Blank black book w/pathPor: Ana Nava
Hace un par de semanas comenzó a causar euforia la película “Las cincuenta sobras de Grey”, la cual está basada en un libro de tres tomos escrito por E. L. James. La historia de amor entre Christian Grey y Anastasia Steel nace a partir de la también muy famosa historia de Bella y Edward Cullen quienes protagonizan la serie de Crepúsculo. Es decir que las cincuenta sobras de Grey, fueron escritas como fan fiction.   Dicho término hace referencia a relatos de ficción escritos por fans de una obra literaria o dramática. En estos relatos se utilizan los personajes, situaciones y ambientes descritos en la historia original o de creación propia del autor de fanfic, y se desarrollan nuevos papeles para estos”.
 
El valor literario de la obra no tiene ninguna importancia ya que deja mucho mucho que desear. Pero lo que es de llamar la atención me parece, es el impresionante revuelo que surgió a partir del libro y más tarde la película. Y es que, mientras que crepúsculo apelaba sobre todo a las adolescentes por tratarse de un eterno preámbulo sexual, las Cincuenta sobras de Grey, el cual apela a mujeres en edad reproductiva, se zambulle desde las primeras páginas en encuentros sexuales, candentes, explícitos y en su mayoría sádicos. De manera despectiva le han dado el nombre de mommy-porn. Es un libro francamente erótico y la película intenta (con muy poco éxito) serlo también. Y, ninguno de los dos tendría ninguna importancia sino hubieran traído a la mesa en incontables artículos de opinión la sexualidad femenina.
Christian Grey es el guapo, millonario y misterioso protagonista. Mientras que Anastasia Steel es una tímida, inocente hasta la virginidad y tranquila estudiante de universidad. El misterio de nuestro “héroe” es que, es sádico y busca mujeres vulnerables y dispuestas a ser su “sumisa” como lo llaman a lo largo del libro. Christian está acostumbrado a firmar contratos para que sus “sumisas” estén a su entera disposición, hasta que uno o el otro decida rescindir el contrato. Pero Anastasia tiene otros planes. Ella está enamorada y quiere que Christian le “de más”. Y no mal piensen, ella quiere que él duerma con ella, salgan juntos y sean una pareja casi normal y corriente. Es decir, que establezcan una relación centrada en la reciprocidad. El libro en sus tres tomos es un estira y afloja entre ellos, él está muy triste porque no puede ser más que “cincuenta tonos (de gris-grey) de jodido” frase de la cual surge el título del libro y ella quien ingenuamente no puede dejar de pensar en él. Lo necesita. Pero en el libro, claramente y explícitamente ella lo necesita en gran parte también porque la excita, porque lo desea intensamente. De hecho, el libro se basa en el reveríe de Anastasia, a través del cual vamos descubriendo su excitación, sus miedos y al final el descubrimiento de una sexualidad plena. Y bueno, spoiler alert, al final, el amor triunfa Anastasia y Christian se casan, logran combinar sus gustos sado-masoquistas en la cama con vanilla sex como le llaman los estadounidenses o sexo común y corriente para nosotros. Además tienen un hijo, con ojos del mismo color que los del guapo Christian y viene en camino (al finalizar el libro) el cuarto integrante de la familia. Como verán la trama no tiene nada de espectacular, es de hecho, bastante aburrida, lo único divertido son las escenas de sexo y son éstas mismas las que han causado escándalo.
Éste trabajo surge de un artículo que encontré en internet el cual se llamaba “carta a mis hijas”, en él, una mujer le explicaba a sus hijas, que en cincuenta sobras de Grey no se hablaba de amor. Que el amor no era ese intercambio sexual y por supuesto, que debían de respetarse y respetar (sobre todo en lo sexual) a sus parejas todos los días y que eso sí era amor. Estoy de acuerdo con ella, pero no dejo de pensar en el deseo. Y la pregunta entonces es la siguiente ¿Sería imposible que además de que Anastasia y Christian se dieran sus nalgadas se quisieran e incluso tuvieran relaciones totales de objeto? ¿En la perspectiva actual, el deseo y la excitación limitan la capacidad femenina de amar?
