Las Recetas del Dr. Freud

James Hillman

Editorial Gedisa, 2011

ISBN:9788497846547

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Por: Ericka Prado

El título de este trabajo bien pudiera hacernos pensar en Freud el médico, sin embargo aunque es difícil sacarlo por completo del contexto de la teoría psicoanalítica y la práctica clínica, la intención aquí es conocer una faceta distinta del padre del psicoanálisis; relacionarlo con algo diferente y a la vez tan cercano como es: la comida. Descubrir a Freud más allá del consultorio, encontrarlo en la cocina y de hecho cocinando, no es nada complicado sólo poco común.

 

La Casa Archivos de Sigmund Freud ubicada en Viena, lugar donde vivió hasta su exilio en 1938 y tuvo su consultorio, el cual posteriormente perteneció a su hija Anna, es el sitio que en la actualidad alberga el Museo Sigmund Freud, una biblioteca especializada en su obra y en el psicoanálisis, el archivo Freud que contiene una apreciable colección de documentos históricos, cartas y certificados, así como dependencias de la secretaría de la sociedad que lleva su nombre.

 

El archivo Freud, que no está abierto al público en general sino a estudiosos que con fines de investigación y previa autorización deseen acceder al material, es el que provee una compilación realizada por James Hillman (director del Instituto Carl Gustav Jung hasta 1969) una serie de manuscritos culinarios realizados por Freud.

 

Estos manuscritos son una especie de libro/recetario que nos muestran a Freud en una faceta distinta, después de todo como Roudinesco (2015) menciona era un hombre de familia, perros y objetos. En las recetas se puede encontrar una serie de relaciones a sus experiencias personales, la manera en que percibía a sus colegas y de qué forma se entrelazaba su reciente teoría con algunas experiencias culinarias personales que abarcan desde sus inicios con la práctica hipnótica hasta mucho más adelante en su teoría psicoanalítica.

 

El compendio consta de 114 recetas en total, dentro de las cuales 86 son relacionadas a temas diversos y 28 en que el ingrediente principal de cada una es el personaje al que alude la misma, aparentemente cada uno de estos personajes lo marcaron de alguna manera, hasta el punto de que, por medio de las recetas y muchas veces de manera irónica o caricaturesca, nos revela la forma en que los veía o percibía en ese momento. Es decir, en todas y cada una de sus recetas Freud encuentra una conexión en sus vivencias de su teoría con su pasado y presente.

 

Las recetas que se muestran a continuación son sólo cuatro y por el tiempo con que se cuenta simplemente se comentarán; son las más representativas del recetario y se presentan de forma cronológica y en el orden que él mismo dispuso.

Receta #1

Chuletas Charcot-teadas

 

Jean Martin Charcot gran maestro de Freud en La Sal-petriére de París fue quien dio el primer paso en la explicación de la histeria y también quien introdujo a Freud a la Gastronomía con sus chuletas de cordero charcot-eadas, este juego de palabras hace referencia al método de cocción preferido por los amantes de la carne, al carbón. Freud describe en su receta la manera en que Charcot hipnotizaba a las chuletas en una marinada especial de mantequilla, romero y ajo donde permanecían inmóviles durante toda su clase de hasta 4 horas y después de la cual, las asaba sobre su quemador Bunsen. Freud (1960) escribe después de la muerte de Charcot en 1893:

 

Como maestro, Charcot era fascinante; cada una de sus clases era una pequeña obra de arte en construcción y composición, perfecta en estilo y tan impresionante que sus palabras hacían eco en nuestros oídos, y el tema demostrado permanecía ante nuestros ojos el resto del día.

 

De igual forma, el ajo de sus chuletas permanecía con él el resto del día.

 

Freud se encontraba en Francia, exiliado de “su princesita” (manera en que solía llamar a Martha antes de casarse) sin dominar bien el idioma, triste y confinado a café, pan, cerveza… cuando el neurólogo más famoso del momento e inventor (según Freud) del método de cocina que hoy lleva su nombre, lo acercó a su círculo de gastrónomos y le invitó a empezar a cocinar. Debido a esto es que el segundo hijo de Freud lleva su nombre: como tributo a todo lo que le enseñó en la cocina. Menciona la posibilidad de que también le dedicara el libro de recetas pero parece ser que consideró que un hijo era suficiente.

 

Receta #2

La interpretación de las cremas (creams interpretation)

 

Sin duda el más valioso de los descubrimientos en el recetario de Freud. Según él los franceses concebían a las cremas de acuerdo a su perversa concepción del universo, ya que toman crema fresca, le adicionan algunos ingredientes, la dejan fermentar y al producto final refinado le llaman: “crema fresca”.

 

Trata igualmente a la crema anglaise conocida en América como natilla, a las cremas (sopas) de toda índole que sin importar el ingrediente principal ninguna lleva crema en realidad, o la crema Bávara que es una natilla montada con fruta y nada tiene que ver con Baviera… es como si la crema manifiesta escondiese así su contenido latente. Esto aunque parece absurdo explica la principal sensación que causan las cremas una vez que se las ha comido, en realidad no sabes qué es lo que contienen, nunca es lo que parece.

