Película: Julieta

Director: Pedro Almodóvar

Año: 2016


Por Susana Velasco
Basada en tres cuentos, “Destino, Pronto y Silencio”, del libro Escapada de la novelista canadiense y ganadora del premio nobel de literatura Alice Munro  (2013)*, Pedro Almodóvar nos ofrece otra película dramática, introspectiva y cargada de simbolismos, que muestra la complejidad de las interacciones humanas; de esos vínculos que además de obedecer a los caminos de la necesidad – necesidad de sobrevivir física, psíquica y emocionalmente son sobre todo gobernados por el deseo, mismo que aparece siempre en falta, satisfecho sólo parcialmente.
Y es también Deseo, el nombre que el cineasta manchego y su hermano Agustín dan a la productora de sus películas, fundada en 1985 por ambos.
En Julieta (inicialmente pensado el título como Silencio), Almodóvar dirige la mirada al universo del las relaciones madre-hija y a diversos aspectos de lo femenino. Toma como eje la historia de Julieta (Emma Suárez y Adriana Ugarte), a lo largo de tres décadas[1], pero sin dejar de remitirse a su propio pasado.
Una historia, que reconstruida y resignificada desde su propia subjetividad y a partir de una serie de eventos que las confrontan con fuertes pérdidas – el dolor, la muerte y la separación- la impactan a ella y a sus seres queridos, en particular a Antía, su hija.
Son pérdidas que se asocian al tiempo y al paso por la vida, así como a las vicisitudes que de allí se desprenden; luchas internas por vivir y luchar contra la soledad y la muerte, bellamente simbolizadas en distintas escenas, algunas típicamente oníricas; un tren en movimiento, Julieta leyendo el libro La tragedia griega; un ciervo – siervo a su vez de sus instintos- que corre paralelamente sobre la nieve en busca de una hembra, etc.
Como en todas sus películas, Almodóvar nos muestra también las distintas caras de la sexualidad, como correlatos de dichas batallas vitales:  el sexo para preservar la vida y como defensa frente la ansiedad y el vacío, el amor como sentimiento que se construye a partir de un vínculo y la pasión como lo que por ello se padece. Ese Eros de la mitología, a propósito de que la Julieta  joven (Adriana Ugarte), frecuentemente echa mano de los mitos para contar historias que expliquen la naturaleza humana y el devenir de las cosas.
Recordemos la alusión a Pontos, ese océano plagado de posibilidades que es  camino de la aventura y de lo desconocido;  acordémonos  también del mito de la creación, cuando Julieta le relata a Ava, mientras admiran sus esculturas, de los dones que los dioses Dioses ya no pueden repartir al hombre cuando es creado, quedando para éste tan sólo arcilla y agua.
Pero ante todo, Julieta aborda el tema de los terribles efectos del silencio, generado por los traumas y el sentimiento de culpa; por lo sufrido y no elaborado, haciéndonos ver que cuando algo así se acalla y se “ahoga en el mundo inerno”, por lo que sea…, y aquí cito a la Julieta adulta cuando inicia su relato: porque eras una niña, porque me resultaba demasiado doloroso o por simple pudor, se generan cargas emocionales que se transiferen de una generación a otra (lo transgeneracional), promoviendo que las tragedias se repitan y que cualquier cambio importante en la vida, como lo es la separación, lejos de resolverse y tolerarse, se vuelva desgarradora.
Un silencio imposible de esconder del todo, ya que la verdad – aquello sabido y no pensado- surge, no como diálogo abierto, sino como un sinfín de elementos y objetos desdibujados que se captan del entorno, entre otras cosas, a través del lenguaje corporal. En el caso de Julieta, se expresan plásticamente con el uso de los colores rojo, azul y negro, a través de los relojes, con la música y con el arte en general, cuidadosamente pensado y  acomodado.
