Graduación

Dirección: Cristian Mungiu

Año: 2016

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Por: Ana Huitzil
Asistimos a la presentación de un filme realizado por Cristian Mungiu, cineasta rumano que ha sido galardonado al menos 3 veces en el Festival de Cannes por el mejor guión mejor película y, recientemente, como Director.
El estilo de Mungiu se caracteriza por presentar diferentes experiencias de una sociedad que emerge tras la caída del comunismo y se enfrenta a los coqueteos del capitalismo.
En sus películas muestra diferentes paisajes de una sociedad atribulada por los cambios, son una síntesis de los temas que él considera más significativos: libertad, corrupción y paternidad; una mirada crítica los valores de su sociedad.
Graduación no es la excepción. Una trama aparentemente sencilla, sin grandes excesos emocionales y una sutil profundidad en cada uno de sus personajes. Un discurso en tres pistas: cada uno de los diálogos entre sus personajes muestra un trasfondo que orienta al espectador sobre la situación social y económica en la que se desarrolla la historia; la dinámica de las relaciones interpersonales y las batallas personales de cada uno de los protagonistas.
La historia se centra en Romeo, padre de familia cuyo drama radica en la desilusión y desesperanza en un entorno que no oferta cambios ni mejora en la calidad de vida. Con base en ello, “justifica” su empeño y dedicación para que su única hija, Eliza, tenga una oportunidad para realizar sus estudios en el extranjero.
Conforme se desarrolla la trama, entendemos que el posible destino de Eliza es vivir la oportunidad que Romeo sintió perdida para él al volver a Rumania tras la caída del régimen de N. Ceausescu con muchos sueños y pocas realidades.
Una película rica en detalles para explorar y analizar; aunque para el presente comentario, sólo retomaré datos sobre los personajes principales.
ROMEO.
Parece que la trama gira en torno a Romeo, evento que en sí mismo podría sugerir su perfil de personalidad. Un hombre de edad media, exigido por las responsabilidades de cada uno de sus roles: padre de familia, médico, amante, esposo e hijo.
ELIZA.
Considerando el título del largometraje, Eliza es la verdadera protagonista. El momento de vida que atraviesa parece un tanto eclipsado por la personalidad de su padre. Eliza es una chica que culmina sus estudios medios para iniciar la transición hacia la adultez joven; momento marcado por el ataque del que es víctima y que desata la trama de la historia.
La preocupación de Romeo por evitar que cualquier cosa trunque la oportunidad de Eliza para salir del país plantea un conflicto en el que confluyen los ideales frustrados de Romeo, los deseos de un padre con el conflicto interno que desata el reconocer a Eliza como un sujeto diferenciado, capaz de aspirar una vida propia y con el ímpetu para construirla y, por supuesto, un conflicto ètico que retrata las condiciones del contexto sociocultural en el que se desenvuelve la historia.
Romeo deposita en su hija la posibilidad de ser ella continuación a sus ideales frustrados con la fantasía de que una mejor realidad siempre estará en otro lugar, distinto del que habitamos. Pero el plan de Eliza es otro: ella no parece estar segura de querer lo mismo que su padre.
Entonces Eliza es atacada camino a la escuela. ¿Acto fallido?… llama la atención que es este intento de violación el evento que devela de manera secuencial la “novedad” de que su hija no es una extensión de sí mismo, pues comienza por enterarse que su hija tiene una vida sexual de la que él no tiene noticia hasta entonces y a partir de ello sólo observamos un Romeo concentrado en la única idea de que nada obstaculice el camino de su hija a Inglaterra. Su empeño es tal, que ignora la importancia del ataque, ignora el posible embarazo de su amante, se involucra en una cadena de “favores” con funcionario; se mira impaciente, ansioso, dedicado a buscar un culpable… parece inventarlo… parece que intenta desilusionar a su hija al responsabilizar a Marius de no protegerla… muy proyectivo.
El papel de los demás personajes adereza la relación entre Romeo y Eliza; una madre deprimida que, al igual que Romeo, presenta los claroscuros de la relación con las figuras primarias: suficientemente fuerte para delimitar la intromisión de Romeo con Eliza, pero ofuscada ante su propia pérdida y refugiándose en la aspiración de que Eliza y ella puedan seguir viviendo juntas “donde sea”, evidenciando la fantasía de que es Eliza la salvadora de sus padres. Marius es el rival de Romeo. En una obvia alusión edípica, Romeo devalúa y descalifica a Marius para intentar apartarlo de Eliza.
Poco a poco, Eliza muestra la fuerza para mantener su relación de pareja, confrontar al padre con respecto a su amante y con la moral que le ha inculcado al sugerirle hacer trampa para un examen. Esto le resta autoridad a Romeo para exigir nada y Eliza lo sabe.
Eliza desidealiza a su padre al confirmar sus sospechas de que tiene una amante, de que es corruptible y puede ser irresponsable, lo que le permite ascender a la definición de sus propios criterios para tomar decisiones, a “graduarse”.
Al final, no hay otro camino que hacerse cargo de uno mismo y en la realidad que nos corresponde encarar: Romeo debe afrontar la decisión de Eliza y su separación de Magda; además del posible embarazo con Sandra, quien tiene un hijo con el que Romeo fungirá como figura paterna, lo asuma o no; una investigación por actos de corrupción y el cuidado de su madre…
Si bien el perfil de Romeo nos conduce a pensar una personalidad narcisista que ignora las necesidades de los otros con tal de ver satisfechas sus expectativas de triunfo y grandes, truncas en su juventud, a través de Eliza, hay que decir que predomina un aspecto libidinal del que Eliza es resultado, pues hace evidencia de una fortaleza yoica que le permite confrontar a su padre, diferenciarse de él, psíquicamente hablando, y establecerse como una joven incipientemente adulta que puede trazar un proyecto de vida y comenzar a construirlo.
Mungiu plasma así la complejidad de un conflicto interno donde se juegan profundos deseos inconscientes de un padre, con su propia historia de triunfos y fracasos, y el amor y deseos de bonanza y mejores condiciones de vida para un hijo, atravesado por un contexto sociocultural que transmite normas y reglas explícitas de un “deber ser” que se miran cuestionadas frente a los hechos. Mungiu deja abierta la reflexión sobre cuál podría ser la mejor forma de ser padre frente a una realidad que parece, sólo deja dos caminos: Ser o no ser.
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