cutter-1-1425142Por: Esther Chaim
Posiblemente si no te has autolesionado te es difícil entender por qué otros pueden llegar a infringirse un exacerbado dolor y que les resulte eficaz. Sin embargo, al trabajar con adolescentes en escuelas, y en la práctica privada con adolescentes y adultos, me doy cuenta que es un síntoma cada vez más frecuente en nuestra sociedad.
Quisiera empezar definiéndolo, lo que entiendo por autolesión, ya que este concepto puede ser sumamente amplio. Es la acción que lleva acabo una persona que se corta, quema o golpea, dañando el tejido del cuerpo, en el que busca depositar inconscientemente un conflicto que no ha podido tolerar. Para ser considerado autolesión, debe de ser un acto repetitivo y debe de haber una intencionalidad en el mismo, aliviando las sensaciones que la persona esta sintiendo.
¿Por qué alquien buscaría lastimarse? ¿Por qué se considera que la autolesión puede prevenir un suicidio, y que no es el paso previo para realizarlo? ¿Será que en muchas ocasiones es una solusión para sobrevivir? Estas son algunas de las preguntas que buscaré responder en el trabajo que expondré. Aclaro que me enfocaré en personas neuróticas y por el tiempo con el que cuento dejaré fuera las demás estructuras.
La autolesión es un síntoma bajo el cual se busca no contactar con lo que realmente se siente (estas emociones no se identifican con claridad), la persona que lo practica considera inconscientemente no tener la capacidad de manejar, ni expresar los afectos que vive como intolerables, produciendo así sensaciones placenteras que enmascaran la realidad. Esta conducta puede llegar a funcionar como una adicción, al sentir quien la práctica que no puede recurrir a ella cuando la necesita, se vive como amenazado y perseguido por el mundo que lo rodea.
La persona que se autolesiona opta por esta salida al sentir que no tiene ningún tipo de control sobre aquello que le resulta intolerable proveniente del exterior, recurriendo a lo que le es más cercano, “el propio cuerpo”, sobre el cual cree sí puede ejercer algún tipo de control y prevenir, de esta manera, que su propio enojo se desplace a otros.
Si una madre (o quien realice la función materna) ha respondido empática y coherentemente ante las frustraciones de su bebé, éste tendrá mayores herramientas para afrontar los diversos desafíos de la vida. Sin embargo si la progenitora no dio holding y tuvo deficiencias en los cuidados de su hijo, pudiendo mostrarse distante, irresponsable, etc., es más probable que el hijo se autolesione. La elección de la piel como superficie que es dañada compensará en cierta medida la falta de contacto de piel de la madre y a su vez este órgano (piel) puede vivirse como un contenedor de las peligrosas sustancias corporales y las excitaciones (aclaro que la autolesión no es necesariamente consecuencia directa de este tipo de madre).
Las conductas de autolesión aparecen en su mayoría en la adolescencia y transcurriendo esta etapa van disminuyendo. En este período de vida se da un proceso de duelo por las ilusiones perdidas de la infancia, buscando preservar lo valioso de las relaciones con los padres y separarse de las idealizaciones, pudiendo acceder a las capacidades sexuales de los adultos.
Es posible que la persona que daña intencionalmente su cuerpo haya tenido una infancia con pérdidas, privaciones o traumas, por lo que aceptar que ya no existe modo alguno para rescatar las esperanzas frustradas vividas en su pasado, le puede desencadenar un odio violento hacia sus privadores. Esto ocasionará un proceso aun más doloroso de duelo, que considerará como insoportable y lo llevará a realizar actos con los que mantendrá inconsciente las angustias de abandono, separación y castración, que de no realizarlos, podrían volverse consientes e insoportables.
Anzieu (1994) expone que el “Yo-piel designo una figuración de la que el niño se sirve, en las fases precoces de su desarrollo, para representarse a sí mismo como Yo que contiene los contenidos psíquicos a partir de su experiencia de superficie del cuerpo… El Yo-piel encuentra su apoyo en las diversas funciones de la piel” [1]. Algunas de estas funciones son:

  • La contención de lo bueno de la lactancia, de los cuidados de la madre.
  • Marcar el límite con el afuera, fungiendo de barrera ante las agresiones externas.
  • Comunicación con los objetos externos, para establecer así relaciones significantes.
  • Individuación, aportando el sentido de ser un ser único.
  • Superficie de inscripción de huellas.