Las relaciones sado-masoquistas entran al grupo de las perversiones. Andre Green diría explicando a Freud que, “el fetichismo estaría en el núcleo de toda perversión mediante la desmentida de la diferencia entre los sexos”. Es decir, en el fetichista hay una desmentida que implica la percepción mientras que se reprime el hecho de que la madre no tiene falo. El fetichista mientras percibe que no lo hay, niega la ausencia del pene de la madre y la liga e a un objeto que lo representa mediante un desplazamiento. Lo que hace al perverso enfermo es que sólo mediante dicho objeto logra obtener satisfacción sexual. No hay otra manera, la satisfacción es igual siempre al objeto fetichista sea cual sea este, incluso el sadismo o el masoquismo.
En estricto sentido el perverso no posee un falo, sino que se convierte en el falo de la madre ya que la perversión es el símbolo del pene mismo. Es por eso que según Green, “Freud interpreta el masoquismo (de los hombres) como una regresión que coloca al sujeto en una posición femenina. Los fantasmas masoquistas significan “estar castrado, padecer el coito, o parir”. Es decir que Freud finca el masoquismo en la angustia de castración y Green explica que “en el masoquismo, en lugar de una angustia de castración, un goce (inconsciente) satisface un deseo de castración. Aquí se introduce una idea nueva, la de regresión (en este caso sádica anal) como defensa contra las demandas de la libido…en la estructura masoquista, las pulsiones de destrucción sufren una demanda pero en sentido pasivo, una “desmezcla”….que otorga predominio a las pulsiones autodestructivas“. Es decir que las pulsiones destructivas predominan en las relaciones perversas. No hay la posibilidad de libidinizar al objeto. Las relaciones de objeto serán parciales, sólo una parte del objeto y por tanto de la sexualidad estará visibles y disponibles para el sujeto.
Regresando a nuestro guapo protagonista, aparentemente a lo largo de su vida ha tenido una sexualidad perversa. Es sádico, o mínimo lo era. Ni en el libro ni en la película lo es realmente. Desde el principio logra tener relaciones sexuales satisfactorias sin el uso de su perversión de elección. Esto es pertinente pues sus conductas sexuales se refieren mucho más al deseo y la creatividad que a la enfermedad. Es Joyce Mcdougall quien explica en su trabajo sobre neosexualidades, que en el acto no está la perversión sino en el uso que se dé al mismo. El consentimiento de dos adultos es suficiente para que en el acto sexual se pueda experimentar por el distinto rango de perversiones, pensando que desde los besos hasta las tan criticadas nalgadas sado-masoquistas pueden ser completamente saludables. Pero las críticas de las Cincuenta sobras de Grey sobre todo hablan de la pobre de Anastasia, quien si bien, ya vemos que no participaba en una perversión propiamente dicha, se excita cuando durante el acto sexual Christian la amarra, da nalgadas o cubre los ojos. ¿Es decir, qué entendemos hoy en día de la sexualidad femenina? No es raro que esta película genere tal escándalo cuando los actos están centrados en el goce de la mujer. Es decir, los relatos del mommy-porn excitaron a millones de mujeres incluso sacaron a la venta camisetas para bebés que decían “Mi mamá leyó cincuenta sobras de Grey”. Y es que el goce sexual femenino y la sexualidad femenina han estado en discusión por mucho tiempo, sobre todo en Psicoanálisis, en donde aún no logramos llegar a un común acuerdo sobre el tema.
 
