Este trabajo de la Dra. Emilia Kanan Farca forma parte de la Antologia SPM.
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Puedo afirmar primordialmente, que el psicoanalista dirige sus esfuerzos a promover la salud mental y a prevenir las consecuencias de la psicopatología ya que esta última ejerce una influencia fundamental y determinante a nivel personal, familiar y social. El psicoanálisis pretende promover el crecimiento, el funcionamiento y la adaptación adecuada de las personas, repercutiendo esto en el logro de una mayor productividad; en una conciencia social más amplia y en el aumento de la capacidad para encontrar posibilidades reales que conduzcan al desarrollo y al cambio. Su labor clínica es la de detectar, prevenir, proporcionar un tratamiento a las enfermedades mentales y conducir al individuo a un estado de salud.
El objetivo de este trabajo es mostrar, a través de una revisión bibliográfica, la importancia que desde Freud hasta nuestros días ha adquirido la técnica de la interpretación , como instrumento terapéutico y el de elucidar, dentro del marco teórico de la psicología del yo, la continua elaboración que sobre este tema se ha llevado a cabo, y en lo posible, resumir el pensamiento psicoanalítico actual acerca de la técnica de la interpretación  como factor que conduce al logro del objetivo del psicoanálisis: la salud mental. Al respecto, Gaitán, R. (1985) menciona lo siguiente:
Freud (1923) resumió en una frase lo que consideró fundamental del psicoanálisis como instrumento terapéutico: “Donde está el ello, allí deberá estar el yo”. Que puede traducirse como el dominio y control de los impulsos instintivos, o sea: la salud. Al transformar el ello en yo, al hacer consciente lo inconsciente, Freud planteaba la posibilidad de que el hombre fuera dueño y señor de sus impulsos. La maestría para dominarlos la obtendría mediante el autoconocimiento que hacía válida, una vez más la frase del Oráculo de Delfos: Conócete a ti mismo.
Cuando una persona no puede controlar sus impulsos y el sufrimiento que esto implica, cuando se encuentra un disturbio en su capacidad para amar y/o para trabajar, y cuando gran parte de su energía psíquica está destinada a sostener una sintomatología  producto de una conflictiva interna, esta persona la mayoría de las veces se enfrentará con importantes dificultades para adaptarse a su medio ambiente, para lograr relaciones de objeto satisfactorias y para disfrutar de la vida. Es entonces cuando se encuentra indicado el tratamiento psicoanalítico. Es decir, cuando los objetivos de la persona son contradictorios y cuando su conducta se encuentra en gran parte motivada por fijaciones y/o regresiones a etapas infantiles del desarrollo. Al respecto, Lewald (1969) opina: “En cierto sentido cada paciente y cada uno de nosotros crea un mito personal acerca de nuestra vida y de nuestro pasado, mito que nos sostiene y que podría destruirnos. El mito podría cambiar, y en análisis, frecuentemente cambia”.
Schafer (1970) sostiene que el psicoanálisis se inclina hacia los valores que apoyan el reconocimiento de las profundidades del mundo interno, de la ambigüedad, del conflicto y del sufrimiento. El psicoanálisis nació para efectuar cambios, y a partir de 1895, quedó establecido como una rama de las ciencias para el examen del aparato mental. Esto fue producto del genio de Freud, y sus descubrimientos resultaron en un viraje definitivo para la humanidad. En Nuevas Lecciones introductorias al psicoanálisis, Freud (1933) nos dice:
Os he dicho que el psicoanálisis comenzó como una terapia; pero no es en su calidad de terapia como quería recomendarla a vuestro interés, sino por su contenido de verdad, por los descubrimientos que nos procura sobre aquello que más interesa al hombre sobre su propio ser y por las relaciones que señala entre sus más diversas actividades. Como terapia es una entre muchas… Si no tuviera un valor terapéutico no habría sido hallada en el tratamiento de los enfermos, ni se hubiera desarrollado a través de más de treinta años.
Estos comentarios se relacionan con la propia definición de Freud (1933) acerca del objetivo del análisis: Fortalecer el yo… ampliar su campo de percepción y engrandecer su organización. Rangel (1954) definió el psicoanálisis de la siguiente manera:
El psicoanálisis es un método terapéutico a través del cual se producen condiciones favorables para el desarrollo de una neurosis de transferencia, en la cual el pasado se revive en el presente, para que a través de un sistemático ataque interpretativo de las resistencias, se lleve a cabo la resolución de esa neurosis (la transferencial y la infantil), resultando esto en cambios estructurales en el aparato mental del paciente  para que sea capaz de lograr un óptima adaptación a la vida.
