Por: Fernanda Gragedafuck-dreams-1197722
Si bien cada año suceden hechos que cambian el mundo como lo conocemos, el 2016 estuvo marcado particularmente por acontecimientos de gran valor para la sociedad. En cada continente ocurrieron cosas importantes, dentro de las más destacadas está la guerra del llamado Estado Islámico que cobró más fuerza que antes, el voto “no” de Colombia al acuerdo de paz con las FARC, el Reino Unido comenzó las negociaciones para salir de la Unión Europea y la presidenta de Brasil y de Corea del Sur fueron destituidas.
 
Al mismo tiempo el mundo sufrió pérdidas de personas que han marcado la historia de la humanidad. Mohamed Alí, David Bowie, Fidel Castro, Prince, son algunos de los más conocidos íconos que representaban partes rechazadas en la sociedad, homosexualidad, comunismo, distintas razas y religiones.
 
Los países primermundistas, quienes habían mostrado una actitud receptiva y humanitaria frente a migrantes y refugiados políticos, comenzaron a cerrar fronteras dejando a miles de sirios sin hogar, africanos se ahogaron intentando cruzar a Europa, latinos, árabes y afroamericanos volvieron a ser perseguidos por la amenaza de que podrían ser narcotraficantes, terroristas o ladrones.
 
Líderes con ideas conservadoras y radicales comenzaron a tomar fuerza. En definitiva el ejemplo más cercano a nosotros fue el sorpresivo triunfo electoral, a finales de año, de Donald Trump.
 
Mismo que sirvió como detonante para un pequeño movimiento social llamado “Fuck 2016”. Este movimiento se ocupó de culpar al 2016 por todas las cosas que sucedían. En un video hecho por el comediante John Oliver (https://www.youtube.com/watch?v=PQ6WPo-oW5Q) algunas personas hablan acerca de lo que ha hecho que el 2016 sea de sus peores años. Lo interesante de este video es que los participantes hablan tanto de acontecimientos personales como de sucesos políticos, económicos y artísticos.
 
Si bien sabemos que el 2016 no tiene la culpa de lo sucedido en esos 12 meses, es sorprendente todo lo que aconteció en el año. Lo que más llama la atención es que no lo veíamos venir, entonces ¿cómo sucedieron tantas cosas sin que nos diéramos cuenta?
 
Posiblemente, y en gran medida, por que vivimos en un momento en el que vemos y vivimos el mundo a través de las redes sociales, a través de lo que se nos presenta en la red. El internet tiene grandes beneficios, pero también ofrece una visión parcial del mundo, una visión escindida. Está diseñado para que veamos más de lo mismo que queremos ver, por ejemplo quienes apoyaban a Hillary Clinton recibían cada vez más mensajes de que ella iba a ganar, así pasó también con los seguidores de Donald Trump.
En la vida, cada quien va creando su propia manera de pensar y de concebir el mundo según sus propios gustos e intereses, el internet reduce la posibilidad de ver lo que sucede en su totalidad. De ahí la sorpresa con la que nos tomaron los acontecimientos sociales.
 
Creíamos estar viviendo en un mundo que trabajaba por la paz, la igualdad, inclusión y aceptación de las diferencias. La realidad es que esa es solo una parte de una serie de cosas que se están jugando en la sociedad. Leyendo a Freud, y revisando algunos autores, entendí por qué todos estos deseos para el mundo resultan ser utópicos ya que solo toman en cuenta la parte libidinal y niegan la parte agresiva de la sociedad, pero no existe una sin la otra.
 
Todo empieza con lo planteado por Freud en Tótem y Tabú (1913). Barbosa (2012) lo resume: en un inicio existía un padre celoso y violento que se quedaba con todas las hembras y mandaba lejos a los hijos en cuanto nacían. Un día estos hijos se reunieron y decidieron matar y devorar al padre tiránico todos juntos, cosa que temían hacer individualmente. Este padre había sido un modelo temido y envidiado, por lo que al devorarlo se identificaron con él y cada uno de los hijos obtuvo una porción de su fuerza.
 
Así, “el banquete totémico, acaso la primera fiesta de la humanidad, sería la repetición y celebración recordatoria de aquella hazaña memorable y criminal con la cual tuvieron comienzo tantas cosas: las organizaciones sociales, las limitaciones éticas y la religión” (Freud, 1913, p. 144)
 
Pero, además de temer y odiar a su padre, también lo amaban y lo admiraban. Estos sentimientos ambivalentes originaron la conciencia de culpa y “el muerto se volvió aún más fuerte de lo que fuera en vida […] lo que antes él había impedido con su existencia, ellos mismos se lo prohibieron ahora en la situación psíquica” (Freud, 1913, p. 145).
 
Declararon así no permitida la muerte del sustituto paterno (el tótem) y renunciaron a sus frutos negándose a las mujeres liberadas. Estos dos aspectos “coincidieron con los dos deseos reprimidos del complejo de Edipo” (Freud, 1913, p. 145) asesinato e incesto.
 
Es esta función paterna internalizada la que ayuda a que podamos vivir en sociedad, con las prohibiciones correspondientes y la sumisión a la ley paterna. Pero para el hombre todo esto implica un sacrificio ya que siguen existiendo en él impulsos agresivos y eróticos prohibidos por la ley. Estos impulsos no se eliminan, el hombre vive la constante lucha entre ellos.
 
“El mismo asesinato del padre primordial- el acto que hizo que naciera la civilización- teniendo en mente el deseo de matarlo- pone un fin a alguna posibilidad del hombre de encontrar la felicidad” (Barbosa, 2012, p.22). Es decir, haber asesinado al padre le da la posibilidad a los hijos de tener su fuerza e introyectarlo, pero este mismo hecho les imposibilita ser felices.
Unos años más tarde, en su texto El Malestar en la Cultura (1930), Freud explica que la insatisfacción del hombre por la cultura, se debe a que ésta reprime sus impulsos agresivos y eróticos. Impulsos que son innatos en el ser humano y por lo mismo imposibles de eliminar y latentes en la vida.
 
La esencia de la cultura “consiste en que los miembros de la comunidad se limitan en sus posibilidades de satisfacción, en tanto que el individuo no conocía tal limitación” (Freud, 1930, p. 94). Así, para que pueda desarrollarse la cultura, sus miembros deben de limitar su satisfacción, cosa antes no ocurrida.
 
Por un lado, el hombre siente un malestar por vivir en sociedad, pero al mismo tiempo disfruta de esta organización y de la convivencia entre sus miembros. Entonces, no solamente hay incomodidad en la satisfacción de las pulsiones, esta coerción de las pulsiones es el fundamento de la cultura (Assoun, 2003, p.56). La cultura implica limitar la expresión de nuestros impulsos y aceptar que este es el precio a pagar por vivir en sociedad.
 
Podemos desear un mundo donde el ser humano se respete, se toleren las diferencias y se acepte la diversidad. Pero la realidad es que hay una insatisfacción permanente, un malestar constante en el hombre como sacrificio para poder vivir en sociedad.
 
Un claro ejemplo es que Trump ganó las elecciones, hay gente que piensa como él. No se atrevían a decirlo porque se sentían individuos separados, como dice Freud, “la convivencia humana solo se vuelve posible cuando se aglutinan una mayoría más fuerte que los individuos aislados, y cohesionada frente a estos” (Freud, 1930, p. 94). Surgió una persona que juntó y dio voz a todos esos impulsos agresivos, el odio y desprecio a quienes son distintos a ellos. Estas personas intentaban vivir en sociedad reprimiendo sus impulsos, evitando ser sancionados por los otros miembros de la comunidad… hasta que, a través del ahora presidente de EUA, pudieron expresar lo que llevaban callando tanto tiempo.
 
Lo que podemos estar perdiendo de vista es lo que propone Assoun (2003) cuando dice que “es el neurótico, en cierto modo, el símbolo viviente de la Kultur”. Argumentando que la neurosis es la mayor prueba de que es imposible la armonía entre lo pulsional y lo cultural, que ¨La neurosis, lejos de ser un “accidente en el camino” del proceso civilizatorio, es nada menos que el “gusano” dentro de la “fruta” de la Cultura¨ (Assoun, 2003, p.57)
 
El ser humano puede enfermar por vivir en sociedad, por las exigencias y el sometimiento que esto implica. Busca entonces una salida a sus impulsos agresivos y eróticos en un intento de encontrar cierta satisfacción. Misma que hoy tiene un líder, Trump.
 
Se buscó y se sigue buscando un chivo expiatorio que pague por la inevitable insatisfacción que tenemos por vivir en sociedad. A esta insatisfacción se le llama por el nombre de “latinos/narcotraficantes”, “árabes/terroristas”, “negros/asesinos/ladrones”, creyendo así que una vez que estas personas salgan de su país, entonces esta infelicidad terminará y podrán ser felices en sociedad. Pero la realidad es que “Gran parte de la culpa por nuestra miseria la tiene lo que se llama nuestra cultura” (Freud, 1930, p. 85).
 
Lo que nos toca a cada persona es encontrar “el equilibrio acorde a fines, es decir, dispensador de felicidad, entre estas demandas individuales y las exigencias culturales” (Freud, 1930, p. 94). Lo que no hemos logrado asimilar, hasta ahora, es que somos nosotros los responsables de ese sufrimiento cultural. Si bien hay importantes cosas por cambiar en nuestra sociedad actual, también hay grandes cosas que disfrutar.
 
