La identidad del psicoanálisis actual
Autor: Monserrat López
 
Un paciente me manda un correo despidiéndose, anunciando que la pasada sesión fue la última. No cuenta con teléfono por lo que mi única vía de intervención es el mismo mail. No es fácil interpretar a través de una llamada, menos por escrito. Al final regresa. Otro paciente me manda un mensaje de texto quince minutos antes de cada sesión para asegurarse que yo voy a estar ahí. Ya sabe que los mensajes no los voy a responder y después de tres años de tratamiento exitosamente han ido en disminución pero ocasionalmente siguen ocurriendo. Existen otros pacientes que me enseñan fotos o mensajes cuando intentan describirme una situación o a una persona importante.
Esto me hace preguntarme: ¿cómo trabaja el psicoanálisis? Cada nuevo paciente que llega a mi consultorio hace que me replantee esta pregunta, en especial cuando comienzan a cuestionar la técnica con la que funciona. En el encuadre suelo fijar horarios, honorarios, normas de confidencialidad, privacidad y abstinencia. Sin embargo, en ningún encuadre hasta la fecha he señalado cuales con las reglas respecto a los mensajes de texto, correos, llamadas durante sesión o invitaciones a redes sociales como Linked In o Twitter.
Algunos pacientes saben más acerca de quién soy yo, ya sea porque me buscaron en Google, salgo en las fotos de Facebook de algún amigo en común que los refirió conmigo o incluso alguna vez cuando saqué una cuenta en Pinterest automáticamente mi correo agregó a todos mis contactos, incluidos mis pacientes. Y me ha sucedido al revés, encontrar por redes sociales que un paciente es cercano a mis conocidos sin que ambos lo supiéramos, o por ejemplo, una paciente me mandó un mensaje de Whatsapp y por su foto de perfil descubrí que ya tenía novio, tema que aún mencionaba en análisis. En 1912 y 1913, Sigmund Freud en Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico y en Sobre la iniciación del tratamiento planteaba algunos límites que se requieren por parte del analista para un buen análisis.
¿En verdad la tecnología interfiere en un buen análisis? Mi primera pregunta sería plantear qué es el psicoanálisis. Según Horacio Etchegoyen [Etc12], Freud definió al psicoanálisis como un procedimiento de investigación de los procesos mentales inaccesibles (o casi) a otras vías de acceso, un método de tratamiento de la neurosis y una disciplina científica basada en estos hallazgos. Define que es psicoanalista aquél que trabaja con la transferencia y la resistencia; hasta llegó a decir que lo sería quien sobre esas bases llegara a resultados distintos a los suyos. Aunque también hay que recordar que Freud no era muy tolerante a aquellos que cuestionaran su técnica y teoría, y eso a pesar de que él mismo lo llegó a hacer consigo mismo. Según palabras de Etchegoyen, a la muerte de Freud en 1939, se pierde una unidad ilusoria en esta disciplina. La discusión actual ha sido definir al psicoanálisis además de ser tema recurrente en cada congreso.
Podemos partir desde la teoría. Carl Jung pensaba que lo más importante en el desarrollo de la psique era la madre, mientras Freud pensaba que era el padre por el Complejo de Edipo. Más tarde, Otto Rank, Melanie Klein y Winnicott dan relevancia a las primeras relaciones de objeto con la madre, mientras que Hartmann y Lacan coinciden con Freud. Lo más interesante es que a pesar de los desacuerdos encontramos un sutil reconocimiento a la madre en varias publicaciones de Freud. Lo anterior, a Etchegoyen [Etc12] le parece arbitrario, ya que piensa que el niño es fruto de la madre y el padre. Prueba de ello menciona que pueden ser las nuevas tecnologías e ideologías que cuestionan el matrimonio homosexual y la adopción de niños.
La teoría felocéntrica de la feminimidad de Freud o Lacan, ha sido abiertamente cuestionada por autores como Ernest Jones, Karen Horney, Melanie Klein y actualmente Janine Chausseguet-Smergel y Joyce McDougall. Se sostiene que la mujer es mujer y tiene entrada a la concepción porque sus genitales son tan “sui generis” como los del varón con la diferencia de que no son visibles. Aunque ninguno de estos teóricos tampoco abandona el tema de la angustia de castración.