Más adelante, Schafer (1970) dijo al respecto que:
El psicoanálisis se ofrece y ha sido aceptado como un tratamiento para la vida problemática y le concierne corregir las rigidizaciones de la personalidad y aclarar el camino hacia una esperanza y hacia la experiencia del progreso de la seguridad y del placer. La curación no es remover los síntomas sino la modificación, a través del entendimiento, de los trastornos de la personalidad.
Anna Freud (1972) dijo a este respecto que los analistas fueron los primeros a quienes se les dio la llave para entender la conducta humana y sus aberraciones, siendo éstas últimas determinadas no por factores evidente, sino por la presión de las fuerzas instintivas emanando de la mente inconsciente, que fueron por lo tanto, los primeros en verla en enfermedad mental como una batalla entre lo racional y la irracionalidad; que fueron también los primeros en poseer un método, la asociación libre, para romper la barrera entre lo consciente y lo inconsciente, que este método era aplicable, tanto a los analistas como a sus pacientes… y que la nueva técnica de investigación y exploración de las resistencias y de la transferencia era idéntica a la técnica de la curación.  Gaitán R. (1985) estipuló que: “El psicoanálisis es el método curativo que alcanza sus metas al lograr un cambio de la estructura de la personalidad”.
Por lo tanto, el psicoanálisis, es un cuerpo de teoría, una técnica de investigación psicológica y una forma de tratamiento.
Existen básicamente dos factores terapéuticos que contribuyen significativamente a lograr los objetivos del tratamiento analítico. Estos factores son: la alianza terapéutica y la técnica de la interpretación. Opino que ambos resultan indispensables y que son mutuamente complementarios. La identificación con el analista y los efectos estructuralizantes de la interpretación son la clave del éxito terapéutico.
La alianza terapéutica ha sido definida por Greenson, como  la relación racional y relativamente no neurótica que se establece entre el analista y el paciente que hace posible que este último trabaje productivamente en la situación analítica. Esta alianza se forma gracias a la motivación del paciente para superar su enfermedad, por sus deseos de cooperar y por su identificación con el analista y con los procedimientos que es último usa en su afán por entender la conducta del paciente. Para establecer esa alianza, el analista debe ser un observador comprensivo y empático, debe asumir una actitud calmada, objetiva, y mostrándose como una persona que no responde con ansiedad a las reacciones de pánico, que trata toda conducta de su paciente como algo muy importante y que no cree que la satisfacción inmediata de las necesidades sea indispensable. Son estas las actitudes con las que el paciente se identifica, reforzándose así esta alianza terapéutica.
Los parámetros analíticos, tales como la frecuencia y duración de las sesiones, la duración del tratamiento, el uso del diván y del silencio, fomentan la alianza  terapéutica  por un lado, y por el otro, promueven la regresión, la asociación libre y la neurosis de transferencia, elementos todos ellos indispensables para aplicar la técnica de la interpretación, para lograr que el paciente entienda y acepte situaciones hasta entonces rechazadas. Resulta relevante apuntar aquí Joseph (1980) cuando dice que el marco de referencia utilizado por el analista determina la naturaleza, el timming, la forma y el contenido de las intervenciones que emite durante el análisis de una paciente. Es decir, un kleiniano interpreta relativamente pronto lo que un analista perteneciente a la escuela de la psicología del yo interpretaría más tarde en el curso del análisis, dando prioridad a los fenómenos transferenciales e interpretando el conflicto de acuerdo con el material asociativo (Rangel, 1980). Resulta fundamental desde mi punto de vista y siguiendo a Freud, el que la alianza terapéutica esté establecida , para que, a través de las interpretaciones, al paciente se le facilite entender y pensar acerca de la estructura de sus síntomas, el hecho de que las motivaciones que produjeron los síntomas son inconscientes y que éstas ya no son vigentes. Esta alianza facilita al paciente la asimilación, la integración y la elaboración de las interpretaciones.
