mascarada-1239692Autor: Irvin Camacho
Desde que inicié la formación, uno de los elementos que más han sido referidos, no necesariamente por los maestros, para definir qué es el psicoanálisis, es que no es lo mismo que psicoterapia. Sin embargo, si se hace una revisión detenida del trayecto de Freud hacia el desarrollo del psicoanálisis, se puede ver cómo no sólo se desarrolló gradualmente de su labor hipnótica, por ende, psicoterapéutica, sino que conserva elementos de este origen. Más aún, uno puede encontrar que, mientras más maduraba su técnica psicoanalítica, más elementos integraba de sus manejos técnicamente terapéuticos, lo cual será abordado en este trabajo.
 
Freud entró en contacto con el uso de la hipnosis, cuando entró con contacto con Charcot y la Escuela Psicológica de Nancy. Charcot utilizaba la hipnosis como método terapéutico; Freud y Breuer le siguieron hasta 1980, cuando Freud comenzó a desarrollar sus propios métodos terapéuticos (Ellman, 1977).
 
[Freud como terapeuta]
 
El inició del desarrollo de la técnica psicoanalítica por Freud está marcado históricamente por sus estudios acerca de la histeria y sus orígenes en las vivencias de la infancia.
 
[…] un trauma grave (como el de la neurosis traumática), una sofocación trabajosa (p. ej., del afecto sexual), pueden producir una escisión de grupos de representaciones aun en quienes ese fenómeno no preexistía, y este sería el mecanismo de la histeria adquirida psíquicamente. Entre los extremos de ambas formas es preciso admitir una serie, dentro de la cual la proclividad a la disociación en el individuo considerado, por una parte, y la magnitud afectiva del trauma, por la otra, varían en sentidos contrapuestos. (Freud, 1893-95)
 
El método consistía en hacer conscientes estos recuerdos traumáticos originados en la infancia. Aquí se encuentra un precursor de la famosa premisa “hacer consciente lo inconsciente”, aunque en esos momentos, Freud aún no desarrollaba el concepto del inconsciente como actualmente lo conocemos. En El método psicoanalítico, Freud (1904 [1903]) describe que:
 
El procedimiento catártico tenía por condición que el paciente fuese susceptible de hipnosis y se basaba en la ampliación de la conciencia que sobreviene en ese estado. Su meta era eliminar los síntomas patológicos, y la alcanzaba haciendo retroceder al paciente hasta el estado psíquico en que el síntoma se había presentado por primera vez. Entonces emergían en el enfermo hipnotizado, recuerdos, pensamientos e impulsos hasta entonces ausentes de su conciencia. Y tan pronto como, presa de intensas manifestaciones afectivas, comunicaba al médico estos procesos anímicos suyos, el síntoma quedaba superado y no retornaba más. […] el síntoma remplazaba a unos procesos psíquicos sofocados que no llegaban hasta la conciencia; vale decir, figuraba una trasmudación (‘conversión’) de esos procesos. […] provocaba la descarga del afecto adherido a las acciones anímicas sofocadas, que hasta entonces se encontraba por así decir ‘estrangulado’ (‘abreacción’).
 
En este mismo trabajo, se explica que “El peculiar método psicoterapéutico que Freud aplica y define como psicoanálisis proviene del llamado procedimiento catártico” (1904 [1903]), el cual fue descubierto por Breuer quien, en 1885, había curado con él a una enferma de histeria conversiva. Breuer fue quien le sugirió a Freud echar mano de este método para el tratamiento de sus enfermos. En el fragmento anterior, Freud explica que lo que logra a través de la hipnosis es que el paciente recuerde lo eventos patogénicos y permita su abreacción. Freud, al contrario de Breuer, afirmaba que la sugestión no tenía lugar en la disminución de los síntomas, afirmación que mantuvo para el resto de su labor terapéutica. Sin embargo, la línea que separa a la sugestión del trabajo terapéutico es difícil de trazar e, incluso, es un elemento que no parece estar del todo excluido en el quehacer de Freud (Ellman, 1977). Se volverá a ese punto cuando se aborden las características del método psicoanalítico.
 
