Por: José Luis Grageda
“El fútbol es la cosa más importante entre las cosas menos importantes” Jorge Valdano.
El 23 de abril de 2003 se jugaba el partido de vuelta de los cuartos de final del torneo de clubes más importante del Mundo. El partido lo jugaban dos equipos históricos, uno de Inglaterra, el Manchester United y otro de España, el Real Madrid. Los aficionados esperaban que fuera un partido emocionante, pero pocos esperaban que ese día se fuera a jugar uno de los mejores partidos de la historia.
Entre los 66,500 aficionados que estaban en la tribuna de Old Trafford, se encontraba un ciudadano ruso que no era muy aficionado al futbol. A sus 36 años era un empresario muy exitoso y aunque no sabía gran cosa acerca del espectáculo deportivo al que estaba asistiendo, ese día se dio cuenta que tenía que involucrarse, de alguna manera, en ese mundo.
El partido terminó 4 – 3 en favor del equipo inglés, pero el resultado había sido lo de menos, lo que el empresario ruso presenció ese día fue “La Grandeza del Futbol”. Sabía que había una obsesión mundial por ese deporte, pero, hasta ese día, no había tenido la oportunidad de vivirla en primera persona y de sentir las emociones que podía generar, en alguien tan calculador como él, un deporte como ese. Antes de ese partido, tampoco había podido ser testigo de la pasión y la emoción que generaba este deporte en los otros, llevándolos a niveles que, en ocasiones, se podían considerar como una locura. La excitación que sintió, durante los 90 minutos que duró el partido, había sido muy diferente a cualquier otra que hubiera sentido antes.
J es un paciente que llegó a análisis debido a que se encontraba en una crisis personal. Acababa de regresar al país, después de haber estado asignado a un proyecto en el extranjero, por parte de la empresa en la que trabajaba, y en el que las cosas no habían salido como él esperaba. Esa asignación le había llegado un par de días después de haberse graduado de la universidad y de haber sido contratado como empleado de tiempo completo en la empresa en la que, hasta entonces, había trabajado tiempo parcial mientras terminaba sus estudios.
Al haber aceptado esa asignación, J viajaría, por primera vez, a un lugar en el que no conocía a nadie, por un periodo prolongado de tiempo. Cuando empezó el tratamiento, le comentó al analista que, antes de su viaje, sentía muchos nervios, ya que estaba por empezar una “nueva vida” y tenía el reto de empezar de cero a establecer nuevas relaciones. Para “controlarlos”, pensaba en las “herramientas” que tenía y que serían necesarias para hacer amigos en la nueva ciudad. Esas herramientas le habían sido útiles, a lo largo de su vida, para desarrollar un gran grupo de amigos, los cuales eran muy importantes para él…. Las herramientas que consideraba que tenía y que serían las que utilizaría para hacer nuevos amigos, las explicaba de la siguiente manera…” Si eres aficionado al futbol y si te la pasas chingón en la peda, seguro que encuentras un buen grupo de amigos en putiza…” Así que no tendría problemas en adaptarse muy pronto.
Conforme se fue acercando el Mundial, pudimos notar que los temas relacionados con el futbol fueron apareciendo con mayor frecuencia a nuestro alrededor, se fueron convirtiendo y serán parte de los “Trending Topics” de nuestra vida por unas cuantas semanas.
En ese sentido, y siguiendo esa tendencia, me gustaría compartir este trabajo, que no es más que un intento por explicar, desde el punto de vista psicoanalítico, algunos aspectos del funcionamiento del sujeto que es fan del deporte más popular del mundo. Por cuestiones de tiempo sería imposible desarrollar, en este trabajo, una completa explicación de las características del aficionado a este deporte, por lo que, por ahora, me enfocaré en 3 de ellas, tratando de ofrecer una perspectiva general de cómo estas dos disciplinas están conectadas, aprovechando algunos conceptos que han sido desarrollados, por diferentes autores, a partir de lo escrito por Freud.