Frente a lo antes descrito y tomando en cuenta que toda función psíquica se desarrolla apoyándose en una función corporal, me cuestiono si la persona que se autolesiona no está pudiendo establecer una barrera con los conflictos de su entorno y estas vivencias tomadas como agresivas se van inscribiendo en su piel. Y así, no siente que pueda comunicarse con otros, pero sí consigo misma de una forma agresiva.
Posiblemente al crearse cicatrices está buscando colocar una marca que le recuerde la situación vivida imposible de tolerar en su conciencia pero sí aceptada en su piel, transformando el dolor en un emblema narcisístico, obteniendo con estas marcas de violencia la apropiación del sí mismo. Al infringirse dolor, parece buscar además restablecer la función de piel continente que su entorno y/o madre no realizaron, deseando a través de éste acto, arrancarse este objeto interno sentido como envoltura autodestructiva.
Kaplan, L. (1994) explora a profundidad las autocortaduras e indica que éste trastorno aparece con mayor frecuencia en las niñas adolescentes y le coloca el nombre de “autocortadura delicada”, termino que utiliza para explicar que la persona se lesiona para no hacer frente a las angustias, optando por recortarse la cutícula, pincharse la piel hasta sangrar o practicarse una delicada cortadura. Pese al remordimiento que estos actos le ocasionan, se aísla de las preocupaciones emocionales en las que está inmersa (separarse de los padres, llegar a aceptar los cambios físicos de la pubertad, etc.), huyendo por algunos momentos de la consciencia de su transformación física y emocional en mujer. Generalmente este síntoma aparece por primera vez meses después de la primera menstruación o al presentarse los primeros cambios físicos en el cuerpo. La niña al no sentirse protegida ante los ataques del mundo exterior, debido a las fallas presentes en la madre, ahora la menstruación la obliga a concientizarse de sus órganos genitales internos, lo que la hace sentirse desesperada y con un gran agobio de que el alivio nunca llegue.
Aquél que se autolesiona no es capaz de comunicar sus sensaciones y sentimientos en palabras ya que aprendió a no molestar a sus padres con pensamientos desagradables.
El lesionarse también funge como antidepresivo inmediato trayendo calma y bienestar. Las heridas le ocasionan un daño a la persona, pero generalmente son realizadas con cuidado, siendo lo suficientemente superficiales, como para no requerir de un médico y que el propio sujeto pueda hacerse cargo de ellas. Lo que lleva a que la persona se dé cuidado, cariño y protección a sí misma, aspecto que no sabe cómo pedirle al otro ni darse de otra forma.
Fuera del mundo psicoanalítico, hay quienes consideran la autolesión como un llamado de atención, ya que la persona con sus cicatrices busca que el otro lo ayude. Sin embargo, cuando un individuo lo está utilizando para poder tolerar lo que vive, realiza la acción y mantiene su cicatriz en una especie de secreto, evitando que el otro se entere. No es una acción de la que se sienta orgulloso, hay culpa y vergüenza que promueven la idea de no merecerse el amor del otro. Es asaltado por un sentimiento de rechazo con la idea de que el otro pueda notar que hay algo malo en él.
Este acto oculto, muchas veces es motivado por las separaciones vividas o rechazos por parte de padres, amigos o el terapeuta, lo que genera sentimientos inconscientemente inexplicables sobrecargados de angustia, permitiéndose al autolastimarse reprimir las fantasías y las emociones que lo inundaban.
La agresión producida repetitivamente sobre el cuerpo intenta reproducir la experiencia afectiva asociada a una experiencia anterior, tratando de crear lo que el individuo necesita sentir para reparar sus lesiones previas, buscando repetidamente a un cuidador para ayudarlo a aportar el dolor por la forma en que las cosas eran en el pasado. Fungiendo como auto-consuelo, auto-expresión y auto-castigo.
Pese al número en aumento de pacientes que se autolesionan o que alguna vez lo hicieron, es probable que muchos de ellos no se asomen al consultorio o que tengamos pacientes que en algún momento la llevaron acabo y evitan decirlo. Posiblemente la vergüenza y la culpa generada al lastimarse sea el motivo por el que evita nombrarse o tarda mucho en aparecer en sesión.
