Homosexualidad ¿Prevención y Cura?
Autor:  Alejandro Enriquez

 Durante las últimas décadas y muy posiblemente desde mucho antes la homosexualidad ha sido un tema ampliamente debatido en cuanto a su génesis;  no se ha llegado y posiblemente no se llegará nunca a un acuerdo ya que no existe una homosexualidad sino las homosexualidades, y es entonces algo multideterminado en cuanto a su origen: Si el origen fuera claro y preciso (como lo es solo en muy pocas situaciones) la cuestión de una posible prevención o una eventual cura sería más clara. Pero hasta el uso de los términos podría ser impreciso ya que al hablar de prevención y/o de cura estaríamos asumiendo que la homosexualidad es un psicopatología: una perversión, una parafilia, un síntoma, o más bien un conjunto de los mismos, o sea un síndrome, tal como la han descrito autores como Socarides.

Respecto a este punto de vista en torno a la homosexualidad existen diversas posturas; una en la que la homosexualidad es concebida como parte de la naturaleza humana, se considera un tipo de sexualidad sana y constitucional, que es parte de la identidad de estos pacientes y no debe ser cambiada por pensar que la heterosexualidad es la única orientación sana, Richard Isay, Ralph Roughton, así como autores de la escuela de relaciones objetales, interpersonales, intersubjetivos, tales como Stephen Mitchell, Jessica Benjamin, Jack Drescher , entre otros comparten este punto de vista (Lingiardi y Capozzi , 2004).

Desde otra perspectiva la homosexualidad es vista como una perversión, defensa, fijación o inhibición del desarrollo psicosexual donde el narcisismo, la autoerotización y las identificaciones patológicas son los elementos centrales, pertenecen a ella los seguidores de la teoría psicosexual freudiana (Ferenczi, Rado, Bergler), también podemos incluir aquí a los postkleinianos que consideran que la homosexualidad esta caracterizada por agresividad, narcisismo y relaciones donde se busca someter al objeto por el temor y la envidia, así como lo relacionado con la ansiedad paranoide (Rosenfeld, Thorner, entre otros); y a autores como Charles Socarides quien considera a la homosexualidad una patología gestada en un periodo preedípico por una determinada dinámica familiar. Y finalmente los miembros de la NARTH, quienes ofrecen opciones de cura y tratamiento para la homosexualidad.

Finalmente podemos englobar a otro grupo de psicoanalistas, al que podemos llamar “neutral”, que es un grupo menos homogéneo y que no está ligado a un teoría específica: autores de la escuela inglesa de las relaciones objetales, Bollas y en algunos aspectos Kohut (Lingiardi y Capozzi , 2004), quienes no se centran en el origen de la homosexualidad su atención se centra en la calidad y la dinámica de las relaciones objetales que establecen. Se pueden incluir también aquí a autores contemporáneos como McDougall y su particular visión en torno a la sexualidad humana contemporánea.

Podemos reducir entonces estos puntos de vista en un grupo “pro-gay” que buscaría reafirmar la homosexualidad en sus pacientes permitiéndoles vivir este tipo de relaciones sin culpa logrando que el paciente se identifique con una estructura homosexual; un grupo “pro-heterosexualidad” que busca potenciar la heterosexualidad latente en sus pacientes buscando así una cura de la homosexualidad al identificarse con una estructura heterosexaual; y por otro lado un grupo digamos “neutral” que podría estar entre estos dos polos.  Cabe mencionar que los dos primeros grupos y en especial el segundo hablan de la imposibilidad así como de la crítica a ser un terapeuta “neutral”: “la dimensión más fuerte de la alianza de trabajo puede entrar en juego solamente cuando el terapeuta y el paciente ven la AMS juntos de la misma forma. Cuando el terapeuta toma una posición “neutral” (veo al gay y al heterosexual igual de bien), esto diluye el poder de la transferencia y deja al paciente sintiéndose incomprendido y no apoyado” (Nicolosi, 2008).

La idea del analista en torno a la homosexualidad como patología o como una elección de objeto similar o equivalente a la heterosexualidad; es una creencia que forma parte integral de la subjetividad del mismo, la cual estaría en interjuego con la subjetividad del paciente.