Maurice Apprey (2006) menciona que es requerido un cambio para analizar a estos nuevos pacientes de la generación nacida a partir del 1980 hasta el 2000, los Millenials. El parricidio, por ejemplo, menciona que ya no tiene el mismo peso que antes aunque siga existiendo. Es sólo que la cultura ha generado cambios en la dinámica. Uno de los problemas que ha aumentado es la falta de miedo hacia estos padres que se sienten sobrepasados por sus hijos, lo que propicia mayor presencia de narcisismo en el consultorio.
Otro aspecto importante de la condición posmoderna, es el peso que adquiere el cuerpo con sus representaciones y discursos, hasta ocupar un lugar preponderante y definitorio en la subjetividad actual. Las “selfies”, las fotos de perfil, autobiografías, álbumes de fotos, filtros e imágenes corporales hacen que se viva en la época de la reivindicación de la sensación corporal como fuente de placer, como instrumento para socializar, incluso, como reemplazo de la identidad.
Al día de hoy, no existe una tradición psicoanalítica sólida de reflexión en torno a los procesos socioculturales de desarrollo y cambio, aunque Freud nos dejó también algunas obras fundamentales como Tótem y tabú, El malestar en la cultura, El porvenir de una ilusión y Moisés y el monoteísmo [Sch12]. Enfocadas a la razón de la cultura pero no en el futuro desarrollo de la misma.
Bauman (2003, citado por Steiner) utiliza las expresiones “sociedad líquida”, “moralidad líquida” o “identidad líquida”, para describir al mundo de hoy, pero también para expresar su preocupación sobre el problema de identidad en el psicoanálisis, al que llama “pluralismo líquido”. También Joseph Sandler (2000, citado por Steiner) menciona que esta “elasticidad” en el marco conceptual y clínico puede tener como consecuencia una falta de identidad en el psicoanálisis.
El pluralismo líquido se basa en un uso superficial excesivo del pensamiento analógico cuando todo pasa a ser “similar” o “idéntico”. Las personas navegan por la web de una página a otra tomando por cierta toda la información que encuentran sin discriminar, a esto se le llama “surfear”. Según Ricardo Steiner [Ste12], hoy en día se tiende a “surfear” de una teoría, escuela o aproximación clínica, a otra. En lugar de confrontar y entender puntos de vista distintos, se produce una ignorancia por miedo a poner límites y diferencias necesarias. Las investigaciones vienen de fuentes secundarias o terciarias debido al incremento de internet, es decir, hay un supermercado global de ideas. De pronto, todo se vuelve posible, según Steiner, el psicoanálisis clínico se confunde con psicoterapia llevada a cabo mediante todo tipo de dispositivos y la utilización de la nueva tecnología (por ejemplo: análisis telefónico, videoconferencias, mensajes de texto, etc.).
En un estudio realizado por Tania Estrada (2010), analistas didactas responden un cuestionario acerca de sesiones a distancia mediante las telecomuncaciones. En las respuestas, hubo analistas que opinaron que la distinción entre psicoanálisis y psicoterapia con la tecnología se va haciendo anacrónica especialmente para las nuevas generaciones. Otros consideraron que sería otra forma de atención pero que no podríamos referirnos a este abordaje como psicoanálisis sino como psicoterapia, ya que tendría un enfoque más directivo. Sostienen que es importante evitar la despersonalización ya que la presencia física es indispensable y el vínculo es insustituible. Otros dijeron que definitivamente no se puede hacer a distancia, ya que por definición es un proceso bipersonal-presencial que debe ser llevado dentro de un encuadre tradicional; sino no puede ser llamado psicoanálisis.
Pero, ¿realmente todos seguimos el encuadre tradicional? Hoy existen cada vez más equipos de trabajo donde se unen miembros de diferentes escuelas que no necesariamente están unidas a la API y en lugares donde antes no existía el psicoanálisis [Sla12]. Hay una nueva conexión en las sociedades de Europa con África, por ejemplo. Esto se debe a un cambio cultural y social en el siglo XXI. Actualmente el pluralismo tolerante en nuestra disciplina se está promoviendo en la API [Ste12].
Gerhard Schneider [Sch12] identifica cinco desarrollos que amenazan la supervivencia institucional del psicoanálisis, que indican la existencia de una brecha cada vez más amplia entre la realidad social y el psicoanálisis como práctica clínica.

  1. La primacía de la realidad económica: el psicoanálisis es escéptico a ser flexible en este caso. Sin embargo, cada vez existen más clínicas especializadas en dar intervención desde un enfoque psicoanalítico a bajo precio. En Argentina ocurre una actual crisis económica que ha traído problemas para negociar el pago y lleva a la suspensión del análisis.
  2. El ideal del planteamiento eficiente: el psicoanálisis no es directivo ni trabaja en función a un objetivo prefijado. Sin embargo, sí parte de un motivo de consulta aunque no es la meta a alcanzar.
  3. Aceleración: durante la últimas dos décadas han incrementado el número de terapias que proponen soluciones rápidas en corto tiempo mientras que el psicoanálisis necesita periodos prolongados de desarrollo para la neurosis de transferencia.
  4. “Situacionalización” de la identidad personal: hay un cambio de estructura personal en que se busca reparar sólo una parte en lugar de un análisis completo que te lleve a conocerte a ti mismo. También una “modularización” que encaja más con la terapia conductual. Por ejemplo, el psicólogo anterior de una paciente le controlaba el número de bebidas alcohólicas que ingería en un fin de semana.
  5. “Cultura del ahora”: las expectativas están dirigidas al momento presente y a su horizonte inmediato contrario a la concepción psicoanalítica del tiempo terapéutico. En las generaciones anteriores, lo que se descomponía se reparaba, hoy se desecha y se cambia. Se da el mismo trato a una terapia que a un celular.

Al respecto Steiner menciona: “Un síntoma de nuestra sociedad de consumo se colude con su búsqueda constante de productos y respuestas cada vez más superficiales, que pueden ávidamente ser consumidos y utilizados. Por ejemplo, la producción casi automática, masiva y exhibicionista de interpretaciones reduccionistas omnipotentes. Las intervenciones son ahora tan aceleradas y distorsionadas que casi llegan a imitar la instantaneidad de las comunicaciones electrónicas actuales”. Bion (1994) decía: “la respuesta es la desdicha de la pregunta” [Ste12].
Roberto M. Goldstein (López Lugo, 2013) psicoanalista didacta en España, durante un congreso en el 2006, habló de una crisis en los nuevos pacientes que llegan al consultorio. Lo define en tres puntos: inmediatez, efectividad-afectividad y comunicación-incomunicación.
1. Inmediatez:
Gente que llega al consultorio para resolver su problemática confundiendo la prisa con la rapidez. La capacidad de espera y tolerancia a la frustración es baja o nula y está estimulada por la sociedad de rápido y fácil consumo. Los pacientes no quieren tomarse tiempo en reflexionar y buscan un cambio brusco que los dé de alta.
Las nuevas tecnologías ofrecen cada vez más rápida conexión a internet y por lo tanto, el analizando también se vuelve impaciente en conectar consigo mismo. Según Estela Bichi (1998) “nos hallamos en una era en que la acción, la velocidad y la imagen son privilegiadas por sobre la reflexión y la palabra.”
En Francia usualmente se acepta el análisis en base a tres o cuatro veces por semana. Y se requieren por lo menos tres años como mínimo de análisis personal antes de empezar la formación y trabajar con pacientes. Que la formación psicoanalítica tenga validez universitaria, es mal visto [And12]. La variable de número de sesiones ha cambiado mucho en nuestro impaciente mundo posmoderno; también varía la duración de sesión, que cuestionan Lacan y Fairbairn. Y ya se está debatiendo la irrupción de nuevas tecnologías en el setting. [Etc12]
2. Efectividad-Afectividad
En las demandas de ayuda que recibimos, abunda más el cómo aumentar la efectividad para ser exitoso, un mayor interés por el triunfo laboral que en el modo de superar las dificultades afectivas. Vemos por ejemplo, una tendencia creciente en mujeres a retardar la maternidad por exigencias laborales.
Goldstein pone un ejemplo que me atrevo a repetir en este ensayo por su utilidad para sustentar lo anterior. Menciona que no es de extrañar el éxito de la serie dramática Dr. House. “A este médico, no le gusta visitar pacientes y cuando lo hace suele maltratarlos hasta niveles de sadismo, pero se valora en él su capacidad diagnóstica, es muy efectivo. Lo presentan como el médico que no cura enfermos, cura enfermedades”. Es todo lo contrario a lo que aprendimos como indicado en la relación médico-paciente: afecto, escucha, comprensión y uso de la transferencia.
3. Comunicación-Incomunicación
Berta Mantykow de Sola [Man07] menciona que el tuteo entre analista y paciente es cada vez más común, lo mismo que, factores como las vacaciones, padres que viven lejos, e-mails y celulares durante sesión. Proporcionamos también a los pacientes una cuenta electrónica de banco para depositarnos. Yo a veces envió por correo un croquis en la primera sesión para que lleguen sin dificultad al consultorio. ¿A quién no le ha molestado que el primer paciente de la mañana falte sin avisar? ¿A quién no le ha alegrado que el último paciente de la semana mande con tiempo un mensaje de texto avisando que tiene que no va asistir? No avisar por parte de los pacientes, adquiere una nueva relevancia.
Actualmente las tarjetas de presentación ya no incluyen un teléfono fijo del consultorio, hoy tienen nuestro celular, correo electrónico o dirección web, y eso si continuamos usando tarjetas de presentación. Esto da la fantasía al analizando de que el analista está localizable y disponible en cualquier momento para cualquier cambio de horario o crisis. El paciente de un colega mío vigilaba por medio de un GPS si su psicoanalista se encontraba en su consultorio. Se crea un nuevo lazo tecnológico entre analista y analizando, que modifica la manera de buscarse, encontrarse e interactuar, y de esta forma los procesos de separación, urgencia de reunión, dependencia y fantasías de fusión y control omnipotente, se viven e interpretan de manera diferente. [Est10].
Algo que también está presente en el consultorio son múltiples referencias no sólo a películas como Gravity y libros como Fifty shades of Grey, también videojuegos, apps y páginas web. Existe una diferencia entre el psicoanálisis clínico en nuestro consultorio y el psicoanálisis aplicado, que parece más superfluo. Sin embargo, de la literatura, Freud sacó su teoría del Complejo de Edipo, además sirve para conocer y entender nuestro campo sociocultural, evidente en el análisis de niños y adolescentes.
El conocimiento psicoanalítico sobre el ser humano es fundamentalmente importante para el autoesclarecimiento sociocultural. Estamos lidiando con un conjunto de complejidades multiculturales, multiétnicas y multilingüísticas que van mucho más allá del histórico modelo austro húngaro de los tiempos de Freud [Sla12]. En las nuevas generaciones, la nueva definición de éxito radica en el placer, es decir, satisfacer pulsiones. Lo significativo consiste en ser feliz en el presente y disfrutar todo lo que haces, o mejor dicho, hacer todo lo que disfrutes. Pablo Grinfield (citado por López Lugo, 2013) menciona que el problema no son los cambios culturales del paciente sino cuando falta el acto creativo en el psicoanalista.
Una solución podría ser el modelo continente-contenido de Bion, mencionado por primera vez en 1959. Describe que el aprendizaje emocional está vinculado con estados emocionales digeridos y regulados. Hoy en día, con frecuencia se antepone primero el principio de excitación en lugar del principio de dar sentido [Sch12]. El psicoanálisis ayuda a dar esa profundidad pero se volverá obtuso si cesa de realizar su contribución específica a la reflexión sociocultural sobre sí misma y no permite que la reflexión sobre su práctica y modelos sea criticada y estimulada creativamente por la esfera sociocultural.