¿Cuándo hablar, cómo hacerlo, cuándo callar? Cómo y cuándo separarse de una madre o de un hija, cuando frente a pérdidas de esa naturaleza, amor, dolor y rabia se amalgaman y dificultan el caminar juntas pero con una sana distancia, así como seguir adelante.  Estas son algunas de las preguntas que nos surgen al ver Julieta.
Pero vayamos a la historia, para ir reconstruyendo éstos y muchos otros elementos que espero puedan generar un rico intercambio de ideas.
Todo comienza con una escena en la cual, como telón de fondo, aparece un fragmento de una túnica roja plegada, ondeante y sensual, cuyas formas sugieren lo femenino deseante, el sexo…, mientras que en primer plano se aprecia una escultura masculina abstracta en posición sentada, mostrando un cuerpo carente de brazos, con el frente de la cabeza seccionado; ese lóbulo frontal que en el curso de la evolución, supuestamente nos civilizó y contuvo nuestro actuar impulsivo, y como alusión a lo anterior, un pene erecto que se proyecta hacia el frente.
Se ve a la Julieta adulta (Emma Suárez) envolviendo cuidadosamente dicha escultura, que  representa de manera condensada a aquellos y a aquello que ha perdido y que lleva consigo, Xoan  y Ava (variante de Ave y de Eva), pero que quedan como testimonio abierto de su historia. Acto seguido, toma un sobre azul dentro del cual después veremos que se encuentran una foto despedazada, así como un fragmento de una imagen religiosa con expresión de dolor transmutado en goce. Ella mira el sobre cerrado y lo tira, deshaciéndose de éste, lo cual nos habla de su necesidad por romper con su pasado, mudándose a un lugar diferente. Cambios o desplazamientos que hará en repetidas ocasiones a lo largo de la película, no pudiendo, aun así, desafanarse de su dolor.
De allí se mueve al espacio de su biblioteca, en donde elige libros – uno de ellos de Marguerite Duras que lleva como título “El amor”-, observando y dudando cuáles de ellos llevarse y cuáles dejar.
Por el corto diálogo que entablan ella y su pareja, el escritor Lorenzo Gentile “que hereda” de Ava, se adivina que en el imaginario de Julieta ronda la idea de una partida definitiva, lo que implica dejar atrás para siempre algunas historias que, al igual que sus libros, no quiere volver a “comprar”, aduciendo  que de hacerlo así, la harán sentir vieja.  Como el cartel que cuelga al fondo del cuarto y lleva la leyenda The Old Woman, primera alusión al  efecto del paso del tiempo, seguida por el agradecimiento que ambos se hacen por estar dispuestos a hacerse compañía y  no dejarse envejecer solos.
El primer giro de la película surge cuando Julieta sale a buscar “lo que todavía le falta” y se topa por casualidad con Beatriz (Michelle Jenner), amiga de la infancia de su hija Antía[2] (del gallego,flor), quien le habla de su encuentro con ésta en el lago Como.  Por la descripción que hace de ella, se entiende por un lado que Julieta no ha sabido de su hija en mucho tiempo y por otro, que Antía está deprimida y abandonada de si…, guapa sí, pero delgada, de cara lavada y con tres hijos, dos varones y una niña. Las palabras de Bea, ante las cuales muestra sorpresa y desconcierto, le resultan a Julieta como una especie de retorno de lo reprimido, si es que se le puede llamar así.  Se trata más bien de un olvido conscientemente forzado por el dolor, desmentido, que Lorenzo identificará como secretos que lo hacen desconocerla, una vez que, tras un cambio radical de decisión, Julieta le anuncia que se quedará en Madrid.   Aquí estoy y aquí estaré, le dice a Bea al despedirse, otra forma de decir no me iré, aquí me pueden encontrar.