El jugador:
Durante sus primeros años de su vida, J no estuvo cerca del futbol. Su papá no era un gran aficionado y no tenía hermanos ni primos más grandes con los cuales hubiera podido jugar así que, por lo que recuerda, el futbol no habría sido algo que habría podido incorporar a su vida de no ser por las influencias externas.
A los 7 años, cuando entró a la primaria, se dio cuenta que una gran cantidad de niños de su edad pasaban horas jugando a la pelota. J no sabía jugar, nunca lo había hecho, seguramente había pateado un balón en algún lado, pero nunca para tratar de meterlo entre los tres palos que formaban la portería y mucho menos, lo había hecho para jugar, con otros, de manera organizada. En esa época, se dio cuenta que en el patio del edificio donde vivía había 2 niños, un poco más grandes que él, que jugaban por las tardes al futbol, uno se ponía de portero en el portón del estacionamiento y el otro jugaba sobre el cemento, mientras narraba en voz alta lo que aparentemente trataba de hacer con la pelota, fantaseando con ser algún jugador famoso que J no conocía. Cuando conseguía que el balón pegara en las rejas del portón negro, celebraba como un loco por el gol que había anotado.
J empezó a jugar con ellos y ahí fue aprendiendo las reglas. Ya no era solo uno el que trataba de meter Gol, sino que ahora competían entre 2 para tratarle de meter gol al tercero que estaba de portero. A ese juego le llamaban “Gol – Para” y consistía básicamente en que, el que metiera gol, tenía el privilegio de ser ahora el portero, de ser el diferente, el que podía tocar el balón con las manos. Por otro lado, al que le metían el gol, tenía que salir a competir con el perdedor, para tratar de ganarse de nuevo el derecho a regresar a la portería. Ese fue el primer juego, que estaba relacionado con el futbol, que J jugó con otros niños.
Durante el primer año de primaria J aprendió, en el micro mundo de su edificio, a jugar al futbol. Se hizo aficionado al equipo del que sus otros dos amigos eran también aficionados. Los 3 formaban parte de la misma pandilla. Cuando empezó el segundo año de primaria, J se sentía listo para incorporarse a un mundo más grande de jugadores de un deporte que se había convertido ya en una de las partes más importantes de su vida. Empezó a jugar en los recreos, y aunque no era el niño al que escogían primero en la formación de los equipos, se dio cuenta que tampoco era uno de los que ninguno de los capitanes quería escoger.
En la primera semana de clases, le entregaron una circular en la que les avisaban que al día siguiente se estarían abriendo las inscripciones para formar parte del equipo del salón. J le pidió a su papá, que, por favor, lo inscribiera. Quedó inscrito, estaba muy orgulloso y contento porque iba a ser parte del equipo de su salón. Para él, era la primera vez que formaría parte de un grupo al cual quería pertenecer y que no estaba formado por miembros de su familia.
Le avisaron que el sábado siguiente habría un partido de práctica en el que el entrenador probaría a los jugadores con intención de ir armando el equipo para el primer partido de la temporada. J se presentó el sábado en la mañana, el entrenador formó dos equipos, le asignó posiciones a cada uno y a J lo puso de centro delantero de uno de ellos.
Antes del arranque del partido, J estaba platicando con sus compañeros, dentro de los cuales había uno que J identificaba como el mejor jugador de su salón y por lo que había podido ver en los recreos, él era la “estrella”. G, era el hijo del entrenador, y a él lo habían puesto a jugar de medio en el equipo de J, así que pensó que seguramente G estaría haciendo las jugadas de crack y J metiendo los goles. Mientras hablaban, antes de empezar el partido, G le preguntó a J cuál era la posición en la que lo habían puesto y J le contestó, muy emocionado, que lo habían puesto de centro delantero, a lo que G le contestó… “Mi papá dice que los mejores jugadores deben de jugar en la media, somos los que metemos los goles y dice que a los más malos los pone de delanteros para que no estorben…” … Esa fue la primera vez que J sufrió una fuerte decepción a causa del futbol.
