43Por: Lorena Polo
Según el oficio del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (2009), la Desaparición Forzada de personas se produce siempre que se “arreste, detenga, prive de su libertad ó se traslade contra la voluntad a una persona, por agentes gubernamentales de cualquier sector o nivel, por grupos organizados, o por particulares que actúen en nombre del gobierno, con su apoyo directo o indirecto, su autorización o su asentimiento, y que luego se nieguen a revelar su suerte, su paradero ó a reconocer que esta privada de su libertad, sustrayéndola así a la protección de la ley”
En Mayo de 2014 la Coordinación de la Campaña Nacional contra la Desaparición Forzada presentó un informe que aborda el contexto actual del delito en México.
El informe reconoce que el sexenio de Felipe Calderón dejo un saldo de aproximadamente 26 mil personas desaparecidas, sin embargo no hay datos oficiales ni confiables.
Para lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) registro 938 denuncias de violaciones a Derechos Humanos por parte de las fuerzas armadas. Aunque reconoció que aún se encontraban 24,800 personas sin localizar(2014).
Aunque la cifra de personas no localizadas es alta, no se puede afirmar que esas son producto de desapariciones forzadas. Por ende es importante que podamos distinguir entre las figuras secuestro, levantón, y desaparición forzada.
 

  1. El secuestro es el acto a través del cual un individuo o un grupo privan de manera ilegal a otro de su libertad, generalmente durante un tiempo determinado y hasta la obtención de un rescate.
  2. El levantón es un acto efectuado por el crimen organizado con la intención de mandar un mensaje a bandas contrarias o a la autoridad, al sustraer a personas privándolas de la vida, siendo decapitándolas o desmembradas, arrojando sus cuerpos a la vía pública.

 
En los casos recientes de Desapariciones forzadas pareciera que aunque hay grupos vulnerables como los migrantes, defensores de derechos humanos, periodistas y activistas sociales, cualquier mexicano esta expuesto a ser victima del delito.
 
El contexto actual, obliga al Psicoanalista a preguntarse sobre la lógica en el proceso de duelo frente a la desaparición forzada de personas, ya que una de las particularidades de este proceso es la no existencia de un cuerpo que dé prueba de realidad y que evidencie al sujeto que su ser amado está muerto.
 
Freud en 1917 define al duelo como un afecto normal, una reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción como la patria, la libertad, un ideal, se caracteriza por la pérdida del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de escoger algún nuevo objeto de amor, así como el angostamiento del Yo.
La Prueba de Realidad se refiere a los mecanismos que utiliza el sujeto para llegar a un juicio, que a su vez le dará la capacidad de distinguir si un estímulo proviene o se origina en el mundo interno o en el mundo externo, en el caso del duelo mostrará al sujeto que el objeto amado ya no existe y reclamará quitar la libido de sus enlaces con ese objeto, por lo tanto el trabajo de duelo es el tiempo en el que el sujeto renuncia al objeto declarándolo perdido y disipando el gasto de energía que requería.
 
Bowlby (1961) expone que la renuncia al objeto es un desenlace común al duelo, aunque esto no ocurre siempre, ya que el duelo abarca una cantidad grande de procesos psicológicos, inclusive aquellos que llevan a una retención del objeto.
 
Pollock (1961) dice que el trabajo del duelo consiste en una descatexis interna de objeto que libera energía para ser utilizada en posteriores actividades de recatexis, este proceso puede detenerse negando la muerte del objeto, o seguir hasta el final, es decir, hasta que el Yo, con la terminación del trabajo de duelo, se libere y desinhiba.
 
Freud evoluciona su opinión a este respecto, ya que en entre 1912 y 1926 insiste en que la misión del trabajo de duelo consiste en retirar las cargas del objeto perdido y dirigirlas hacia otro objeto sustituto, sin embargo en una carta a Binswanger escrita en 1929 expresa textualmente:
Aunque sabemos muy bien que después de una pérdida así termina pasando el estado agudo del duelo, no por eso se nos escapa el hecho de que jamás encontraremos consuelo ni seremos capaces de hallar un sustituto. Si logramos llenar ese vacío por completo, siempre tendrá que ser con alguna otra cosa. Y en verdad que es justo que no suceda de esa manera, pues es la única forma de no perturbar el amor al que nos negamos a renunciar”
 
Roudinesco (2003) señala que la realización del trabajo de duelo es difícil, en consecuencia algunas personas lo intentan atrasar, aferrándose a la ilusión de que la persona perdida aún vive y postergando con ello el necesario trabajo del duelo. La ilusión de que la persona perdida sigue viviendo y la identificación con la misma se hallan íntimamente relacionadas, pudiéndose notar que la persona en duelo comienza a parecerse a la persona que motiva el duelo.
 
