nexus-1315248Por: Blanca Selene Beltrán
¡ Ay qué prado de pena!
¡Ay qué puerta cerrada a la hermosura, que pido un hijo que sufrir y el aire me ofrece dalias de dormida luna!
Pero tú has de venir, ¡amor!, mi niño, porque el agua da sal, la tierra fruta, y nuestro vientre guarda tiernos hijos
Como la nube lleva dulce lluvia.
(Yerma, García Lorca, 1991).
 
El interés por este tema surgió un día que me encontraba frente al televisor y vi un documental, mientras lo escuchaba atentamente empezaron a surgir en mí algunas preguntas con respecto a esto. Por ejemplo, pensé en ¿qué motivaciones inconscientes acompañan a la mujer que gesta al bebé, la pareja o persona que lo solicita?, ¿Qué pasa con la madre “biológica” cuando entrega al hijo después del parto?, ¿Qué fantasías, sentimientos y deseos inconscientes se despiertan?, ¿Cuáles son las implicaciones psíquicas para el bebé o niño que nace bajo esta técnica de reproducción?, ¿Cuáles son los desafíos a los nos enfrentamos como psicoanalistas ante estos cambios? Pronto me di cuenta que entre más investigaba surgían más y más interrogantes en mi mente, pues intervienen muchos factores a tomar en cuenta, de ahí su complejidad. Ahora trataré de trasmitirles lo que he llegado a comprender en este camino.
En primer lugar abordare el concepto en sí de maternidad subrogada y los diferentes conceptos que han surgido con la implementación de esta técnica, después haré un recorrido histórico para situarnos en los diferentes contextos sociales en los que se ha practicado y poder analizar si es una práctica nueva o no, en tercer lugar mencionaré las motivaciones de los participantes que recurren a la maternidad subrogada y sus diferentes variantes y como punto final algunas consideraciones psicoanalíticas, posibles motivaciones latentes (inconscientes) de los participantes y finalmente daré una conclusión.
Buscando un nombre propio…
Etimológicamente, maternidad proviene de materno, que significa “estado o cualidad de madre”. Por otro lado el vocablo “subrogar” significa sustituir o poner una persona o cosa en lugar de otra (Real Academia Española, 2011). Podríamos hablar de un reemplazo de una persona o un objeto que cumplen una función y que, por algún motivo, son desplazados y suplantados por otros que llevarán a cabo la tarea asignada a los primeros.
La maternidad sustituta, maternidad subrogada o alquiler de útero o vientre son los nombres con los que se denomina habitualmente a la practica en la cual una mujer, previo acuerdo entre partes, se compromete a llevar delante un embarazo y entregar al niño o niña fruto de este proceso, en el momento del nacimiento o a los pocos días a otra persona o pareja, renunciando a sus propios derechos como madre, frecuentemente a cambio de una suma de dinero (Abajo, 2014).
 
Para esta misma autora la maternidad subrogada dio lugar a formas de maternidad compartidas que fueron clasificadas por la doctrina según su intervención de cada una de las mujeres, así se pueden distinguir:
 

  1. Maternidad plena: es la que une la relación biológica (genética y gestativa), con el ejercicio de los derechos y el cumplimiento de los deberes que implica la maternidad.
  2. Maternidad genética: aquella que aporta el material genético, quien tiene lazos de identidad y correspondencia genética por el hecho de brindar el ovulo y así proporcionar el 50% de la información genética del concebido.
  3. Madre gestante: es aquella que porta el embrión donante todo el tiempo que dura la gestación, generando o no en aquellos sentimientos, (emociones y afectos) hacia el ser que crece y se desarrolla en su vientre, quien atraviesa los trastornos del embarazo y da a luz al concebido.
  4. Maternidad legal: la de quien asume frente al hijo los derechos y obligaciones inherentes a la maternidad sin que existan entre ellos vínculos biológicos.

 
La misma autora supone la inserción de otro tipo de maternidad, ésta es del deseo o madre de deseo quien sería aquella tercera interesada, que es totalmente ajena al menor, pero quien tiene el sentimiento, convicción y aspiración de ser madre, por medio de otra.
 