El juego tiene un lugar muy especial dentro de la teoría psicoanalítica. Winnicott, en particular, lo considera como una cualidad esencial en la vida y menciona que alguien que no puede jugar, estaría enfermo. El autor menciona que además de que el juego es indispensable para la salud, lo es también para el crecimiento, para aprender a desarrollar relaciones con otros y que incluso puede ser una forma de comunicación. En su libro, “Realidad y Juego”, el autor refiere que la terapia psicoanalítica es como un tipo de juego, “La psicoterapia se da en la superposición de dos zonas de juego: la del paciente y la del terapeuta. Está relacionada con dos personas que juegan juntas” (Winnicott, 1971, p.p. 80) y a muchas personas, el futbol les ofrece la oportunidad de poder jugar.
Se ha escrito mucho acerca del juego de los infantes, pero Winnicott no considera que sea solo cosa de niños. “Todo lo que se diga sobre el jugar de los niños, también rige, en verdad, para los adultos… Debemos esperar que el juego resulte tan evidente en los análisis de los adultos como en el caso de nuestro trabajo con chicos. Se manifiesta, por ejemplo, en la elección de palabras, en las inflexiones de la voz, y por cierto que en el sentido del humor” (Winnicott, 1971, p.p. 63).
El futbol, así como el psicoanálisis, puede ser muy divertido y ofrecer muchas alegrías, pero en ocasiones también puede traer angustia, tristeza y desesperación. A través del juego, el niño aprende a gestionar dosis manejables de esas emociones ya que, en esencia, el juego es placentero. A través de éste, el niño aprende a gestionar sus emociones, poco a poco, sin que se presente una excitación desmedida. Si, en algún momento, el niño llega a sentir emociones que no puede manejar, simplemente detiene el juego, lo vuelve a empezar, y así sucesivamente hasta sentir que lo puede dominar.
Winnicott también escribió acerca de lo que llama “espacio transicional”. El futbol le ofrece al sujeto la oportunidad de colocarse en un espacio de este tipo, dentro del cual, puede jugar, viviendo una experiencia en la que, usando la fantasía, el niño encontrará una gran satisfacción y en la que el adulto también puede encontrarla, sin riesgo a sentirse “avergonzado” por estar jugando como un chiquillo. Winnicott describe ese espacio, en sus escritos sobre Pediatría y Psicoanálisis, como “un lugar de descanso para el individuo metido en la perpetua tarea humana de mantener separadas, y a la vez interrelacionadas, la realidad interior y exterior.” (Winnicott, 1951, p.p. 309) y de la misma manera que el niño utiliza el juego en el espacio transicional para aprender a gestionar sus emociones en un lugar seguro, haciendo uso de la fantasía, el adulto tiende a buscar situaciones en las que pueda revivir la experiencia de estar en espacios similares a los que encontró cuando jugaba de niño.
¿Cuántas veces no hemos visto a un adulto fantasear con que puede influir en el resultado de un partido “echándole la sal” a un jugador rival o creer que al reclamarle al árbitro por una decisión que tomó en contra de su equipo, éste va a cambiar la marcación?, ¿No es acaso este un juego que se da en un espacio transicional?
Con el paso del tiempo, jugando muchas horas y en todos lados, J fue mejorando su nivel. Su entrenador lo quitó de la delantera y lo empezó a poner de defensa. Ese año, el equipo de su salón quedó campeón ganando todos los partidos y fue hasta la mitad de la temporada siguiente, cuando ya estaba en tercer año, que su equipo perdió por primera vez, J lloró todo el resto del día, no sabía cómo manejarlo, era la primera vez que perdía un partido con su equipo… Año y medio después de su debut en las canchas, el futbol le volvió a romper el corazón.
Con base en lo descrito anteriormente, no nos queda más que reconocer que el futbol puede ser un canal a través del cual muchos adultos se mantienen conectados con su infancia, al final, es solo un juego y ocasionalmente el adulto tiene la necesidad de regresar a jugar a esos espacios que fueron tan placenteros para él, cuando era pequeño.
El coleccionista:
Para el psicoanalista Werner Muensterberger, coleccionar consiste en “Seleccionar, recolectar y poseer objetos de valor subjetivo” (Muensterberger, 1994, p.p. 4)
Desde sus inicios, el futbol se convirtió en un tema de interés para las personas que tenían una tendencia a coleccionar y con el paso del tiempo, la afición por coleccionar objetos relacionados con el futbol ha seguido creciendo. Es justo un objeto deportivo relacionado con el futbol el que ostenta el récord del objeto deportivo coleccionable por el que más se ha pagado. El 4 de mayo de 2022, un comprador anónimo pagó
9.2 millones de dólares por la camiseta que usó Diego Armando Maradona en el partido de cuartos de final del Mundial del 86, contra Inglaterra.
Los aficionados al futbol tienen colecciones de diferentes tipos, coleccionan camisetas, balones, estampas, autógrafos e incluso hay algunos que llegan a tener en su colección pedazos de pasto seco de la cancha de algún estadio emblemático. Pero ¿a qué se debe esta tendencia a coleccionar?
De acuerdo con lo planteado por Muensterberger, el coleccionista considera su colección como un tipo de tesoro por el que se siente fascinado. Agrega que suele racionalizar su comportamiento cuando explica las razones por las que lo hace, aunque muchas veces éstas lleguen a ser desconocidas para él mismo, por lo que podemos considerar que sus motivaciones son inconscientes.
A lo largo de los años, Freud también habló acerca del coleccionismo. En el manuscrito H, de 1885, menciona que “… el solterón colecciona tabaqueras porque sustituye su necesidad de… conquistas numerosas. Todo coleccionista es un Don Juan Tenorio sustituido… Son todos equivalentes eróticos” (Freud, 1895, p.p. 249 y 250). Unos años después, Freud asoció la afición por el coleccionismo con algún tipo de fijación durante la etapa anal. Posteriormente, a lo largo de su obra, mencionó que los deseos inconscientes están ligados a experiencias infantiles que fueron reprimidas, las cuales, al buscar una descarga, emergen como retoños del inconsciente y los mecanismos que utilizan para poderse descargar incluyen, entre otros, la condensación y el desplazamiento, además de que, una de las características del inconsciente reprimido, la libre movilidad de las investiduras, aparece ahora en actos de seleccionar, de sustituir y de combinar, lo que podría ser una de las razones por las que el sujeto termina por desplazar la catexia hacia los objetos que forman parte de su colección y que simbólicamente representan una imagen conectada a la satisfacción.
J siguió jugando en el equipo de su salón, y al terminar el 3er año de primaria, su equipo quedó campeón por segundo año consecutivo. En ese entonces, su grupo de amigos estaba integrado, en su totalidad, por aquellos que estaban en su equipo. G ya no era solo un compañero de equipo, se convirtió en su mejor amigo y ha sido su mejor amigo por más de 40 años.
J empezó a seguir los partidos del equipo de primera división al que le empezó a ir cuando jugaba en el patio de su edificio. Ese también se convirtió en “Su Equipo”. Su papá lo llevó por primera vez, a verlo jugar al estadio y la impresión de lo que vivió ese día, la recuerda hasta la fecha, como algo que marcó su vida. Al segundo año de seguir a “Su Equipo”, cada semana, éste quedó campeón y la emoción de J lo llevó a tratar de coleccionar algo que tuviera que ver con el equipo de sus amores.
Empezó a coleccionar recortes de periódico. Recortaba cualquier foto que se publicara en los periódicos en la que apareciera cualquiera de sus ídolos, aquellos que habían conseguido el sueño de jugar en Primera División. Los recortes más valiosos eran aquellos que los periódicos publicaban a colores (En aquella época la mayoría de los periódicos se imprimían en blanco y negro) y a lo largo de casi 3 años llenó un par de álbumes de fotos, con recortes de todo tipo.