Siguiendo sobre la línea de la catarsis, la cual se apoyaba en la hipnosis y buscaba la reproducción de la memoria del evento traumático, Freud y Breuer (1893-1895) nos dicen:
 
Descubrimos, en efecto, al comienzo para nuestra máxima sorpresa, que los síntomas histéricos singulares desaparecían enseguida y sin retornar cuando se conseguía despertar con plena luminosidad el recuerdo del proceso ocasionador, convocando al mismo tiempo el afecto acompañante, y cuando luego el enfermo describía ese proceso de la manera más detallada posible y expresaba en palabras el afecto. Un recordar no acompañado de afecto es casi siempre totalmente ineficaz; el decurso del proceso psíquico originario tiene que ser repetido con la mayor vividez posible, puesto en status nascendi y luego ‘declarado’ (Aussprechen).
 
El punto central de esta propuesta es que no basta una comprensión racional por parte del paciente de los orígenes de su condición, sino que es necesaria una reacción emocional plena por parte del paciente al recordar la vivencia traumática durante la hipnosis. Estas remembranzas podían ser muy intensas, evocando los síntomas histéricos, de los que los más representativos se distinguían cuatro: Los epileptoides, los de grandes movimientos, las alucinatorios y los delirantes (Freud y Breuer, 1893-95). Se puede ver que el método catártico, apoyado en la hipnosis, y los síntomas en sí, guardan una estrecha similitud, es decir, el paciente enfermaba durante las sesiones de hipnosis, lo cual es un antecedente de lo que actualmente se espera que ocurra en análisis a través de la neurosis de transferencia. En la hipnosis, los autores mencionan, “los recuerdos despiertan siguiendo las leyes de la asociación”, es decir, ya había una noción también de la asociación libre como la estructura que siguen la aparición de los síntomas durante la sesión analítica.
 
Por lo tanto, la concepción que Freud tenía respecta de la histeria era que tenía su origen en memorias angustiantes que se mantenían apartadas de la consciencia de la persona, lo que les impedía diluirse a través de la descarga afectiva normal, por lo tanto, encontraban una descarga alternativa a través de los síntomas. Sobre la descarga normal de un recuerdo, Freud (1893-95) explica:
 
El empalidecimiento o pérdida de afectividad de un recuerdo depende de varios factores. Lo que sobre todo importa es si frente al suceso afectante se reaccionó enérgicamente o no. Por ‘reacción’ entendemos aquí toda la serie de reflejos voluntarios e involuntarios en que, según lo sabemos por experiencia, se descargan los afectos: desde el llanto hasta la venganza. Si esta reacción se produce en la escala suficiente, desaparece buena parte del afecto; nuestra lengua testimonia este hecho de observación cotidiana mediante las expresiones desfogarse (sich austoben), desahogarse llorando (sich ausweínen), etc. Si la reacción es sofocada, el afecto permanece conectado con el recuerdo. Un ultraje devuelto, aunque sólo sea de palabra, es recordado de otro modo que un ultraje que fue preciso tragarse. El lenguaje reconoce también ese distingo en las consecuencias psíquicas y corporales, y de manera en extremo característica designa ‘afrenta’ (Kränkung) {en el sentido de ‘mortificación’} al sufrimiento tolerado en silencio. – La reacción del dañado frente al trauma sólo tiene en verdad un efecto plenamente ‘catártico’ si es una reacción adecuada, corno la venganza. Pero el ser humano encuentra en el lenguaje un sustituto de la acción; con su auxilio el afecto puede ser ‘abreaccionado’ casi de igual modo. En otros casos, el decir mismo es el reflejo adecuado, como queja y como declaración en el caso de un secreto que atormenta (¡la confesión!). Cuando no se produce esa reacción de obra, de palabra, o mediante el llanto en los casos más leves, el recuerdo del hecho conserva en principio su tinte afectivo.
 
Es decir, una persona muestra pequeñas abreacciones a lo largo de todos los días, ya sea a través del pensamiento y de la acción. Es así como, de común, el recuerdo de una vivencia desagradable se va desvaneciendo paulatinamente. Freud creía que al reunir un recuerdo con su afecto, este podía ser olvidado también. He ahí su propuesta de que de lo que padecen las histéricas es de reminiscencias (1893-95). Entonces, lo que Freud hacía con el método catártico era ayudar a las personas a hacer lo que normalmente se hace: tratar de olvidar los recuerdos de las cosas desagradables que a todos nos pasan.
 
En la misma obre, Freud describe la adopción de una nueva técnica, dejando de lado la hipnosis, diciendo que varias pacientes se negaban a sus intentos de hipnotizarlas.
 
Cuando en la primera entrevista preguntaba a mis pacientes si recordaban la ocasión primera de su síntoma, tinos decían no saberla, y otros aportaban alguna cosa que designaban como un recuerdo oscuro, y no podían seguirlo. Y si yo […] insistía, les aseguraba a los enfermos de las dos clases mencionadas que no obstante lo sabían, que ya se acordarían, etc., a los primeros se les ocurría algo y en los otros el recuerdo conquistaba otra pieza. Entonces yo me volvía más insistente aún, ordenaba a los enfermos acostarse y cerrar los ojos deliberadamente para concentrarse, lo cual ofrecía al menos cierta semejanza con la hipnosis; de este modo hice la experiencia de que sin mediar hipnosis alguna afloraban nuevos y más remotos recuerdos que con probabilidad eran pertinentes para nuestro tema. Tales experiencias me dejaron la impresión de que un mero esforzar (Drängen) podía hacer salir a la luz las series de representaciones patógenas cuya presencia era indudable, y como ese esforzar costaba empeños y me sugería la interpretación de tener que superar yo una resistencia, traspuse sin más ese estado de cosas a la teoría según la cual mediante mi trabajo psíquico yo tenía que superar en el paciente una fuerza que contrariaba el devenir-conciente (recordar) de las representaciones patógenas. Una inteligencia nueva pareció abrírseme cuando se me ocurrió que esa podría ser la misma fuerza psíquica que cooperó en la génesis del síntoma histérico y en aquel momento impidió el devenir-conciente de la representación patógena. […] Y averigüé un carácter general de tales representaciones; todas ellas eran de naturaleza penosa, aptas para provocar los afectos de la vergüenza, el reproche, el dolor psíquico, la sensación de un menoscabo: eran todas ellas de tal índole que a uno le gustaría no haberlas vivenciado, preferiría olvidarlas. De ello se desprendía, como naturalmente, la idea de la defensa (Freud, 1993-95).
 
En éste párrafo, aún de la obra de Estudios sobre la histeria, vemos junto con el cambio de técnica, dejando detrás la hipnosis, un grupo de ideas que se hallan vigentes en la práctica psicoanalítica: resistencia, defensa y la relación de estos con el síntoma. En los momentos de Estudios… Freud propone que las defensas están detrás de que el paciente se resista a hablar acerca de los recuerdos patógenos y que estas mismas defensas son las que llevaron a la formación del síntoma.
 