Avelino González (1962) concluye que el retirar por completo la catexia de un objeto, supondría el olvido absoluto del mismo, pues no se concibe ningún recuerdo sin energía catéctica que cargue la huella mnémica. Por otra parte es dudoso que el olvido total de un objeto importante deba considerarse como normal. Pero puede objetarse que en realidad no se está hablando de una retirada completa de las catexias de objeto, sino más bien de una sustitución de la mayoría de dicha carga, lo cual dejaría suficiente cantidad para mantener vivo el recuerdo.
 
En el caso de las desapariciones forzadas de personas pareciera que el duelo se encuentra psíquicamente suspendido, ya que carece de pruebas que confronten al sujeto con la perdida real, a diferencia de quien enfrenta con certeza la muerte del otro, reafirmada por la existencia de un cadáver y de un ritual funerario. El doliente de un desaparecido se enfrenta con el vacío de no saber lo que sucedió y esto le genera la necesidad de buscar respuestas que lo llevan a la constante búsqueda.
 
En la desaparición forzada no hay información de lo sucedido, no hay culpables, ni arrestos, a veces no hay posibles sospechosos a quienes dirigir el enojo ocasionado por la posible pérdida, se genera la sensación de ocultamiento, no existe un nombre, un cuerpo, no hay rastros, no esta muerto, no esta vivo, no hay desaparición.
 
Freud hace una distinción entre las respuestas de angustia, dolor y duelo. Propone que la angustia se genera ante el peligro de perder el objeto amado y el dolor se afianza en la sensación de una pérdida consumada, por otra parte el duelo es un proceso que el aparato psíquico realiza para tramitar lo insoportable de la pérdida.
 
Frente a la desaparición forzada se mezclan inicialmente las respuestas de angustia y dolor. El no poder discernir entre lo temporal y lo definitivo de la pérdida, abre al sujeto las vías para los dos tipos de reacciones. Sin embargo la pérdida del objeto es cada vez más una condición de dolor por la imposibilidad de satisfacer la carga de anhelo que se dirige al objeto perdido.
El tiempo de desaparición le va señalando al sujeto como definitiva la pérdida del objeto y el dolor se puede afianzar como única forma de resguardar el vínculo con un ser que ya no está en la realidad objetiva pero que se sostiene en la realidad psíquica.
 
Pedro, un hombre que busca a su hija desaparecida desde 2012 relata la desesperación y angustia que ha vivido desde entonces al no tener noticias por parte de las autoridades sobre el paradero de su hija, aunque está seguro que sigue viva. Comenta que su hija laboraba como comisionada en una célula de Fuerza Anti Secuestro (FAS) en un estado al norte del país. En Marzo de 2012, Pedro recibió una llamada de un agente de FAS notificando que su hija junto con sus seis compañeros estaban desaparecidos. La investigación rebeló que la célula probablemente había sido víctima de un grupo del crimen organizado, aunque había sospechas de colusión de la policía municipal, sin embargo la investigación no prospero más.
Al no tener solución por parte de las autoridades, Pedro ha buscado a diferentes “brujos” que le revelen dónde está su hija, acusa a varios de estos de “charlatanes” y dice sentir un profundo enojo con los mismos ya que no entiende por qué lo engañan, dice que ya no “aguanta el dolor” y siente que en cualquier momento se puede volver “loco”. Así mismo asegura que su hija está viva porque no puede ser de otra manera, dice que no la va a dejar de buscar hasta encontrarla.
 
Pareciera que a Pedro el entorno del dolor le permite evitar el encuentro con una posible verdad, la muerte de su hija, la cual queda ubicada psíquicamente como desaparecida, es decir susceptible de volver a aparecer. Por lo tanto un posible destino de duelo frente a la desaparición es la negación de la pérdida como forma de protección ante una realidad insoportable.
 