J mantuvo su colección escondida. Era tan valiosa para él, que no quería que nadie supiera que existía, ¡No se la fueran a robar! En su casa, sus papás y su hermano menor sabían de su colección, J les pedía cada semana, que, si encontraban cualquier periódico o revista, en donde apareciera cualquier jugador de “Su Equipo”, que por favor se la llevaran, él se encargaría de tomarse el cuidado de cortar la foto y de pegarla dentro de su álbum.
Cuando J iba en quinto año de primaria, invitó a G a dormir a su casa. J y su hermano dormían en el mismo cuarto y ese día, G dormiría con ellos. Por un momento salió del cuarto y cuando regresó se encontró con una sorpresa. Su hermano había sacado la colección de recortes del escondite en donde J guardaba su tesoro y, mientras se burlaban de él, ambos maltrataban los recortes que con tanto cuidado había ido guardando. J se sintió muy avergonzado de que lo hubieran descubierto y estaba muy enojado de que estuvieran “destruyendo” su colección.
Pasó muy mala noche, casi no pudo dormir tratando de gestionar todo lo que había sentido (Enojo, vergüenza, frustración e impotencia, todo con mucha intensidad). La solución que encontró para no volver a sentir tanto dolor fue destruir su colección, si se deshacía de ella, nadie podría volver a lastimarlo de esa manera así que se levantó temprano de la cama, tomó los 2 álbumes, arrancó los recortes de periódico, los rompió y tiro lo que quedó después de destruirlo, a la barranca que había detrás de su casa mientras todos seguían dormidos… Una vez más, por su afición al futbol, volvió a salir muy lastimado.
Según Muensterberger, la particular relación que tiene el coleccionista con el objeto de su colección tiene relación con construcciones inconscientes cuyos orígenes se pueden rastrear en la infancia temprana y por esta razón, el coleccionista asigna a sus objetos un valor especial y subjetivo, ya que su posesión cumple la función de modificar estados de angustia, ansiedad o incertidumbre.
En la primavera de ese mismo año escolar, J empezó a coleccionar su primer álbum del mundial y desde entonces ha llenado, cada 4 años, todos los que han ido sacando. Además de los álbumes de estampas, J tiene una colección de más de 100 camisetas de futbol, las cuales empezó a juntar cuando tenía 20 años y aunque ya no dedica tanto tiempo a buscar objetos nuevos, para seguir alimentando sus colecciones, sigue cuidándolas como un tesoro.
La mayoría de las colecciones comienzan en la infancia y en la preadolescencia, pero la mayor parte de las veces, la tendencia a coleccionar se mantiene en la edad adulta, como podemos ver en el caso de J y en el de muchos otros adultos… ¿Conocen ustedes a alguno que llene el álbum de Pannini?
El aficionado:
El 29 de mayo de 1985, se jugaba un partido entre el Liverpool y la Juventus. Ese día 60,000 aficionados llenaron el estado de Heysel, en Bruselas. Se les entregaron 25,000 entradas a las aficiones de cada uno de los equipos y las 10,000 restantes se repartieron entre los demás aficionados. La policía decidió separar a las dos aficiones en diferentes zonas del estadio, dejando las cabeceras para el resto. Los aficionados ingleses llevaban ya varios años protagonizando muchos episodios de violencia, eran conocidos como “Los Hooligans” y la estrategia de la policía era una manera de mantenerlos separados para poderlos “controlar”.
Los aficionados locales, al ver la gran demanda que había por entradas, revendieron las que ellos tenían a ingleses e italianos por lo que finalmente grandes grupos, de ambas aficiones, quedaron mezclados en las cabeceras del estadio y ahí fue cuando las cosas se complicaron.
