El cuerpo como depositario de nuestras angustias: somatización

Autor: Grecia Rivera

Introducción

Nuestro cuerpo tiene una mayor conexión con nuestra mente, es el encargo de responder a la forma en la que actuamos, pensamos y sentimos,  es el único en el cual se ven reflejados actitudes conflictivas, temores y sentimientos reprimidos, de aquí parte el funcionamiento de nuestro organismo.  Es común que nuestras angustias y emociones se conecten directamente con nuestro cuerpo ya que cada persona tiene diferentes formas de expresar sus sentimientos, hay algunas personas que los ponen  en palabras pero muchas otras que no lo pueden expresar verbalmente y lo reflejan mediante diferentes problemas somáticos.

La somatización es un síndrome de síntomas físicos inespecíficos que son angustiantes y no pueden ser totalmente explicados por una condición médica.  Además, los síntomas pueden ser causados ​​o exacerbados por la ansiedad, la depresión y los conflictos interpersonales. Somatización puede ser consciente o inconsciente y puede ser influenciada por el deseo del papel de enfermo o para beneficio personal.

Epidemiología: La somatización es común en la población general. Más del 50 por ciento de los pacientes que acuden a las clínicas médicas de pacientes ambulatorios con una dolencia física no tienen una condición médica.

Los factores de riesgo para la somatización incluyen el sexo femenino, un menor número de años de educación, el estatus de minoría étnica, y el bajo nivel socioeconómico.

La base genética de la somatización no está clara. Algunos pero no todos los estudios indican un patrón familiar de somatización, la agregación familiar puede ser debido a factores genéticos o ambientales, o ambos. Además, una influencia genética puede representar una predisposición heredada a la angustia en general, y no específicamente a la somatización.

El abuso sexual infantil y la exposición reciente a la violencia física o sexual se asocian consistentemente con la somatización en mujeres adultas. En una revisión sistemática se encontraron pacientes con  una asociación entre una historia de abuso sexual y el diagnóstico de por vida de los trastornos gastrointestinales funcional, el dolor crónico no específico, crisis psicógena  y dolor pélvico crónico. Para las víctimas de violación, se observaron asociaciones entre la violación y un diagnóstico de por vida de la fibromialgia, dolor pélvico crónico, y los trastornos gastrointestinales funcionales.

Los síntomas físicos pueden ofrecer un medio para expresar la angustia cuando los pacientes no expresan fácilmente las emociones en palabras ( alexitimia ) . Los pacientes también pueden acudir al médico con quejas físicas cuando los síntomas psiquiátricos tienen un gran estigma. El modelo interpersonal de somatización da como hipótesis  que los síntomas somáticos representan el comportamiento de búsqueda de atención en pacientes con apego inseguro. Tener un familiar con una enfermedad crónica en la infancia puede ser un precursor de la somatización. Hay una tendencia a reportar síntomas somáticos funcionales o tiende a persistir estos síntomas desde la infancia hasta la edad adulta.

Una vez que la somatización se ha establecido, el comportamiento en torno a los síntomas y el papel del enfermo añade otra dimensión psicológica. Los síntomas ofrecen beneficios tales como el apoyo social, la huida de las obligaciones, pagos por incapacidad, y un compromiso de los conflictos internos. Al mismo tiempo, los síntomas están asociados con la pérdida de trabajo, el estado y la independencia.

Algunos síntomas de estos pacientes son:

● Los síntomas de dolor: incluyendo dolor de cabeza, dolor de espalda, dolor en las articulaciones, dolor difuso y dolor de las extremidades

● Los síntomas gastrointestinales: como náuseas, vómitos, dolor abdominal, distensión abdominal, gases y diarrea.

●Los síntomas cardiopulmonares: dolor en el pecho, mareos, falta de aire y palpitaciones.

● Los síntomas neurológicos: desmayos, pseudocrisis, amnesia, debilidad muscular, disfagia, visión doble o borrosa, dificultad para caminar, dificultad para orinar, sordera y ronquera o afonía.

●Los síntomas de órganos reproductivos: dismenorrea y ardor en los órganos sexuales.

 

JOYCE MCDOUGALL: Plantea que el funcionamiento somático también lo podemos llamar como simbolismo pre verbal, ya que en las primeras etapas el cuerpo del niño esta poco diferenciado del cuerpo de la madre. En el funcionamiento de estos pacientes el cambio que se da de la elaboración mental a la descarga por medio de la acción podría producirse, principalmente cuando el paciente está sometido a repentinas heridas narcisistas o a inesperadas pérdidas de objetos y con frecuencia tales hechos producen una conducta con manifestaciones psicosomáticas de leves a graves.

Plantea las enfermedades psicosomáticas reconocidas, tales como, asma bronquial, colitis ulcerosa, también estados depresivos y de angustia que se acompañan invariablemente de síntomas físicos como cansancio, sudores, temblores y apatía. Además de la propensión a accidentes y a la creciente susceptibilidad a las infecciones en épocas de tensión.

La vulnerabilidad psicosomática aumente notablemente a raíz de cualquier perturbación en nuestra economía narcisista, más fácilmente tendemos a acabar con la tensión externa e interna mediante algún tipo de conducta acting out o un acto sintomático de somatización.

En caso de somatización el paciente suele permanecer ajeno a sus conflictos mentales y a su dolor psíquico. De hecho rara es la persona que piensa que sus enfermedades fisiológicas son también enfermedades psicológicas.

LEFEBVRE: Observó que la vulnerabilidad psicosomática aumenta notablemente en aquellos pacientes que se vieron expuestos durante su infancia a hechos traumáticos en la fase de separación-individuación descrita por Mahler.

PIERRE MARTY: Refiere que la somatización expresa una necesidad o tal vez un deseo de comunicación, una necesidad de reencuentros con el objeto perdido. Plantea dos tipos de somatización, una es la  somatización de tipo regresivo donde  el aparato mental se bloquea  y detiene su funcionamiento en el nivel en el que recibe las excitaciones insoportables, por ejemplo en el nivel edípico. Se presenta entonces una depresión acompañada de una breve desorganización. La otra es la somatización del tipo de las desorganizaciones progresivas, la secuencia es clara; no hay detenciones regresivas y el instinto de muerte reina en tiempo prolongado.

Habla acerca de la relación de objeto alérgica y plantea que en efecto el sistema de relación de estos enfermos posee rasgos esenciales y fáciles de captar, es habitual decir que el alérgico no existe, más que en función de algo, como los pacientes que son alérgicos a alguna cosa. El alérgico tiene un solo deseo, único y primordial, acercarse lo más posible al objeto hasta confundirse con él.

En el trabajo psicoanalítico la proyección de estos pacientes es un elemento de identificación total con el objeto, posee generalmente gran intuición porque sabe lo que el analista espera de él y se desvive por aportárselo con el único objetivo de satisfacer al conjunto que forma con él. Como resultado del contacto con el analista, estos enfermos adoptan los rasgos más significativos de este y se impregnan de aspectos de su personalidad.

Plantea además que a partir del momento en que el paciente ha presentado sintomatología somática sería, ha demostrado, en la mayoría de los casos, fallas psíquicas particularmente notables en su sistema preconsciente de representaciones. En general esas fallas parecen provenir de una insuficiencia o de una fragilidad en la construcción del preconsciente en su desarrollo, sobre todo en la primera infancia, esto por falta o insuficiencia de fijaciones de las percepciones-representaciones de cosas, principalmente de palabras, así como falta de ligaduras entre las representaciones.

Imagen Corporal Psicótica

FREUD  al hablar del cuerpo, se refiere a la proyección del yo en la superficie del cuerpo y describe la organización en la libido del cuerpo, también se ocupa del desarrollo de las zonas erógenas, la forma en la que se representan y su importancia en la formación del yo corporal. El desarrollo de la libido sexual se lleva a cabo en las zonas de mayor concentración que están en contacto con el mundo externo, de ahí la gran importancia de los orificios y su relación con el mundo externo; la relación de cada uno de ellos con el mundo exterior prevalece en las diferentes etapas del desarrollo.

ANZIEU utiliza el término yo-piel (moi-peau) para describir una imagen utilizada por  el pensamiento del niño durante las fases tempranas del desarrollo para representarse a sí mismo como uno mismo, con base en su experiencia de la superficie del cuerpo. Esto corresponde al periodo en el que el “yo psíquico” empieza a diferenciarse del “yo corporal” desde un punto de vista operativo, pero sigue funcionando a nivel figurativo.

ROSENFELD plantea que otro nuevo concepto es la noción de líquidos como el núcleo de la imagen corporal psicótica y su posible transformación en sustancias sólidas o semisólidas que indican un cambio en relación con la imagen corporal, es decir, un núcleo del yo más integrado, que muestra un tipo diferente de estructuración del yo y de la imagen corporal.  Desde este punto de vista, la idea extrema de lo que puede concebirse como imagen corporal psicótica es la idea de que el cuerpo sólo contiene líquidos u otro derivado de la sangre y que está recubierto por una pared o paredes de venas o arterias. Estas vainas vasculares se hacen cargo de las funciones psicológicas que normalmente cumple la piel real, los músculos y el esqueleto.