Es muy importante que el paciente tenga la sensación de que el analista está tratando de proporcionarle ayuda. En estos intentos por ayudar, el terapeuta crea un clima analítico en el cual su paciente pueda hacer regresiones: es decir, el analista deseará que el paciente lo transforme en objeto de sus deseos reprimidos, e interpretará la naturaleza de esos deseos y los diferentes motivos que ha tenido para alejarlo de su conciencia, y finalmente le proporcionará al paciente la posibilidad de descubrir conductas más adaptativas para expresar lo que le ha causado sufrimiento en el pasado.
Generalmente, el analista utiliza la técnica de la interpretación una vez iniciado el tratamiento propiamente dicho, es decir, una vez que se hayan llevado a cabo las entrevistas diagnósticas. Siendo el paciente susceptible de análisis, se pacta con él un contrato terapéutico, dentro del cual, entre otras cosas, el paciente se compromete a asociar libremente, o sea, a expresar todo, absolutamente todo lo que se le ocurra, sin restricción alguna. Es así como, en las sesiones, el paciente proporcionará, mediante sus asociaciones y su conducta, el material que será analizable a través de la técnica de la interpretación.
Las primeras referencias de Freud al respecto de esta técnica se encuentran en La interpretación de los sueños (1900) en donde reporta haber comunicado a sus pacientes el contenido latente del sueño, y este descubrimiento surgía de examinar el contenido manifiesto del sueño y las asociaciones que surgía al respecto.
Las interpretaciones son todas aquellas intervenciones verbales emitidas por el analista dirigidas a lograr cambios permanentes en el paciente. Para esto, es indispensable una continua elaboración de dichas intervenciones, las cuales producen cambios dinámicos a través del insight. Blum (1978) afirma que existe una interacción circular entre el desarrollo del insight y un trabajo analítico productivo que conduce a un cambio estructural. Este mismo autor señala que el proceso psicoanalítico representa en su totalidad una forma única de investigación y de tratamiento:
Este proceso ha sido clásicamente definido en términos de transferencia y de resistencia, así como de sus vicisitudes e interpretación. Lo correcto de la interpretación y de la reconstrucción depende de y genera insight. Por lo tanto, se puede afirma que el insight es sine qua non del psicoanálisis. En efecto el proceso psicoanalítico se diferencia de otras psicoterapias porque es un proceso definido que requiere de la asociación libre y de la interpretación, y porque conduce al insight.
Blum sostiene que el objetivo del análisis es lograr insight, el cual se obtiene básicamente a través de la interpretación.
Valenstein (1973) opina que la interpretación es el factor terapéutico más importante del psicoanálisis y la define como “todas aquellas intervenciones verbales apropiadas de carácter explicativo, las cuales en su timing, forma y especificidad, sean correctas dentro de contexto del material analítico”, Brenner (1983) definió la intervención terapéutica, como aquella que asiste al trabajo del análisis, la esencia de la cual es proporcionar el autoconocimiento a través del insight. Gedo (1983) definió la interpretación como la traducción del lenguaje del proceso primario al lenguaje del proceso secundario del pensar. La interpretación es el término que se aplica a aquellas explicaciones, hechas por el analista, que expanden el autoconocimiento del paciente.
Tal conocimiento, que había permanecido inconsciente, es extraído por el analista de los elementos contenidos y expresados en los pensamientos, sentimientos, palabras y conducta del paciente. La interpretación es considerada como la herramienta característica y exclusiva del psicoanálisis. Al respecto, Arlow  (1983) dice que la “interpretación ha sido considerada como el elemento esencial que efectúa resultados terapéuticos a través del psicoanálisis”. El propósito esencial de la interpretación es darle a entender al paciente cómo funciona su aparato mental, a través de hacer consciente lo que hasta ahora había necesitado mantener inconsciente. Jaffe (1971) dice que el trabajo analítico satisfactorio se detecta cuando los impulsos reprimidos son admitidos a la conciencia, y cuando la energía que había empleado en el conflicto se hace accesible para el crecimiento posterior del yo. Klauber (1968) postula que:
En psicoanálisis, la verdad es expresada dentro de un sistema de explicación histórica: Resulta cierto, que para casi todos los pacientes esta forma de explicación histórica es necesaria para su satisfacción, para la posibilidad de involucrarse y para su cura, y que este es el recurso sin el cual el analista, dentro de un sistema de hipótesis, unidas y correlacionadas en última instancia a la característica de expresión impulsiva dada por las experiencias tempranas.