Considero de radical importancia que el analista o terapeuta que se autodenomine “neutral” haga un ejercicio de reflexión profunda para determinar si es en verdad neutral; o si son simplemente “políticamente correctos” pero comparten las creencias de la homosexualidad como una patología que al igual que muchas otras psicopatologías podría ser curable o revertida con un amplísimo trabajo clínico. Por supuesto que abría otras cosas que el terapeuta puede considerar de mayor importancia clínica que la orientación sexual o la atracción a determinado sexo (como sería la posibilidad de establecer relaciones objetales sanas, el abandonar determinadas conductas autodestructivas u otros síntomas que impiden el funcionamiento adecuado a nivel familiar, social, laboral, educativo; o sobretodo que son fuente de sufrimiento para el paciente) pero la orientación sexual es un tema de identidad y por lo tanto estructural y determinante en el avance de un análisis profundo por lo que llegado el momento será un tema con el que se deba trabajar. Cabe destacar que amen de la postura que un terapeuta pueda tomar de forma activa, son aun mas importantes las creencias del analista, ya que aunque decida actuar de manera neutral, dichas creencias formaran parte de su subjetividad.

Hasta aquí de las modalidades de terapeutas. Vayamos ahora a hablar de los pacientes homosexuales.

Es bien sabido que la mayoría de estos pacientes no acuden a nuestra consulta con la duda homosexual en mente o al momento de estarse identificando con una u otra orientación sexual. Llegan por otros motivos generalmente depresión y/o ansiedad relacionados con sus precarias relaciones objetales, sobre todo de pareja o por conductas autodestructivas como: adicciones, celotipia, relaciones sexuales de alto riesgo asociadas a la promiscuidad, tendencias al acting out, problemas de adaptación, etc. Dejando de lado la atracción por el mismo sexo estos pacientes suelen ser diagnosticados con trastornos de identidad, caracteres narcisistas fronterizos, falso self, masoquismo, entre otros.  Como ya habíamos mencionado muchos de estos pacientes llegan ya con un homosexualidad asumida y por lo tanto con una “identidad gay”.  Pero existe otro nicho de pacientes de diferentes edades que acuden a consulta en el punto de clivaje de adoptar o no una identidad gay. Estos pacientes, en tanto su motivo de consulta, pueden tener un deseo consciente divergente o no de otro inconsciente: a nivel consciente puede acudir porque quiere deshacerse de sus impulsos homosexuales, pero en realidad a nivel preconsciente o inconsciente desea actuar la homosexualidad sin culpa; o viceversa, acude para deshacerse de la culpa por sus deseos o actos homosexuales pero en realidad le gustaría deshacerse de estos y poder llevar una vida heterosexual de manera satisfactoria. Esta discrepancia puede estar presente también en el analista y dar como resultado una Reversión de la Perspectiva (Etchegoyen, 1986).

Desde este punto de vista tendríamos entonces diferentes tipos de pacientes con atracción hacia el mismo sexo: aquellos que quieren aceptar este deseo como auténtico y poder disfrutarlo, aquellos que quieren erradicarlo de sí mismos y sentir atracción por el otro sexo; y lo que ya han asumido como propio y sin culpa el deseo homosexual pero que en dado momento si es que su análisis después de varios años profundiza lo suficiente y ya se han resuelto otros desafíos más urgentes podrían llegar a formar parte del segundo grupo.

Quedan ahora claras las diferentes combinaciones que puede haber entre estos tipos de pacientes y los tipos de analistas antes mencionados. Se da por sentado que estas categorías son solo teóricas ya que no existe dos subjetividades idénticas y tanto analistas como pacientes pueden aceptar o rechazar la homosexualidad en diversos grados y bajo diversos puntos de vista conscientes e inconscientes, mismos que formarán parte del campo inconsciente al que los intersubjetivistas como Stolorow y Atwood (1984) han llamado “prerreflectivo”.

En el campo que estamos abordando una de las primeras demandas del paciente y que debe ser satisfecha es la de aceptación y entendimiento del analista lo llevan a revivir elementos de la diada materna como el ambiente de holding y el self-objeto arcaico (Kohut).

Hasta cierto punto las reglas de la abstinencia, neutralidad y anonimato pueden modificarse por la estructura de la subjetividad del paciente así como la del analista

El análisis de la transferencia provee un punto focal alrededor del que los patrones del paciente pueden ser comprendidos y transformados. La contratransferencia se refiere a cómo la estructura subjetiva del analista moldea su experiencia de la relación analítica y de la transferencia del paciente. Entre estos dos fenómenos surgen dos situaciones: la conjunción intersubjetiva y la disyunción intersubjetiva. (Stolorow, 1984) La primera se refiere a la similaridad entre ambas subjetividades en cuanto a la percepción de algo, y la segunda a cuando la percepción del analista no tiene que ver con la del paciente. La ocurrencia repetitiva de ambas es parte del proceso analítico y refleja la interacción de dos subjetividades, es por esto que el analista debe poseer una capacidad reflectiva de auto-observación y una capacidad para no ver las cosas solo desde su punto de vista y captar empáticamente el significado de las experiencias y percepciones del paciente. La correspondencia o disparidad entre las percepciones intersubjetivas pueden ser usadas para promover el entendimiento empático y el insight. La ausencia de una auto-observación descentrado por parte del analista puede impedir seriamente el progreso del análisis; de ahí la importancia ya mencionada de perderse en la idea de la “neutralidad”.

Puede suceder que al ser muy similar la experiencia de ambos el analista no reconozca el contenido psicológico de algún material y este se quede sin analizar; esto es lo que algunos critican en le caso de los analistas homosexuales.  De nuevo comparten ciertas defensas o incluso parecidas fallas en el juicio de realidad.  Estas conjunciones resultan en un mutuo endurecimiento de la resistencia y la contrarresistencia y por lo tanto en una prolongación del análisis.

Ante una disyunción intersubjetiva las interpretaciones del analista podrían ser incomprensibles o fuera de lugar para el paciente. Cuando la disparidad entre ambos es muy grande y además no se reconoce se puede caer en una espiral de vicios contra terapéuticos donde la empatía es reemplazada por malentendidos que exacerban el sufrimiento del paciente y su psicopatología, esta es la fuente de las reacciones terapéuticas negativas (Stolorow, 1984). Lo que lleva al paciente a empeorar en vez de mejorar, pues no se siente aceptado.

El grado de analizabilidad, a decir de estos autores, estría coodeterminado por la habilidad del analista de descentralizarse de las estructuras de su propia subjetividad y de comprender empáticamente la subjetividad de su paciente y por lo tanto de la naturaleza de la transferencia. Es por esto de suma importancia que para evitar una RTN en un analista que rechaza la homosexualidad y un paciente que se identifique como tal, este debe sentirse aceptado en otros aspectos de su personalidad, satisfaciendo las necesidades del self-object fortaleciendo la alianza terapéutica sin caer en sobrecompensaciones reactivas.  Si el paciente carece de aspectos que puedan ser valorados o reconocidos por el analista o este sea incapaz de hacerlo el tratamiento podría estar destinado al fracaso.  El cambio estructural del paciente ocurrirá solo en el campo de la intersubjetividad al modificar sus identificaciones e introyectos, fortaleciendo su yo y mejorando así la relación con la realidad. El proceso de la transformación estructural no requiere que el analista interprete un rol artificial parental correctivo sino que consiste en su instancia observacional, la dedicación al uso de la introspección y la empatía para obtener y proveer el entendimiento respecto al significado de las experiencias del paciente. Esta tarea se dificultará ante una disyunción intersubjetiva.  Un contexto intersubjetivo en el cual la diferenciación y definición del sí mismo pudiera cristalizarse; bajo un contexto facilitador de aceptación genera una identidad propia y auténtica. La aceptación que el analista hace del paciente va mas allá de su orientación sexual, debe poder ver más allá de eso, ir hasta los núcleos del self para que el paciente pueda hacer surgir su self verdadero.

Una defensa común en los pacientes homosexuales ante la aparición de algún deseo o fantasía heterosexual es el descartarlo ya que siente amenazado su frágil self. A través de un holding y una capacidad continente por parte del analista el paciente podrá sintetizar la ambivalencia y afectos contradictorios para poder tener una continuidad en su self, esto a través de una  actitud de holding por parte del analista que reconozca, tolere y afirme estos sentimientos aunque sean contradictorios. Esto nos estaría hablando de poder aceptar una parte del paciente sin negar la otra, ante esto tendría que surgir el self verdadero, pero entonces cuál sería: ¿el homosexual o el heterosexual? La respuesta que cada terapeuta se da a sí mismo tiene que ver con sus creencias: si se afirma que la homosexualidad es constitucional por lo tanto en este self verdadero se confirmaría la homosexualidad, si se cree que la homosexualidad fue una construcción para defenderse de ciertos retos o dificultades en el desarrollo surgirá entonces la heterosexualidad. Existe mayor evidencia clínica para apoyar este último punto por sobre el primero.

De tal forma que los pacientes buscarán establecer en la transferencia analítica el contexto intersubjetivo de facilitación indispensable que había permanecido ausente o que fue insuficiente durante el desarrollo formativo, lo que de encontrarlo le posibilitaría que el proceso de un desarrollo heterosexual que se había quedado congelado o había sido sustituido por otro diferente (perverso) continúe su desarrollo ordinario llegando a una meta heterosexual

CONCLUSIONES

En una conferencia dictada en 1942 Edmund Bergler hablaba de la poca confianza que comenzaba a generalizare entre los psicoanalistas para curar la homosexualidad, citó a Freud cuando este hablaba de lo difícil que era tratar estos pacientes. Lo central de la ponencia de Bergler fueron ocho prerrequisitos para que el tratamiento de la misma fuera exitoso:

  1. Sentimiento de culpa por los actos homosexuales
  2. Aceptación voluntaria del tratamiento
  3. Una cantidad no demasiado extensa de tendencias autodestructivas
  4. Le preocupa más la realidad homosexual a la fantasía homosexual
  5. No esta convencido de una dependencia psíquica completa de la madre
  6. Ausencia de deseos de seguir usando la homosexualidad como una arma agresiva contra la familia
  7. Cree en la cura
  8. El analista adecuado

No profundizó mucho en los últimos dos puntos. Hoy, bajo la perspectiva de la intersubjetividad podemos entenderlos con mayor claridad.

El paciente cree que su problema es de atracciones no deseadas pero, al sondear en las profundidades del subconsciente, descubre que su problema no consiste tanto en un problema sexual sino que se trata de algo más, particularmente de un problema de identidad más profundo.

Se suele decir, que bajo ciertas excepciones no hay psicoanalistas malos sino inadecuados para determinados pacientes, es por esto que deben tener a su disposición tanto la terapia de afirmación gay como la terapia “reparativa” según el modelo ofrecido por los terapeutas de la NARTH. Sin embargo hay que tomar en cuenta que todo análisis profundo de un paciente homosexual (o gay) llegará al punto donde se analice y elabore lo referente a su atracción por el mismo sexo, lo cual en un contexto ideal, y si tanto el terapeuta como el paciente crean un espacio intersubjetivo propicio, como el que hemos descrito, esto llevará al paciente a un retorno o un encuentro con la heterosexualidad

 

Bibliografía

  • Atwood, G; Stolorow, R. (1984) Structures of Subjectivity Hillsdale New Jersey: The Analytic Press
  • Etchegoyen, H (1986) Los fundamentos de la Técnica Psicoanalítica Buenos Aires: Amorrortu
  • Lingiardi y Capozzi , (2004). Psychoanalytic attitudes towards homosexuality: An empirical research.  International Journal of Psycho-Analysis   85: (1) 137-158
  • PDM Task Force (2006) Psychodynamic Diagnosis Manual, Silver Spring, MD: Alliance of Psychoanalytic Organizations
  • Artículos extraidos del sitio web de la NARTH (www.narth.com)
  • Guía de Padres para Prevenir la Homosexualidad” de Joseph Nicolosi y Linda Ames Nicolosi
  • Porque no soy un terapueta neutral, de Joseph Nicolosi

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *