La infancia del ser humano va a determinar el carácter de todas sus experiencias tardías. Al igual que las primeras relaciones, madre y padre generalmente, van a teñir el modo de relacionarnos en la adultez.
Trabajo leído en el VI congreso de la SPP: “MITOS Y FANTASÍAS EN EL PSICOANÁLISIS”, el 20 de octubre del 2007.
 
 
Autor: Taly Glatt Rosenthal

 “Somos tiempo, además de nosotros mismos”
Heidegger

A lo largo del día, las ponencias expuestas, han hecho alusión de una forma u otra a tema que presentaré. Quizá se preguntará porque elegí un axioma del psicoanálisis para un congreso de mitos. Es decir, por qué mi intención es hablar sobre una idea central en la teoría freudiana precisamente está tarde. La respuesta es simple: no voy a cuestionar la idea de que la infancia repercute en el presente de cada persona;  lo que intento es desmitificar que el psicoanálisis es determinista. Lo que para nosotros, psicoanalistas, es una realidad, malinterpretada se ha convertido en mito, en una limitante sin resolver

Lo mítico es que no se puede salir de esa infancia prolongada en destino, cuando justo, lo que hacemos en el tratamiento psicoanalítico es intentar elaborar para no repetir. Abrimos la gama de posibilidades que un evento traumático encasilla. Resignificamos el pasado, para entender aquello con lo que hemos cargado por años y usarlo en nuestro beneficio para tomar mejores decisiones y vivir más plenamente.

El reto arduo al que nos enfrentamos día a día es responder al mito de lo predeterminante del psiquismo infantil . Es objetivo central de nuestra labor ayudar al paciente a liberarse de las expectativas de los padres, de los deseos y culpas arcaicas, Facilitar que el otro sea lo más libre posible, que viva sin ataduras, que suelte o por lo menos debilite las cadenas tan pesadas que carga de antaño, es parte esencial de la tarea.

La infancia del ser humano va a determinar el carácter de todas sus experiencias tardías. Al igual que las primeras relaciones (madre y padre generalmente) van a teñir el modo de relacionarnos en la adultez.. Dichas pautas aprendidas en su momento, fueron económicamente funcionales, y aunque hoy no lo son y por el contrario nos causan dolor, es muy difícil cambiarlas. Nos aferramos a ellas con tal de no recordar.

Freud enfatiza desde sus primeras publicaciones la importancia de las vivencias primarias y su repercusión en el posterior desarrollo de las neurosis. En su artículo “Recordar, repetir y reelaborar” (1914) nos comenta que la mayor parte del pasado infantil queda olvidado y que sólo conservamos ciertos esbozos condensados en los recuerdos encubridores, es decir, memorias que cristalizan varias experiencias y que han sido deformadas. Agrega que el analizado, en general, no recuerda nada de lo olvidado o reprimido, lo actúa. Por medio de la compulsión a la repetición no puede más que poner en acción, aquello que ha sido olvidado en la conciencia, en un intento de elaborar.

Aceptar que toda conducta está motivada por el inconsciente es complejo, ya Freud lo decía. “es un gran golpe narcisista,” al igual que lo fue en su momento el darnos cuenta que no somos el centro del universo.

Infancia es destino: Con un enunciado de tal magnitud es complicado entender que nosotros, los psicoanalistas, creamos en el cambio y en la posibilidad de un mejor futuro. Si ya estamos inscritos en un destino, ¿de qué sirve buscar ayuda? ¿en qué nos podría beneficiarnos un análisis?

Vivimos en una época de lo urgente, de lo inmediato. Todo debe ser rápido, la tolerancia a la frustración y la capacidad de demora suelen ser efímeras. Este panorama se vuelve un prolífero caldo de cultivo para las terapias breves y los tratamientos con psicofármacos. El psicoanálisis por su parte queda relegado a unos pocos. Sin embargo éste modelo, que ciertamente, resulta costoso tanto en esfuerzo como en tiempo y dinero, se encarga de escarbar en lo pasado, por medio del presente, haciendo consciente aquello que permanecía inconsciente, y busca así una nueva forma de relacionarnos con los otros, de entender y conocer más de nosotros mismos. La gran ventaja de éste complejo trabajo radica en romper esquemas predeterminados, en apartarnos de la compulsión a la repetición.

Aquellas repeticiones que han sido el eje de la vida, se siguen hasta el consultorio y es así que nos movemos en el plano de lo actual, siempre influenciado por el pasado. Es imposible separar al paciente de su historia. Horacio Etchegoyen (1986) nos dice “somos historia y el presente es parte de la historia, tanto como el pasado también es parte del presente”.

Entendiendo nuestra historia logramos un presente más afable y un futuro con mejores oportunidades.

Parte fundamental del método psicoanalítico es romper el mito personal, entenderlo y explicarlo con las nuevas herramientas que dispone el sujeto, las cuales nunca serán las mismas que antes. Si bien es cierto que las experiencias tempranas del desarrollo son la base sobre la cual reside nuestro ser, las múltiples vivencias acumuladas a través del tiempo enriquecen el camino y per se nos modifican.

Se suman a nuestra propia batalla, aquellos conflictos arrastrados generacionalmente que no se resolvieron en su momento: mitos familiares que se convierten en personales. Lo anterior forma parte de nuestro destino y justamente el fin es liberar al paciente del sufrimiento mantenido desde un destino que en ocasiones antecede al nacimiento.

Comúnmente llegan a nuestro consultorio pacientes cuestionándose porque siempre se relacionan con el mismo tipo de parejas, hombres golpeadores, mujeres sumisas, o por qué si creen desear conscientemente una relación estable y comprometida cometen infidelidades o resultan abandonados. O bien llegan personas que a pesar de ser brillantes no puede titularse o conseguir un mejor trabajo. Conociendo su historia descubrimos que sus figuras primarias, sus primeros modelos de relación y sus primeros años, han dejado estragos.

A continuación quisiera ejemplificar con una viñeta clínica lo recién expuesto.

Ema de 38 años, separada con dos hijos, no podía vincularse con nadie, su enojo ante la vida reducido para ella a un marido infiel no la dejaban disfrutar, vivir. Solicitó ayuda terapéutica porque se sentía desesperada, de su boca solamente salían maldiciones para aquel hombre que le arrancó la felicidad.

Ema es la hija menor del segundo matrimonio de su madre, la cual trabajaba todo el día e inclusive dobles turnos para poder mantenerlos;  su padre, alcohólico se desentendió de ella desde pequeña. Recuerda una infancia muy triste donde se sentía y se encontraba sola. Sus juegos eran frente a un espejo, donde ella realizaba distintas voces, imaginando ser diferentes personas, soñando que alguien jugara con ella..

Se describe como una niña desalineada, con calcetas rotas y despeinada, al cuidado de algún hermano ó tía que en el momento y de mala gana se hiciera cargo de ella. Rememora que no podía llorar ni estar triste ya que esto era motivo de regaño, no había tiempo para esas tonterías.

Se casó con un hombre que repitió sus modelos infantiles, no la llevó al altar como había soñaba, durante el primer embarazo no estuvo con ella, , la engañó y la dejó. La paciente no podía llorar ni sentirse triste, sólo odiarlo en silencio y sin reclamos. Le dije que conmigo tampoco podía hacerlo, quizá por el temor a que la dejara de querer. Comenzó a llorar y hablar de su infancia.

En el transcurso del tratamiento, se le interpretó que su sufrimiento no parecía deberse tan sólo al hombre que la engañó sino que arrastraba enojos y sobre todo mucho dolor desde niña. inmediatamente aceptó mis señalamientos y comenzamos a trabajar rescatando sus objetos y entendiendo su pasado. Después de largos meses de quejas y llanto empezó a relacionarse mejor con sus hijos. En un principio era demasiado rígida, los regañaba por perder los colores, por hacer ruido, por jugar, por todo. Tenían que estar perfectamente limpios y comer a sus horas exactas, inclusive los despertaba temprano los fines de semana para que no se perdieran el desayuno. Se le interpretó que quería darles todo lo que no tuvo y que en su esfuerzo se estaba olvidando de sus hijos, que los abandonaba igual que como lo hicieron con ella.

Se sorprendía al darse cuenta que sus hijos tenían necesidades propias y que al permitirles mayor libertad, vivían en un ambiente con mayor armonía.. Se le señaló que al odiar a su ex pareja y desear constantemente su  muerte, implicaba dejar a sus hijos sin padre como le ocurrió a ella. Después de aproximadamente un año pudo perdonarlo, cosa que juró sería imposible, y aprendió a verlo como un hombre con defectos y virtudes y reconocer que ante todo él era un buen padre y que sus hijos lo adoraban. Al ver que estos sonreían y gozaban, surgió la envidia por lo que ellos si podían tener y la culpa tanto por lo anterior, como por sentirse la peor madre del mundo por su descuidó causado por estar encerrada en su sufrimiento.. Pudimos ir trabajando que no era mala como ella creía y que el dolor traducido en enojo era esa piedra que no la dejaba caminar.

En la transferencia conmigo se sentía entendida, podía decirme lo enojada y triste que estaba, a diferencia de su infancia, en mi consultorio podía llorar. Con el paso de las sesiones su rostro duro y sin chispa fue desapareciendo, se convirtió en una paciente alegre, que se lleva mejor con su mundo interno y lo expresa al exterior. Comenta que se ve y se siente mejor y que la gente se lo reconoce. Perdonó su pasado y pudo reconciliarse con aquellos padres de la infancia por los que padeció tantos años.

Al recordar su historia, la paciente pudo darle a ésta un nuevo significado, empezó a elaborar y así,  dejó de repetir

Me parece un caso ilustrativo de cómo la infancia repercute en nuestra vida y posteriormente en la infancia de nuestros hijos; y como resignificando el pasado logramos un presente con mayor plenitud y auguramos a las próximas generaciones un mejor pronóstico.

Como psicoanalistas proponemos una oportunidad de convertir la infancia fatalista en un mejor porvenir.  Porque para hacernos dueños de nuestro presente, debemos saldar las cuentas con el pasado.


Bibliografía

  • Etchegoyen, H. Los fundamentos de la técnica psicoanalítica. Buenos Aires: Amorrortu editores. 2005
  • Freud, S. Recordar, repetir y reelaborar, en Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu editores. 2003
  • Ramírez, S. Infancia es destino. México, D.F.:Siglo XXI editores. 2006


[1] Trabajo leído en el VI congreso de la SPP: “MITOS Y FANTASÍAS EN EL PSICOANÁLISIS”, el 20 de octubre del 2007.

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