Los aficionados del Liverpool empezaron a atacar a los italianos. Lanzaban botellas, monedas y cualquier otro objeto con el que los pudieran lastimar. En un momento empezaron a abalanzarse sobre los aficionados de la Juventus, se produjo una avalancha y los aficionados que estaban siendo agredidos, trataron de alejarse, pero de pronto se encontraron aprisionados entre la presión que estaba a ejerciendo la multitud de aficionados ingleses y las vallas de seguridad que separaban la tribuna de la cancha. Las vallas eran de metal, estaban fijas y no contaban con salidas de emergencia. El resto de los aficionados, de uno y de otro equipo, que estaban en las otras zonas del estado, al ver lo que estaba pasando en la cabecera y al sentirse impotentes porque estaban atacando a algunos de los “suyos” brincaron al campo, tomaron palos y cualquier otro objeto que les pudiera haber sido útil y se fueron a buscar a aficionados del equipo rival con la intención de agredirlos. Las cosas se salieron de control y la consecuencia que tuvo el comportamiento de los aficionados ingleses, junto con la negligencia de las fuerzas policiales, tuvo como consecuencia la muerte de 39 aficionados, la mayoría por asfixia y aplastamiento, y más de 600 heridos….
El funcionamiento de los aficionados al futbol se puede analizar desde diferentes puntos de vista. En esta ocasión, trataré de desarrollar el tema considerando dos de ellas. Por un lado, está el funcionamiento que un sujeto puede tener por su afición a algún equipo y por el otro, el funcionamiento que ese mismo sujeto puede tener por su afición a ese mismo equipo en conjunto con otros aficionados, formando parte de “La Porra”, de “La Hinchada” o de “La Barra”.
De acuerdo con lo que menciona Oakley, el aficionado a un equipo de futbol tiene garantizado que, eventualmente, va a sufrir una decepción. Es una invitación a pasar por un duelo inevitable, pero aun cuando la afición a un equipo ofrece esta garantía de un displacer intenso, también, está presente la posibilidad de sentir una gran alegría por lo que el sujeto, de forma voluntaria, está expuesto, permanentemente, a la posibilidad de acceder a momentos de felicidad muy intensa y a momentos de mucho dolor.
El aficionado al futbol está dispuesto a vivir una montaña rusa de emociones. A través del tiempo, se da cuenta que el dolor que siente cuando tiene una decepción, es temporal e incluso normal, y sabe que tan pronto como con la llegada del siguiente partido, tendrá la posibilidad de acceder de nuevo a las grandes dosis de placer que le ofrece su pasión. Melanie Klein, en su obra de 1940, “El Duelo y su relación con los estados Maniacodepresivos” mencionó que “El sujeto en duelo es realmente un enfermo, pero como este estado es común y nos parece natural, no llamamos enfermedad al duelo… El sujeto en duelo atraviesa por un estado maniacodepresivo modificado y transitorio” (Klein,1940, p.p. 356) por lo que el aficionado sabe que la tristeza a la que se expone cuando, particularmente, le declara su amor a un equipo, es normal y será temporal así que no corre ningún peligro.
Otras actitudes que puede tener el aficionado al futbol son las que están relacionadas con los impulsos agresivos que puede llegar a descargar. De acuerdo con Laplanche y Pontalis, la agresividad es “La Tendencia o conjunto de tendencias que se actualizan en conductas…, dirigidas a dañar a otro” (Laplanche y Pontalis, 1967, p.p. 42). Por otro lado, mencionan que el término “Pulsión agresiva” lo utiliza Freud para designar la parte de la Pulsión de Muerte dirigida hacia el exterior.
Klein, a lo largo de su obra, insiste en que las pulsiones agresivas juegan un papel muy importante en el desarrollo del sujeto. Plantea también, con respecto al funcionamiento de éste, que, en situaciones normales, éste se irá moviendo, a lo largo de su vida, entre la posición “Esquizo-Paranoide” y la posición “Depresiva”. A grandes rasgos, la primera se pone en práctica, durante la primera parte del desarrollo, por lo que podríamos decir que es la más primitiva y la segunda se pone en práctica una vez que el bebé reconoce a su madre como objeto total.