En este punto, considero importante citar a Racker:
…La observación analítica ha enseñado que tanto los fenómenos patológicos como las perturbaciones del carácter, de las relaciones del ser con el mundo, su infelicidad, su angustia y sus dificultades para trabajar y gozar, con el efecto de una sola aunque compleja causa: el desconocimiento de si mismo… El verdadero conocimiento, no es un saber intelectual, sino que equivale a la unión consigo mismo, a una plena aceptación en la conciencia y en el sentir de todo aquello del propio ser que antes ha sido rechazado patológicamente. Este conocimiento y esta unión consigo mismo, implican pues, la superación de la angustia ante sí mismo y de todos los medios hostiles que –en defensa frente a esta angustia- el ser ha utilizado contra su propio ser, desdoblándose, mutilándose, negándose, aniquilándose, cerrándose o también proyectándose en el mundo y riñiendo luego con él para encontrar una paz aparente, pero quedándose empobrecido en comparación con todas sus posibilidades latentes. En este sentido, la técnica analítica es un método para llegar a ser lo que se es, puesto que no hace otra cosa que intentar devolver al ser lo que es suyo.
Esto, que a través de la interpretación se le devuelve al paciente, es lo que por conflictos internos y/o externos, ha necesitado permanecer reprimido. Mediante la interpretación, el paciente vuelve a encontrar conscientemente el significado de sentimientos, memorias y deseos y se define el lugar y la influencia de éstos en la vida pasada y presente. Freud (1940), en su Compendio del psicoanálisis, nos dice a este respecto:
Aunque servimos al paciente en distintas funciones –como autoridad, como sustitutos de los padres, como maestros y educadores- nuestro mayor auxilio se lo rendimos cuando, en calidad de analistas, elevamos al nivel normal los proceso psíquicos de su yo, cuando tomamos en preconsciente lo que llegó a convertirse en inconsciente y reprimido, volviendo a restituirlo así al dominio del yo.
El interpretar es hacer consciente el significado, el origen, la historia, la modalidad de los eventos psíquicos: de los sueños, de las asociaciones, de los conflictos, de las resistencias, de la transferencia y de la conducta.
Freud (1926) y Fenichel (1945) enfatizaron la importancia de interpretar en el momento apropiado, es decir, hasta que lo inconsciente esté cerca de tornarse consciente, hasta que los elementos transferenciales resulten relativamente obvios y hasta que hayan surgido las resistencias.
Las resistencias son los elementos y las fuerzas en el paciente que se oponen al proceso terapéutico, que se oponen a descubrir el inconsciente y son las que originalmente contribuyeron a la creación del síntoma. Esta resistencias que surgen repetida y consistentemente durante el análisis, deber ser disueltas a través de la interpretación; es decir, a través de comunicarle al paciente el origen y los mecanismos que utiliza para defenderse de sentimientos dolorosos y cuáles son estos sentimientos. Es indispensable interpretarle al paciente su organización defensiva, ya que su conflictiva es, en parte, resultado de esa organización. El modificar esa organización implica modificar la forma en que el paciente manejará su vida. En 1980, Blum postuló que:
La resistencia es, a grandes rasgos, resistencia al insight, y que, específicamente insight psicoanalítico surge al sobrepasar la resistencia a través de la interpretación. En consecuencia, el insight puede sobrepasar o evocar resistencias. La interpretación correcta de las resistencias resulta en que el paciente se pone en contacto con el origen y con la historia de las resistencias, con las funciones que estas resistencias desempeñan, con la situación a la que están resguardando, con las ganancias secundarias derivadas de las fijaciones infantiles y de las adaptaciones regresivas a las que las resistencias se encuentran vinculadas, y con las gratificaciones externas que se han obtenido de inhibiciones y síntomas.
