Take a walkPor: Miriam Hernández
“Si no tienes estómago para la ansiedad, estás en la profesión incorrecta”
W.R. Bion
Esto de querer ser psicoanalista, ¿es una vocación?, ¿un saber?,¿un talento? O ¿una serie de capacidades?, ¿existe un “ser” psicoanalítico? Y más importante aún, aquel que desea ser analista ¿siempre puede llegar a serlo?
Las anteriores son preguntas que estoy segura todos nos hemos planteado en algún momento. Cuestionamientos fundamentales, para algunos inexplicables e inefables, incluso generadores de conflictos y escisiones desde Freud hasta nuestros días; y de hecho, carentes de una respuesta unívoca que pueda explicar la complejidad de lo que cuestiono. Tratando de ser perseverante, en este trabajo haréuna reflexión acerca de las preguntas anteriores basándome en literatura psicoanalítica Al final planteo algunas conclusiones aunque advierto, quedan muchas dudas.
Al iniciar la formación como psicoanalista, sabía que sería un camino largo, difícil y costoso; pensaba que se trataría de un reto intelectual, similar a la universidad, aunque claro, con mayores grados de dificultad. Sin embargo, poco a poco me sorprendió el hecho de que si bien, esta preparación aborda aspectos intelectuales y académicos, éstos terminan siendo secundariosal momento de estar con un paciente.
Durante la hora analítica, no importa cuánto leíste o memorizaste, estás solo con tu aparato mental y un paciente que confía en tus capacidades. En este momento se está poniendo a prueba una partede nosotros mismos que, durante una larga, o mejor dicho, interminable formación, será puesta de manifiesto, descifrada, analizada y entrenada para comprender el mundo y las manifestaciones humanas desde una óptica diferente.
¿Cuáles son las características que se deben tener para ser psicoanalista?
Podemos iniciar hablando de la IPA, institución creada en 1910, con el cometido de establecerse como autoridad que determina y avala “lo que es y lo que no es psicoanálisis; quién es y quién no es psicoanalista, protegiendo así al psicoanálisis mismo de los abusos de popularidad que venía ganando en sus inicios” (Kupermann, 2008, citado en Luis Franco y Lasalvia, 2015).
De esta manera, en los años 50 el proceso de selección de candidatos en institutos afiliados a la IPA, tenían un enfoque psiquiátrico; se determinaba quien era apto y quién no de acuerdo a ciertas patologías. El aspirante a candidato para psicoanalista tenía que ser médico, heterosexual, sin síntomas y con muchas garantías de transferencias con analistas consagrados de la misma parroquia, así como trabajar de modo estricto con encuadres de tales o cuales características. (Peskin, 2014)
Probablemente fue a modo de prueba y error, que se discutieron y modificaron los criterios de aceptación, pues terminaba siendo una selección de acuerdo a elementos cualitativos que por sí mismos no evidenciaban capacidades analíticas.
Por lo tanto el nuevo modelo propuesto incluía utilizar “criterios psicoanalíticos” para determinar el tipo de mecanismos mentales que el solicitante utilizaba en su día a día; es decir, qué tan primitivos o genitales eran. Las características fundamentales para la admisión estaban vinculadas con la bonhomía, la ética personal, y sobre todo la capacidad natural para percibir elementos del mundo inconsciente.(Lander, 2014)
Actualmente sigue habiendo acaloradas discusiones acerca de lascondiciones que llevan a los institutos a rechazar o aceptar candidatos. A este respecto, Peskin (2014) refiere: “En la búsqueda de esas acreditaciones se crearon laberintos formales, haciendo evidente que si a un “imposible” se le pretende dar solución “posible”, florecerá una producción obsesiva”.
Virginia Ungar (2014), refiere que es un riesgo pensar que si se cumple con lo que exigen las regulaciones legales de la institución, es decir, los requisitos académicos, se “accede a ser psicoanalista, pues en la práctica, la condición normativa es necesaria pero no suficiente”.
Esto es para quien quiere y no para quien puede” Son las palabras de Bittencourt, (2014) ante la pregunta ¿quién puede ser psicoanalista? Lo anterior se refiere a que finalmente es de menor relevancia si eres médico u homosexual, estudiante de excelencia o promedio, pues las habilidades no se derivan únicamente de la capacitación.
Greenson,menciona ciertas características que el analista requiere para su labor, siendo eltemperamento, la sensibilidad, sus hábitos, valores e inteligencia, fundamentales.
Nadie nace psicoanalista y nadie puede volverse psicoanalista en un instante por muy bien dotado que esté”. (Greenson, 1976)
Este mismo autor, refiere que el analista necesita sentir vivo interés por la gente, tener un cerebro de investigador en busca de conocimiento, “tiene amor a la verdad y por ello busca el insight, para hacer comprender a sus pacientes, no por su propio gusto sádico o escoptofílico”, es decir, que la curiosidad en un buen psicoanalista no estará dominada por los instintos. (Greenson, 1976)
En este trabajo hay que tener placer por escuchar, sensibilidad para distinguir la sutil combinación de los afectos en el tono, ritmo de la elocución del paciente, característica que está relacionada con apreciación de la música, así como una vasta capacidad de abordar lo incógnito, extraño y disparatado de nuestros pacientes con amplio criterio, es decir, sin angustia ni aversión. (Greenson, 1976)
La capacidad de empatizar es indispensable, pues implica la capacidad de renunciar por un tiempo a parte de la identidad; para ello el analista debe tener una imagen de sí mismo flexible, es decir, un yo suficientemente fuerte y elástico que pueda estirarse y siempre regresar a su estructura original. Esto implica el ser capaz de regresionarse, para restituir de ahí logrando clasificar los datos obtenidos y comprobar su validez; alternarentre la intimidad de la empatía y la distancia para el discernimiento de la conflictiva del paciente.  (Greenson, 1976)
Ungar (2014), retoma a Bion, al mencionar que se necesita de un tipo particular de receptividad en la que se logre rechazar la inmediata explicación o formulación de teorías, un estado mental denominado “capacidad negativa”. Esto es, la posibilidad de permanecer en la incertidumbre, el misterio y la duda, conservando la paciencia sin un ansia exacerbada de llegar al hecho y la razón hasta que “evolucione una pauta”.
Focault, citado por Palazzo (2014) habla sobre la labor del psicoanalista quien posee “un perpetuo principio de inquietud, de cuestionamiento, de crítica y de refutación de aquello que, por otra parte, podría parecer adquirido”. Para Palazzo, desear ser analista implica “despojarse de las certezas y recrearse en las dudas”.
Greenson insiste, “el talento no es todo”, y ante la enumeración anterior de características y capacidades, el cuestionamiento siguiente es ¿cómo desarrollarlas si es que ya las poseemos o cómo entrenar nuestros sentidos para poder llegar a ello?
Todos los autores revisados están de acuerdo en que la experiencia personal de haber pasado por un proceso psicoanalítico, es una condición ineludible, pues la situación analítica tiene exigencias emocionales tan arduas para el analista, que si su talento no se apoya en una estructura de carácter analizada, su dedicación no resultará duradera.
El insight sobre las propias emociones y fantasías juega una parte crucial en la observación y la comprensión de las dinámicas relacionales que se activan durante las sesiones con nuestros pacientes. El analista al estar familiarizado con sus propios procesos inconscientes,puede aceptar con humildad la idea de que probablemente él también sea tan extraño como su paciente en una vereda nunca antes transitada.(Meltzer, 2008)
Meltzer(2008), concibe la práctica del psicoanálisis  como un acto de virtuosidad; una combinación de la actividad artística y atlética, por el hecho fundamental de que para ser bien hecho debe “doler”, debido a que el proceso implica acompañar a un paciente por el “umbral” hacia la posición depresiva, a niveles infantiles de la personalidad, superando la identificación proyectiva masiva; lo cual requiere un tremendo esfuerzo tanto del paciente como del analista.
Así, Meltzer refiere que para ser psicoanalista se debe llegar a la “condición”, tal como se puede pensar a un caballo de carrera. Dicha condición, se adquiere a partir de un esquema de actividades que apoyan el desempeño analítico, como lo son los seminarios académicos, la cantidad y tipo de pacientes que atendemos, la gravedad de sus patologías, nuestras horas de análisis, supervisión, impartir clases, asistir a congresos, etc.
Esto se hace comprensible cuando recién llenamos nuestras horas analíticas disponibles. En un inicio es difícil tolerar el impacto, cansancio y esfuerzo mental que requiere escuchar durante varias horas seguidas. Al mismo tiempo es complicado el manejo de las angustias personales suscitadas con los primeros pacientes, la necesidad de comprobar que elegimos la profesión indicada,corroborándoloingenuamente en la comprensión que tenemos de los textos analíticos, el número de pacientes que tenemos o la cantidad de dinero que ganamos con esto.
De lo anterior entiendo, que poco a poco se adquiere una condición que implica disociar la angustia personal para lograr conectarnos en una atención flotante, libre de memoria y deseo. La condición de reunir el aprendizaje personal e intelectual durante la hora pactada con el paciente, no antes, no después. La condición necesaria para captar la mayor cantidad de emisiones del paciente resonando en nuestro aparato mental a partir de la comprensión que tenemos de nosotros mismos.
Freud, citado por Aisenstein (2008),  menciona: “La actividad psicoanalítica es difícil y exigente, no admite ser manejado como las gafas que uno se pone para leer y se quita cuando va de paseo. En general, el psicoanálisis requiere la dedicación exclusiva del médico, o no la ocupa para nada”.
Aisenstein, hace un símil entre los fenómenos suscitados en el proceso psicoanalítico y el tiro con arco, ambos denominados arte. Sobre el segundo, menciona que lo principal no es el dominio físico, sino la maestría que tiene su origen en los ejercicios espirituales, pues la finalidad es acertar en lo “espiritual”. El tirador, “en el fondo apunta a sí mismo, y quizá logre acertar”.
De esta manera se trata de un combate interior que el arquero perpetúa dentro de sí mismo, y así el que se “convierte” en artista del tiro con arco, no puede quedar ileso, pues quiera o no, el ejercicio de su arte lo modificará imperceptiblemente hasta los últimos rincones de su ser. Así lo específico de nuestro arte, el psicoanálisis, está anclado al infinito devenir de una formación que pasa por nosotros yen nosotros, y perdura por siempre, nos transforma internamente. (Aisenstein, 2014)
Como Meltzer señala, al llegar a capas profundas, en ocasiones psicóticas, tanto el paciente como el analista reviven el dolor de épocas primitivas y al ser el aparato de pensar la principal herramienta del analista, es éste el que nos da luz del camino a seguir o el que con sus conflictos no resueltos, nos impide diferenciarnos de los objetos proyectados por el paciente.Para lograr interpretar los contenidos de Natalia, es decir apuntar al objetivo, necesitaba apuntar a mí misma, y comprender mis contenidos confusos y conflictivos.
Para Meltzer, nuestra la labor implica crear la actitud psicoanalítica,fundada a partir de una dedicación al método, la cual implica un compromiso con el paciente de hacer el mejor trabajo que el analista sea capaz de hacer, y de continuarlo mientras tenga la esperanza, basada en evidencia, de que el paciente está progresando en su estructura de personalidad. (Meltzer, 2008)
Hacer el mejor trabajo analítico se refiere a destinar cierto tiempo de nuestra vida, por un periodo indefinido, durante el cual la intención es llevar adelante el método analítico, sin consideración de cierto sacrificio del propio dolor mental, hasta el límite de nuestra tolerancia y dentro de un marco de consideración de la seguridad física de ambos. (Meltzer, 2008)
También significa, siguiendo al autor, que el analista asuma soportar hasta el límite de sus capacidades, el peso completo de las proyecciones del paciente, acerca de su dolor mental, utilizando únicamente a su supervisor y analista para aumentar sus capacidades, sin implicar nada heroico y dentro de los límites éticos.
La actitud analíticainvolucra:
recibir el material, el contenido y el comportamiento; contener la proyección del dolor mental, pensar en la situación transferencial y finalmente comunicar el entendimiento del analista aunque sean tentativo de momento a momento”. (Meltzer, 2008)
La labor de la analista al realizar el “encuadre”mental del proceso psicoanalítico, consiste en la declaración continua de la siguiente actitud analítica:
Soy tu analista, una figura externa; recibo tus proyecciones pero no soy dominado por ellas, sigo siendo capaz de pensar por mi mismo; sigo siendo capaz de comunicarte mis pensamientos”.(Meltzer, 2008)
¿Qué es lo que sostiene al analista, fuera de su necesidad de ganarse la vida, si se requiere limitar el fervor terapéutico y la actitud analítica implica la aceptación de proyecciones dolorosas?
