syringes-and-vial-1307461Por: Thelma Cortes
“Tiene una enfermedad autoinmune”, es una frase con la que se puede describir todo un proceso de pasar de la salud física a la enfermedad como tal.
La inquietud por conocer sobre éste tema la confirmo con algunas ponencias de mis hoy compañeros en ésta formación durante el Congreso de la Sociedad Psicoanalítica de México: Amores y Desamores, llevado a cabo el año pasado, donde se plantearon algunos casos relacionados con un tratamiento médico a la par de un proceso psicoanalítico por la existencia de una enfermedad física.
Las enfermedades denominadas “autoinmunes”, son aquellas que tienen un fallo en el sistema inmunológico del organismo, dejando de realizar su función primordial, la cual es que las defensas del cuerpo protejan a éste de agentes externos, negándose ésta actividad, el sistema inmune se revierte desconociendo al propio ser causando daño a los tejidos, órganos y células, llevando así, un ataque cuando debería ser una protección. Además de la enfermedad, otra forma del cuerpo de manifestar autoinmunidad es cuando se realiza un trasplante, el sistema inmune suele reconocer que el órgano trasplantado es diferente de los propios y es entonces cuando se desencadena el ataque o rechazo, independientemente de los estudios previos.
Normalmente el sistema inmunológico reconoce como propios y no como extraños los tejidos del organismo y por lo tanto no los ataca.
Hoy en día las enfermedades autoinmunes son un desafío para la ciencia médica, ya que sigue siendo una incógnita la etiología de éstas enfermedades, no hay explicación médica de por qué y en muchos casos ni cómo se produce la enfermedad, se mencionan algunos posibles factores como lo es la genética, el ambiente y se están considerando también las células sexuales, porque la mayoría de las enfermedades autoinmunes son más comunes en mujeres que en hombres.
De acuerdo a la Asociación Americana de Enfermedades relacionadas con Autoinmunidad, existen más de 100 diferentes enfermedades que tienen relación con la autoinmunidad, entre las cuales las clasifican según el órgano que afectan o pueden dañar a la vez a varios órganos, que son las enfermedades consideradas sistémicas.
Chiozza (2008) menciona que en las enfermedades autoinmunitarias en las que se afecta particularmente un órgano o función (como, por ejemplo, la miastenia gravis o la esclerosis en placas), la intolerancia y el conflicto entre los estilos compromete, precisamente, el ejercicio de la función o capacidad yoica que el órgano afectado simboliza. Lo que nos importa señalar ahora es que, en este caso, el ataque autoinmunitario no está dirigido a toda la persona, sino a una determinada capacidad o función implicada específicamente en el conflicto.
 
Eso es sólo lo que empieza a manifestarse físicamente, en el cuerpo, con dolores, deformaciones, hinchazón, malestares, etc., pero, ¿Qué hay detrás?, ¿Qué es lo que no se ve?, ¿Qué papel juega la psique al tener una enfermedad de éste tipo? ¿Hasta dónde se considera sólo el cuerpo, lo orgánico?, es ahí donde el psicoanálisis a mi opinión puede hacer una gran aportación al visualizar en la persona enferma un tratamiento, tratando de hacer consciente lo inconsciente para conocer el otro lado de la enfermedad física, la enfermedad psíquica.
Lo que es cierto es que todos nos enfermamos, ya sea por predisposición genética o por factores ambientales, en el caso de la genética la carga o la predisposición ya está, sin embargo el que se manifieste la enfermedad justo cuando lo hace, no es coincidencia.
El reconocimiento de lo propio y lo no propio es de capital importancia para el entendimiento de la autoinmunidad; para que se realice la autoagresión.
Chiozza (1986) considera que existe un problema de identidad con las personas que tienen alguna enfermedad autoinmune, de modo que “una identidad bien establecida se acompaña generalmente de la capacidad de reconocerse en la peculiaridad de su propia forma”, siendo en la realidad lo contrario para la autoinmunidad.
Decimos, entonces, que el sistema inmunitario se arroga la representación simbólica de la defensa de la identidad. “Propio” y “ajeno”, los términos habitualmente utilizados por la inmunología para designar al producto del reconocimiento, se constituyen así, en virtud de la memoria “inmunitaria”, y desde el punto de vista de los significados inconscientes, en lo “familiar” y lo “extraño”.
 
Las enfermedades de este tipo las relacionan con algún evento significativo, al cual se le adjudica la manifestación, siendo ésta una descarga de esa indiscriminación que reacciona defensivamente destruyendo a la propia persona.
El hablar del cuerpo, de lo inconsciente, de lo inconsciente a través del cuerpo y viceversa, es básico en psicoanálisis.
Uno de los fundamentos del psicoanálisis es la pulsión, cuya definición freudiana es que “la pulsión es un concepto límite entre lo biológico y lo psíquico”; éste es la base de la teoría y la práctica del psicoanálisis, es decir, la relación entre el cuerpo (soma) y el alma (psique).
Charles Hanly, presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional (2009-2011) (citado en Agresión y Pulsión de Muerte, Gaitán Andrés 2012) considera que, mientras que el instinto sexual es una demanda espontánea, el agresivo es un instinto reflejo que responde a una demanda de acción proveniente del exterior, no del interior. La angustia no solamente activa defensas, también libera agresión. Afectos como decepción, tristeza, disgusto, lástima o resignación representan una descarga parcial de la excitación por una demanda instintiva que no fue gratificada. No expresan una necesidad pulsional sino una barrera a su satisfacción. Otros afectos, como rabia, odio, resentimiento, desesperación y demás sentimientos hostiles, como manifestaciones psíquicas de agresión, se desarrollan bajo condiciones específicas que pueden ser consideradas como activadoras de instintos.
Las enfermedades autoinmunes son “agresivas”, ya que todo se vierte hacía la propia persona, imposibilitando a ésta llevar a cabo la descarga en el exterior. El poder conocer la historia personal y cómo la persona vive con la condición de estar enferma, ayudarían a saber cuál podría ser esa demanda externa que por medio de la enfermedad va a responder a la vez a una demanda interna meramente inconsciente y que hace que la pulsión de muerte sea la que predomine.
Para Freud la pulsión de muerte tenía su expresión clínica en la compulsión a la repetición, y está relacionada con una tendencia autoagresiva y con el masoquismo.
Laplanche (2004), define al masoquismo como perversión sexual en la cual la satisfacción va ligada al sufrimiento o a la humillación experimentados por el sujeto, Freud extiende la noción de masoquismo más allá de la perversión descrita por los sexólogos: por una parte, al reconocer elementos masoquistas en numerosos comportamientos sexuales, y rudimentos del mismo en la sexualidad infantil, y, por otra, al describir formas que de él derivan, especialmente el «masoquismo moral», en el cual el sujeto, debido a un sentimiento de culpabilidad inconsciente, busca la posición de víctima, sin que en ello se halle directamente implicado un placer sexual.
Con esta definición se va abriendo el panorama de la persona autoinmune, porque ya no sólo es la que se autoagrede, sino que utiliza esa agresión para jugar un papel ante los otros, el de victima.
Freud (1924) en “El problema económico del masoquismo”, menciona que éste es incomprensible si el principio de placer gobierna los procesos anímicos de modo tal que su meta inmediata sea la evitación de displacer y la ganancia de placer.
Hecho que en la autoinmunidad, aún con esa “incomprensión” que él menciona, se lleva a cabo el masoquismo, pareciendo que ocurre lo contrario, pues con toda la implicación de la enfermedad (cualquiera que ésta sea), quien aparenta gobernar es el principio de displacer, evitando el placer y obteniendo así displacer, o al menos con las implicaciones de éste estado (autoinmune) es lo que puedo imaginar.
El padecer como tal es lo que importa; no interesa que lo inflija la persona amada o una indiferente; así sea causado por poderes o circunstancias impersonales, el verdadero masoquista ofrece su mejilla toda vez que se presenta la oportunidad de recibir una bofetada. Para explicar esta conducta es muy tentador dejar de lado la libido y limitarse al supuesto de que aquí la pulsión de destrucción fue vuelta de nuevo hacía adentro y ahora abate su furia sobre el sí-mismo propio, Freud (1924).
El masoquista no puede evitar ser impactado por el dolor, el displacer; sin embargo al hacerle frente impide “convenientemente” ser desgarrado en el despliege de su violencia.
Freud habla de una “necesidad de castigo”, para provocar el castigo por parte de esta última subrogación, el masoquista se ve obligado a hacer cosas inapropiadas, a trabajar en contra de su propio beneficio, destruir las perspectivas que se le abren en el mundo real y, eventualmente, aniquilar su propia existencia real.
La condición de autoinmunidad en la que la persona enferma se encuentra, más allá de la pérdida de la salud física en la que está, a la par va llevando una pérdida del propio existir psíquico, pues al postularse como victima, lejos de “ganar” va disminuyendo su existencia; podría pensarse que una persona autoinmune por las restricciones médicas que tiene según la enfermedad, (por ejemplo, la diabetes la evitación de comer azúcar, el lupus la evitación al sol y comer alfalfa, etc.) la hacen acreedora de la atención y cuidados de quienes le rodean, y puede serlo, porque se ha convertido en “el enfermo”, siendo ese calificativo la prioridad, a quien se le tiene que prever y proveer, dejando a un lado, sino es que aniquilando todo lo que era o lo que podría llegar a ser (personal, profesional y laboralmente).
En todas sus manifestaciones de la enfermedad, esas partes del cuerpo en las que el síntoma se hace presente, no son ajenas a la historia, a los acontecimientos vitales y a la manera como estos dejan huellas en el cuerpo físico, pero sobretodo en la estructura psíquica. Hay un antes y un después en la persona al ser diagnosticada, porque con el diagnostico ya hay un nombre, “algo” a lo que se señalará, y mientras esto no ocurre sólo son especulaciones, con lo que va surgiendo la angustia.
 
Freud menciona “… lo que provoca angustia sería justamente lo ominoso, resultando indiferente que en su origen fuera a su vez algo angustioso o tuviese como portador algún otro afecto”.
Si se considera a las enfermedades autoinmunes como ominosas es cuestión personal, aunque en términos generales y por la concepción que éstas tienen dudo que puedan ser concebidas contrariamente, aunque la condición de enfermedad conlleva a la vez la manifestación de algo que ya estaba y que había permanecido oculto, la incógnita es qué hizo que saliera a la luz con una autoinmunidad.
 
Existe “algo” que necesita salir, algunas investigaciones relacionan este tipo de enfermedades con la alexitimia, la cual es considerada literalmente, como la dificultad de verbalizar afectos. Este concepto fue introducido para explicar estudios realizados en pacientes con enfermedades somáticas (Sivak, 2006).
Sabemos que nosotros expresamos lo que sentimos a través del cuerpo, nos ruborizamos frente a la vergüenza o se acelera nuestro ritmo cardíaco frente al peligro. Esta evidencia no es más que la expresión de las emociones. Incluimos al afecto dentro de las mismas. Es decir, “los afectos y sentimientos corresponden a procesos de descarga cuyas exteriorizaciones últimas se perciben como sensaciones”. (Freud, 1915).
 
El dolor físico y emocional están presentes en las enfermedades de éste tipo, el primero por la parte corporal, al alterarse la homeostasis de la salud experimentando cambios desconocidos en el cuerpo, los tratamientos que pueden ser muy sufridos; y el segundo, por cómo repercute esa transición a la enfermedad, porque la persona tiene que hacer cambios, asimilar, sino es que aprender a vivir con la enfermedad que literal padece, por sólo mencionar a la persona enferma, porque las personas que acompañan en estos procesos juegan un papel fundamental.
 
Hasta ahora sólo se ha hablado de la implicación de la autoinmunidad en quién es diagnosticada, pero, ¿Qué hay con el psicoanalista ante un caso de éste tipo?, Aisenstein (2014), se interroga sobre la “necesidad de cura”… “si la vida está en juego, implica al mismo tiempo, la renuncia a la omnipotencia que obra en cada uno de nosotros, es decir, la esperanza de que el análisis por sí sólo pueda “disolver” un fibroma o un tumor”. He aquí donde considero la importancia de un tratamiento integral en el que se incluya un análisis, con la implicación que tiene para la persona enferma y para el analista.
 
De todas las enfermedades autoinmunes que existen, el Lupus Eritematoso Sistémico o Generalizado, es considerado una de las enfermedades representativas de éste grupo, por toda la implicación que conlleva la enfermedad. Quiero compartir un apartado que considero muy simbólico para describir de forma general ésta enfermedad, de la cual por cierto cada 10 de mayo se conmemora el día mundial del Lupus: El Lupus Eritematoso es un padecimiento que cautiva a los médicos, los vuelve adeptos, les crea devoción y dedicación de por vida. Es difícil saber a qué se deba esto, tal vez, a que afecta principalmente a mujeres jóvenes, o porque su compleja patogenia constituye un tremendo reto, quizás porque no hay dos pacientes cuya enfermedad sea igual, o bien porque esta pone a prueba nuestra capacidad como internistas o nuestra creatividad como investigadores. Es también una enfermedad llena de símbolos en la que revolotean las mariposas, acechan los lobos, encontramos capas de cebolla, asas de alambre, bandas, patrones moteados, muerte programada.
Dr. Donato Alarcón Segovia, extraído de la página oficial de la Secretaría de Salud.
Así como el Lupus, cada enfermedad tiene su complejidad y simbolismo, no existen personas igualmente enfermas aún con la misma enfermedad diagnosticada, la historia de vida hace única a cada persona.
Conclusiones
La primer conclusión a la que llego, es que éste trabajo es sólo un bosquejo de la relación del psicoanálisis con la autoinmunidad, afortunadamente se sigue estudiando la concordancia cuerpo – psique.
El sistema inmunológico es altamente influenciable por los procesos psíquicos. En la autoinmunidad se juega la aceptación de lo propio.
La importancia de hacer un tratamiento integral en el que se incluya un proceso de análisis para aportar a la mejora de la salud física y a la par de la salud psíquica.
 
Bibliografía

  • Freud, S. (1924). El problema económico del masoquismo. Buenos Aires, Amorrortu. Obras Completas, t.XIX.
  • Freud, S. Lo ominoso. (1924) Buenos Aires, Amorrortu. Obras Completas, t. XVII.
  • Laplanche, Jean & Pontalis, Jean-Bertrand (1981): Diccionario de Psicoanálisis. Editorial Labor, Barcelona, España.
  • Chiozza, L. (2008). Afectos y afecciones 3: los afectos ocultos en la enfermedad del cuerpo – 1a ed. – Buenos Aires: Libros del Zorzal. Disponible en: http://www.funchiozza.com

 

  • Chiozza, L. (2008). Afectos y afecciones 4: los afectos ocultos en la enfermedad del cuerpo – 1a ed. – Buenos Aires: Libros del Zorzal. Disponible en: http://www.funchiozza.com
  • http://www.aarda.org/autoimmune-information/list-of-diseases/
  • http://www.epidemiologia.salud.gob.mx
  • Sivak, R. (2006). Alexitimia y dificultad para verbalizar afectos. Editorial: Paidos. Buenos Aires.
  • Zapata, M. (s/f). El psicoanálisis y las enfermedades autoinmunes. Disponible en http://148.206.107.15/biblioteca_digital/capitulos/24-626vpu.pdf

 
Imagen: freeimages.com / Brian Hoskins
 
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