El perfil del político
Autor: Ximena Ramos

“En la política, lo que parece, es.”

Luis Suárez.

 El que se aventura en la vida política no lo hace nada más porque sí. El que decide comenzar una carrera en el ámbito tiene que contar con ciertos rasgos de personalidad que lo hagan un candidato adecuado para poder manejar el tipo de situaciones a las que se va a enfrentar. No cualquiera puede sobrellevar el estrés, así como el poder que un puesto de alto nivel político trae consigo. Sería importante considerar que hay ciertos trastornos de personalidad que predominan dentro del ambiente político, pero ¿cuáles son estos y por qué?
A mi parecer hay tres patologías que se encuentran estrechamente relacionadas con el perfil del político; la paranoia, la sociopatía y el narcisismo, todas estrechamente vinculadas. El presente trabajo se enfocará en la última de ellas, el narcisismo.
El DSM-IV TR utiliza los siguientes criterios para el diagnostico de trastorno narcisista de la personalidad:
F60.8 Trastorno narcisista de la personalidad (301.81)
Un patrón general de grandiosidad (en la imaginación o en el comportamiento), una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empiezan al principio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos como lo indican cinco (o más) de los siguientes ítems:

  •  Tiene un grandioso sentido de autoimportancia (p. ej., exagera los logros y capacidades, espera ser reconocido como superior, sin unos logros proporcionados).
  • Está preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor imaginarios.
  • Cree que es “especial” y único y que sólo puede ser comprendido por, o sólo puede relacionarse con otras personas (o instituciones) que son especiales o de alto status.
  • Exige una admiración excesiva.
  • Es muy pretencioso, por ejemplo, expectativas irrazonables de recibir un trato de favor especial o de que se cumplan automáticamente sus expectativas.
  • Es interpersonalmente explotador, por ejemplo, saca provecho de los demás para alcanzar sus propias metas.
  • Carece de empatía: es reacio a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás.
  • Frecuentemente envidia a los demás o cree que los demás le envidian a él.
  • Presenta comportamientos o actitudes arrogantes o soberbios.

El narcisismo se ha convertido en uno de los trastornos de la personalidad más comunes. En la actualidad se ha descrito como una “enfermedad social”, en donde se admira la omnipotencia, se sobrevalora el dominio y se desconocen las necesidades del otro. Muchas culturas cercanas a la americana, como la mexicana, tratan de imitar este despliegue narcisista en una búsqueda de contagio de poder y admiración.
Los sujetos narcisistas llegan a presentar una adaptación superficial eficaz, con éxito en algún talento o habilidad, aunque manifiestan dificultades severas para las relaciones interpersonales, usualmente acompañadas de problemas neuróticos y/o problemas sexuales, funcionando en un nivel “fronterizo” con debilidad yoica (Masterson, 1987).
Para Kernberg (1975) el principal problema del narcisista radica en un desequilibrio de su autoapreciación relacionado con perturbaciones específicas de sus vínculos objétales; llevándolo a amarse tal como quisiera ser amado. El narcisista patológico proyecta en sus posibles admiradores o seguidores la labor de admiración, de el amor que anhela y que se brinda él mismo por medio de proyección.
Esta relación consigo mismo pareciera referida a un aprecio que rayaría en el culto a un sujeto ideal que desea ser querido idólatramente, pero en realidad se trata de una proyección de los anhelos del sujeto. Se trata por lo tanto, de personas que tienen personalidades organizadas alrededor de mantener su autoestima mediante el logro de afirmación externa (McWilliams, 1994).
El líder político crece por aquella afirmación externa y por el camino va acumulando votantes que le sirven para enaltecerse y los consigue por medio de su personalidad altamente carismática. Post (2004) habla del líder carismático, un individuo que pueda atraer a la masa para poder llenar esa “hambre de espejo” que busca el líder narcisista y que podrá encontrar en el “hambre de ideal” que buscan sus seguidores, en una esperanza de que éste nuevo líder carismático ponga cierto orden a todo lo caótico y que omnipotentemente pueda disminuir la angustia sentida por la masa. De esta forma la libido retorna al sujeto en una forma de espejeo, siendo la masa el mejor espejo posible.
El narcisista busca una situación ideal que nunca consigue; dicha carencia tiene que compensarse con una cultura narcisista, que procura gratificar, para hacer “como si” se cumplieran los ideales deseados. Si no se alcanzan, entonces sobreviene la sensación subjetiva de vacío (Kernberg, 1975). El narcisista solamente es capaz de identificarse con aquellos que piensa le son afines y que le apoyarán en realizar sus metas omnipotentes; esto implica un alto grado de identificación proyectiva. Cuando las relaciones dejan de ayudarle en ello, simplemente las desecha, sin mayor agradecimiento, incluso devaluándoles con altos niveles de agresión. Con ésta identificación proyectiva, el sujeto realiza un constante derroche de esfuerzos, al depositar las pulsiones agresivas en el objeto y caer en una especie de exceso que lo “vacía” en su identificación proyectiva con la masa.
Ramos (1993) comenta, “Nuestra cultura política no es frágil pero si es insegura. Por ello, los funcionarios se cuidan mucho de no dar una imagen de debilidad.” La percepción de debilidad surge en el narcisista cuando la identificación proyectiva es ineficaz. Por lo tanto, el narcisista teme ser herido en una parte vulnerable que él, hasta cierto punto conoce y se va a proteger hasta donde sus herramientas se lo permitan.
“La confianza se presenta en el mexicano como algo limitado, provisional, al día.” Zea, (1974 citado en Ramos, 1993). El aspecto paranoide que invade al político es innegable. “La situación permanente del político es de un estado de extrema vigilancia que puede conducirlo sin que se de cuenta a desajustes en su personalidad.” (Ramos, 1993). Haciendo manifiesto el aspecto paranoide, y como es común en la práctica política, racionalizándolo; donde la existencia de enemigos reales o imaginarios es aceptada e incluso utilizada para darle cohesión al grupo de seguidores. El narcisista buscará frenéticamente objetos gratificantes. Ante la angustia, puede haber sujetos que se identifiquen entre sí por sus creencias paranoides, buscando grupos o en su caso, partidos políticos afines, en donde el grupo funcionará como el mecanismo que elimine la angustia.
Del mismo modo, la masa podría concordar con las ideas paranoides del líder o de lo contrario, introyectar los mensajes de riesgo que el líder percibe de parte de la competencia. Incluso puede existir una situación delirante en la que broten ideaciones mesiánicas, de estar a cargo y en control de todo, en donde el único y posible salvador del pueblo será él.
Por otro lado, Kernberg (1997) ubica al individuo antisocial dentro del espectro narcisista, que a su vez se encuentra inserto en la organización fronteriza de la personalidad. Propone como “narcisismo maligno” una combinación de rasgos diagnósticos de los trastornos de la personalidad narcisista y antisocial. Para Kernberg este síndrome incluye “en adición al trastorno narcisista de la personalidad, un comportamiento antisocial severo, una marcada tendencia al sentimiento de vergüenza, rasgos paranoides significativos y agresión ego-sintónica, así como la desaparición de la culpa.
 
Se rige por un sistema de valores más infantil, en el cual valoran la belleza física, el poder, la riqueza y la admiración de los otros sobre todo lo demás.
Estos sujetos manifiestan una buena integración de la identidad y prueba de realidad aceptable, incluso pueden mantener estados defensivos maduros por un tiempo determinado, pero en determinados momentos aparecerán comportamientos impulsivos y situaciones de explotación en sus relaciones interpersonales carentes completamente de culpa, que evidencian la patología superyóica.
Del mismo modo, se ha visto que es altamente probable que los sujetos diagnosticados con trastorno narcisista de la personalidad tuvieran padres que sufrían del mismo trastorno. En el ambiente político es común “heredar” ya sea el puesto o abrir camino para que algún familiar, especialmente los hijos, “sigan los pasos” de los padres y se sumerjan en el mundo de la política mexicana.
Como se comentó al inicio del presente trabajo, el narcisismo no es lo único que abarca el perfil del político, sino es un primer acercamiento a describir y tratar de comprender como puede funcionar la personalidad del político, más especifico, del político mexicano. Quedaría abierta la posibilidad de ahondar más en aquellos aspectos paranoides y antisociales que a penas se mencionaron en el trabajo, así como preguntarnos que se encuentra del otro lado. ¿Qué personalidades son las que siguen a determinado líder político y por qué?
Bibliografía

  • Kernberg, O. (1975): Desórdenes fronterizos y narcisismo patológico. Editorial Paidós.
  • Kernberg, O. (1992): La agresión en las perversiones y en los desórdenes de la personalidad. Editorial Paidós.
  • Kernberg, O. (1998). Ideología, conflicto y liderazgo en grupos y organizaciones. Editorial Paidós.
  • Masterson, J. (1987). The narcissistic and borderline disorders, an integrated developemental approach. Editorial Bristol: PA.
  • McWilliams, N. (1994). Psychoanalytic diagnosis: understanding personality structure in the clinical process. New York: The Guilford Press.
  • Post, J. M. (2004). Leaders and they followers in a dangerous world. Ithaca, NY: Cornell University Press.
  • Ramos, J. (1993). Los de arriba, la cultura y el ejercicio del poder entre los mexicanos. Editorial Planeta.

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Imagen: Morguefile/Lavenderflower23
 
 
 
 
 
 

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