Weinshel (1984) dice que:
Exponer y explorar las resistencias le da al paciente y al analista la oportunidad de descubrir las conexiones y el contenido tanto consciente como inconsciente de la vida mental del paciente. Una de las labores del analista es diversificar la atención que el paciente tiene puesta en sus síntomas hacia el trabajo analítico. Esto se logra a través de la interpretación  correcta de aquellas resistencias que se presentan desde el inicio del análisis. Esto le dará al paciente una sensación de estar entendiendo y de estar siendo entendido … El analista podría esperar el momento para interpretar una resistencia específica, si siente que la liga del paciente con él aún no es suficientemente sólida como para que el paciente pueda soportar el impacto de dicha intervención. Por otro lado, el analista debe dirigir muchas de sus primeras interpretaciones hacia elucidar aquellas resistencias cuyo propósito principal es evitar la liga con el analista y/o la transferencia… Al disolver las resistencias a través de la interpretación, logramos descubrir mucho acerca de la génesis de los síntomas, de la historia de las fijaciones y de las regresiones, del impacto del trauma, de los orígenes y del desarrollo de las relaciones de objeto, de la naturaleza del proceso primario y de las interacciones de varios elementos del aparato mental.
Waelder (1987) enfatiza la importancia de comenzar un análisis interpretando las primeras resistencias, las cuales están operando alrededor del hecho de que el paciente se encuentra en análisis y de que su equilibrio neurótico se ve perturbado. Considera  también prudente comenzar con intervenciones acerca de las comunicaciones indirectas del paciente, tales como son su conducta su lenguaje y sus actitudes generales. Este autor cree que las interpretaciones emitidas a destiempo, rápida o tardíamente, constituyen un error. Sugiere que la empatía es el método más eficaz para prevenir este error. El tratar de sentir lo que el paciente siente y el tratar de anticipar su reacción son, a decir de él, las mejores formas de saber cómo formular la interpretación y cuándo emitirla.  Cree también que la empatía, previene al terapeuta de formular interpretaciones incompletas que no ayudan al paciente porque éste no las puede utilizar.
La resistencia a descubrir el inconsciente se manifiesta en el hecho de que el paciente actúa en lugar de recordar, y es precisamente dentro de la transferencia que ocurre tal actuación.
Waelder (1987) dice que: “La transferencia es un caso especial de fenómeno de la compulsión a la repetición y que se refiere a la repetición automática y neurótica de las actitudes infantiles”.
El interés del sicoanalista en el pasado está en función de explicar el presente, y al revivirse el pasado en la transferencia, se transforma la historia en materia de estudio presente. Freud descubrió que la transferencia debería de ser analizada e interpretada y que este análisis pasó a ser la parte más importante de todo tratamiento. Freud (1912) le dio el nombre de neurosis de transferencia al hecho de que los conflictos originales, que habían configurado la neurosis en la infancia, comenzaban a ser reeditados con el analista, dándose por lo tanto la posibilidad para su resolución. Al respecto, Strachey (1969) dice que:
De hecho, la neurosis de transferencia presenta una gran oportunidad. En vez de tratar únicamente con los conflictos del remoto pasado, que aunque siempre vivos y vigentes en el inconsciente, los traemos a una situación actual e inmediata, en la cual nosotros y el paciente somos los principales protagonistas, al estar los conflictos y su resolución hasta cierto punto bajo nuestro control.
Waelder (1987) dice que:
El paciente responde a lo que su analista hace o dice de acuerdo con sus patrones viejos, infantiles y automáticos, los cuales se formaron necesariamente como consecuencia de sus relaciones con personas que pertenecieron a su medio ambiente durante su temprana infancia. Uno de los objetivos más importantes del tratamiento analítico, es el de romper esos patrones y sustituirlos con la habilidad de responder a la estimulación externa de acuerdo con reacciones ancladas y avaladas por la realidad.
Arlow (1987) dice que:
Sería prácticamente imposible  para el psicoanalista tratar de recobrar los recuerdos precisos de todo lo que ocurrió en la infancia de un individuo. Lo que sí puede hacer es trabajar con los patrones de conducta y del pensamiento que prevalecen como el récord dinámico de aquellos eventos y de los conflictos que estos generaron. Las asociaciones dentro de la situación analítica constituyen el récord presente de la dinámica del pasado del paciente.
La resolución de la neurosis de transferencia a través de la técnica de la interpretación implica la solución simultánea de la neurosis infantil. Es entonces cuando el paciente tiene la posibilidad de escoger nuevas soluciones y conductas que le resulten más exitosas y adaptativas.
A las interpretaciones transferenciales se les conoce también como interpretaciones mutativas, ya que impactan de manera importante al paciente al producir un auténtico insight analítico que conlleva al cambio estructural como consecuencia de conectar la transferencia con el pasado y con el presente del paciente. (Strachey, 1934), Giovacchini, (1969), apunta que la esencia de la técnica psicoanalítica es la interpretación dentro del contexto de la transferencia. Dice que la interpretación de la proyección  transferencial tiene como impacto emocional que puede conducir al beneficio terapéutico.
Gill (1980) opina que la mayor parte del trabajo analítico debe llevarse a cabo en el terreno de la transferencia. Asimismo, Arlow, (1987), dice que:
Existen muy pocas dudas acerca de que las interpretaciones más efectivas, las más dinámicas, son aquellas relacionadas con el análisis de la transferencia. Cuando el analista interpreta un fenómeno transferencial, logra varias cosas al mismo tiempo. Primero, demuestra cómo los deseos inconscientes distorsionan las relaciones de objeto en la realidad. Hace al paciente consciente de que las fantasías inconscientes, al entrar a la esfera consciente, llevan al paciente a percibir, erróneamente y a malinterpretar lo que está sucediendo. Como consecuencia de lo anterior, el paciente tiende a responder en forma inadecuada a las situaciones que lo confrontan.
En segundo lugar, al interpretar las raíces genéticas del fenómeno transferencial, el analista ayuda al paciente a entender el concepto de cómo el pasado se encuentra dinámicamente activo en el presente. El  tratamiento, entonces no se convierte en in asunto cuyo fin es el recolectar memorias nocivas y purgarse a sí mismo de ellas, sino que se convierte en un asunto de dominar en el presente una influencia persistentemente perturbadora. Son estas las razones por lo cual, las interpretaciones transferenciales resultan ser tan efectivas en ampliar el proceso de insigth.
En esta misma línea, Cooper (1977) opina que la transferencia y su interpretación constituyen el centro de todas las consideraciones de la teoría y de la técnica analítica.
Freud (1913) recomendó que la transferencia positiva del paciente no fuera interpretada hasta que se utilizara por  el paciente como una resistencia; acerca de la transferencia negativa, dijo que ésta contenía las resistencia en contra del descubrimiento del significado de las mismas resistencia. Gill (1980) opina que existen dos tipo de relaciones diferentes entre la transferencia y la resistencia. La primera es la resistencia a concientizarse de la existencia de la transferencia, se refiere a la resolución de la transferencia.
Al respecto, Waelder (1987) opina que la transferencia resulta ser siempre una resistencia en tanto que una modalidad de conducta infantil impera sobre una conducta realista. Dice que, en otras palabras, el paciente no reacciona hacia uno como si fuera su analista, sino como si uno fuera su padre o cualquier otra persona a quien pertenecieran sus síntomas. Más aún, opina que la transferencia es siempre una resistencia en la medida en que sostiene a una neurosis:
Mientras la transferencia no haga otra cosa que ésto, no se le deberá interpretar. En el momento en que se vuelca en contra del análisis, deberá ser interpretada lo antes posible. La transferencia siempre se vuelca en contra del análisis, no solamente cuando el paciente habla, sino cuando éste recurre a una actuación… El objetivo final de manejar la transferencia estriba en que el paciente la pueda cambiar a largo plazo por una identificación con el analista.
Así, Waelder (1987), continúa:
El analista debe responder a las reacciones transferenciales de la misma forma en que responde a todo lo demás expresado por el paciente. El analista debe reaccionar analíticamente, es decir, interpretando la actitud que el paciente dirige hacia el analista como si esta actitud fuera dirigida hacia otra persona, mostrándole así al paciente la parte infantil de su conducta, a través de explicarle lo que hace y por qué.
Waelder (1987) opina que: “la interpretación de la transferencia constituye solamente una aplicación específica de nuestra técnica interpretativa en general”. Ya en 1941, Fenichel opinó que el análisis de la transferencia y de lo extratransferencial es mutuamente complementario y necesario. Al respecto, Rangel (1980) opina que un énfasis exagerado y exclusivo de las interpretaciones transferenciales puede bloquear la posibilidad de llevar a cabo más trabajo analítico, además de poder resultar ser una situación nociva en tanto esta técnica equivocada promueve lo que Fenichel (1940) ha llamado una monomanía del analista al utilizar las interpretaciones transferenciales con propósitos defensivos.
A estas mismas opiniones se adhiere Lampl de Groot (1976) y Valenstein (1980). El primero opina que la transferencia es una herramienta valiosa y advierte en contra de considerarla como un objetivo, ya que esto invita a enfocar únicamente la transferencia, ya que el analista sobreestime el significado especial que a él le ha atribuido su paciente. El segundo autor dice que la consecuencia de enfocar únicamente la transferencia, estriba en que el significado del punto de vista genético pierde en gran medida su importancia. En esta misma línea de pensamiento. Blum (1983) señala lo siguiente:
El papel que juega la interpretación extratransferencial dentro de la teoría de la técnica se encuentra insuficientemente definido y pobremente discutido. La interpretación extratransferencial se refiere a la interpretación de lo que se encuentra relativamente fuera de la relación analítica transferencial. Aunque la resolución de la neurosis de transferencia por medio de la interpretación es el área central del trabajo analítico, la transferencia no es el único punto en donde se debe centrar la interpretación, ni su interpretación resulta ser la única con carácter de mutativa. El análisis de la transferencia es esencial, pero la interpretación extratransferencial, incluyendo la interpretación de lo genético y la reconstrucción, son también necesarias y complementarias. La transferencia es una repetición que requiere del análisis de sus fuentes genéticas ancladas en los conflictos infantiles y en los puntos de fijación. La transferencia y la realidad, el pasado y el presente, nuevamente se definen, se entienden y se integran en el proceso analítico. La fantasía transferencial no puede ser esclarecida sin el entendimiento de las verdades reales a las que puede hallarse anclada dentro y fuera de la situación analítica… Concluyo que no existe un camino real hacia la interpretación analítica. La transferencia es el camino principal, pero no el único que conduce a la interpretación mutativa, y no sólo analizamos la transferencia o los sueños, analizamos al paciente.
Por otro lado, resulta muy importante la interpretación de los contenidos inconscientes que se manifiestan en los sueños y en los actos fallidos. A grandes rasgos, para interpretar un sueño es necesario conocer el pasado del soñante, sus desafíos actuales y las asociaciones que durante su sesión presenta antes y después del relato del sueño. Con respecto a las interpretaciones del material onírico. Waelder, (1987), sugiere que:
En un principio del tratamiento, éstas sean dirigidas a mostrar las resistencias que allí surgen, posponiendo la interpretación del contenido latente… esta última se interpreta cuando el paciente nos da la clave de su significado a través de sus asociaciones… Como regla general, no deben darse interpretaciones a menos que comuniquen al paciente algo que esté ignoraba previamente… Además, es importante no cometer el error con los sueños o con cualquier otro material, de interpretar los detalles sin las conexiones necesarias.
El psicoanálisis resulta ser, hasta la fecha el único tratamiento dirigido a remover o a debilitar las causas patógenas que dan como resultado la enfermedad mental. Esta última se origina durante la infancia y sus causales, aunque inconscientes, motivan en forma determinante la conducta actual. Es por eso que resulta importante la interpretación de los contenidos inconscientes que han configurado el conflicto. Siendo capaz de expresar el material inconsciente y la conducta en términos de su origen, el psicoanálisis promueve el proceso de síntesis, lo que resulta en una experiencia que provee de estructura al paciente, ya que las interpretaciones establecen una conexión entre los estímulos del mundo externo y los del mundo interno con la conducta. Esta última siempre contiene elementos libidinales y agresivos, por lo que resulta importante interpretar ambos impulsos instintivos.
Las interpretaciones tienen varios efectos en el paciente: un sentimiento de descubrimiento; asociaciones que llevan a la reconstrucción de un fragmento de su vida y/o un cambio en la conducta, en el efecto y en el material onírico; disminución de la ansiedad y una mejoría sintomática o su opuesto en  el caso de que existiera una necesidad predominante para sufrir y el surgimiento de una memoria, de un sueño, de una fantasía o de alguna asociación o gesto que confirma la interpretación A este  respecto Waelder (1987) dice:
Cada interpretación, aún cuando aparentemente se  refiera a asuntos sin importancia, debe decirle algo que anteriormente ignoraba y permitirle llegar a derivados inconscientes menos distorsionados y más cercanos a la emoción o al impulso que él ha reprimido Ésta y sólo esta es la razón por la cual emitimos interpretaciones. Si no necesitáramos de esos derivados menos distorsionados, nos limitaríamos, como lo hacen la mayoría de los psicoterapeutas, a conversaciones cuyo propósito es reanimar y reasegurar al paciente.