 

Fue en un restaurante alemán el 24 de julio de 1895 donde Freud por primera vez, y a través de un postre que acababan de servirle, vio su futura teoría culinaria de que la esencia de una crema es el cumplimiento de un deseo oculto, esto debido a que su Charlotte Malakoff (postre ruso) le fue decorado con crema chantilly… ¿Qué tendría que ver una mujer rusa con un pueblito francés famoso por sus encajes?   ¿O eran los encajes la conexión misma? Por supuesto Freud se dio cuenta de que para cubrir toda la literatura dedicada a las cremas tendría que renunciar a todo lo demás y pide a sus lectores culinarios se contenten con su descubrimiento en la interpretación de las cremas.

 

 

Receta #3

Comida Jung (food junk).

 

En esta receta Freud abre un paréntesis para explicar y asegurar al lector que no come comida Jung, que no la recomienda a nadie y que los platos que menciona fueron incluidos en pos de un relato objetivo de la historia del movimiento psicoanalítico, mas no son parte de sus cánones culinarios. Como lo menciona Freud (Citado en Hillman, 1985), cuando Jung se separó, se llevó consigo su comida… ¡Y en buena hora! sentimiento que compartirá todo lector sensato, estoy seguro.

 

Asegura que debido a que esta comida contiene edulcorantes, se le encuentra ya preparada y es de fácil consumo, pues es “colectiva”, provoca adicción y en lo que a él concierne es basura. Se le encuentra envuelta con nombres altisonantes de dioses o “arquetipos” que en realidad no son más que dulces zodiacales. La comida basura que menciona y compara a Jung son los twinkies, las sodas, la comida asiática, pero sobre todo, las galletas de la suerte, dado a que la comida Jung siempre tiene algún mensaje secreto. Jung trató de justificar estos mensajes acuñando el término “sincronicidad”, un santo y seña entre los adictos a la comida Jung, para explicar las extrañas coincidencias del destino. La influencia hindú hace que la comida Jung sea picante y excitante. Freud (Citado en Hillman, 1985) afirma:

La comida picante puede favorecer el paladar pero lleva a sus adictos (aquellos que se congracian con el gurú de Zurich) a olvidar el orificio inferior del canal alimentario. “Lo que entra debe de salir” es una lección de la naturaleza que hasta el niño más pequeño debe aprender. Quemados por la comida Jung, sus adictos no reconocen nuestros estudios sobre la analidad. Este defecto provoca síntomas depresivos severos en los adictos avanzados, que luego se dirigen a los freudianos para un segundo análisis. Allí descubren el significado oculto de análisis: anal-lisis, lysis en griego significa relajarse, aflojarse, tranquilizarse.

 

Receta #4

La pechuga de pollo buena y la pechuga de pollo mala de Melanie Klein.

 

Ésta es una de las últimas recetas que hay en el libro, y encontramos a un Freud contrariado al escribir: “El deseo del niño por su primera forma de alimento es insaciable… Nunca se repone al dolor de perder el pecho de su madre” (Freud 1973), observación con la cual siempre estuvo satisfecho hasta que Melanie Klein llegó a proponer nuevas teorías. Dicho por él: “Oy, tantas complicaciones, eso es lo que quiere decir “neo” freudismo, quiere decir más complicaciones”. (Citado en Hillman, 1985)

 

Aquí Freud sugiere una receta donde a cada invitado se le sirven dos pechugas, una bañada de Mole “Mejicano” y la otra bañada con crema nórdica sueca. Cabe mencionar que la cocina sueca goza de un prestigioso lugar en la gastronomía global por su manera de cultivar y consumir exclusivamente alimentos locales, así que deja muy claro cuál es la pechuga mala y cuál la buena; pero además cada invitado podrá girar el plato y elegir cuál comer primero.

 

Queda evidenciado el lado humorístico de Freud, un aspecto poco conocido pero interesante ya que estamos acostumbrados a conocer sólo su obra psicoanalítica y en muchas ocasiones dejamos de lado a la persona cuya genialidad se plasma también en este tipo de escritos, tan alejado de su campo y tan inserto en él; donde de manera exquisita hace uso del humor ante la tensión que le representó en ese momento cada personaje o situación en cuestión.

 

Mantuvo siempre en un lugar especial la cualidad sensorial específica de la boca y el papel que tiene en la economía y la dinámica de los impulsos instintivos, como un componente de primordial importancia que se encuentra en unos pocos lugares del cuerpo humano. (Spitz 1969)

 

A manera de conclusión, concibo así, cocinar, el comer y el psicoanálisis como actos de amor, como instancias donde ingresan sentimientos que se desean mantener fuera del alcance del público, actos íntimos.

 

Alimentar es el fin de cocinar, su sentido va más allá, pienso en cocinar como uno más de los destinos posibles de la pulsión. La cocina para muchos es un tipo de arte, aunque entendido y apreciado es su totalidad por pocos: quién no entiende el arte, no entiende el psicoanálisis.

 

El libro puede encontrarse en Librerías Gandhi

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Bibliografía

  • Freud, S. (1960). Letters of Sigmund Freud. New York: Dover Publications.
  • Freud, S. (1973). Nuevas aportaciones al psicoanálisis. Madrid: Biblioteca Nueva.
  • Hillman, J. (comp.). (1985). Las recetas del Dr. Freud. Barcelona: Gedisa.
  • Roudinesco, E. (2015). Freud, en su tiempo y en el nuestro. Barcelona: Debate.
  • Spitz, R. (1969). El primer año de vida del niño. México: FCE.

 

 

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