Otro posible destino es la extrema Idealización del objeto perdido. Para Klein (1940) la idealización es una parte fundamental de la posición maniaco-depresiva, ligada a la negación y a la ambivalencia. En la idealización los aspectos buenos son exagerados para mantenerse a salvo de los perseguidores. El objeto idealizado satisface el deseo de voracidad hacia una gratificación ilimitada, inmediata y siempre duradera.
La función de este objeto idealizado es defender al Yo de la angustia de persecución por parte del objeto malo externo y de la angustia depresiva de pérdida o destrucción del objeto bueno.
Entonces el objeto desaparecido idealizado cumple dos funciones: primeramente defender al Yo de los ataques del objeto perseguidor; y segunda, le permite sobreponerse a la frustración y a la angustia depresiva. El Yo combate la pérdida del objeto desaparecido por el sentimiento de tener dentro de él un objeto idealmente gratificador.
 
Por otro lado, encontré en la identificación otro destino. La identificación es definida por Freud (1921) como “la forma primera y la más originaria del lazo afectivo”. En términos generales este lazo permitirá los procesos de integración de los objetos. La frase “Todos somos 43” plasma la experiencia con el “semejante”, la identificación con el otro, hallando algo del otro en nosotros mismos.
El problema surge cuando la identificación es primaria de tipo narcisista y el objeto desaparecido se vive inconscientemente como perseguidor, es decir el sujeto es el objeto del castigo y al mismo tiempo es el que castiga por medio de autoreproches. Entonces la relación con el objeto desaparecido se encuentra escindida entre la relación real y la fantaseada.
 
En la búsqueda maniaca de objetos sustitutivos podemos visualizar otro destino del duelo. Es común escuchar de personas que en algún momento vivieron la desaparición forzada de algún familiar y que actualmente se dedican a ayudar a otras personas que están pasando por la misma situación, habiendo abandonado cualquier otra actividad diferente a la que provoco el duelo.
Abraham (1911) insiste en que los individuos deprimidos padecen de una profunda ambivalencia hacia los demás. La búsqueda de amor queda bloqueada por sentimientos de odio, la cual vendrá seguida de una posterior proyección. Entonces la manía es una manifestación de lo que estuvo reprimido en la fase depresiva.
La búsqueda maniaca de objetos sustitutivos se realiza a costa de la negación de la perdida y de un falso sentimiento de reparación del objeto desaparecido.
 
Uno de los problemas del duelo frente a la desaparición forzada es aceptar la pérdida como total y definitiva.
Entonces la elaboración del duelo dependería según Grinberg (1941) de la integración del Yo y de sus objetos, para Klein (1934) de la buena resolución de la posición depresiva y de la internalización del objeto bueno, Abraham señala que el duelo se termina cuando el sujeto logra internalizar el objeto perdido “mi objeto amado no ha desaparecido pues lo llevo dentro de mi y ya nunca podre perderlo”
 
Bibliografía
 

  • Oficio del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, 2009. Recuperado el 09 de mayo de 2015, de ohchr.org/Documents/Publications/FactSheet6Rev3_sp.pdf
  • Abraham, K (1911). Notas sobre la investigación y tratamiento de la locura maniaco-depresiva y condiciones asociadas. Recuperado el 14 de mayo de http://www.um.es/analesps/v06/v06_1/04-06_1.pdf
  • Campaña Nacional contra las Desapariciones Forzadas, 2010-2015. Recuperado el 09 de mayo de 2015 de http://comitecerezo.org/spip.php?rubrique89
  • Informe del Observatorio de Desplazamiento Interno del Consejo Noruego para Refugiados sobre el desplazamiento forzado en México a consecuencia de la violencia de los cárteles de la droga, disponible en http://www.internal- displacement.org/8025708F004BE3B1/(httpInfoFiles)/E65A0D75E1B5E8F8C125781F00318DF2/$file/Mexico_Dec2010_sp.pdf
  • “Quejas y Recomendaciones Notificadas por la Comisión Nacional de Derechos Humanos”. http://www.sedena.gob.mx/images/stories/D.H/2014/graficaquejas.pdf
  • http://www.jornada.unam.mx/2014/05/21/politica/003n1pol
  • S (1917). Duelo y Melancolía. Ballesteros. España
  • Roudinesco, E. (2003). Trabajo de duelo, en Diccionario de psicoanálisis. Paidós, Argentina
  • Gaitán A. & Cobar A. (2011). Obras de Avelino González Fernández. Sociedad Psicoanalítica de México. México
  • M (1940). Notas Sobre algunos mecanismos esquizoides. Paidos. Buenos Aires.

 
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