Publicado en todamujer.com

 

Psic. Ariela Shubich
Sociedad Psicoanalítica de México

El desarrollo infantil desde el punto de vista psicoanalítico pasa por distintas etapas. Al primer año de vida le llamamos la etapa oral, la cual va de los 0 a los 18 meses aproximadamente.

El bebé siente placer por la prensión labial, la deglución, gustación, emisión de sonidos, expiración y aspiración del aire.

En esta etapa el niño ama todo lo que se mete en la boca, igual que a sí mismo. Se siente “omnipotente” puesto que piensa que todo sucede porque él lo desea como por ejemplo: si tiene hambre, llora y le dan de comer, si tiene frío, llora y lo tapan.

A las personas las percibe como una extensión de si mismos, es decir, no reconoce al otro como ser independiente. Se encuentra “pegado” a su madre y ésta a él, debido a que el bebé no sobreviviría por sí mismo. Será importante que la madre vaya permitiendo la separación de su bebé para que éste pueda tener relaciones sanas en el futuro. Cuando esto no se logra, la función de un terapeuta en este caso, seria favorecer a esta separación- individuación.

El bebé en esta etapa buscará sentir placer constantemente y evitará el displacer. Aquello que le cause displacer, favorecerá a la frustración, la cual será necesaria en un nivel equilibrado.

A través de los cuidados de sus padres que son sus primeras figuras de amor, el niño se identificará con ellos. Si su madre sonríe, él lo hará; si le hablan, él balbuceará.

Los dientes serán la primera muestra de agresión, por lo que el destete no debe coincidir con la aparición de estos ya que el niño lo sentirá como un castigo a sus muestras de agresión. Por ello, se recomienda comenzar el destete gradualmente.

Entre los 2 y 6 meses aparece la sonrisa lo que significa que el bebé reconoce al ser humano, aunque aun no exista una relación directa y de intercambio. Al año ya existe una percepción de las personas, reconociendo así lo que son ellos y lo que no son.

En un principio, el bebé percibía a sus padres divididos en “madre buena” (cuando lo satisface) y “madre mala” (cuando lo frustra), sin poder integrar y asimilar que esa “madre mala” y esa “madre buena” son la misma persona. A los 8 meses aproximadamente el niño logra integrar a sus padres, lo que significará el establecimiento de las relaciones afectivas y amorosas para él.

La angustia del octavo mes o llamada también la angustia ante los extraños, se da cuando el bebé comienza a ser más independiente y a desplazarse con más facilidad. En esta edad, será importante para él constatar que mamá esta ahí, por lo que al comenzar a gatear o a caminar, necesitan regresar a ver si mamá sigue ahí.

La palabra “no”, es la palabra más frecuente de los padres a esa edad por lo que es de las primeras que aprende. Imita el “no”, el que usará como concepto, abstracción, generalización, usando procesos mentales más elaborados que antes. Lo mismo hará con las palabras “mamá” y “papá” las cuales tendrán más significados.

El juego simbólico (por ejemplo simular que una muñeca es su bebé o agarrar una cobija hecha taquito y arrullarla simulando que es su hijo) muestra la capacidad del niño de identificarse e imitar a sus padres.

El chupón, la cobijita, el chuparse el dedo, el peluche que pueden aventar, dañar, cuidar, etc., representan para el niño a la madre mientras ella no está, y le ayudarán en el proceso de separación con ella. Irá perdiendo valor por sí solo mientras logre una separación adecuada con sus padres y mientras logre interiorizar el amor y el cuidado de sus padres.

Los padres serán sumamente importantes en el desarrollo del niño y deberán ser capaces de proporcionarles la seguridad suficiente para ir logrando su independencia. Deberán ser capaces de poder acoger la agresión descargada por sus hijos y digerirlas, regresándola en un idioma más afectivo y amoroso. Si ellos no lograran hacerlo, la labor del psicoanalista seria hacerlo.

Entre los dos a tres años se da la etapa anal. En esta etapa casi todas las relaciones del niño giran en torno al tema del alimento y el control de esfínteres.

Con el aseo y la producción de heces se asocian a la madre emociones contradictorias; la mamá quiere que haga del baño y el único que puede controlarlo es el niño, lo mismo con los alimentos; la madre desea que coma pero él controla si desea complacerla o no. Las heces dan la noción de poder.

El niño decide si le da o no este “regalo” y éste será asimilado a todos los otros juguetes, dinero, etc. (en adultos por ejemplo, el derroche de dinero o la avaricia).

Será importante que los padres reciban este “regalo” de heces con amor, y con el menor rechazo posible.

El niño tiene que aprender a realizar las evacuaciones con horarios y en lugares permitidos; así como dejar de jugar con ellas, por lo tanto tendrá qué desplazar su amor por sus heces a los otros juguetes.

En esta etapa, las reglas morales van adquiriendo más sentido. El orden y la limpieza tomarán importancia debido al valor que adquieren las reglas y la ida al baño y la rigidez de los padres en esto tendrá gran influencia en los hijos pues favorecerá a que los niños (y después de adultos) sean ordenados, desordenados, avaros o derrochadores.