La complejidad de la práctica, el grado de relativa novedad, las implicancias morales, sociales y legales y las controversias que puede generar explican en parte esta dificultad de encontrar un sólo nombre para la misma.
 
Antecedentes Históricos
 
La amplia gama de técnicas utilizadas en la búsqueda de la descendencia, obliga a pensar y analizar en la historia humana el por qué la importancia de la progenie. Desde tiempos remotos la infertilidad fue considerada como base del deshonor y la pérdida del patrimonio familiar, por tanto el hecho de tener descendencia era de vital importancia (Abajo, 2014).
 
Si nos trasladamos por un instante a la Roma Antigua, veríamos que ya existía esta práctica de maternidad sustituta, ya que según las costumbres un hombre cuya mujer era fecunda, podía “prestar o alquilar” temporalmente a su esposa a quien no tenía hijos y se lo pedía. Se trataba de un acuerdo entre hombres y las mujeres no tenían opinión (Heritier, 1992 citado en Alkolombre, 2016). Esta antropóloga describe una costumbre interesante entre los Nuer: allí una mujer estéril pasa a ser considerada un hombre, puede convertirse en padre y atribuirse una descendencia. En este caso, la mujer que no tiene hijos adquiere un rol de género y un status masculino, puede casarse sin mantener relaciones con su esposa, y tener hijos gracias a los servicios de otro hombre que insemine a su mujer y que no tendrá ningún derecho sobre los hijos nacidos.
 
En 1975 en California, Estados Unidos, un periódico publica un anuncio en el cual se solicita una mujer para ser inseminada artificialmente, pedido de una pareja estéril, que por este servicio ofrecía una remuneración.
 
Uno de los casos más resonantes fue el denominado “Baby M” ocurrido en 1985 cuando el matrimonio Stern contrató a una mujer para la gestación de un niño, producto de una inseminación artificial con semen del señor Stern. El contrato plasmaba el compromiso, por parte de la madre portadora, de no crear una relación materno-filial con él bebe. La contraprestación ofrecida era de US$ 10.000.
 
El 27 de marzo de 1986 se produjo el nacimiento de Baby M, pero la madre portadora (además, dueña del óvulo) se negó a entregarla al matrimonio Stern y, el esposo de la madre portadora procedió a reconocer a la niña como hija suya. La madre gestante aducía no poder desprenderse de su hija y, en efecto,  un informe psiquiátrico determinó que el consentimiento otorgado al momento de suscribirse el contrato no había sido dado con pleno conocimiento de la situación y de las consecuencias que de ello derivarían.
 
El juez de New Jersey, que actuó en primera instancia, entregó la custodia de la niña al matrimonio Stern y determinó que el contrato era válido. Esta sentencia fue apelada por la madre portadora y el Tribunal Supremo del estado procedió a la revocación del fallo declarando la nulidad del contrato, aunque, mantuvo la tenencia a favor de los Stern alegando razones en virtud de las cuales estos podían proporcionar un hogar con mejores condiciones socio-económicas para Baby M. Luego de diez años, la Corte reconoció a Mary como madre biológica y se le concedió un derecho de visita.[1]
 
 
¿Y en México?….
 
En el estado de Tabasco desde 1997 existe la figura legal e incluso se le ha denominado el “edén de la de maternidad” y cuesta aproximadamente al menos 137 mil pesos. Esta ley en realidad se encuentra en los artículos 31, 92, 165 y 272 del Código Civil local, y sólo opera en el territorio de esa entidad. Los pasos a seguir en este proceso son: en primer lugar contactar a la persona que podría prestar su útero y pagar los costos legales del contrato, después obtener la ratificación de firma del notario, luego la mujer que presta su vientre deberá someterse a pruebas para determinar si es apta para poner su útero a disposición de la otra persona. Se realiza la fecundación in vitro que tarda cerca de un mes, viene el parto y como último paso la mujer subrogada cede la custodia.[2]
 
Como podemos observar este modo de acceder a la paternidad no es del todo nuevo, ya existen registros de larga data que dan prueba de su práctica. ¿Estamos entonces enfrente a algo nuevo? Como cuestiona Alkolombre (2016) o ¿sólo se trata de un cambio de “ropajes”?.
 