Debido a que generalmente quien se infringe dolor “no espera encontrar cuidado o ayuda en nadie, no recurre a la terapia hasta que el/ella o sus padres están frenéticos porque la conducta de automutilación va en aumento y es cada vez más grosera. Su grito de socorro tiene que llegar al alarido para que alguien le preste atención… Gradualmente aprender a confiar en el terapeuta y sienten que pueden comunicarle sus sentimientos con seguridad” [2].
En análisis se buscará desarmar la psiqué herida con el fin de que su libido puede moverse hacia otras áreas. Eso no quiere decir que el objetivo es dejar indefensa la psiqué o libre de agresión, sino trabajar en el desequilibrio presente.
Quisiera compartir el caso de una paciente que llegó a mi consulta con la idea de ejemplificar lo antes expuesto. Alicia, una paciente que llega a mi consultorio a los 13 años de edad, me es referida por la psicóloga de su escuela al ésta enterarse que la adolescente se hacía cortes en diversas áreas del cuerpo. Los padres desconocían la situación y sólo un compañero que vio una de sus cicatrices, sabía la acción que Alicia constantemente ocultaba a los demás. En el análisis que iniciamos éste no era un tema oculto ya que sus padres desde la primera entrevista lo nombraron con mucha preocupación. A pesar de no ser un secreto era un tema del que la paciente prefería no hablar, con el curso del tratamiento pudimos ir entendiendo como esta acción que ella ejercía contra sí misma la realizaba cuando se sentía muy sola, sin tener a alguien a quien ella sintiese que le pudiese contar sus cosas, no porque sus padres no estuviesen presentes, pero al ser hija única y al haber crecido rodeada de adultos, sentía “que sus sentimientos no eran relevantes para preocupar a sus papás”.
Durante el tratamiento, también hemos podido trabajar la agresión que expresa a través de éste síntoma y como al sentirse traicionada, con culpa, tristeza y “ver que estaba sola” recurría a lesionarse para no sacar su enojo con otro y no poder agredirlo, “si yo exploto con otro va a ser peor, porque lo puedo llegar a matar”.
Para finalizar quisiera resaltar que la presencia de autolesión implica que la persona esta pasando por un momento difícil y no sabe cómo manejarlo, incluso al realizarla podría llegar a evitar pensamientos suicidas. Mientras que al pensar en suicidio buscaría poner un fin total, no continuar. “La diferencia es que al considerar autolesionarse, logran pensar en los objetos y la forma en la que pueden hacerse daño sin tener que morir. Cuando este es el caso, lo que la persona logra con la autolesión es poner un alto a los pensamientos sobre la muerte y demás contenidos negativos” [3].
Concluyendo quisiera señalar que lejos de morir, la persona esta buscando vivir sin ese dolor emocional que siente que lo acosa. Busca funcionar y relacionarse con los demás y la única forma que ve como posible opción para llevarlo acabo es autolesionándose. En mi experiencia al iniciar un diálogo, y en este caso un análisis, ve otra opción al manejo de sus sensaciones y consigue con el habla un nuevo camino para hacerle frente. El no comunicar el dolor emocional, aumenta su tensión y sufrimiento, pudiendo al infringirse dolor calmar la realidad que lo rodea, sintiéndose liberado de esa carga .
Por supuesto que es importante considerar que mientras más se recaiga en esta conducta más aumentan las probabilidades de cometer un intento de suicidio. Y si la persona al realizarlo no siente ningún dolor físico buscando conseguirlo, estará en mayor riesgo. De igual forma, si quien se lesiona decide comentarle a alguien lo que hace, y el otro los rechaza y excluye, aumentará su vulnerabilidad y el riesgo de un posible suicidio.
 
Bibliografía

  • Anzieu, D. (1994). El Yo – Piel. Madrid: Biblioteca Nueva
  • Hibbard, S.K. (1994). The Mechanisms and Meanings of Self-Cutting. Psychoanal., 19:45-54
  • Kaplan, L. (1994). Perversiones Femeninas. Las tentaciones de Emma Bovary. Buenos Aires: Paidós.
  • Medina, M. (2011). Physical and Psychic Imprisonment and the Curative Function of Self-Cutting. Psychoanalytic Psychology, 28:2-12
  • Santos, D. (2011). Autolesión. Qué es y cómo ayudar. Distrito Federal: Ficticia Editorial.
  • Ulnik, J. (2011). El psicoanálisis y la piel Buenos Aires: Paidós.
  • NUEVAS APORTACIONES AL PSICOANALISIS 1932

Anzieu, D. (1994). El Yo – Piel. Madrid: Biblioteca Nueva. Pág. 50 y 51
Kaplan, L. (1994). Perversiones Femeninas. Las tentaciones de Emma Bovary. Buenos Aires: Editorial Paidós. Pág 219.
[3] Santos, D. (2011). Autolesión. Qué es y cómo ayudar. Distrito Federal: Ficticia Editorial, Pág. 80.
 
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