Las características antes mencionadas se han encontrado en distintas épocas y en distintas sociedades, los que lleva a preguntarnos ¿Qué caracteriza, en particular, a nuestra sociedad actual?
 
De acuerdo a Julien (2000) (citado en Barbosa, 2012) nuestra sociedad se ha transformado de tener un modelo comunitario a un modelo social, lo cual implica que al dejar el modelo comunitario se arroja al anonimato social. El autor sugiere que el sistema económico da poca estabilidad y eso angustia. Motivo por el cual las persona se somete a las exigencias del capitalismo para sobrevivir.
 
Nuestra sociedad ha ido avanzando sometiendo a sus integrantes cada vez más, no solamente en lo pulsional, también en lo laboral, económico, social. Las exigencias y expectativas son cada vez mayores, provocando más angustia e infelicidad.
 
Cuando el sujeto siente que falla al no poder proveer a su familia lo necesario. se angustia. A la hora de buscar respuestas inmediatas el hombre se torna al consumismo, con la esperanza de encontrar la completud. Queda entonces la ilusión de que puede escapar de la castración. Consume pero al mismo tiempo no tiene dinero para pagar por lo que consumió (Barbosa, 2012).
 
Barbosa (2012) explica que el futuro se torna incierto y las personas temen el desempleo, la soledad y el abandono. El pacto social establecido por el mito descrito por Freud se está rompiendo ya que vivimos en un tiempo de individualismo radical en donde el discurso gira en torno al capital.
 
“El rompimiento de este pacto social causa extrema angustia en el individuo ya que no sabe cómo posicionarse en una sociedad que está ‘sin brújula’” (Barbosa, 2012, p.25).
 
Creemos, entonces, estar viviendo en una sociedad en la que somos libres e independientes, cuando en realidad somos menos libres que antes. A través de las redes sociales nos creamos la ilusión de que estamos conectados con los demás, cuando realmente estamos más lejos de los otros que nunca. Esto provoca depresión y angustia.
 
Podemos culpar al 2016 por lo ocurrido en esos meses, pero lo que realmente está pasando va mucho más allá. Hemos roto un pacto social y ahora, a la par de permitirnos la expresión de los impulsos, también nos estamos angustiando mucho ya que “ha decaído (nuestra) capacidad de simbolización (Barbosa, 2012, p. 25) misma que elimina la capacidad de defendernos y elaborar la angustia a una nivel grupal (Barbosa 2012).
 
Es mediante el psicoanálisis que el hombre puede encontrar aspiraciones para el futuro, “que se entienda y que entienda la sociedad en la que vive” (Alexander, 1958, p.614). Es imposible esperar que el mundo cambie para darnos satisfacción y la resolución de nuestro sufrimiento, está en cada persona hacerse cargo de comprenderse y vivir en sociedad de una manera más adaptada.
 
De acuerdo con Clare (2000) podemos utilizar el psicoanálisis como un objeto transicional que nos ayude a vivir en el mundo y, eventualmente, dejarlo. Retoma a Winnicott cuando explica que hay un puente que conecta lo interno con lo externo, un espacio potencial que puede ser la cura para el vacío postmoderno que suele tener el hombre hoy en día.
 
La misma autora nombra una serie de cosas de las que ayuda aferrarnos en estos tiempos, por ejemplo, el espacio terapéutico, que no necesita más que dos personas y un cuarto. Algo que parece muy sencillo pero que al mismo tiempo es tan sanador y curativo.
 
Lo que necesitamos es hacer un alto, detenernos a pensar en qué mundo vivimos y cómo lo vemos nosotros. “Quizás lo que necesitamos no son nuevas teorías sino diferentes maneras de pensar para poder descubrir pensamientos que hasta el momento han evadido al pensador” (Clare, 2000, p. 264).
 
Bibliografía

  • Alexander, F. (1958). Psychoanalysis in Western Culture. American Journal of Psychoanalysis , 27, 692-699.
  • Assoun, P. (2003). La Kultur y su malestar: Cultura y sublimación y La Kultur un objeto metapsicológico. Barcelona, España: Ediciones del Serbal.
  • Barbosa, J. M., Mares Guia, E. R., Sant’Anna, A. S., & Carvalho, M. C. (2012). Psychoanalysis and culture: A contemporary consideration. International Forum of Pshychoanalysis , 1 (21), 22-25.
  • Clare, J. (2000). Psychoanalysis and Culture at the Millenium. (N. Ginsberg, & R. Ginsberg, Edits.) British Journal of Psychotherapy , 17, 262-265.
  • Freud, S. (1930). El malestar en la cultura (Vol. XXI). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu.
  • Freud, S. (1913). Tótem y tabú (Vol. XIII). Buenos Aires, Argetina: Amorrortu.

 
 
Imagen: freeimages.com / Maira Kouvara
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