Y eso que le falta y decide hacer es precisamente volver a habitar y resignificar su pasado y los cambios en su vida, narrándoselos a su hija en una especie de carta-diario, para lo cual regresa al edificio donde viviesen alguna vez juntas en Madrid después de morir Xoan y renta un piso (departamento). Coloca su escultura sobre el marco de una chimenea apagada, un escritorio como elemento central y encima de éste acomoda la tarjeta rojiazul que alguna vez recibiese de Antía. La abre y de su interior se despliega un arreglo de flores que adquiere tercera dimensión, al igual que lo hacen sus recuerdos y sus sentimientos. A partir de aquello que ella sabe hacer, que es escribir, Julieta intenta establecer un diálogo con su hija, así como retomar un trabajo de duelo que nunca se llevó a cabo.
Por su parte, Lorenzo, igualmente desconcertado e intrigado por el secreto que Julieta le guarda, aunque amoroso y respetuoso de su decisión, la sigue a distancia hasta alcanzar descifrar aquello que ella decidió ocultarle.
El relato para Antía inicia describiendo lo vivido en el tren; esa primera experiencia de dolor, incertidumbre y sentimiento de culpa por un suicidio del cual es testigo y se siente partícipe, tras haberle rehuido al hombre de la maleta vacía, de mirada sombría y sin futuro, quien la aborda y la invita y hacerle compañía. Le cuenta como, al alejarse del pasajero, conoce a su padre, Xoan (Daniel Grao), el pescador cuya esposa Ana se encuentra en estado de coma desde hace mucho tiempo.   El encuentro se da en un contexto de dolor e incertidumbre para los dos, a pesar de que Xoan contiene a Julieta y le da juicio de realidad diciéndole:  un hombre no se suicida porque una chica guapa como tú no quiere hablar con él.  Se acompañan en el trayecto y tienen una relación sexual apasionada, que en este caso deja frutos: el embarazo de Julieta y una relación amorosa que los dos van construyendo.
En un ir y venir en el tiempo, vamos conociendo a Julieta y sabiendo de los claroscuros de su vida. Primero jovial y entusiasta en el escenario académico, pero enfrentando el desafío de perder su trabajo temporal, situación que la lleva a ir en busca de Xoan (Daniel Grao), tras recibir una carta de éste.
Su encuentro con Marian (Rossy de la Palma), la mujer de servicio que está al frente del hogar de Xoan, erosionado éste por la enfermedad y la muerte como su fachada, representa una nueva aproximación a la cruda realidad y a otra cara de lo femenino.  Su estampa entera, su rostro de amargura y carácter territorial, celoso (envidioso) e hiperrealista, se manifiestan en la rudeza con la que le expresa que ha llegado tarde al entierro de Ana, que Xoan, necesitado de una mujer, está con Ava (Inma Cuesta), su amiga-amante y que mejor se vaya.  A pesar de que el mensaje ¡vete! es imperativo, Julieta decide esperarlo y quedarse a su lado.
Aun cuando Julieta conoce de la cercanía sexual entre Ava, la artista escultora y Xoan, pronto se establece entre ambas un fuerte vínculo de amistad y complicidad por el hombre que para Ava funge como inspiración para hacer sus esculturas, rojas como la arcilla por fuera y de un sólido metal por dentro. Y para Julieta, como una pareja con la cual construye una familia. De allí que enamorada, niegue que los intercambios sexuales entre Xoan y Ava continúen esporádicamente. Es a Ava a la primera a quien le revela el secreto de su embarazo.
La vida de Julieta da un nuevo giro con la maternidad. Se despierta en ella el anhelo de reacercarse a sus padres, especialmente a su madre, para llevarles a presentar a la pequeña Antía, hecho que nos habla de que había habido un alejamiento importante. Durante su segunda visita, cuando Antía tiene dos años, se encuentra con un panorama que la desconcierta y entristece; ellos se han mudado de casa y su padre (Joaquín Notario) ha dejado atrás su labor como maestro para dedicarse a cultivar la tierra y hacer que sus semillas germinen, lo que logra ayudado por Sanaá (Mariam Bachir), la chica de apariencia gitana, guapa, joven y sensual, con quien está líado.  Julieta lo capta de inmediato.
En contraste con lo anterior, halla a su madre Sara (Susi Sánchez), encerrada en su habitación y en si misma, con la mirada perdida y desconectada del mundo. Ella encarna la tristeza, el desamor y el olvido, con lo que parecería ser una melancolía y una demencia incipiente. Por eso elige quedarse esos días con ella, dormir a su lado y buscar la cercanía y el contacto físico. Enmedio del silencio de la noche, Sara logra despertar y reconocer a su hija, así como mirar y hacer consciente que tiene una nieta, en un momento de intimidad y complicidad que las identifica a ambas.
Julieta funge como su Yo auxiliar; lucha porque su madre se levante y sea mirada y reconocida por su padre, pero este último ya se ha alejado emocionalmente de ella. Ha negado y encerrado sus propios duelos al igual que a su esposa, aspecto que desilusiona a Julieta.
Xoan tampoco tolera bien la separación. Pensé que no regresarían…, les dice a su regreso; se hace un tatuaje de corazón en el antebrazo izquierdo en el  que graba aquello que ama; las iniciales de Julieta y Antía (quizá también las de Ana y Ava ) y un barco que Julieta mira y acaricia.
La tormenta que cambia el destino de la familia, estalla en el contexto de otras separaciones.  La primera de ellas, cuando durante su pubertad, mandan a Antía a un campamento. Ella se va, no sin antes protestar y manifestar su angustia de separación, en una escena en donde se aprecia la reedición de su Edipo: Papito, me quiero quedar e ir a pescar contigo, le dice a éste.
Se trata de una tempestad promovida en parte por la rabia y el dolor de Marian, después de que Julieta le dice que no necesitará más de ella porque trabajará, con la intención de tomar las riendas de su hogar y poner fin a sus rivalidades. Antagonismos que se aprecian cuando, al irse, la cuestiona por la sudadera que Marian lleva puesta; una parte de Xoan, el varón, de la cual ambas reclaman posesión.
Como contragolpe recibe de Marian una advertencia condenatoria: si trabajas pasará lo de siempre, develándose así las infidelidades de Xoan.  Cuando Julieta lo confronta, la forma de reaccionar de éste no es tan distinta a la del padre de Julieta; ante su propia angustia o miedo a la pérdida, ambos actúan buscando cobijo en el sexo, mientras Julieta protege el nido y lucha por seguir creciendo.
La muerte de Xoan en altamar inunda de culpa y tristeza a madre e hija. En el proceso de hacer frente a esa terrible realidad, Julieta acude a identificar el cuerpo inerte de Xoan, en un lugar en donde cuelga un reloj roto. Después se le presenta el desafío de tener que dar la noticia a su hija. Se siente perdida, devastada por el dolor y responsable, entre otras cosas por romper con la felicidad de ésta.
Ava y Julieta se acompañan para arrojar las cenizas de Xoan al mar; Antía queda fuera de ese ritual, no pudiendo participar de la despedida, ya que se encuentra fuera. Confundida, Julieta tampoco puede y sabe como anunciarle que su padre ha muerto; lo posterga y ello genera un silencioso y profundo vacío que imposibilita el inicio del proceso de duelo para ambas. El único enojo que Antía se permite expresar frente a su madre es: ¿por qué Papá salió a pescar si había estallado la tormenta?, frase polisémica que deja ver el trasfondo de un conflicto entre sus padres, mismo que queda en suspenso.
Una vez más, Julieta pone distancia de su pasado, mudándose a otro escenario. Convertida en una mujer muerta en vida, profundamente deprimida,  se queda a vivir en Madrid, en donde  Antía y ahora también Beatriz, la llevan de la mano y se hacen cargo de ella durante varios años. Recordemos la escena en la que se da la transición entre la una y la otra Julietas, a la que Antía sigue procurando, hasta que logra recuperarse gradualmente.
Al cumplir dieciocho años, se siente urgida de poner distancia de su madre. Se va sin darle explicación alguna, después de sufrir una crisis más por el abandono de Beatriz, quien decide marcharse a estudiar a Nueva York y con quien sostiene una relación homosexual. La ausencia de Bea representa para Antía el quedarse sin ese motor que la liga a la vida y le da sentido a ésta, en tanto que permanecer al lado de su madre la conecta con el dolor y con la muerte, carga que no resiste.  Apela a un tercero, Juana (Nathalie Poza), la mujer del retiro espiritual, para que sea su interlocutora y le pida a su madre que le dé tiempo y la deje seguir su propio camino.
La noticia y la sensación de un enorme desconocimiento de su hija le generan otro colapso emocional a Julieta. No obstante, ante el vago soplo de esperanza de que Antía vuelva, compra tartas  para los cumpleaños de su hija en espera de que ésta regrese, cosa que no sucede, por lo que las acaba tirando . Invadida de dolor y de rabia, tres años más tarde decide romper con todo, incluido el retrato en que salen juntas. Se despide del casero y se marcha, abandonando allá sus recuerdos y algunos objetos personales .
Cuando recibe la noticia de la esclerosis múltiple de Ava, la va a ver por última vez antes de morir; Ava llena algunas lagunas y le hace saber del profundo resentimiento Antía, al contarle lo sucedido cuando poco después de morir Xoan, Antía acude a Redes, el puerto que le vio nacer, a desmontar la casa paterna.  Se entera por Marian del conflicto entre sus padres antes de irse éste a pescar; también le habla de los encuentros sexuales entre Xoan y Ava. Furiosa, Antía insulta a Ava y culpa a ésta y a su madre por la muerte su padre. Años más tarde llama y se culpa también a si misma por haberse ausentado y haber sido feliz durante el campamento.
Julieta reconoce cómo su silencio contagia y enferma a Antía, por lo que ahora la ausencia llena su vida y la destruye por completo.
En ese estado emocional regresa a Madrid, en donde, deambulando por las calles se encuentra nuevamente con Beatriz. Ambas rompen el silencio, confesándose a su vez como Antía decide romper con ellas, aduciendo ser una nueva persona que no quiere nada de las dos. Repudia su pasado y con ello  no hace más que repetir, de otra manera, lo que ha hecho su madre.
Desesperanzada, Julieta intenta suicidarse; Lorenzo la rescata y le lleva al hospital lo que ésta abandona en el piso anterior para mudarse a otro barrio.  Una carta de Antía que halla debajo de la puerta, su bata y dos fotografías; la de los fragmentos pegados y otra en la que aparecen Julieta y él.
Gracias al amor que le tiene y a su capacidad de darle sostén, Julieta sobrevive y se entera por la carta de Antía, que su hijo Xoan de 9 años ha muerto ahogado, repitiéndose así un fatídico desenlace.  Ahora que soy madre y sufro, entiendo, escribe.
La última escena, en la que Lorenzo conduce a Julieta al reencuentro con su hija, se acompaña de la desgarradora canción de Chavela Vargas: Si no te vas. Final aparentemente feliz que también queda en suspenso …
SI NO TE VAS   (Isabel Vargas.1919-2012)
Si no te vas, te voy a dar mi vida
Si no te vas, vas a saber quien soy.
Vas a tener lo que muy poca gente
Algo muy tuyo y mucho, mucho amor.
Ay, cuánto diera yo por verte una vez más, amor de mi cariño
Por Dios que si te vas, me vas a hecer llorar como cuando era un niño
Si tú te vas, se va a acabar mi mundo, el mundo en donde sólo existes tú
Y no te vayas, no quiero que te vayas, porque si tú te vas, en ese mismo
instante muero yo.
 
Los últimos sábados de cada mes se lleva a cabo nuestro Cineclub SPM en el Cine Tonalá de la colonia Roma en la ciudad de México.
 
NOTAS AL PIE:
* Por su libro Demasiada felicidad.
[1] Desde antes de nacer Antía, hasta que esta última tiene 3 hijos y Xoan, el mayor de ellos, muere ahogado en un río.
[2] Interpretada por Priscilla Delgado y Blanca Parés
 
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