“Freud, el psicoanalista clínico, sencillamente no habría existido sin el Freud que estuvo profundamente conectado con la cultura, y a la inversa, Freud el teórico psicoanalítico de la cultura, está indisociablemente vinculado a Freud, el clínico”. [Sch12]
André Green [And12] dice: “en las actuales circunstancias de crisis en el psicoanálisis, los analistas franceses siguen tratando de aplicar los principios psicoanalíticos en los que creen e intentan hallar nuevas formas de curar a los pacientes mediante modelos adaptados de terapia psicoanalítica, al tiempo que se esfuerzan por mantener esta técnica lo más cerca posible a las normas del psicoanálisis”. Andrés Rascovsky [Ras12] menciona que el psicoanálisis latinoamericano colabora con otras disciplinas contribuyendo a la comprensión crítica de fenómenos culturales, sociales o políticos y dialoga con la comunidad a través de los medios de comunicación. Ha ido revolucionando el pensar convencional, propiciando la apertura hacia interrogantes y cuestionamientos en diferentes áreas.
En conclusión, coincido con Horacio Etchegoyen [Etc12] cuando menciona que sigue siendo válida la propuesta de 1914, el psicoanálisis trata de resistencias y transferencia, pero hoy en día se presentan ambas de diferente forma. El psicoanálisis puede abordarse desde diferentes puntos de vista, como lo hace Bion, pero nos une a todos la herramienta de la interpretación que implica escuchar, elaborar y responder.
Cierro señalando que Freud decía que somos como los astros: “gravitamos alrededor de nosotros mismos y gravitamos alrededor de nuestras circunstancias, en movimiento de rotación y traslación” [Leu10].
 
Bibliografía

  • Apprey, M. (2006). The designed self: Psychoanalysis and contemporary identities by Carlo Strenger Hillsdale. International Journal of Psycho-Analysis, 900-904.
  • Bichi, E. (1998). El desafío de la actitud post- moderna. Apuntes sobre la clínica psicoanalítica en el ámbito de la cultura actual. Actas del XXVII Congreso de FEPAL.
  • Estrada, T. (2010). El psicoanálisis contemporáneo frente a la tecnología de telecomunicaciones. Incorporación o resistencia en la práctica analítica. Semejanzas y diferencias. 46th Congress. Psychoanalytic Practice: Convergence and Divergences. Chicago.
  • Etchegoyen, R. H. (2010). El futuro del psicoanálisis entre el pluralismo y la unidad. Revista de Actualidad de la Asociación Psicoanalítica Internacional, 18, 10-11.
  • Green, A. (2010). Sobre el psicoanálisis francés. Revista de Actualidad de la Asociación Psicoanalítica Internacional, 18, 12-14.
  • López Lugo, M. (2013). Millenials. Sociedad Psicoanalítica de México.
  • Mantykow de Sola, B. (2007). En torno a la situación analítica y su construcción en la “situación” actual., (págs. 313-340). Buenos Aires.
  • Nosek, L. (2010). Psicoanalisis, cultura y naturalmente. Revista de Actualidad de la Asociación Psicoanalítica Internacional, 18, 27-28.
  • Rascovsky, A. (2012). El desarrollo del psicoanálisis en Latinoamerica. Revista de Actualidad de la Asociación Psicoanalítica Internacional,18,17-18.
  • Schneider, G. (2010). Cultura y psicoanálisis. Revista de Actualidad de la Asociación Psicoanalítica Internacional, 18, 22-23.
  • Sklar, J. (2010). El psicoanálisis europeo en el centenario de la API. Revista de Actualidad de la Asociación Psicoanalítica Internacional, 18, 14-16.
  • Steiner, R. (2010). Algunas reflexiones personales sobre el “pluralismo líquido” y la “identidad líquid” del psicoanálisis contemporáneo. Revista de Actualidad de la Asociación Psicoanalítica Internacional, 18, 21.

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