Meltzer (2008) refiere: “la devociónal método psicoanalítico no es suficientemente rica como para balancear el dolor implicado… tal vez sea la curiosidad científica, pues quizá hay mejores maneras de ganarse la vida y aliviar el sufrimiento psíquico”. Sin embargo, concluye que ambos se refuerzan mutuamente y se potencian para producir una determinación sólida, y una integración de ambos desde una posición depresiva, aumentando enormemente la tolerancia del dolor contingente que acompaña al método.
Retomo el concepto de Winnicott sobre goingonbeing, donde el todo no es considerado como algo logrado de antemano, sino como un permanente proceso de movimiento en el tiempo a partir de un sistema de intercambios con el medio. “Así se puede comprender entonces que la idea no es ser psicoanalista sino un va siendo”.(Bittencourt, 2014) También Virginia Ungar (2014), lo dice cuando retoma a Simone de Beauvoir y sostiene “no se nace analista, se deviene analista” puntualizando que es un proceso interminable que suele abarcar toda la vida de un psicoanalista.
“El analista será capaz de analizar hasta donde haya llegado su propio análisis personal”(Matte, 2014)
Para concluir, retomo nuevamente a Ungar (2014), quien menciona que los caminos que llevan al ejercicio de un oficio “casi imposible”, son arduos, difíciles, dolorosos, y que requieren paciencia, pasión, tenacidad y humildad.
Por lo tanto para ser y seguir siendo psicoanalista, tengamos los años que tengamos en esto, se requiere de una actitud constante de introspección, de regulación de las propias aspiraciones narcisistas, de apertura a lo nuevo y al diálogo sincero entre colegas de nuestra misma y otras profesiones. Una tarea “que si bien es de riesgo y dolorosa, permite como pocas ser testigo del encuentro de alguien consigo mismo para que tenga la posibilidad de elegir libremente de acuerdo a su propio deseo”.(Ungar, 2014)
Solamente añadiría, que lo que ganamos de nuestra profesión no sólo es dinero y un saber teórico, sino la constante construcción y reconstrucción de nosotros mismos como personas y psicoanalistas.

Bibliografía:

  • Aisenstein, M. (2014). El dolor y sus enigmas. México, D.F: Paradiso Editores.
  • Bittencourt, A.-M. d. (2014). Esto es para quien quiere y no para quien puede. Calibán , 150-153.
  • Greenson, R. R. (1976). Técnica y práctica del psicoanálisis. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.
  • Lander, R. (2014). Observaciones sobre la práctica y la formación p’sicoanalítica actual. Calibán, Revista Latinoamericana de Psicoanálisis: Realidades y ficciones , 58-76.
  • Lasalvia, R. L. (2014). Ser/volverse analista. Raices y frutos de una antigua cuestión. Revista Latinoamericana de Psicoanálisis: Realidades y ficciones , 175-178.
  • Matte, A. P. (2014). La relación entre los objetivos del psicoanálisis y las aptitudes del analista. Calibán, Revista Latinoamericana de Psicoanálisis: Realidades y ficciones , 182-184.
  • Meltzer, D. (2008). El proceso psicoanalítico. Londres: Paradiso Editores.
  • Palazzo, L. (2014). Nos dieron espejos: Qué extraña civilización. Calibán, Revista Latinoamericana de Psicoanálisis: Realidades y ficciones , 144-149.
  • Peskin, L. (2014). La acreditación de un psicoanalista. Calibán, Revista Latinoamericana de Psicoanálisis. Realidades y ficciones , 169-172.
  • Ungar, V. (2014). ¿Quién puede ser psicoanalista? Apuntes sobre una construcción interminable. Calibán, Revista Latinoamericana de Psicoanálisis: Realidades y ficciones , 160-162.

Imagen: freeimages / Diego López
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