En los trastornos psicosomáticos esta concepción psicótica del cuerpo se abre paso e invade lo que hasta ese momento era un tipo diferente de funcionamiento mental, y se expresa  a través de las palabras o el lenguaje corporal. Además, la regresión al concepto de la imagen corporal psicótica se produce durante periodos de crisis personales.

Se puede hablar de una imagen corporal neurótica cercana a la noción de normalidad cuando hay una representación mental inconsciente de la piel que cubre con calidez y que contiene la imagen del cuerpo. La noción psicológica normal de piel es la que representan los padres que sostiene con calidez y contiene el cuerpo del niño.

 

Caso Inés

“Estoy loca en la sangre”

Inés una paciente cuyo funcionamiento prevalece la imagen corporal psicótica, un hecho que expresó a través de lenguaje corporal en una imagen psicosomática. La paciente, una mujer de 26 años de edad, dijo que se percató de su enfermedad después de que ella y su novio terminaron su relación. Ella quería ser tratada por que “Estoy deprimida, me quiero morir”. Dijo que su enfermedad consistía en úlceras necrosadas en diversas áreas de la mucosa y la piel, y de acuerdo a los muchos médicos que la diagnosticaron y trataron, su origen era desconocido. Los médicos la consideraron un caso perdido en vista de la gravedad de su enfermedad: cuando se exponía a una crisis emocional, se agravaba la inflamación vascular y la necrosis de las mucosas de la boca, la laringe y los labios. En una de esas ocasiones no pudo hablar, ni comer durante seis meses y tuvo que ser alimentada por vía intravenosa. Una crisis aguda dio lugar a un coma que duró tres días. La paciente agregó, “Ya no hay pronóstico para mi enfermedad”, y “En este momento no tengo tantas úlceras necrosadas en mis piernas”.

Cada vez que Inés se marchaba, su reacción transferencial se entendía como una evidencia de la imagen corporal psicótica. Cuando sentía que era abandonada, sus ulceraciones se hacían más graves y aumentaba el sangrado y la secreción. Cuando empezó a mejorar, tuvo una respuesta defensiva física, una vasoconstricción de las arteriolas que redujeron tanto la necrosis de la dermis como la de la mucosa.

Tres años de tratamiento condujeron a una comprensión de la naturaleza de la transferencia de la paciente, que nos permitió estudiar con mayor detenimiento el origen de su necrosis y sus dolores hemorrágicos, que se correlacionaron con las fases específicas de la transferencia analítica. Inés pudo decir que sentía algo antes de la aparición de sus llagas. Éste fue el primer paso, una pequeña verdad. Empezó a percibir afectos en lugar de expresarlos en concreto a través de su cuerpo. Con base en la imagen corporal psicótica, la menstruación significaba para esta paciente que su yo corporal iba a vaciarse completamente de sangre. Ese mismo año se sometió a una cirugía plástica para rehacer su boca y labios, deformados por la grave necrosis en la piel y mucosa.

(Aquí podemos estudiar con mayor detalle el material asociado con la relación entre el pezón y la boca, es decir,  la relación transferencial con su terapeuta femenina.)

Debido a la falta de límites psicológicos entre su cuerpo y el pecho de la terapeuta que ella imaginaba chupando, cada separación o pérdida significaba para ella que:

1-El pezón tomaba o arrancaba fragmentos de su propia piel, el pezón la descortizaba, privándola de los límites externos de su cuerpo.

2-Hay una fantasía de ataque asesino contra los objetos que la abandonan: en este periodo fue posible comprender las razones más profundas que provocaron el trastorno orgánico en relación con la pérdida de su novio.

3-El objeto perdido se lleva consigo piezas de la membrana y ella sangra a través de sus poros.

4-La confusión de sujeto-objeto-labios-pezón conduce a atacar al objeto en un espacio no diferenciado dentro de su cuerpo, por lo tanto atacar al pezón implica un ataque contra sus propios labios. La falta de limites (fusión) es la razón por la cual, al atacar al objeto que la abandona, se identifica con partes de la superficie de su propio cuerpo. Esto explica cómo puede atacar y destruir la envoltura de su propio cuerpo: se queda con las paredes venosas y arteriales que contienen la sangre como su única concepción de una imagen corporal. En este caso, las paredes arteriales y venosas asumen la función que debería cumplir la piel normal.

Con relación en la experiencia transferencial, fue posible detectar, con base en el material de la infancia, que su madre se embarazó de nuevo cuando la paciente aún no tenía 12 meses de edad; en otras palabras, fue prematuramente abandonada por su madre con respecto a sus necesidades de afecto y durante el periodo de estructuración de la imagen corporal. Antes de la vacaciones hubo una nueva intensificación de la sensación de desangrarse, manifestada principalmente en términos corporales –úlceras y necrosis- durante la ausencia de la terapeuta.

El primer sueño, seis años después del inicio de tratamiento. Trata de un chicle que la paciente tiene y guarda en su boca. Esta es la primera vez que hay una representación de algo que ella guarda. Por otra parte es semi-solido diferente al fluido que rezuma a través de todos sus poros y además, se centra en una zona erógena circunscrita: la boca.

Hubo una época en la que simbolizaba sus fantasías a través de los sueños, mientras que los trastornos de la imagen corporal se expresaban a un nivel lingüístico de una manera muy peculiar; por ejemplo, los orificios no aparecían en su piel sino en su discurso, cuando empezó a perder la estructura lingüística normal, es decir, la “piel social”. A nivel lingüístico, la desorganización del habla puede expresar una desestructuración de la imagen corporal. La perdida de la superficie  del cuerpo o de la piel se expresaba ahora como la pérdida de la envoltura estructurada del discurso, pero sin llegar al punto de desintegración psicótica a nivel lingüístico. Durante este periodo la paciente soñó con “un pequeño vestido de lana, tejido y con agujeros, regalado a una niña”: fragmentos de la piel-vestido que la cubría de forma incompleta. El hecho de que el materia del sueño mostrara que la pérdida o la vacuidad no estaba relacionada con el líquido o la sangre y que los materiales más sólidos que son más fáciles de retener  por ejemplo las heces sólidas, comenzaran a aparecer, es una pista muy importante que marca el comienzo de su funcionamiento con base en una imagen corporal neurótica y muestra que la imagen corporal psicótica no era tan dominante. En el contenido del sueño el cuerpo también es vaciado, pero esta vez no solo líquidos o sangre, sino también heces que son duras y que parecen un pene. Además de ser más sólidas, se introducen dentro de un orificio (la vagina) en su propio cuerpo que las contiene.

Seis años después de comenzar el tratamiento, trajo un sueño que incluía material relacionado con la pérdida de sangre asociado a la menstruación, en el que mostraba que una toalla no estaba manchada con sangre menstrual. Sin embargo la menstruación no se expresó como antes, es decir, cuando creía que implicaba un sangrado por todos los poros (algo que le recordaba cada mes). Ahora parecía que negaba la mancha de sangre en la toalla, y esto implicaba una negación de pérdida de sangre, lo cual era más cercano a la contención que a quedarse vacía. Esto era el equivalente a lo que la paciente expresó a través de las llagas: ahora había una manifestación simbólica en el hecho de que la sangre no salía y no manchaba. Ahora lo importante es que ella podría soñar y simbolizar esto. Antes había expresado a través de la imagen corporal psicótica su sensación de vacío y dolor a través de las lesiones en su piel. Cuando se puede crear un espacio interior y también un espacio mental entre el paciente y el terapeuta comienza una nueva etapa. En una paciente con una enfermedad tan grave, esta etapa trae consigo la esperanza de que la lucha o la batalla dejaran de expresarse a través del cuerpo y alcanzará niveles de transferencia mental.

Conclusión:

Se ha observado que en diversos trastornos clínicos a veces desaparece la idea de la membrana protectora o de piel, especialmente cuando hay una pérdida de objeto o desestructuración. Estos pacientes conservan la idea de que el resto de su cuerpo continúa pegado con el de sus madres: cuando ella se va, el niño siente que se lleva partes de su cuerpo con ella. Estos pacientes se quedan sin piel cada vez que hay una separación o se pierde una relación. Así en periodos de crisis, de duelo, debido a la pérdida de objeto, reaccionan como sigue: la función de los vasos sanguíneos como membrana contenedora del yo reacciona a la sensación de vacío. La idea de desangrarse tiene su origen en las primeras relaciones infantiles y en experiencias basadas en relaciones de objeto corporales y cada actividad psíquica se basa en una función biológica.

 

Imagen: Morguefile/CarolinaJG

 

 

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