En esta etapa, los niños se desplazan mucho más, adquiriendo una mayor independencia, por lo que logran una separación- individuación.

A través de su desarrollo muscular, el niño tendrá la capacidad de expresar su agresividad, pero tiene que aprender a ceder ante el adulto (pues éste es más fuerte), por lo tanto, necesitará de juegos que le permitan descargar su agresividad.

A esta edad, comienza a darse cuenta de la diferencia de los sexos. Asimismo, se da cuenta de la vida y la muerte, notándolo con los animales.

La etapa edípica es la siguiente y según algunos autores (como Freud) se da entre los 4 y 6 años aproximadamente, aunque según otros autores (como Melanie Klein) sucede mucho antes.

Esta etapa se explica de la siguiente manera en el niño. Su primer contacto es con su madre. La primera persona por la que siente amor por lo que ve a su padre como a un rival. Su padre debe marcar la prohibición aclarándole que la mujer por la que siente tanto amor es su pareja, y que cuando sea mayor podrá tener a una esposa como ella.

Su madre a su vez, deberá decirle que su pareja es su padre y no él, pero que cuando él sea mayor, podrá casarse con otra mujer. El niño deberá entonces identificarse con su padre, aprendiendo a ser hombre para poder conseguir una esposa (como su madre) cuando sea mayor. Desea entonces vestirse como papá, trabajar como él, etc.

Si el padre o la madre no permiten la separación y la identificación, podrá generar problemas en el futuro (por ejemplo problemas de identidad, homosexualidad, etc.).

En la niña, esta etapa se explica de la siguiente manera. Su primer objeto de amor es su madre por la que siente un profundo cariño, pero necesita poner parte de su energía en enamorarse de su padre, diciendo por ejemplo que se va a casar con el, que es su princesa, etc.

Al hacerlo, el padre debe marcar la prohibición y decirle que ellos dos no pueden casarse porque él ya tiene una esposa, pero que cuando sea mayor podrá tener un esposo como él y formar una familia ella también. Su madre a su vez, debe también marcar esta prohibición y decirle que cuando sea mayor podrá casarse como ella y tener un esposo como su padre.

Ahora la niña deberá identificarse con su madre para poder casarse cuando sea grande por lo que se prueba los maquillajes de mamá, se pone sus zapatos y coquetea con su padre como lo hace mamá. Las relaciones con otras personas serán importantes en esta etapa, ya que existe una mayor interacción con otras gentes. En el juego cada vez incluirán a más personas, reiterando el reconocimiento del otro.
A esta edad, los niños y niñas tienen más claras sus diferencias sexuales. Los niños saben que ellos tienen pene y las niñas tienen vagina.

Piensan que su madre les dio su pene y que ella también tiene uno, pero que está más pequeño o que lo esconde entre las piernas. Después se da cuenta que las niñas no tienen pene, por lo que piensan que se los cortaron y que a ellos les puede pasar lo mismo (angustia de castración).

Las niñas se dan cuenta de que ellas no tienen pene y que los niños sí. Algunos autores (como Sigmund Freud) hablan de la envidia al pene, aunque otros hablan de la envidia del hombre hacia la mujer por poder ser ella quien carga en su vientre al bebé.

En esta etapa, los niños se dan cuenta de que sus padres tienen una vida sexual lo que explica la llamada edad de los porqués con las constantes preguntas de los hijos a los padres (por qué esto?, por qué el otro?), cuando en realidad la gran pregunta es “¿de dónde vienen los niños?”, por lo que se les debe explicar lo básico.

Ellos perciben la relación sexual como una gran agresión entre sus padres (como una lucha, uno encima del otro). En esta etapa tienen una energía sexual latente que la sacan a través de juegos agresivos (que también representan la sexualidad).

Las pesadillas con monstruos y brujas son comunes. La bruja representa a la “madre mala” (cuando esta lo frustra) y el monstruo el “padre malo”, a los cuales representa a través de sus sueños.

La masturbación puede presentarse en esta etapa o incluso antes y será importante actuar de manera tranquila, sin espantarse y sin prohibirlo o castigarlo. Se deberá explicar a sus hijos que lo pueden hacer pero en privado. Si se llega a notar que la masturbación es muy frecuente es probable que algo esté angustiando al niño, o que algo lo esté sobreexcitando por ejemplo, por lo que se deberá estar alerta.

La etapa de latencia será la siguiente, aproximadamente de los 6 a los 12 años, donde la energía sexual se adormece un poco. El niño la canaliza a través de actividades deportivas e intelectuales, preparándose para la entrada a la adolescencia donde se reeditarán todas las etapas mencionadas.

Cabe mencionar que todas las etapas en el desarrollo del niño tienen retos y dificultades que afectan de distintas formas a cada persona, formando la personalidad y carácter de cada individuo. La labor del psicoanalista será ayudar a sus pacientes a resolver los conflictos que se presentan o que se han presentado durante su desarrollo. Esto se hará a través de un trabajo psicoanalítico que permita hacer consciente lo inconsciente. Puede llevarse a cabo en casi cualquier etapa de la vida, incluso en niños pequeños, a partir de que comienzan a hablar.
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