Lo cierto es que aproximadamente hace más de 30 años que se viene practicando esta forma de reproducción asistida, y son muchas las instituciones encargadas de realizar todo el procedimiento para el efecto. Muchos de estos centros realizan la actividad en forma ilícita, pero algunos de estos centros cuentan con una normativa básica.
 
Motivaciones consientes (manifiestas)
 
¿Qué hace que una persona o una pareja opte por la maternidad subrogada? Existen diferentes modalidades en relación a los participantes y las motivaciones que ellos tienen, en este trabajo sólo mencionaré las más comunes ya que las combinaciones y variantes pueden ser cada vez más complejas.
Cuando la infertilidad no puede ser resuelta por vía quirúrgica o a través de tratamientos farmacológicos surge, como una solución llena de implicaciones morales, jurídicas, económicas, etc. la posibilidad de subrogar en otra mujer la función de gestar, y más aún, cuando se trata de esterilidad, cabe también recurrir a la donación del ovulo, para concebir y gestar a través de otra (Abajo, 2014).
A veces, quienes recurren a esta técnica, experimentan sus deseos de ser madres pero no están dispuestas a soportar los trastornos que el término de un embarazo acarrearía en sus actividades profesionales o simplemente no desean padecer las transformaciones físicas producidas temporaria o permanentemente a raíz de la gestación.
 
Por otro lado, se encuentran quienes están dispuestas a ofrecer su útero para esta tarea, algunas lo harán por un factor netamente económico, otras en cambio sólo albergan un fin altruista, similar a la de una donación de órganos o intentar aliviar la culpa acaecida como consecuencia de la práctica de un aborto. Otra cuestión de especial importancia, se plantea en el ámbito social en razón de la situación socio-política dentro de  la cual la maternidad subrogada se desarrolla.
 
De acuerdo con Abajo (2014), se pueden dar dos tipos de fecundación:
 

  1. La fecundación homóloga que es cuando una mujer que está casada no puede gestar en su propio útero, por ejemplo por no tenerlo o por alguna malformación que lo impida, pero sí cuenta con sus propios óvulos. Y por otro lado el marido tiene espermatozoides de buena calidad con lo cual pueden realizar una fecundación in vitro, e implantar el embrión en un tercero anónimo o conocido (hermana o madre).

 
Una forma más común de subrogación es la de una pareja que contacta a una mujer, generalmente con dificultades económicas de clase baja o de países en vías de desarrollo y mediante un acuerdo monetario o de bienes utiliza los servicios de la misma para que geste y alumbre a su futuro hijo. Esta es una de las formas más frecuentes que también puede presentar muchas variaciones, ya sea que la mujer gestante por ejemplo conviva con la familia contratante mientras dure el embarazo, para cuidar más de cerca el proceso y que no tenga carencias o falta de controles o que la pareja se mude durante cierto período de tiempo al país donde vive la madre sustituta, eso suele ser frecuente en países con legislaciones que favorecen o facilitan los posteriores trámites de adopción.
 
Este primer tipo es lo llamaríamos una maternidad subrogada propiamente dicha, puesto que presenta los elementos de que el niño es totalmente ajeno genéticamente a la gestante siendo la pareja contratante quien aporta en su totalidad el material genético.
 

  1. La fecundación hetelogoga ocurre cuando la madre sustituta, además aporta el material genético, el cual podrá ser inseminado con esperma de la pareja contratante o de un tercero anónimo o conocido. De esta se desprende una variante:
    1. El material genético es aportado por individuos (parcial o totalmente) ajenos a las partes intervinientes en la relación sustantiva. Un ejemplo es cuando una mujer que tiene problemas para gestar es soltera y le pide ayuda a una amiga quien se ofrece como madre sustituta, consiguiendo el semen de un donante anónimo o tal vez de un amigo.