En el caso del aficionado al futbol, podemos reconocer muchas características de la posición “Esquizo- Paranoide”. Podríamos decir que cuando está en “Modo Aficionado” funciona dentro de ésta por periodos más prolongados de tiempo y lo que podemos esperar es que al final del partido vuelva a predominar la posición depresiva.
Algunas características que podemos identificar del aficionado que funciona de esta manera son, entre otras:
- La relación parcial y escindida que mantiene con los objetos.
- El mismo jugador que es un crack, al que ama cuando mete un gol, es un pendejo y lo desprecia cuando, en la serie de penaltis, falla el decisivo.
- El uso excesivo de la idealización (¡Es el mejor jugador del mundo!), la proyección (¡Arbitro Ladrón¡), la introyección (Cuando festeja los goles de la misma manera de su jugador favorito) y la negación (¡No era penaaaaal!)
- La presencia de la ansiedad paranoide (¡Siempre compran a los árbitros! ¡¡¡Nos van a volver a robar!!!).
Por otro lado, me gustaría hablar un poco del funcionamiento del aficionado al futbol cuando comparte su afición con otros, cuando forma parte de un grupo y aunque este tema, en sí mismo, nos podría dar material para un trabajo completo, trataré de hacer una breve descripción de lo que le sucede al individuo cuando pasa a formar parte de “La Hinchada”.
De acuerdo con lo que propone Freud en su obra, “Psicología de las Masas y Análisis del Yo”, cuando el sujeto forma parte de un grupo, hay una intensificación extraordinaria de sus emociones y también hay una degradación de su actividad intelectual, “Su afectividad queda extraordinariamente intensificada y, en cambio, notablemente limitada su actividad intelectual” (Freud, 1921, p.p. 2575). Para que esto suceda, el grupo debe tener ciertas características, pero la más importante tiene que ser la de que, entre los individuos que forman parte del grupo, exista algo en común, como la afición por el mismo equipo. “Para que los miembros… de un grupo … lleguen a formar algo semejante a una masa…, es condición necesaria que… exista algo en común, que un mismo interés los enlace a un mismo objeto, que experimenten los mismos sentimientos en presencia de una situación dada…. Cuando más enérgica es esta homogeneidad mental…, más evidentes serán las manifestaciones de un alma colectiva” (Freud, 1921, p.p. 2572)… ¿No les parece que esto es algo que les sucede a muchos aficionados al futbol cuando se introducen en “La Barra”?
Otra característica de la masa que resalta Freud en su obra es que los individuos que forman parte de ésta están unidos, entre ellos y a su líder (Cuándo este existe o cuándo es sustituido por un idea o un deseo compartido), a través de lazos libidinosos y aunque en cualquier relación, que tenga cierta duración, pueden aparecer sentimientos hostiles y a que hay una tendencia natural a que esos sentimientos se intensifiquen cuando mayores son las diferencias que se tienen con el otro, esa intolerancia desaparece en la masa, como comenta Freud “Mientras que la formación colectiva se mantiene, los individuos se comportan como cortados por el mismo patrón: toleran todas las particularidades de los otros, se consideran iguales a ellos y no experimentan el menor sentimiento de aversión” (Freud,1921, p.p. 2583) y eso solo puede suceder por el enlace libidinoso entre ellos.
Un ejemplo de este tipo de comportamiento, lo podemos observar en la forma en que se comportó la afición en la tragedia de Heysel. No nos debe sorprender que, cuando el sujeto forma parte de la masa, se libre de sus inhibiciones y llegue a realizar cosas de las que se hubiera alejado en condiciones normales. Como lo comenta Freud en el texto antes mencionado, “La masa… sustituye, por el momento, a la entera sociedad humana, encarnación de la autoridad, cuyos castigos se han temido y por la que nos imponemos tantas restricciones” (Freud, 1921, p.p. 2573).