La primera manera documentada que Freud propuso para manejar la resistencia que se presentaba aún cuando se invitaba a los pacientes a tratar y esforzarse por recordar, fue una nueva técnica más:
 
Con este propósito yo me sirvo en primer término de un pequeño artificio técnico. Anticipo al enfermo que le aplicaré enseguida una presión sobre su frente; le aseguro que, mientras dure esa presión y al cabo de ella, verá ante sí un recuerdo en forma de imagen, o lo tendrá en el pensamiento como ocurrencia, y lo comprometo a comunicarme esa imagen o esa ocurrencia, cualquiera que ella fuere. Le digo que no tiene permitido reservárselo por opinar, acaso, que no es lo buscado, lo pertinente, o porque le resulta desagradable decirlo. Nada de crítica ni de reserva, ya provengan del afecto o del menosprecio. Le afirmo que sólo así podremos hallar lo buscado, que así lo hallaremos infaliblemente. Luego presiono durante unos segundos la frente del enfermo situado ante mí, lo libro de la presión y le pregunto con tono calmo, como si estuviera descartada cualquier decepción: ‘¿Qué ha visto usted?’ o ‘¿Qué se le ha ocurrido?’ (Breuer y Freud, 1893-95).
 
Todos sabemos que la técnica de la presión no trascendió, pero sí la invitación del paciente a decir cualquier cosa que le venga a la mente, es decir, a asociar libremente. En le centro de ambas técnicas está la búsqueda de que el paciente suspenda su auto-crítica en la medida de lo posible. Así, se puede entrar en contacto con una parte, la que sea, de la cadena de asociaciones sobre la que se estructura el síntoma.
 
No siempre es un recuerdo ‘olvidado’ el que aflora bajo la presión de la mano […]. Con mucho mayor frecuencia emerge una representación que dentro de la cadena asociativa es un eslabón entre la representación de partida y la buscada, patógena, o una representación que constituye el punto de partida de una nueva serie de pensamientos y recuerdos, a cuyo término se sitúa la representación patógena. Entonces, la presión no ha puesto en descubierto la representación patógena […] pero ha señalado el camino hacía ella, la dirección en que debe avanzar la búsqueda.
 
Es totalmente infructuoso avanzar en forma directa hasta el núcleo de la organización patógena. Y aunque uno fuera capaz de colegirla, el enfermo no sabría qué hacer con el esclarecimiento que se le obsequia, ni sería alterado psíquicamente por este último (Breuer y Freud, 1893-95).
 
Estas son ideas que conservan su vigencia. La diferencia en esa época es que Freud consideraba que esta defensa, lo que entendemos como resistencia, era un acto voluntario de la persona.
 
Ese obstáculo parece ser […] la voluntad de la persona, y personas diferentes hallan diversos grados de dificultad para despojarse de sus propósitos y adoptar una conducta de observación enteramente objetiva de los procesos psíquicos en el interior de ellas (Freud y Breuer, 1893-95).
 
Tomando esto en cuenta, las técnicas de Freud para conseguir que el paciente hablara tenían sentido. La mayoría de nosotros pensamos en la resistencia como un proceso inconsciente, es por eso que podemos encontrar disparatada y cómica la técnica de la presión. No obstante, Freud ya se encontraba en el terreno que lo llevaría a encontrar no sólo un elemento central en el psicoanálisis, sino también el aspecto que lo define. La resistencia, al ser un acto voluntario, era también un acto de desobediencia, esto es, una postura hacia la persona del médico, es decir, un acto transferencial. Freud (1893-1895) propone las siguientes situaciones resistenciales, incluida la de transferencia:
 
[…] la primera, que en el lugar donde uno investiga no haya realmente nada para recoger; esto lo discierne uno por el gesto de total calma del enfermo; o bien que se haya tropezado con una resistencia que sólo más tarde se podrá vencer, que se esté frente a un nuevo estrato en el que aún no se puede penetrar: y también a esto se lo lee en el gesto del enfermo, gesto tenso y que testimonia esfuerzo intelectual. Ahora bien, es posible además un tercer caso que de igual modo significa un obstáculo, pero no de contenido, sino externo. Este caso sobreviene cuando el vínculo del enfermo con el médico se ve perturbado, y significa el más enojoso obstáculo con que se pueda tropezar. En todo análisis de alguna gravedad es preciso tomarlo en cuenta. Hasta donde llega mi experiencia, ese obstáculo sobreviene en tres casos principales:
 

  1. El de una enajenación personal, cuando la enferma se cree relegada, menospreciada, afrentada, o ha escuchado cosas desfavorables sobre el médico y el método de tratamiento. Es el caso menos grave; se puede superar fácilmente por vía de declaración y esclarecimiento, […].