 
Otra posibilidad que está creciendo en nuestros tiempo, se trata de la elección de la subrogación por parte de hombres homosexuales como forma de acceder a la paternidad, ya sea que estén en pareja o solteros, contactan con una mujer gestante y pueden utilizar el óvulo de ella o de una tercera persona y el semen de uno de ellos si son pareja, de ambos combinados o conseguirlo mediante un banco de semen si tuvieran algún problema grave de fertilidad o usar el semen del varón que va a ser padre en caso de estar solo. De esto no están excluidas las mujeres homosexuales quienes también cada vez más buscan este medio para poder tener un hijo.
 
Como vemos se hace muy difícil poder analizar todas las posibles modalidades  en las que se puede dar la maternidad subrogada y son muchas las variables a tomar en cuenta.
 
Una mirada psicoanalítica…lo latente
Desde el psicoanálisis estamos situados frente a diferentes desafíos con respecto a varias temáticas que desde siempre han importado a los teóricos. Los contenidos giran en torno al origen, a la filiación, a identificaciones, a la identidad, a la sexualidad y al vínculo tan importante entre madre e hijo en los primeros meses de vida.
Como ya sabemos el bebé llega al conocimiento de la realidad a través de la experiencia sensorial y emocional que especialmente despierta el contacto con la madre en sus primeros meses de vida. De tales momentos surgen los relatos acerca de los orígenes del niño, que adquirirán sentido de verdaderos en la medida que quien hable sea confiable, constituyendo así un núcleo central en la organización de la identidad (Grinblant de Notrica, 2016).
 
¿Decir o no decir al niño sobre su origen? Me parece que no estamos ante una pregunta nueva. Ya Dolto (1985) opino al respecto que hay que decirles a los niños la verdad sobre su origen. Freud en dos de sus trabajos,“El esclarecimiento sexual del niño” (1907) y en “Teorias sexuales infantiles” (1908) había hecho mención de las fantasías que surgen en el niño cuando se pregunta ¿de dónde vienen los niños? éste comenzará a cuestionar a sus padres o cuidadores más cercanos acerca de este hecho pero recibirá explicaciones o teorías que cree irreales. Sospechará de los padres y alimentará su desconfianza creyendo que se trata de algo prohibido que los adultos desean mantener en secreto.
 
Al respecto Bayo-Borrás (2016) menciona que la elección entre secreto y revelación depende, en algunas ocasiones, de las circunstancias que llevaron a la pareja a recurrir a esta práctica, y en otras, de la organización de los conflictos intrapsíquicos y de la personalidad de cada uno de los esposos. Cuando escogen el secreto, la razón invocada es la necesidad del secreto para el niño. El denominado peligro de la revelación se asemejaría en estos casos, al que en otros tiempos se planteaba con la adopción. Según esto, el niño podría quedar traumatizado, como si existiera un traumatismo de la concepción, del que habría que protegerle; pero en realidad, como plantea Soulé (1993) lo que pasa es que las angustias depresivas de los padres (duelo de la infertilidad no elaborado) están siendo proyectadas en el niño. Por otra parte, los padres podrían temer que el niño les reprochara más adelante, se aparte de ellos y pueda buscar a la mujer que le trajo al mundo.
 
Como menciona Silvia Bleichmar (2007) el fantasma de los orígenes es nuclear en la identidad, no es una fantasía cualquiera. Para esta autora existen dos fantasías que son nucleares, una que tiene que ver con la filiación y otra que tiene que ver con la sexualidad.
 
Al respecto Alkolombre, en su articulo Parentalidad y nuevas técnicas reproductivas (2011) dice que cada hijo tiene su historia que lo precede, es la prehistoria del niño por nacer, y está marcando en la forma en que se lo espera, lo que representará luego su existencia para el inconsciente de sus padres y sus proyecciones.
 
