examination-bed-1442884Por: Carolina Pérez
Según el psicoanalista uruguayo, Fernando Urribarri, existe hoy en día un trabajo psíquico del analista distinto así como un modelo clínico contemporáneo en donde es necesario abordar en primer lugar su relación al modelo freudiano y al post freudiano.
En el caso del modelo freudiano, la teoría se centra en el conflicto intrapsíquico que va en relación a las neurosis de transferencia, la práctica va ligada al análisis de las resistencias y la “cura” pasa por la disolución de la neurosis de transferencia. La técnica se basa en la asociación libre y la atención flotante, siendo necesariamente la contratransferencia un obstáculo. Mientras que los modelos post freudianos se enfocan en la teoría sobre el objeto (en unas áreas como relación de objeto, en otras como lazo estructural con el Otro/otro) desarrollando una perspectiva predominantemente intersubjetiva. En cuanto a la técnica, esta se modifica acentuando el papel central del analista (del objeto de la transferencia).
Este punto de vista, ha logrado que se promueva tanto la exploración como extensión de los límites de la analizabilidad y de las posibles variaciones del método. El encuadre se vuelve entonces un esquema triádico (encuadre/transferencia/contratransferencia) del proceso analítico.
A decir de Green, «El pensamiento clínico es el resultado de un trabajo mutuo de observación y auto-observación de los procesos mentales que utilizan los canales verbales.»
El analista debe jugar, tanto en el sentido teatral y musical como lúdico, en función de los escenarios desplegados en la singularidad del campo analítico. Puesto que el inconsciente «habla en diferentes dialectos» el analista debe ser «políglota», según refiere Urribarri.
Christopher Bollas dice respecto a esto que “el trabajo de un psicoanálisis clínico, centrado en las relaciones de objeto en la transferencia y en la contratransferencia, atenderá en parte a la emergencia en el pensamiento de memorias tempranas de existir y relacionarse.
Una investigación de este aspecto del psicoanálisis que consiste en revivir por medio del lenguaje aquello que es sabido pero todavía no ha sido pensado es la tarea que nos convoca”. Respecto a esto, me parece que es de suma importancia para nosotros como analistas sentir y vivir lo que el paciente no está diciendo, escucharlo realmente, no solo lo verbal, si no lo preverbal, lo preconsciente y más complejo aún, lo inconsciente. Entiendo entonces respecto a esto que nuestro trabajo como analistas es poner en palabras lo que el paciente ya sabe pero que aún no ha logrado procesar o elaborar realmente ni mucho menos verbalizar.
Bollas hace hincapié en la importancia del psicoanalista como objeto de uso. Parte de la idea de Winnicott sobre la relación primordial del bebé y su madre, en la que ésta última posibilita con su amor y sus imperfecciones, por decirlo de alguna manera, que se experimente con el mundo y se establezca un espacio transicional u objeto transformacional, que se crea entre lo interno y lo externo. Según Bollas, el analista posibilita al paciente, a través de la transferencia, a reparar la relación con el objeto materno y validar el desarrollo de su idioma individual siempre que se deje usar por él. En otras palabras, el psicoanalista debe permitir que en la transferencia se reparen las insuficiencias de la madre ofreciéndose como objeto. Acercándose, estando ahí.
Lo que Christopher Bollas intenta transmitirnos en sus textos y que llega a ilustrar con viñetas clínicas se puede mostrar como un analista sensible y empático, dispuesto a comprender y, en sus palabras, permitir ser usado en aras de darle voz al idioma personal, al propio ser genuino, del que habla él. Es por ello que él habla del objeto transformacional, en donde la madre funciona o debería de funcionar como un objeto que transforme internamente al bebé, y que esta misma función se genere en el espacio analítico. La madre es experimentada como un proceso de transformación. Y ya en la vida adulta la función no es poseer ese objeto transformacional si no de introyectarlo y hacerlo parte del propio self.