J siguió jugando futbol con su grupo de amigos hasta que terminó la universidad y con respecto a este tema, alguna vez le contó al analista la sensación de compañerismo y seguridad que sentía cuando jugaba con ellos. A lo largo de su análisis habló de algunos pleitos que tuvieron contra equipos de otras escuelas en los partidos que jugaban y aunque, no se consideraba agresivo ni peleonero, describió con mucho placer haber podido participar en esas broncas, al lado de sus amigos, ya que sentía que lo estaban haciendo por un objetivo común y también tenía la sensación de no haber estado en riesgo ya que, mientras se peleaban, se estaban protegiendo entre ellos. Esta experiencia de J, parece ser un buen ejemplo de lo descrito por Freud en la obra antes mencionada, “La masa da al individuo la impresión de un poder ilimitado y de un poder invencible” (Freud, 1921, p.p. 2573)
Como podemos observar, la afición al futbol le ofrece al aficionado una oportunidad de descargar sus impulsos más primitivos, los cuales, en otras circunstancias, podría tender a reprimir. El futbol, le ofrece al sujeto algunas licencias que no están permitidas fuera de ese contexto y esa puede ser otra razón por la que ese sea un espacio al que se aferra con tanta pasión.
Como pudimos ver a lo largo de este trabajo, el sujeto puede utilizar el futbol como una herramienta para irle dando forma a su psiquismo, para desarrollar habilidades sociales, como un espacio de juego, como el objeto del deseo o como un sustituto de éste para descargar sobre él aquellos impulsos que no podría descargar en otro lado. El psicoanálisis nos puede servir para tratar de explicar las motivaciones y el funcionamiento del aficionado al futbol y al hacerlo, podremos también entender la razón por la cual hay tanta gente en el mundo que es aficionada a este deporte.
Desde mi punto de vista y aunque de formas muy diferentes, tanto el psicoanálisis como el futbol, le ofrecen al sujeto un espacio en el que éste pueda expresar sus pensamientos, fantasías y sentimientos, de una manera satisfactoria, ayudándole, en su búsqueda por mantener un estado de homeostasis de manera temporal por medio de la descarga. En este sentido, podemos considerar que el espacio psicoanalítico, que pudiera ser el consultorio o el espacio digital, a través del cual se llevan a cabo las sesiones, o el estadio y/o cualquier otro espacio físico o digital, a través del cual el aficionado vive el futbol, son escenarios en donde el paciente puede hacer catarsis, de forma diferente, pero que el sujeto puede llegar a sentir que es igual de efectiva.
Definitivamente, el futbol No puede funcionar como un sustituto de una terapia psicoanalítica, pero, aun cuando no es su objetivo, le puede funcionar a mucha gente, en momentos determinados, como un tipo de psicoterapia que se imparte en sesiones de 90 minutos.
Para cerrar este trabajo, me gustaría compartir qué ha pasado con dos de los personajes que fueron incluidos en este trabajo. El empresario ruso que estuvo en Manchester terminó comprando la mayoría accionaria de un equipo de Inglaterra, por, aproximadamente 200MUSD, poco tiempo después de haber estado en el “Teatro de Los Sueños”, otro nombre con el que, por cierto, se le conoce al estadio del Manchester United y que indudablemente es un sobrenombre con el que se le podría llamar a los estadios de futbol en general, siendo testigo de la representación de sus deseos inconscientes y de los del resto de los aficionados que estuvieron con él ese día… Su instinto no le fallo y en marzo de este año, casi 19 años después de haber comprado al equipo, vendió sus acciones en, aproximadamente, 2,850 MUSD.
J sigue siendo muy aficionado al futbol, tuvo su primer contacto con el psicoanálisis cuando regresó de aquella asignación en el extranjero, al haber empezado con su propio proceso. De la misma manera que le sucedió con el futbol, el psicoanálisis no habría sido algo que habría podido incorporar a su vida de no ser por las influencias externas, ya que ese tampoco fue un tema del que alguna vez le hubieran hablado su familia o sus amigos. Mantuvo una relación cercana con esta disciplina desde entonces y con el paso del tiempo empezó a formarse como analista.
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- Imagen: Pexels/Stephen Leonardi


