Acerca de la madre subrogada o sustituta
Desde una perspectiva kleiniana puede pensarse la subrogación como un intento de reparación del vientre materno, a la vez que como un gesto de generosidad en el sentido de que “la generosidad está estrechamente relacionada con la gratitud. La riqueza interna se deriva de haber asimilado el objeto bueno de modo que el individuo se hace capaz de compartir sus dones con otros” (Barón & Abrines, 2016).
Acerca de la madre que contrata
Esta mujer presenta todos los aspectos psicológicos de la infertilidad, una profunda herida narcisista, sensación de castración afectiva y un fuerte sentimiento de culpa. Luego del diagnóstico estas mujeres atraviesan un período de duelo durante el cual tendrán que admitir la posibilidad de transmitir la carga genética a sus hijos. Este duelo genético se manifiesta a través de un intenso dolor psíquico y de un sentimiento de pérdida irreparable.
Pueden imaginar a la madre sustituta como potente y a ellas mismas como inferiores y vacías, sintiéndose efectivamente castradas y ocupando el lugar de tercero excluido, a la vez que experimentan sentimientos de reconocimiento y gratitud, revelando así una fuerte ambivalencia producto del desplazamiento de la relación con la madre. Otra de las fantasías recurrentes es la infidelidad. Este complejo panorama emocional, signo de la reactivación de la conflictiva edípica y del complejo de castración se vive por cada mujer de acuerdo con la singularidad de su propia estructuración psíquica (Barón & Abrines, 2016).
Bleichmar (2007) menciona que todo proceso de constitución subjetiva de un hijo, biológico o no, indica un acto de apropiación ontológica y de trasformación de la naturaleza en otra cosa. Tal vez la diferencia está dada porque con el hijo biológico se sostiene una fantasía de contigüidad, sobre todo del lado de la madre. Es común que la madre contratante tenga que hacer un doble proceso: un proceso de apropiación y, luego, un proceso de desapropiación. Mientras que la madre biológica sólo hace el proceso de desapropiación. Parte de la idea de que es de ella, y después reconoce que no es de ella, y, en ese sentido, tiene que aceptar al hijo como lo produjo. La madre contratante, a menos de que esté psicótica, reconoce que ha recibido un niño que proviene de un cuerpo extraño, y tiene que apropiarse de ese hijo.
 
Acerca de la pareja
Después de la noticia de esterilidad o infertilidad, la pareja puede iniciar la búsqueda de la solución a través de las diferentes técnicas de reproducción asistida, momento donde pueden aparecer defensas maníacas. Entre ellas, puede destacarse una dinámica perversa en la pareja, de humillación de uno sobre el otro, (del “sano” sobre el “enfermo”). Además, los fantasmas que dicha intervención técnica puede desencadenar, en especial cuando la fecundación es heterologa, es decir, que no todo el material genético es cien por ciento de los padres contratantes. Lo que se moviliza puede ser: la competitividad, la rivalidad, los celos y la envidia. Esta maraña de emociones y sentimientos contradictorios van unidos al de admiración y agradecimiento. La ambivalencia se dispara. La deuda con la madre sustituta se convierte en una pesada carga imposible de saldar. Los síntomas y fenómenos celotípicos revelan la complejidad de la situación triangular, de la magnitud del silencio, el secreto y la mentira, y de la angustia persecutoria que enturbia tanto la relación con el cónyuge como con el niño o niña (Bayo-Borrás, 2016).
A lo largo del camino que he recorrido al realizar este trabajo, he ido poco a poco respondiendo a las interrogantes que me plantee desde un inicio. Entiendo que en el ser humano la maternidad, la paternidad y la filiación no pueden reducirse a un criterio exclusivamente biológico ya que estamos marcados por lo psíquico, emocional, subjetivo y simbólico mucho antes de nacer y encontramos lo constitutivo de nuestra identidad en el cumplimiento de las funciones paterna y materna y en la prohibición del incesto.
Con esto coincido con Stern (1999) quien se inclina a pensar que el alumbramiento da lugar al nacimiento de la madre fisica, pero no obligotoriamnete al de la madre psicologica.
Piera Aulagnier, Sophie Mijolla-Mellor, Guy Rosolato y otros psicoanalistas coinciden en que la reproducción sexual corre pareja con otra reproducción, la simbólica, una transmisión cuyo principal mecanismo es la identificación del niño con sus padres. Ser padre, ser madre, ser hijo no se reduce a una simple constante biológica sino que implica un reconocimiento simbólico que es también pertenencia a un linaje. Por lo tanto independientemente de las particularidades de la concepción, el lugar que ocupará el niño estará siempre en relación con el deseo y el discurso de los padres (Barón & Abrines , 2016).
La constitución del aparato psíquico se da en el interjuego madre-bebé. Lebovici (1978) afirma que será el vínculo con la madre lo que permitirá al niño pasar del estado narcisista al deseo del objeto y a su percepción-representación, que “la madre es investida antes de ser percibida” y agrega que de alguna manera es “creada por el bebé”. Finalmente será el afecto, la ternura, el amor lo que brindará al niño la estabilidad que necesita para alcanzar la madurez psíquica, sexual y cultural.
Alkolombre, psicoanalista que ha escrito diveros articulos respecto a este tema menciona en “Cuerpos transparentes y técnicas reproductivas” (2011) que desde el psicoanálisis podemos pensar el cómo sobre la ciencia y las técnicas actuales se proyectan la vieja omnipotencia infantil, la que el niño supone en sus padres y la que supone en sí mismo, promoviendo a su vez distintas versiones de la novela familiar. Difiere de los modos en que concibieron sus padres, sus abuelos y todas las generaciones que la precedieron, y en este sentido introduce una “inquietante extrañeza” como la describe Piera Aulagnier (citada en Alkolombre 2011).
 
Hay una ruptura en el modo de concebir tradicional y eso exige un proceso en el que es necesario poner palabras y ver qué evoca en cada persona. No hay dudas que estamos frente a distintos escenarios en la parentalidad y a nuevos enigmas a resolver frente a los orígenes. Lo nuevo en este campo nos pone en un terreno aún poco explorado, si bien en muchos casos se apoya en el deseo de hijo, podemos preguntarnos -parafraseando a Piera-, frente a algunos proyectos de parentalidad: ¿Qué deseo? ¿De qué hijo?.
 
Para el psicoanálisis, el deseo de hijo es el producto de la elaboración de un deseo inconsciente, siendo este, algo propio y particular de cada sujeto teniendo diferentes resonancias y formas de elaboración. Siguiendo a Piera A. hablamos de deseo de hijo, cuando este último es visto como un objeto diferenciado de la madre. El hijo es otro diferente y diferenciado desde el nacimiento mismo, base esencial para la construcción de todo sujeto humano. El deseo de hijo seria el deseo de “tener un hijo”. Supone una ruptura de la posición narcisista, una renuncia al estado de fusión y completud (González , 2016).
En la mujer el deseo de hijo emerge en el seno de la sexualidad infantil y es gestado en la intensidad de la conflictiva pre-edípica y edípica. Desde la etapa pre-edípica se funda el deseo de tener un hijo de la madre, desde la identificación materna: ser “madre” como su madre. El deseo de hijo está también marcado por la conflictiva edípica: tener un hijo del padre como resarcimiento de la envidia fálica. Siguiendo a Freud en su texto “El sepultamiento del Complejo de Edipo” (1924) menciona que la libido de la niña se desliza a través de la ecuación simbólica pene=hijo, y en esta nueva posición resigna el deseo de pene para reemplazarlo por el deseo de un hijo. El deseo de hijo en la niña es el que conduce al deseo del hombre y no a la inversa.
 
La maternidad y la paternidad no son un bien transmisible sino una posición que se construye, puesto que el hecho que una mujer dé a luz a un bebé, y que un hombre le dé su apellido, no significa que la mujer haya devenido madre de ese hijo, ni que ese hombre se constituya como un padre, que quieran cuidar de ese hijo estableciendo lazos de afecto, ni tampoco que esa criatura pueda ser contextualizada o significada como hijo.
A modo de conclusión

  • Las técnicas de reproducción asistida deberían desde mi punto de vista, como prerrequisito antes de su implementación en las personas poner una atención especial a las motivaciones inconscientes o subyacentes que acompañan a determinadas demandas de reproducción; así como también tener un espacio de reflexión interdisciplinaria sobre su aplicación o no.

 

  • Como psicoanalistas tendremos que crear un campo de interacción para que puedan ser verbalizadas las emociones y la fuerte ambivalencia que genera el procedimiento. Ofrecer una escucha sobre lo que el paciente no puede decir debido a la naturaleza inconsciente de sus fantasías.

 

  • Y por último coincido con lo que plantea Mcdougall (citado en Bleichmar, 2007) “lo más importante es la capacidad de ser padre. Eso es lo que cuenta, la capacidad de amar al niño, de educarlo para que pueda devenir sujeto. Que ese sujeto sea viviente, activo, dinámico, que ame la libertad y desarrolle la sexualidad. Padres que se puedan identificar al hijo en sus deseos y en sus necesidades y que deseen abrirlo al mundo y a su necesidad”.

 
 

Bibliografía

 

  • Abajo, M. L. (2014). Maternidad Subrogada.
  • Alkolombre, P. (Mayo de 2011). Cuerpos transparentes y técnicas reproductivas. VI Congreso Latinoamericano. Psicoanálisis, una experiencia de fronteras. Diversidad. Producción. Intercambio.
  • Alkolombre, P. (2011). Parentalidad y nuevas técnicas reproductivas. Revista on-linea de AAPIPNA.
  • Alkolombre, P. (25 de 01 de 2016). Neoparentalidades hoy. ¿Que hay de nuevo? Obtenido de http://www.imagoagenda.com/articulo.asp?idarticulo=1324
  • Barón, L., & Abrines , H. (24 de 01 de 2016). Aspectos Psicológicos en Ovodonación. Obtenido de http://www.luisabaron.com/?page_id=176
  • Bayo-Borrás, R. (22 de 01 de 2016). Éxitos y fracasos: luces y sombras. Reflexiones en torno a la reproducción asistida. Obtenido de http://www.intercanvis.es/pdf/06/06-02.pdf
  • Bleichmar, S. (2007). La identidad como contrucción. En E. Rotenberg, & B. Agrest Wainer, Nuevas familias. (págs. 33 – 46). Buenos Aires: Lugar editorial.
  • Dolto, F. (1985). La causa de los niños. México: Paidos.
  • Freud, S. (1907). El esclarecimiento sexual del niño. En S. Freud, Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu.
  • Freud, S. (1908). Teorias sexuales infantiles. En S. Freud, Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu.
  • Freud, S. (1924). El sepultamiento del Complejo de Edipo. En S. Freud, Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu.
  • García Lorca, F. (1991). Buenos Aires: Losada.
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  • Grinblant de Notrica, M. (20 de 01 de 2016). Reflexiones sobre el lugar del psicoanalista en las técnicas de reproduccion asistida. Obtenido de http://fepal.org/wp-content/uploads/0403.pdf
  • Lebovici, S. (1978). El lactante, su Madre y el Psicoanalista. Buenos Aires: Amorrortu.
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  • Stern, D. (1999). El nacimiento de una madre. Cómo la experiencia de la maternidad te cambia la vida para siempre. Buenos Aires: Paidós.
  • http://tesis.uson.mx/digital/tesis/docs/22484/Capitulo1.pdf
  • http://www.informador.com.mx/mexico/2014/510925/6/vientres-en-renta-una-alternativa-para-ser-padres.htm

 
[1] http://tesis.uson.mx/digital/tesis/docs/22484/Capitulo1.pdf
 
[2] http://www.informador.com.mx/mexico/2014/510925/6/vientres-en-renta-una-alternativa-para-ser-padres.htm
 
 
Imagen: freeimages.com / miguel ugalde
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