Me parece interesante como el autor plantea que podemos lograr sentir esto en la vida adulta a partir de un momento estético, como sería observar una pintura, escuchar una canción, o ver un paisaje, en donde cada quien logramos conectarnos con ese objeto transformacional, con algún momento que a cada quien nos mueve y evoca algo internamente y que muchas de las veces no logramos poner en palabras, sino que solo lo logramos sentir. En esos momentos se puede decir que hay una fusión con el objeto, a decir de Bollas. En la vida adulta, buscar un objeto transformacional es recolectar una experiencia de la vida objetal temprana, la cual es recordada no solo a través de lo cognitivo si no de lo vivencial, es decir, a través de experiencias afectivas intensas.
Hemos podido ver que el psicoanálisis de hoy está no solo más centrado en lo que siente el analista sino que psicoanalista actual promueve una relación más maternal incluso pre-edípica que paternal-edípica, como lo fue en sus inicios con Freud. Este acercamiento a la madre logra que el analista tome esta función de objeto transformacional, y que el paciente sea escuchado de distinta manera. El lenguaje que se ocupa entonces en las sesiones es una especie de conocimiento telepático o empático, en palabras de Bollas, y facilitar de pensamiento a pensamiento o de afecto a pensamiento, es decir, lo sabido no pensado.
Cuando esta conexión entre paciente y analista no ocurre devienen entonces las resistencias, lo que genera que las sesiones se vuelvan intelectualizadas, rígidas y que el paciente tenga la sensación de que su analista no lo escucha si no que solo devienen de él interpretaciones quizás sí adecuadas, pero no sentidas realmente. Esto es lo que probablemente le ocurrió a Freud con sus pacientes, donde quizás no logró ponerse en contacto con su propio objeto transformacional, por lo que contraactuó y quedaron sin abordarse ni hablarse como una especie de ceguera analítica, cuestiones que también eran fundamentales para el proceso analítico del paciente, lo que llevaba a que los pacientes se fueran o se sintieran poco escuchados.
En el psicoanálisis actual, se ha modificado la manera de llevar a cabo el trabajo con el paciente, donde ya no solo se centra en el paciente si no que se pone mucho más atención en lo que el analista percibe sobre el paciente, enfoque que Green hizo mucho énfasis.
Ogden, en este sentido nombra reverie justamente a cómo el analista vive desde su propio mundo interno al paciente, qué siente cuando está con él, cuando lo escucha, qué le hace sentir, incluso a nivel psicosomático qué le provoca. Todo eso que le provoca y que siente es lo que se utiliza como herramienta de trabajo para devolvérselo al paciente y poderlo ayudar a entenderse mejor. En épocas de Freud, esto quizás se percibía pero no se utilizaba como herramienta, era como lo sabido no pensado de lo que habla Ogden. Ahora todo esto que es inconsciente y preconsciente también se siente y se intenta devolver al paciente. Incluso lo lleva a sentirse más conectado paciente-analista y lograr una relación transferencial más profunda y benéfica para el paciente.
Se trata de un cambio en la técnica. La contratransferencia pasa de ser hoy en día un concepto fundamental que se subordina e integra al pensamiento clínico.
En este contexto se destaca la importancia de la imaginación del analista. Así redefinida la escucha analítica es más amplia que la contratransferencia, y la actividad del analista va más allá de la elaboración y el uso de ella. Es cierto que no todo movimiento de la mente del analista es meramente contratransferencial, más allá del proceso secundario, como por ejemplo, la importancia que se le da a la regresión del pensamiento del analista como vía para darle forma a lo no representado del paciente. En este sentido, en los pacientes fronterizos por ejemplo, y más aún en los más regresivos, el psicoanálisis actual ha tenido que abrir campo para afrontarse con una técnica diferente.
En la elaboración de la contratransferencia los procesos terciarios del analista, como menciona Green, permiten que la resonancia inconsciente primaria se ligue adquiriendo figurabilidad, pudiendo llegar a ser significada y luego pensada mediante el lenguaje, y finalmente religada de manera inteligida a la situación analítica.