Cuando Freud exploró el desarrollo psicosexual lo hizo pensando en un niño. Cohler por ejemplo, sostiene que (Freud) contempla a las niñas como hombres defectuosos. Osciló a lo largo de su obra entre considerar a las niñas frente a los retos del desarrollo psicosexual como iguales a los hombres o bien sosteniendo que, como las mujeres no tenían angustia de castración, no ingresaban a la etapa fálica con el mismo compromiso que los varones y por lo tanto no logran desarrollar el super yo como los hombres. Con respecto a esto, André Green sostiene que las niñas sí atraviesan la angustia de castración pero dicha se manifiesta mediante “miedos que conciernen a su interior. Él y otros autores lo llaman también angustia de penetración.
Por otro lado Freud afirmó que la madurez sexual femenina requiere de la renuncia al placer obtenido por medio del clítoris y adoptar a la vagina como el lugar apropiado para satisfacer el deseo sexual. Hoy en día, en su mayoría se ha abandonado dicha visión, permitiendo que las mujeres al igual que los hombres experimenten de distintas maneras con sus órganos y con la fantasía, debido a que éstas se tratan de regresiones “más o menos benignas no se necesita hablar de patología”. Más bien abren la posibilidad de repensar al tema de la bisexualidad de la que tanto habla Freud. “Diferenciando entre bisexualidad biológica y bisexualidad psíquica”. Pudiendo concluir que en el ser humano se puede hablar únicamente de psicosexualidad. Debido a que la sexualidad se encuentra inmersa en lo biológico pero también en la historia personal, familiar y en los estereotipos sociales. Los cuales según Green pueden “consolidar e inhibir hasta desaparecer las diferencias de origen biológico”. Hablando de bisexualidad me parece importante retomar la última película de Lars Von Trier llamada Ninfomanía. En ella la premisa última, tras hacer un estudio muy interesante sobre la sexualidad femenina, es que si la protagonista fuera hombre, nadie pensaría que tienen algo de malo sus acciones. Es decir que como André Green lo sostiene la sexualidad de nuestra época está plantada en la cultura.
En parte la concepción de lo femenino tiene que ver con la idea de que los hombres son activos y las mujeres pasivas. Pero, a lo largo de la historia se ha confundido la pasividad con la inhibición. Y es André Green quien explica esto, diciendo que si pensamos que libido=acción=sexualidad entonces la libido sería masculina (mínimo para Freud). La bisexualidad aquí se expresa en la idea de qué; “toda expresión de deseo sexual es activa no importa en cuál sexo”, añade que “así lo verifica la experiencia cotidiana. Una mujer pasiva durante la relación sexual no podría ni experimentar mucho placer ni procurarlo… En cambio, corresponde a la mujer una actividad cuyo objetivo es pasivo, es decir, se precisa mucha actividad para que el goce femenino alcance su plena capacidad receptora”.
Es un escándalo que el reconocimiento de deseo sexual por parte de las mujeres haya provocado tan nivel de crítica y censura. Y es que, Cincuenta Sombras de Grey no pretende ser una gran historia de amor. La trama sirve para unir y explicar cómo llega Anastasia de un encuentro sexual al siguiente. Aparentemente la mentalidad abierta de nuestra época se ha olvidado de dar un lugar al deseo sexual femenino. ¿Finalmente qué tendría de malo que millones de mujeres quisieran ver una película o leer un libro con el único afán de excitarse? Como bien lo refiere Von Trier, si fueran los hombres quienes corren a ver una película por su alto contenido sexual, quizá no habría una sola reseña sobre la misma. La discusión sobre la perversión ha probado ser infértil, y me parece que el verdadero tema a discutir está centrado entonces en el reconocimiento del deseo femenino. En la historia Anastasia y Christian logran construir una relación de objeto aparentemente total. Se aman y se desean, han logrado, cosas que muchas parejas no logran, integrar en una misma persona estas dos premisas. No me parece reprobable, no me parece enfermo, el amor implica reconocimiento y éste último incluye el deseo del otro, el deseo sexual y por qué no la creatividad compartida.
Por último, me parece que lo que permitió que Cincuenta sombras de Grey fuera tan famosa es que no tiene nada de novedosa, todas las mujeres se identificaron con la trama. En realidad, como decía Foucault la sexualidad es histórica. Y es el propio lenguaje histórico el que es formativo y por lo tanto represivo. El escándalo mediático que generó las Cincuenta sombras de Grey pone de manifiesto el discurso que como cultura evocamos de la sexualidad femenina. Y desde mi perspectiva, es aun profundamente androcentrista.
 
Bibliografía

  • Cohler B. Freud, Anna, and the Problem of Female Sexuality. Psychoanalytic Inquiry [serial online]. January 2008;28(1):3-26. Available from: Psychology and Behavioral Sciences Collection, Ipswich, MA. Accessed February 25, 2015.
  • Hoorrocks, C. Foucault para todos, Paidos, Españ 1997.
  • A., El Complejo de Castración. Paidos Psicología Profunda, Paris, Francia. 1990.
  • Sjödin, C. (2004). The Power of Identity and the End of Patriarchy: Reflections on Manuel Castells’ Book on the Network Society. International Forum Of Psychoanalysis, 13(4), 264-274.

 
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