 

  1. Cuando la enferma es presa del miedo de acostumbrarse demasiado a la persona del médico, perder su autonomía frente a él y hasta caer en dependencia sexual de él. […]

 

  1. Cuando la enferma se espanta por trasferir a la persona del médico las representaciones penosas que afloran desde el contenido del análisis. Ello es frecuente, y aun de ocurrencia regular en muchos análisis. La trasferencia sobre el médico acontece por enlace falso (Freud, 1893-1895).

 
Aunque Freud desde entonces ya hablaba claramente del concepto de transferencia que conocemos, no la consideraba en ese momento material de trabajo, sino un obstáculo que surgía en el contexto del análisis pero ajeno al proceso, por lo que debía ser eliminado lo antes posible. Así como con una resistencia más, Freud describe como era su manejo de la transferencia:
 
Al principio me incomodaba mucho esta multiplicación de mi trabajo psíquico, hasta que aprendí a inteligir lo sujeto a ley de todo este proceso, y después eché de ver que esa trasferencia no supone un considerable recargo de trabajo. Para la paciente, el trabajo sigue siendo el mismo: superar el afecto penoso por haber podido abrigar semejante deseo por un momento; y para el éxito del trabajo parecía indiferente que ella tomara como tema esa repulsión psíquica en el caso histórico o en el reciente conmigo. También las enfermas aprendían poco a poco a inteligir que en tales trasferencias sobre la persona del médico hay una compulsión y un espejismo que se disiparán al terminar el análisis. Y en cuanto a las veces en que he fracasado en mostrarles la naturaleza del ‘obstáculo’, opino que simplemente les he sustituido un síntoma desarrollado espontáneamente por otro síntoma histérico, si bien más benigno (Freud, 1893-1895).
 
Ese último enunciado acerca de sustituir un síntoma por otro histérico más benigno, la neurosis de transferencia, la podemos rastrear desde la hipnosis y el método catártico, cuando en la abreacción el sujeto mostraba intensas reacciones emocionales, “en tales trasferencias sobre la persona del médico hay una compulsión y un espejismo”. Es posible que Freud haya tomado esta postura inicial ante la transferencia por la presión que sentía de que, dentro de las numerosas críticas que ya existían en contra del psicoanálisis, se agregara la de que estuviera induciendo a las mujeres a través de éste método a enamorarse de su analista. Pero más allá del escándalo, parece que Freud estaba consciente de que los comentarios negativos que un paciente pudiera escuchar acerca del tratamiento en el que se encuentra pudiera tener reacciones adversas o potenciar las que ya están presentes, es decir, desarrollar una transferencia negativa, aunque para entonces no se refería a ella como tal, aún. El objetivo era la recuperación de los recuerdos patógenos y las reacciones transferenciales las veía como un disturbio al proceso (Ellman, 1977). La hipnosis permitía al terapeuta ahorrarse esta dificultad hasta cierto punto, sin embargo, parecía que mientras Freud se aferrara al estudio de las dinámicas inconscientes detrás de los síntomas para tratar de darles alivio, daría con el hecho de que la transferencia no sólo es un elemento del proceso, sino que es el aspecto que definiría al método psicoanalítico.
 
Bibliografía
 

  • ELLMAN, S. (1977). “Freud’s Technique Papers: A Contemporary Perspective”, Londres: Aronson, 1991.
  • FREUD, S. (1893-1895). “Estudios sobre la histeria (Breuer y Freud)” en Obras completas II, Buenos Aires: Amorrortu.
  • _____ (1904 [1903]). “El método psicoanalítico de Freud” en Obras completas VII, Buenos Aires: Amorrortu

 
Imagen: freeimages / Marc Garrido
 
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