Según Urribarri, el analista entonces tiene la tarea de ser el archivista de la historia del análisis del paciente y buscar en los registros de la memoria preconsciente para lo cual evocará a sus asociaciones en todo momento. Esto se oye fácil sin embargo sabemos que en la práctica es una tarea difícil.
Entonces ¿cómo funciona la mente del analista contemporáneo? Green habla respecto al modelo clínico contemporáneo como terciario, esto es el objeto analítico, objeto tercero formado por la relación analítica o a lo que llamaría Ogden como el tercer analítico, el cual igualmente se relaciona con este tercer fenómeno que existe entre el analista y analizando en donde ambos están íntimamente conectados.
Para Ogden, el reverie es un evento simultáneamente personal/privado así como intersubjetivo. Esto ocurre también con el analista cuando se encuentra con su paciente.
No es que el analista le hable explícitamente sobre sí mismo, pero de alguna manera hace un intento por hablar con el analizando desde donde él está sintiendo o pensando. El reverie es una dimensión de experiencia privada que involucra lo más ordinario pero a su vez los aspectos más importantes de nuestras vidas. Esto es poco frecuente que lo llevemos a supervisión o hablemos con nuestros colegas. A este fenómeno le llamó Ogden “el tercer analítico intersubjetivo” (the intersubjective analytic third). Un ejemplo de esto son los rotatorios clínicos que presentamos en la formación, en donde pienso que el único que conoce realmente no solo al paciente si no a este tercero que surge en el consultorio, es el analista mismo y que lo que se logra transmitir en clase es sólo una mínima parte de lo que realmente ocurre en la relación analista-analizando. Como diría Ogden, la experiencia del reverie es raramente traducible sobre lo que existe realmente en la relación analítica.
Es un hecho que si el analista se encuentra en una situación personal complicada o intensa, inevitablemente este trabajará y escuchará de distinta manera con cada paciente, según cada conflictiva del paciente. Cada paciente y cada análisis es un distinto “objeto analítico” en palabras de Bion. Esto lo sentirá el paciente aunque no le ponga palabras. Es por ello, que es poco cierto que se diga que el paciente no conoce nada del analista, ya que de inconsciente a inconsciente se transmiten también “cosas” del analista, por decirlo de alguna manera. De ahí la importancia de la contratransferencia como herramienta de trabajo, escucharnos y vernos a nosotros mismos para poderle devolver eso a los pacientes de una manera digerida. Parece que a partir de lo que vivimos con los pacientes nos conocemos cada vez más a nosotros mismos, incluso nuestros conflictos, temores y prejuicios. Es por eso que hoy en día se le da más importancia en utilizar nuestros propios reveries como parte fundamental en la técnica analítica. Es llegar al punto de ambos inconscientes y mundos internos tanto del analista como del analizando en donde se traslapan o superponen.
Brown habla sobre la importancia de los procesos de intersubjetividad en relación al inconsciente. Así mismo Grotstein plantea que siempre corresponden potencialmente al analizando las emociones proyectadas sin embargo la fuente de información del analista (respecto al paciente) es en gran parte producto de sí mismo. Brown refiere que quizás no es tan importante como el analista concibe esos aspectos de sí mismo que resuenan con aspectos proyectados del analizando: dependiendo de su inclinación teórica. Lo que para él es realmente relevante es que un elemento análogo en el mundo psíquico del analista sea influido por emociones protagónicas y que juntos con lo que está proyectado, se forme un ambiente intersubjetivo. Como refiere Bion entre otros autores, entonces el analista se convierte en la proyección del paciente. Se crea entre analista y analizando una conexión particular a la que Racker incluso llama identificación complementaria o concordante, según el caso. En casos desfavorables, surge la contra-identificación proyectiva, de la que habla Grinberg. Es por ello la importancia de lo que Bion denominó, transformar elementos Beta en elementos Alfa, en donde es necesario transformar las experiencias concretas y sensoriales en experiencias con una significado simbólico, una forma más abstracta de representación.
Bion decía que el analista o la pareja analítica debe ser capaz de soñar el análisis mientras está tomando lugar. De esta manera este sueño compartido transforma la fantasía inconsciente compartida en una entendimiento de la mente del analista de cómo él o ella está procesando las proyecciones del analizando a través de sus propias metáforas, mientras simultáneamente sueña la existencia del paciente, como refiere Ogden. El analista entonces debe ser capaz de “soñar por los dos” creando y procesando el material en elementos alfa, los cuales lograrán que el analizando pueda ser capaz no de evacuar si no de simbolizar y pensar.
También me parece vale la pena recalcar la importancia del análisis personal, que nos permitirá entender verdaderamente al paciente no solo por el contenido de su material si no lo que existe debajo o detrás. Si no podemos ver esto, difícilmente nos conectaremos con los pacientes, y solo caeremos en las contractuaciones logrando que el paciente no se sienta realmente entendido y opte por una relación masoquista frente al analista, exista transferencia negativa o simplemente abandone el tratamiento.
Como analistas, sabemos que vamos en busca de la verdad, y según las perspectivas contemporáneas del psicoanálisis, para llegar a ella, me parece fundamental acercarnos a nosotros mismos como analistas, voltearnos a ver dándonos cuenta que formamos parte del espacio analítico porque no somos solo un espejo o un lienzo en blanco, como se creía en otras épocas. Transmitimos y mostramos inevitablemente al paciente, nuestras partes más íntimas y profundas, y con lo que también debemos usar como elemento principal para entender y escuchar mejor a nuestros pacientes.
Así como buscamos en el tratamiento psicoanalítico que el paciente aprenda a auto-observarse a sí mismo, debemos tomar esa misma postura hacia nosotros mismos como analistas, observando y sintiendo a todo momento, lo que nuestros pacientes nos hacen sentir, y que es casi seguro que eso que el paciente siente, más que lo que dice, nosotros también lo estamos percibiendo y viceversa. Es nuestra labor ponerlo en palabras, es externar abiertamente “lo sabido no pensado” del paciente.
Finalmente, para cerrar este trabajo, me gustaría citar a la psicoanalista Argentina Virginia Ungar quien refiere que una característica esencial en la construcción del psicoanalista, yo agregaría contemporáneo, es la receptividad en la que se rechaza la inmediata explicación o formulación de teorías sosteniendo el no saber y el no comprender, un poco sobre lo que habla Bion. Esto quiere decir que podamos permanecer en la incertidumbre, el misterio y la duda, conservando la paciencia sin un ansia exacerbada de llevar hasta el hecho y la razón hasta que “evolucione una pauta” como menciona Bion, permitiendo sostener así la pasión por nuestra tarea como psicoanalistas.
 
Bibliografía:

  • Bion, W. Atención e interpretación. Biblioteca de psicología profunda. Buenos Aires.
  • Bollas, C. La sombra del objeto. Amorrortu: Buenos Aires. 1991.
  • Brown, L. Intersubjective process and the Unconscious. Ed. Routledge, London and New York. 2011.
  • Green, A. De locuras privadas. Amorrortu: Buenos Aires. 2011
  • Ogden, T. Reverie and interpretation. Karnac books: EUA. 1999.
  • Ungar, V. ¿Quién puede ser psicoanalista? Apuntes sobre una construcción interminable. Revista Calibán. Volumen 12. 2014.
  • Urribarri, F. André Green. El pensamiento clínico: contemporáneo, complejo, terciario. http://www.apuruguay.org/apurevista/2010/16887247201211412.pdf

 
 
Imagen: freeimages / Luke Partridge
El contenido de los artículos publicados en este sitio son responsabilidad de sus autores y no representan necesariamente la postura de la Sociedad Psicoanalítica de México. Las imágenes se utilizan solamente de manera ilustrativa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *