Algunos planteamientos teóricos y técnicos sobre la terapia psicoanalítica de pareja
Autor: Luz María Huerta

“…Paradoja de la relación de pareja: la implicación íntima con otros es una precondición para desarrollar la capacidad de estar solo; la capacidad de estar solo es una precondición para desarrollar la capacidad de intimar con los demás” (Clulow, 2003).

A lo largo del entrenamiento para ser psicoanalista y durante el tiempo de práctica en el consultorio me he encontrado con un aumento en la demanda de terapia de pareja; sin embargo, recordando las primeras sugerencias de mis supervisores y maestros, normalmente solía referir a los pacientes a una terapia individual, abordando el problema de pareja desde esta perspectiva e incluso, llegué a referirlos con otros colegas por no sentirme totalmente capacitada para realizar este tipo de trabajo.
De esta manera surge mi interés por investigar y ahondar un poco más en la terapia de pareja, haciendo un intento por acercarme a este tema que parece que en muchas ocasiones rechazamos dentro de la práctica. El por qué, aún no lo sé, pero una de mis hipótesis es por lo conflictivo y demandante que puede ser el abordar, conocer y profundizar en  el inconsciente de dos personas al mismo tiempo.
Es también relevante enfatizar que en la terapia individual muchas veces se manifiestan, de manera consciente o inconsciente, los conflictos con la pareja o familia; por lo que muchos analistas plantean que desde este punto somos también terapeutas de pareja y familiares. Sin embargo, la terapia de pareja también posee algunas características singulares que serán las abordadas en el presente trabajo.
La singularidad de la terapia de pareja surge con mayor claridad cuando se aplica en un campo inaccesible a la terapia individual. La intimidad e intensidad del vínculo conyugal en algunas ocasiones retarda la acción terapéutica de un análisis individual, y otras lo impide. La terapia de pareja pone de relieve el vínculo destructivo y facilita los cambios constructivos en presencia de ambos cónyuges (Martin, Peter. 2006).
Toda relación de pareja implica un contrato consciente e inconsciente, acordado antes de formalizar la unión y mantenido por ambos cónyuges en el curso de su vida marital, si esta es equilibrada. Cuando uno de ellos no quiere o no puede cumplir el convenio original, o cuando no se ha propuesto cumplirlo y se aboca a la tarea de querer modificar a su pareja, sobreviene el conflicto, regresión o síntomas en el cónyuge dependiente.
De esta forma, los mecanismos intrapsíquicos determinan la forma de relación interpersonal y esta, a su vez, puede reforzar y perpetuar los fenómenos intrapsíquicos, o bien modificarlos como resultado de una nueva experiencia propia. A veces, el enfoque más relevante es intrapsíquico y otras veces es interpersonal, pero ambos son esenciales y complementarios, y ninguno debe prevalecer sobre el otro.
Así pues, la terapia de pareja no es un simple reordenamiento, superficial y a corto plazo, del conflicto interpersonal existente entre cónyuges relativamente sanos. En ella participan diferentes procesos, dinámicas y estructuras que, de ser aplicadas favorablemente, permitirán una involucración intensiva y extensiva en el cambio, el crecimiento y el desarrollo de la pareja.
La terapia debe ser tan profunda como lo exija la gravedad de los problemas que se enfrentan, la cual tendrá como único límite las resistencias de los pacientes y la propia formación, versatilidad y capacidad del terapeuta que la practica (Martin, 2006). El terapeuta de pareja es aquel que va a favorecer un cambio constructivo en la dinámica de pareja e incluso a nivel intrapsíquico, debido a que la dinámica externa e interna de los integrantes de la pareja, aparece como patrológica. Con mucha frecuencia en el conflicto conyugal se “enganchan” y conjugan las complejas proyecciones mutuas, de restos de núcleos patológicos importantes, en cada uno de los cónyuges o miembros de la pareja, las cuales están a la espera de una posible disolución y simbolización (Remus, 1996).
La terapia psicoanalítica de pareja se dirige de manera preferencial a los que, al vivir su relación marital durablemente, se enfrentan a su evolución, es decir al cambio. El estado de crisis dificulta el diálogo, reduciendo considerablemente la función de lo imaginario y acelerando los mecanismos de proyección, reduciendo la expresión emocional a descargas impulsivas, a veces violentas. Los cónyuges se encuentran decepcionados, afligidos y desorientados, por lo que en este contexto se inscribe la solicitud de una terapia (De Butler, 2012).
DIVERSIDAD EN LOS ENFOQUES
Como es bien sabido, dentro del psicoanálisis encontramos diversas escuelas y propuestas sobre la teoría y la técnica de la terapia; por lo que la terapia de pareja psicoanalíticamente orientada se encuentra permeada por estas mismas diferencias.
Posiblemente, dentro de la terapia de pareja, la escuela inglesa es una de las más reconocidas por el instituto Tavistock Center for Couple Relationships (TCCR), con Susanna Abse, David Hewison, Christopher F. Clulow, etc. Mientras que la escuela francesa podría ser representada principalmente por autores como Didier Anzieu, Paul-Claude Racamier, René Kaes, Alberto Eiguer, André Ruffiot, Jean G. Lemaire, Jean Pierre Caillot. Y la escuela argentina por Enrique Pichon Rivière, José Bleger, Jorge García Badaracco, Isidoro Berenstein, Janine Puget, Ana Packiarz, entre otros.
Así como tampoco se pueden olvidar las aportaciones teorico-técnicas del grupo italiano de Roma, Milán y Nápoles, o del norteamericano de Washington, quienes ayudan a comprender mejor desde el psicoanálisis la dinámica y sufrimiento dentro de una relación de pareja (Pérez, Castillo y Davins, 2009).
Sin duda, las escuelas enfocadas al vínculo, apego y relaciones objetales son las que han abordado este tema con mayor frecuencia proponiendo diversos planteamientos.
Los psicoterapeutas de pareja que se sustentan bajo el marco teórico de las relaciones objetales se subdividen en tres grupos principales:

  • Los británicos. Sustentan su trabajo en Melanie Klein y dan mayor énfasis en la relación con el otro y en los mecanismos inconscientes que favorecen o dificultan el vínculo con el otro. En este sentido, el mecanismo de identificación proyectiva dará mucha luz en el trabajo con las relaciones de pareja, especialmente en dinámicas que involucren el sentimiento de ser rechazado, el ataque, la culpa, la envidia y el distanciamiento emocional. La psicoterapia intentará favorecer el paso a la posición depresiva, donde predominan la priorización de las propias responsabilidades, la gratitud hacia el otro y el deseo de cuidar y reparar.

En conjunto, la escuela británica de relaciones objetales plantea que el principal propósito humano es establecer una relación significativa con los demás, de manera que la experiencia y la personalidad quedan organizadas alrededor de estas relaciones. El amor de pareja se concibe como un vínculo análogo al que se constituye entre el niñ@ y su padre/madre, aunque en este caso la relación sería simétrica y ambos deberían de ser capaces de construir un espacio transicional de cuidado y apoyo (Pérez, Castillo y Davins, 2009).

  • Los norteamericanos. Está representada principalmente por Jacobson, Sandler y Kernberg, quienes dan mayor importancia al Yo en la vida psíquica del individuo y en las relaciones interpersonales. Siegel explica la conflictiva de pareja en términos de “mundo representacional” que se va generando desde la infancia. Son las interacciones vividas en los primeros años de vida las que generan facilidad o dificultad para diferenciar lo interno y lo externo. En la diferenciación self/no self se fundamenta la salud o patología de la pareja.

 
Siegel plantea cuatro niveles de desarrollo en función de esta diferenciación: 1) confusión entre uno mismo y el otro (esquizoide), 2) separación entre uno mismo y el otro pero sin integrar las experiencias (bueno-malo-borderline), 3) disociación basada en idealización-devaluación(narcisista), 4) constancia del self y del objeto, con una imagen más realista de uno mismo y del otro (Spaulding, 1997).
 
Desde este enfoque se plantea la relación de pareja como la ocasión de redefinir y restructurar la identidad del self. La relación de pareja puede ser una oportunidad de revisar los modelos internos de trabajo o puede contribuir negativamente a perpetuar los fenómenos de discontinuidad y disociación del self, y la necesidad de externalizar dichos conflictos internos no elaborados (Pérez, Castillo y Davins, 2009).
 

  • Mahlerianos. El concepto de simbiosis es fundamental dentro de estos teóricos, siendo el proceso de separación-individuación el desarrollo normal que sobreviene después de la situación simbiótica inicial que experimenta el bebé. Este proceso también dará una guía para los terapeutas de pareja, debido a que formula algunas bases para la formación posterior de relaciones interpersonales, sobre todo en procesos de separación, en conductas dependientes, etc.

 
Por su parte, la teoría del apego tiene fundamentos psicoanalíticos que ayudan a entender el desarrollo y la cultura humana tomando en cuenta procesos inconscientes, mecanismos de defensa, la formación de un mundo interno de relaciones de objeto y la influencia mutua entre todo ello y el ambiente en el que se desarrolla el individuo. El apego, la sexualidad y la capacidad para apoyar al otro serán los tres sistemas conductuales determinantes para la formación de una relación de pareja.
El apego se conforma a partir de las experiencias que cada persona ha vivido en su familia de origen, especialmente a partir del grado de sensibilidad de las figuras de apego a las necesidades afectivas del pequeño. Cada tipo de apego aporta un tipo de expectativas, creencias y objetivos con respecto a la relación con los otros (Castillo y Medina, 2007).
Hazan y Shaver fueron los primeros en conceptualizar la relación de pareja adulta como una relación de apego. Los distintos tipos de apego que ellos plantean responden a la siguiente pregunta, “¿puedo contar con que mi pareja estará ahí si la necesito?”. Una respuesta afirmativa correspondería al apego seguro (hay confianza en el otro, una relación flexible de cooperación y comunicación). La respuesta “quizá”, sería propia de un apego ambivalente (mantiene una actitud vigilante, miedo a perder al otro, necesita reasegurar contantemente la relación por medio de la adhesión o la ira). Finalmente, la respuesta negativa correspondería a un apego evitativo (desconfían, evitan la proximidad y niegan la necesidad de vincularse).
Las dimensiones de ansiedad y evitación dan lugar a otra tipología de apego adulto: apego seguro (baja ansiedad y baja evitación), apego preocupado (alta ansiedad, baja evitación), apego temeroso (alta ansiedad, alta evitación), distante evitativo (baja ansiedad, alta evitación).
La conducta de apego se activa ante la percepción de amenaza, la cual es producto de procesos intersubjetivos y subjetivos, individuales y propios del tipo de relación de pareja que se ha establecido (Pérez, Castillo y Davins, 2009).
En la teoría del apego, el conflicto dentro de la relación de pareja se plantea desde el momento en que falla la necesidad de un vínculo seguro, generando ansiedad y depresión. Por ello, la capacidad para regular el afecto dentro de las relaciones con los demás, es de vital importancia dentro de este enfoque.
Asimismo, la teoría de la colusión fundada por Dicks y desarrollada por Willi y otros autores, ha sido una base fundamental para el desarrollo de la terapia psicoanalítica con parejas.
Colusión significa, “el juego conjunto no confesado, oculto recíprocamente, de dos o más compañeros a causa de un conflicto fundamental similar no superado” (Willi,1978. En Pérez, Castillo y Davins, 2009).
Este conflicto fundamental no superado actúa en distintos papeles, lo que permite tener la impresión de que uno de los miembros es el contrario del otro, aunque los dos sean la cara opuesta del mismo conflicto. La conexión en dicho conflicto favorece los intentos de curación individual, progresiva en uno y regresiva en el otro miembro de la pareja. Este comportamiento favorece la atracción y aferramiento diádico de los cónyuges, esperando que el otro sea quien lo libere de su propio conflicto. En una larga simbiosis fracasa este intento colusivo de curación individual.
De esta forma, ambos miembros de la pareja comparten el mismo conflicto básico, un inconsciente común, que deriva de sus propias historias personales, y que en la relación encuentran un objeto que les permite expresar la conflictiva y ambos realizan intentos inconscientes por llevar al otro a actuar una parte de ese conflicto.
En este sentido, el terapeuta de pareja debe mostrar a los involucrados cómo ambos se encuentran coludidos en el mantenimiento de una determinada sintomatología, pero también, cómo a partir de los conflictos de la infancia irresueltos, realizan esfuerzos por deshacer dicha problemática proyectándola en el otro, con lo cual, de manera inconsciente, pretenden mantenerla intacta (Sánchez, 1995).
“PERSONALIDAD” DE LA PAREJA.
Cada miembro de la pareja contribuye a generar una relación que tendrá una personalidad propia. Desde este punto de vista, el tipo y la intensidad de los mecanismos de defensa que ejecute la pareja serán definitorios de su funcionamiento normal o patológico.
La disociación es un mecanismo de defensa fundamental para poder explorar el nivel de funcionamiento de la pareja. Con este mecanismo se puede observar el proceso de idealización y devaluación dentro de la pareja. La disociación es un mecanismo asociado especialmente a las experiencias traumáticas infantiles y a la falta de regulación de las emociones. Así, algunas personas perciben y procesan con especial sensibilidad aspectos de amenaza o humillación en las relaciones interpersonales basándose en expresiones corporales, tonos de voz, etc. Esta especial sensibilidad puede conducir a una relación de pareja inestable.
Si predomina la identificación proyectiva dentro de la dinámica conyugal, también se generan importantes conflictos en la relación y en la capacidad para intimar. Con este mecanismo de defensa cada miembro de la pareja proyecta en el otro una parte de sí mismo que le genera ansiedad, generando que el otro actúe esta parte y se compruebe la certeza de lo proyectado. Este mecanismo puede favorecer la continuidad del conflicto dentro de la pareja y crear una sensación de falta de diferenciación entre la pareja (Pérez, Castillo y Davins, 2009).
Por su parte, Martin (2006) propone cuatro esquemas psicológicos en las relaciones de pareja, basándose en los valores matrimoniales y funcionamiento de la pareja:

  1. Mujer enamorada – Hombre frío. En este esquema se plantea a una mujer “histérica” y a un hombre “obsesivo”, en donde la mujer parece plantear diversas situaciones en las que el hombre no hizo “lo que debería” haber hecho, y ella lo percibe como una incapacidad de amar. Normalmente ellas son quienes manifiestan cierto grado de dependencia, mientras que ellos se muestran más independientes y avocados al trabajo o responsabilidades. La dificultad en la relación reside en la incapacidad de desarrollar y conjugar pautas de intimidad viables.
  2. El hombre en busca de una madre. En este esquema se plantea la posibilidad de un marido pasivo dependiente y una mujer dominante. Aquí, el hombre se aterroriza al verse en situaciones de independencia y se vuelve hacia una mujer fuerte y protectora, como una madre.
  3. El matrimonio de dos parásitos. Esta pareja se conforma por dos personas pasivo dependientes, las cuales se aferran al otro para poder funcionar. En estos matrimonios cada cónyuge espera que el otro sea capaz de resolver los problemas, pero ninguno es capaz de satisfacer esa necesidad.
  4. El matrimonio paranoide. En este tipo de relación de pareja se puede observar una folie a deux, en donde los miembros de la pareja protegen ciertas ideas o ideologías sobre las cuales sustentan su relación de pareja. Esto implica el sacrificio de la individualidad de cada miembro, pues es la única forma en la que subsiste dicho matrimonio. Sin embargo, la dinámica suele ser agresiva y en ocasiones delirante, especialmente por alguno de los cónyuges.

PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA DE PAREJA
      OBJETIVOS
En cualquier tratamiento con enfoque psicoanalítico el principal objetivo es poder hacer consciente lo inconsciente y favorecer el autoconocimiento e insight de las personas, obteniendo como resultado un mejoramiento del funcionamiento intrapsíquico y en las relaciones interpersonales del paciente que le ayude a disminuir el sufrimiento emocional.
De esta forma, en la terapia de pareja el trabajo se centrará en la contribución de cada miembro, y en la dinámica de la relación entre ambos, enfatizando una y otra vez la distinción entre la realidad externa y la visión inconsciente que cada miembro tiene sobre esta realidad (Pérez, Castillo y Davins, 2009). Es decir, el terapeuta debe poder ayudar a los cónyuges a ver su problemática desde una nueva perspectiva, favoreciendo la empatía y el vínculo para que ambos sean capaces de poder modificar la dinámica inconsciente que se ha generado (López, 2010).
Para Scharff y Scharff (2008), los objetivos fundamentales serían:

  • Reconocer y elaborar las identificaciones proyectivas e introyectivas mutuas de la pareja.
  • Mejorar la capacidad de la pareja para proporcionarse mutuamente apego y autonomía, favoreciendo el progreso individual y conjunto.
  • Recuperar la capacidad de comunicación inconsciente que favorezca la intimidad, empatía y sexualidad.
  • Promover individuación y diferenciación.
  • Facilitar que la pareja recobre la confianza en las posibilidades de crecimiento.

De esta manera, salvar la relación de pareja no es el principal objetivo de la terapia, ya que también se debe favorecer el entendimiento y observación de conflictos irresolubles que llevarían a una separación inminente. En este caso, el objetivo de la terapia también podría estar enfocado hacia un proceso de separación satisfactorio para ambos.
ENTREVISTA Y ENCUADRE
Al igual que en la entrevista individual, la entrevista de pareja inicia desde la llamada telefónica que solicita una cita. En este momento es importante saber quién es el que habla, quién los refirió y quién buscó al terapeuta, pues esto nos dará algunas pautas sobre el tipo de relación de pareja al cual nos enfrentaremos.
Generalmente, al inicio de la terapia de pareja se realizan diversas entrevistas con cada uno de los cónyuges, además de la o las entrevistas con ambos cónyuges, con la finalidad de darles un espacio propio y comprobar o rechazar la apariencia que da cada uno frente a la pareja (Rossi, 2004).
Dentro de la primera entrevista se debe indagar desde quién hizo la llamada y bajo qué circunstancias, hasta si alguno de los miembros de la pareja no deseaba asistir. Mientras que en ese primer contacto, el terapeuta también deberá observar: 1) diferencia de edad, 2)su apariencia y similitud física, 3)si los gustos son similares, 4) en qué lugar se sientan, 5)quién inicia la conversación, 6) quién está más resistente, 7)la postura, tono de voz y actitud que adoptan durante la entrevista. Todo esto, debe observarse de una manera contextualizada a la situación socioeconómica, educativa y de edad de la pareja (López, 2010).
Es importante dar tiempo a cada uno de los cónyuges para poder expresarse e involucrar al otro en su percepción sobre la situación. De esta manera, también el terapeuta debe mostrarse neutral ante el conflicto (Martin, 2006).
Asimismo, el terapeuta deberá recabar información sobre el inicio y desarrollo de la relación de pareja, incluyendo la relación de noviazgo, decisiones importantes y el conflicto actual, para así poder ir recabando también información psicodinámica sobre la relación.
Es importante elaborar una breve historia clínica de cada uno de los cónyuges, con la finalidad de conocer los motivos de su elección de pareja y así poder relacionar el material inconsciente personal con su forma de establecer relaciones.
Otro punto importante a investigar dentro de las entrevistas, es el motivo de consulta y las expectativas que se tienen sobre la terapia, confrontarlas y ver si hay diferencias en ambos cónyuges sobre estos temas.
Al término de las entrevistas el terapeuta deberá establecer las pautas sobre las cuales se va a guiar el tratamiento. En algunas ocasiones, se propone que los miembros de la pareja acudan simultáneamente a una terapia individual que favorezca la resolución de los propios conflictos inconscientes que atacan el vínculo con la pareja; de esta manera, el tratamiento tendrá un avance más significativo, sea cual sea el resultado final, la continuidad o disolución de la pareja.
Dentro de la psicoterapia de pareja también debe establecerse un contrato terapéutico, en el cual se planteen las obligaciones de cada uno, el horario, frecuencia, los honorarios y la duración de las sesiones (López, 2010).
La escucha psicoanalítica de una pareja en crisis requiere un marco terapéutico establecido con prudencia y firmeza. Se establece después de algunas entrevistas preliminares entre pacientes y terapeuta, favoreciendo la creación de un grupo-espacio que se convertirá en el lugar de depósito y transformación de los elementos conscientes e inconscientes que invaden la relación marital y paralizan su crecimiento. El terapeuta es el guardián del marco y garantiza la función continente, independientemente de cuan intensos sean los ataques, las proyecciones y las angustias múltiples que se depositan en él (De Butler, 2012).
ALGUNOS ASPECTOS TÉCNICOS.
Desde la perspectiva psicoanalítica, los elementos fundamentales para abordar en una terapia son: la escucha, tomar en cuenta los elementos inconscientes, favorecer el insight, interpretar y tener presentes la transferencia y contratransferencia.
Así pues, el terapeuta debe mantener una actitud de interés, respeto y reflexión sobre cada uno de los miembros que conforman a la pareja y sobre su forma de relación. Esta actitud puede ser un primer modelo de relación que la pareja pueda internalizar, para disminuir sentimientos de culpabilidad, actuaciones e identificaciones proyectivas que solo sirven para potencializar el conflicto.
Asimismo, la terapia debe favorecer un ambiente seguro en donde cada cónyuge pueda explorar y comunicar sus diferentes modos de apego que se activan dentro de su relación de pareja; esto con la finalidad de poder identificar comunicaciones verbales y no verbales asociadas a las emociones propias y del otro (Pérez, Castillo y Davins, 2009).
Un aspecto específico del tratamiento psicoanalítico de pareja sería el promover la observación de las dinámicas de transferencia que se generan entre cada miembro de la pareja y el terapeuta. Así, un miembro de la pareja observa la exploración y elaboración que el otro realiza de sus fantasías y procesos transferenciales con el terapeuta, cómo se hace cargo de sus propios conflictos en lugar de disociarlos, negarlos o proyectarlos en la pareja. Esto será un modelo esencial que favorezca la auto-reflexión sobre procesos inconscientes, de tal forma que esta función se internalice y pueda ayudar a la pareja a generar un nuevo tipo de relación (Spauldin, 1997). También otros terapeutas de pareja, mencionan que debe interpretarse la transferencia de la pareja conjunta, mas no la de cada uno de los cónyuges hacia el terapeuta, pues se corre el riesgo de excluir a alguno de los cónyuges (Pérez, Castillo y Davins, 2009).
Asimismo, la contratransferencia ocupa un lugar importante dentro de la terapia de pareja. Las reacciones emocionales del terapeuta permiten un acercamiento y comprensión más clara de los procesos vinculares que ha establecido la pareja, así como la relación que ésta ha desarrollado con el terapeuta. El terapeuta adopta una actitud de escucha no directiva, abierta e imparcial, para poder explorar sentimientos, sueños y fantasías profundas.
El trabajo del terapeuta de pareja se concretaría en tres aspectos fundamentales:
1) Actitud de disponibilidad y atención. Debe favorecerse un ambiente de confianza, neutral, tolerante y con disponibilidad y atención del terapeuta, lo cual generará una nueva posibilidad y espacio para poder restructurar la forma de relación entre los miembros de la pareja.
2) Silencio. El terapeuta debe tener la capacidad para guardar silencio al inicio y durante la sesión, con el objetivo de poder recabar información sobre la espontaneidad de la pareja, y el lugar que ocupa cada uno. Ante el silencio, también se puede observar la dinámica de transferencia y contratransferencia que la pareja ha desarrollado con el analista.
3) Intervenciones verbales. Con este tipo de intervención, el analista estimula la capacidad de la pareja para observar de forma diferente su conducta y fomentar una nueva comprensión de su mundo interno. Las tres intervenciones principales son la confrontación, la clarificación y la interpretación.
En la terapia de pareja se intenta interpretar el “aquí y ahora” de lo que está ocurriendo durante la sesión, siendo las interpretaciones más frecuentes las de carácter extratransferencial. Estas son interpretaciones que se expresan y ponen de manifiesto en la vida cotidiana de la pareja y que fuera de la sesión impregnan cualquier acontecimiento y relación.
Lo más aconsejable técnicamente, es que tras cada interpretación extratransferencial, el terapeuta intente interpretar y buscar los motivos y fantasías inconscientes que han llevado a la pareja a traer a la sesión determinados hechos y situaciones, procediendo a la interpretación propiamente transferencial (Pérez, Castillo y Davins, 2009).
La terapia psicoanalítica de pareja se suspende por diversos motivos, puede ser que alguno de los cónyuges ya no quiere asistir a terapia o que simplemente ellos hayan observado que requieren una terapia individual en ese momento. También puede detenerse cuando la propia pareja, al sentirse capaz de regular por ella misma sus conflictos, está en posición de decidir, tal como le parezca, el futuro del vínculo (De Butler, 2012).
ALGUNAS DIFICULTADES.
Una de las dificultades del tratamiento de parejas consiste en la imposibilidad de hallar criterios absolutos que delimiten con claridad diferentes categorías de casos; el grado de profundidad de las interpretaciones, la conveniencia o no de continuar formulándolas y, en consecuencia, la duración de la terapia. La decisión de seguir o limitar el tratamiento, debe tomarse en la evaluación de las ventajas o desventajas que tendría el profundizar en las interpretaciones.
Otra dificultad más es el manejo de la contratransferencia. La forma en la que se manifiesta es clara para los terapeutas que se han enfrentado a ella, y consiste en una fatiga extrema. Esto se debe a que se multiplican los planos sobre los cuales el analista tiene que plantear sus hipótesis, así como el manejo e intensidad de la transferencia y contratransferencia.
CONCLUSIONES
Actualmente, diversos enfoques que abordan la terapia de pareja desde el psicoanálisis. Sin embargo, las que mayormente han aportado claridad y estructura en el abordaje técnico y en la teoría, son las escuelas de relaciones objetales y la teoría del apego.
Ambas escuelas formulan teorías que explican la configuración de el tipo de relación de pareja que se establece, especificando los procesos internos e infantiles que favorecen la creación y mantenimiento de cierto tipo de relaciones de pareja.
De la misma manera, se plantea que el matrimonio no es una entidad estática, en la que el individuo puede continuar su crecimiento y desarrollo dentro de la experiencia íntima con el cónyuge, por lo cual uno de los factores importantes a trabajar, será la capacidad de cambio dentro de la pareja.
Así, el terapeuta de pareja con orientación psicoanalítica interpreta la dinámica relacional que se establece en la pareja. La clarificación sobre los mecanismos de defensa que utiliza la pareja será un elemento básico. De esta forma, el terapeuta ayudará a la pareja a darse cuenta de aspectos  propios de la disociación, por los cuales todo lo bueno recae en un miembro de la pareja y todo lo malo en el otro; el terapeuta ayuda a entender como la comunicación y el vínculo se ven afectados por esta dinámica disociativa. Otro papel fundamental del terapeuta será  ayudar a contener los intensos sentimientos que se generan, así como las conexiones existentes entre el conflicto actual y las relaciones infantiles con los padres.
La terapia de pareja propone un continente a los sentimientos de fracaso, agresión y destrucción del vínculo, para apoyar a la pareja a restructurar su forma de relación favoreciendo el apoyo mutuo y el reconocimiento de las capacidades del otro, y sumando la individuación de cada miembro de la pareja conyugal.
 
Bibliografía

  • De Butler, Annie (2012). http://www.aipcf.net/. Buenos Aires, Argentina
  • López, Eleonor (2010). “Entrevista de pareja”. En el libro Entrevista, Historia Clínica, Patología Frecuente. Editores de textos mexicanos: México, DF.
  • Martin, P. (2006). Manual de Terapia de Pareja. Amorrortu: Buenos Aires.
  • C. Perez Testor, J.A. Castillo y M. Davins (2009). Psicoterapia psicoanalítica de pareja. En Apuntes de Psicología, 2009, Vol. 27. Barcelona.
  • Remus, José (1996). Dos modelos de psicoterapia psicoanalítica de pareja. En Cuadernos de psicoanálisis XXIX: 1 y 2. México, DF.
  • Rossi, L. (2004). Letras sueltas, códigos encontrados. En Códigos del Amor. Editores de textos mexicanos: México.
  • Sánchez, Jorge (1995). El enodiamiento y la violencia en el vínculo de pareja. Nuevos aportes de la teoría de la colusión. En Imagen psicoanalítica. Num. 6. Año 4. México, DF.
  • Spaulding, E.C. (1997). Three object relations models of couple treatment. En Clinical Social Work Journal. 25 (2).
Imagen: Morguefile/Kakisky

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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