Para atribuirle éxito a una interpretación psicoanalítica, se debe establecer el hecho de que ha ocurrido un cambio en el paciente, que este cambio se dirige a la obtención de una mejoría y que ésta es consecuencia del insight producido por la interpretación. Ross (1973) señaló que:
La retención del insight consciente después del análisis no resulta necesario para adquirir resultados terapéuticos excelentes. Este sugiere que la evidencia acerca de la función de las interpretaciones se obtiene más fácilmente durante el transcurso de un análisis que al terminar éste.
Arlow (1987) dice que:
El significado real de la interpretación se encuentra en el potencial dinámico de ésta para alterar el equilibrio entre el impulso y la defensa… para alterar el equilibrio entre las varias fuerzas en conflicto que se encuentran representadas por la formación de compromiso… mucho puede aprenderse al estudiar de cerca el efecto inmediato que producen las intervenciones del analista y las respuestas del paciente nos exponen la naturaleza de las formaciones de compromiso al analizar los efectos dinámicos que producen las interpretaciones del analista.
Las interpretaciones requieren un período de elaboración  ya que estás tendrán que repetirse en distintos momentos con diferencies variantes y en relación a muchos contextos. Waelder (1987) dice: “la terminación exitosa de un análisis es equivalente a haber elaborado las interpretaciones que previamente se emitieron”.
Conclusiones
El sólo hecho de que el analista esté tratando de entender cómo funciona el aparato mental del paciente significa que implícitamente existe alguna razón que motiva lo que el paciente siente o hace, que su situación emocional no está carente de esperanza y que puede ser entendida en términos de causas fundamentales. La interpretación debe esclarecer el origen de los sentimientos y definir el valor adaptativo de las actitudes del paciente y mostrar el hecho de que su desorganización interna tiene un propósito. El enfatizar las causas por las cuales y la forma en que se ha constituido su patología, sitúa al paciente dentro de la realidad.
Los cambios ambientales por sí mismos no logran profundizar ni modificar la conducta humana. Estos cambios profundos y permanentes se logran dentro del psicoanálisis, a través de la técnica de la interpretación fusionada con una firme alianza terapéutica. Así, la persona que ha sacrificado funciones del yo en relación a algún conflicto, es ayudada a través de la técnica analítica a recobrar las funciones perdidas y, por lo tanto, a encontrar nuevas soluciones. El análisis, entonces, coloca al paciente en una mejor posición para manejar su vida.
El proceso analítico a través de la técnica de la interpretación, tanto del material  transferencial como del extratransferencial, crea un pasado y un presente más comprensibles, más unificados y más inteligibles para el paciente.
Esto se lleva a cabo al llenar lagunas cruciales en la memoria del paciente, en su percepción de ciertos significados y contenidos importantes, y a través de corregir conexiones y significados viejos y nuevos que hasta entonces habían sido distorsionados e inadecuados. Además, durante el análisis el paciente toma conciencia de que él ha estado jugando un rol activo saboteándose inconscientemente para disfrutar, para amar y para trabajar. Él se concientiza a través de las interpretaciones de que este sabotaje está íntimamente ligado a su culpa, a sus angustias y al hecho de estar continuamente experimentando el presente en términos de una pasado amenazante, desilusionante o traumático. Este darse cuenta de que ha participado decisivamente en su destino, aunque esto no hubiese ocurrido en los estadíos muy tempranos de la vida, necesariamente trae consigo una sensación intensa y genuina del sentido de elección y de responsabilidad, el cual es considerado como una alternativa para sustituir la culpa inconsciente y el masoquismo. De estos se desprende que la persona analizada podrá tomar decisiones que impliquen buscar el placer y reducir el daño y el dolor en su vida, a través de controlar sus impulsos y de funcionar dentro del principio de realidad.
Al terminar el análisis, el paciente se lleva consigo una nueva versión y una nueva visión de su vida, ambas, producto de la técnica de la interpretación.
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