA

Existen dos corrientes feministas polarizadas entre las teorías contemporáneas, ambas buscan dar respuesta al interrogante de ¿Qué es ser mujer? y plantean una nueva sociedad a través de relaciones sociales más igualitarias entre los géneros.

1. El feminismo de la igualdad propone recuperar para las mujeres los atributos y capacidades asignadas a la masculinidad, como los espacios prohibidos o condicionados para el género femenino: economía, política, y ciencias. Su problema es que no toma en cuenta que las relaciones sociales se establecen conforme a las diferencias sexuales.

2. Las teorías de la diferencia consideran la existencia de una naturaleza femenina (también de una esencia masculina), la cual coincide con las características que socialmente se les ha asignado a las mujeres, como son la capacidad de dar y cuidar la vida. Busca reivindicar lo femenino, revalorar la feminidad al no definirse como “lo otro” de la masculinidad.

ESTUDIOS SOBRE MASCULINIDAD

Los estudios contemporáneos sobre la masculinidad se ubican en el momento en que se acepta que las sociedades occidentales asumen un cambio social manifiesto en el ámbito económico, político y social. Tienen como objetivo principal detectar el conflicto que enfrentan los hombres ante los cambios en la identidad masculina.

Los estudios sobre masculinidad tienen diversos enfoques:

a)    El enfoque histórico: Realiza una descripción acerca de algunos rasgos de la masculinidad en las diferentes etapas de la evolución humana.

b)    Antropología social: Afirman que la masculinidad no se expresa de manera universal, pues se trata de manifestaciones propias de diferencias culturales que coexisten en un momento determinado de la historia.

David Gilmore sostiene que la amenaza más temida para el niño es el retorno a la simbiosis con la madre donde se perdería a su sí mismo independiente. Por lo tanto, la lucha por la masculinidad es una batalla contra los deseos regresivos, una “revuelta contra la infancia”.

c)    Psicología social:

Reconoce los efectos negativos que sobre las relaciones sociales tienen los rasgos de la masculinidad, que de manera resumida se reflejan en el monopolio del poder que históricamente han detentado los hombres.

Graciela Cámara Cáceres afirma el hombre tiene que negar lo que considera pasivo y representa a la mujer, tiene que comportarse como el fuerte, el violento y el protector, alejado y temeroso de que se vea en él algo de las características asociadas socialmente a la mujer.

Las familias mexicanas padecen la ausencia del padre, ya sea física o emocionalmente, lo que origina que la mujer, ante el vacío emocional, se vuelque en su hijo. La relación tradicional del hombre en la familia origina que el hijo no tenga una identificación con el padre y se prolongue la díada entre la madre y el hijo, haciendo más angustiosa su separación. En este sentido, el hombre mexicano tiene la necesidad de expresar que él es muy macho y debe negar lo que es pasivo y lo relacionado con la mujer como su necesidad de apego, de dependencia, de cariño con su mujer e hijos y abstenerse de su participación afectiva dentro de la familia ya que es cosa de viejas.

Teoría Psicodinámica

Stoller y Herd desarrollan un enfoque teórico desde una perspectiva psicoanalítica y a la vez antropológica. Plantean algunas hipótesis acerca de la construcción de la masculinidad en el contexto de las relaciones familiares.

La primera hipótesis consiste en sostener que cuanto más prolongada, íntima y placentera sea la simbiosis entre la madre y su hijo varón, mayor es la posibilidad de que un niño se vuelva femenino. Si el padre no interrumpe de un modo eficaz esa fusión el niño puede llegar a convertirse en transexual. Con esta hipótesis plantean la existencia de una protofeminidad.

Sears y colaboradores, Bach y Stolz encontraron que chicos cuyos padres estuvieron ausentes eran generalmente menos agresivos y más femeninos que chicos con padres accesibles. Los resultados de Hetherington sugieren que la ausencia de padre antes del cuarto año de vida tiene un efecto desfavorecedor en la competitividad de los niños.

La segunda hipótesis  que plantean es que los niños varones deben desarrollar barreras intrapsíquicas contra su deseo de fusión con la madre. Este proceso se ve favorecido por el proceso madurativo. La masculinidad social convencional es el resultado de esta defensa contra la simbiosis e implica envidia y temor ante la mujer, necesidad de mantenerla a distancia y rebajarla aunque se le desee.

Enfoque sociológico:

Existen tres importantes teorías sociológicas que han influido profundamente en la comprensión acerca de la cultura contemporánea.

  1. Agnes Heller, expresa que la conformación de una nueva identidad femenina somete a una fuerte crisis a la configuración de la identidad masculina.
  2. Daniel Bell sostiene que la crisis contemporánea de la identidad masculina se debe a que la  nueva identidad femenina ha cuestionado los lo sustentado en los valores tradicionales.
  3. La crisis de la identidad masculina puede traer consigo una serie de conflictos que se expresan en lo económico, político o social.

CONSTRUCCIÓN DE LA SUBJETIVIDAD MASCULINA

A partir de los años setenta, los varones comienzan a preguntarse por su identidad puesta en crisis. En la década de los ochenta, la revolución tecnológica causa nuevas transformaciones  en las mentalidades y en las posiciones subjetivas y genéricas de varones y mujeres, que dan comienzo a la postmodernidad.

A partir de los años ochenta y más aún en los noventa, la condición masculina ya pasa a ser un problema a enfrentar, pues resulta evidente cómo el ejercicio del rol de género como proveedor económico dentro del contexto de la familia nuclear y sus efectos produce la pérdida de un área significativa de poder del género masculino.

Los movimientos iniciados por las mujeres en los sesenta han provocado el desvanecimiento de la noción de una característica universal masculina: la superioridad del hombre sobre la mujer, y el ejercicio de poder en forma significativa en manos de los varones.

Elizabeht Badinter afirma que se destacan varios criterios acerca de la masculinidad: a) se rechaza la idea de una masculinidad única, sino una diversidad de masculinidades; b) la masculinidad no constituye una esencia sino una ideología que tiende a justificar la dominación masculina, c) la masculinidad se aprende, se construye y por lo tanto se puede cambiar.

 

Los valores de la masculinidad que encarna el padre que eran típicos de la era preindustrial, tales como el honor y la fuerza física, se transforman en los valores de éxito, el logro económico y el ejercicio de un trabajo que justifique su alejamiento de la familia a partir de la sociedad industrial.

Por estas razones, Badinter se refiere al hombre actual como mutilado: en primer lugar se le amputa su feminidad, dando lugar a un hombre duro. En segundo lugar, los hombres han quedado huérfanos de padre, un proceso de orfandad paterna simbólica para los hombres que les resulta difícil elaborar.

Mitos de la masculinidad

Como se ha visto anteriormente, los hombres han construido su identidad de género en oposición a la identidad femenina; así, el hombre es aquello contrario a los estereotipos asignados a la mujer. A partir de esta situación, Corsi rastrea algunos mitos y creencias que se presentan en la socialización de los niños y, por tanto, en la construcción de su identidad masculina.

  1. La masculinidad es la forma más valorada de la identidad genérica.
  2. El poder, la dominación, la competencia y el control son esenciales como pruebas de masculinidad.
  3. La vulnerabilidad, los sentimientos y emociones en el hombre son signos de feminidad y deben evitarse.
  4. El autocontrol, el control sobre los otros y sobre su entorno son esenciales para que el hombre se sienta seguro.
  5. El pensamiento racional y lógico del hombre es la forma superior de inteligencia para enfocar cualquier problema.
  6. El éxito masculino en las relaciones con las mujeres está relacionado con la subordinación de la mujer a través del uso del poder y el control de la relación.
  7. La sexualidad es el principal medio para probar la masculinidad; la sensualidad y la ternura son consideradas femeninas y deben ser evitadas.
  8. El éxito en el trabajo y la profesión son indicadores de la masculinidad.
  9. La autoestima se apoya primariamente en los logros y éxitos obtenidos en la vida laboral y económica.

SEXUALIDAD Y MASCULINIDAD

La cultura le ha enseñado a la mujer que debe ejercer su sexualidad bajo los rótulos de entrega, donación y amor romántico; en tanto que en la sexualidad masculina existe una asociación entre placer y posición de dominio.

Sin embargo, quienes han estudiado las relaciones de dominación erótica desde la perspectiva de género destacaron que existe una identificación recíproca entre ambos participantes de la escena y que existe un goce por identificación proyectiva con el compañero.

Los varones son descritos como entrampados en una red de discursos contradictorios, donde, por un lado, aún se considera el sexo como pecado y por el otro, se les impulsa a una práctica sexual compulsiva y carente de afecto con el fin de reasegurar su virilidad.

Debido a su asociación con el dominio, una de las características de la sexualidad masculina es la jactancia. Los varones mienten o exageran para sostener su prestigio ante sus pares, lo cual se trata de una escena erótica teñida por el narcisismo, donde la mujer funciona casi como pretexto para desencadenar la codicia de los otros y obtener su admiración.

El reverso oscuro de la jactancia es el temor a quedar desfavorecidos en la comparación con los semejantes.

La obsesión por el desempeño constituye otro de los emblemas de la sexualidad heterosexual “normal”.Cumplir, aunque no se tenga deseo, no defraudar las expectativas femeninas, motivarse mediante imágenes fantaseadas cuando la realidad sea decepcionante, pensar en la guía de teléfonos para demorar el orgasmo, constituyen la contraparte de los orgasmos fingidos por las mujeres.

La iniciación con prostitutas marca las bases en el aprendizaje de la conducta sexual masculina, donde los varones aprenden que:

-la sexualidad es algo de lo que no se habla mucho, pero que ellos deben practicar a escondidas;

-se espera que cumplan con el desempeño adecuado para demostrar que ya no son niños y que no serán homosexuales;

-las mujeres son objetos utilizables para fines narcisistas;

-las relaciones sexuales son conductas clandestinas que enaltecen al varón mientras que rebajan a la mujer.

La infertilidad afecta de forma distinta a hombres y mujeres; ellas se sienten privadas de parte de su desarrollo psicosexual esperado, incluyendo el rol materno; mientras que ellos suelen sentirse impotentes, traidores a sus ancestros por no prolongar el linaje.

HACIA DÓNDE IR

Los estudios de género nos han planteado la existencia diferentes identidades masculinas, que van desde las que reflejan los conceptos de masculinidad tradicionales, por ejemplo el mandilón catalogado así por expresar sus sentimientos y tomar en cuenta a la mujer, el macho y el rey benévolo, hasta aquellas nuevas masculinidades surgidas con y a raíz del cambio cultural como los padres presentes en la crianza y educación de sus hijos.

Tal vez el modelo de masculinidad y feminidad que se estableció en la mayor parte del mundo haya sido la respuesta que los grupos humanos encontraron en esos tiempos en su búsqueda de sobrevivencia. Y por lo tanto, en este nuevo milenio existe la necesidad de encontrar modelos innovadores.

El psicoanálisis establece que ante una situación de cambio, el aparato psíquico tiene una exigencia de trabajo en que sus mecanismos de defensa anteriores, sus sistemas generales de relaciones, de identificaciones, de representaciones, etc; entran en crisis.

Los hombres han dejado de poseer por completo el rol de proveedor económico y su respuesta ante esto ha sido variada; sin embargo, es insistente la descripción del aumento de la violencia masculina en el núcleo familiar y de pareja como una probable búsqueda de masculinización a través de la violencia.

También el consumo abusivo de psicofármacos ha revelado ser un indicador del malestar de la población, pues cada vez son más los hombres que consumen ansiolíticos, hipnóticos, antidepresivos, etc.

Así, la crisis y la situación de cambios actuales pueden considerarse como situaciones potencialmente favorables para mejorar las condiciones de salud para ambos géneros, pues ante éstas surge la pregunta ¿Hacia dónde ir?

Me parece relevante que actualmente exista un esfuerzo por volver a fundar una diferencia sexual simbólica pues sólo podremos sostener una mayor democracia entre los géneros si, tanto los varones como las mujeres, experimentamos un mayor bienestar a través de arreglos flexibles para la familia, el amor y el trabajo.

BIBLIOGRAFIA

  • Burin, M; Meler, I. Varones. Paidós. 2004.
  • Montesinos, R. Perfiles de la masculinidad. Plaza y Valdés Editores. 2007.
  • Montesinos, R. Las rutas de la masculinidad. Gedisa. 2002