Autor: Claudia Rule

 La adopción es un tema común para todos, pero la adopción también es una realidad legal, social y emocional para algunos. Es un hecho que crecer como un niño adoptado, es  diferente en varios aspectos a crecer como hijo biológico de los padres. Pérdidas y fantasías son un tema común entre estos niños, forman parte de su mundo interno y provocan que el desarrollo psíquico y emocional a lo largo de su vida sea tan complejo y esté lleno de retos.

Este ha sido un tema utilizado a lo largo de la historia en leyendas, literatura y mitología. Generalmente se toca el tema del abandono por el polo positivo y alentador, ya que la mayoría de los personajes son rescatados de la soledad y el abandono, para tarde o temprano, ser amados y lograr también, una vida heroica y exitosa. Moisés, Tarzán, Superman, Blanca Nieves, Luke Skywalker, son algunos ejemplos de historias que tienen gran aceptación entre chicos y grandes, porque ayudan a manejar los sentimientos ambivalentes hacia los padres, al mismo tiempo que gratifican la omnipotencia infantil.

No podemos olvidar a Edipo, quien no tuvo un final feliz. Freud explicó que el desastroso comportamiento de Edipo, fue motivado por sus impulsos sexuales y agresivos. Otra explicación, es que tuvo un comportamiento  asesino e incestuoso como expresión de la venganza y odio hacia su padre por el abandono y su intensión de infanticidio. (Siegel, 1991)

La palabra adopción, no sólo nos refiere a historias y mitología, sino también a pensar en rechazo, abandono y pérdidas. Steven Nickman, en un artículo titulado “Pérdidas en la adopción”, propone que los niños adoptados deben elaborar tres diferentes tipos de pérdidas. Estas van a estar determinadas en cierta medida por la condición de cada adopción; es muy diferente ser adoptado a los 2 meses, que al  año de edad o ser adoptado a los 2 o 3 años.

Por un lado están las pérdidas evidentes, son las que tienen que ver con los vínculos previos establecidos por el niño, estas serán más significativas si el niño es adoptado después de los 6 meses. La perdida de “status”, se da por una apariencia física diferente o por el simple hecho de que los demás saben que es “diferente”. Finalmente están las pérdidas encubiertas, que incluyen los factores sociales e intrapsíquicos como el abandono por sí solo, que tiene un importante efecto en el autoestima y el no saber nada de los padres biológicos. La mayor pérdida que enfrentan estos niños, es darse cuenta que sus progenitores no los quisieron, el impacto emocional de dicha realidad aparece entre los 8 y 9 años. (Nickman, 1985).

Por todas estas pérdidas, es frecuente observar depresión entre niños adoptados, ya que ésta generalmente es una experiencia dolorosa, vergonzosa, secreta e indica poco valor personal (Nickman, 1985). También es frecuente observar niños rebeldes, que se oponen a las presiones y estándares que se les imponen, con una creciente necesidad de definirse de forma autónoma. Al mismo tiempo y cuando el rechazo forma parte de su identidad (lo cual es común), prueban constantemente el compromiso y amor de sus padres. De tal forma que hacen lo prohibido y tienen dificultad para controlar sus impulsos. Esta conducta tiende a volverse destructiva, ya que la ansiedad sobre el rechazo no desaparece, sino que incrementa con cada prueba, de esta forma el niño termina provocando precisamente lo que más teme: rechazo. (Brinich, 1980)

En “La novela familiar de los neuróticos”, Freud menciona que es muy común al inicio de la latencia, cuando los niños comienzan a separarse de sus padres y advierten que éstos no son tan maravillosos como creían, que el niño genere la fantasía de ser un hijo adoptado. Pero no sólo eso, los padres imaginados están mejor posicionados social o económicamente. Freud explicó que la fantasía de adopción, permite reclamar las imagos tempranas de los padres y así, descartar los que se ven en la realidad, permiten expresar tanto el amor, como el odio al mismo tiempo y dirigir estos sentimientos hacia diferentes aspectos de los padres.

Por otro lado, todos los padres e hijos experimentan ambivalencia, se aman y se odian por momentos. Pero cuando hay una liga biológica, todos los miembros pertenecen entre si y la tarea de integrar el amor y el odio no es tan difícil como lo es para un niño adoptado. (Colarusso, 1987)

Es aquí donde comienza un reto más para los niños adoptados, quienes cuentan con una particularidad: tienen la oportunidad real de separar sus afectos entre dos pares de padres: los biológicos y los adoptivos. Es justo en esta escisión tan sencilla de hacer para ellos, donde se gestan muchas de las fantasías que conforman su mundo interno.

Cuando la idealización de alguno de los padres adoptivos se ve interrumpida por cualquier situación natural en la relación, el niño adoptado busca idealizar otra figura y se encuentra con la oportunidad de fantasear con sus padres biológicos. La fantasía, más que un proceso mental creativo, puede llegar a ser displacentera, ya que se conecta con el origen de sus vidas, el cual implica rechazo. (Brinich, 1980)

La mayoría de los autores explica la fantasía de los padres biológicos idealizados, en términos defensivos. Escinden para defenderse de la ambivalencia: “estos padres con los que vivo son malos, los que me imagino son buenos”. Esta es una solución atractiva para manejar los sentimientos de amor y odio que se viven hacia la misma figura; así, evitan la difícil tarea de fusionarlos. Al mismo tiempo, es una forma de poner distancia de la tensión sexual y conflictos con los padres adoptivos: “éstos no son realmente mis padres, por lo que no debo temer a mis deseos incestuosos”. (Nickman, 1985)

Siegel, en su artículo “la repetitiva fantasía de otro idealizado”, propone que esta fantasía no siempre es utilizada como defensa por los niños adoptados. Comenta que en algunos niños puede ser la búsqueda de un objeto idealizado, por el deseo de fundirse con un otro perfecto. Esta teoría, la basa en el concepto de Kohut de una configuración narcisista inconsciente que llama “imago parental idealizada”. Es una estructura primaria, no defensiva.

Kohut explica que la ausencia física o las carencias emocionales de un objeto idealizado, interrumpe el curso normal del desarrollo de la personalidad, en lo que respecta al sector de la idealización. Ya que se busca entonces otro objeto idealizable (normalmente tíos, maestros, etc), pero el niño adoptado busca idealizar a los padres biológicos. De esta forma empeora la relación con los padres adoptivos y el niño logra crear otra fuente de seguridad y completud. Más adelante en la vida, el deseo de fundirse con ese objeto idealizado, estimula la búsqueda de los padres biológicos idealizados. Es importante mencionar, que la posibilidad de idealizar a los padres adoptivos y de identificarse con ellos, disminuye la necesidad de idealizar a los padres biológicos. (Siegel, 1991)

Es un hecho, que la presencia de los dos pares de padres, hace más difícil la fusión intrapsíquica de las imagos parentales buenas y malas, de las relaciones objetales infantiles para llegar a una identificación realista y sobre todo, elaborable (Brinich, 1980). Las identificaciones se dan con dos diferentes influencias en el yo y en el superyó, una es la de los padres, la segunda, la de los padres biológicos fantaseados, que pueden ser también los odiados y peligrosos. (Lord, 1991)

La mayoría de las fantasías, como ya se mencionó, giran alrededor de esta la escisión. También aluden al rechazo y en ocasiones, son reparadoras. Algunas de las fantasías más comunes, son las de haber sido dados en adopción, por sus impulsos sexuales y/o agresivos (malos, sucios, asesinos); haber sido secuestrados, robados o vendidos por sus padres biológicos. También imaginan que fueron objeto de batalla entre ambos pares de padres. Fantasean con un invisible o perdido hermano gemelo y cuando están en tratamiento el terapeuta puede ser el padre biológico disfrazado. (Brinich, 1995).

Cualquier persona que los trate con amabilidad o que les parezca atractiva, puede jugar en su fantasía el papel de padre biológico. También imaginan que son hijos biológicos de sus padres adoptivos, lo cual disminuye la humillación que implica el ser adoptado y haber sido rechazado. (Colarusso, 1987)

La habilidad que genere un niño adoptado para fusionar el amor y el odio, tendrá que ver con la capacidad de los padres para aceptar las partes buenas y malas de su hijo de forma integrada, en lugar de: “nuestro hijo bueno” y “su hijo malo”. (Nickman, 1985). En muchas ocasiones, la representación mental de las  madres adoptivas sobre su hijo, consta de dos partes desconectadas, una aceptable y la otra inaceptable (Brinich, 1980).

Es importante mencionar, que el papel que juegan los padres adoptivos en el proceso de elaboración de pérdidas y fantasías, así como de fusión de impulsos, es fundamental, ya que los padres adoptivos deberán también poder elaborar sus pérdidas y fusionar sus representaciones, para que entonces puedan acompañar y contener a su hijo en este proceso.

Hablando de los padres adoptivos, una de las preguntas más frecuentes y angustiantes es: “¿Cuándo hablar sobre la adopción?, ¿Cómo?.

Hablar con un niño sobre su adopción puede ser una experiencia (para padres e hijos) de abandono, comparable con la misma sensación de abandono original de los padres biológicos. La mejor intervención que puede realmente ayudar al niño a elaborar todas las pérdidas es el DIALOGO, o discurso sobre la adopción, que inicia a la edad adecuada y continúa a lo largo del desarrollo del niño, de acuerdo con sus necesidades. (Nickman, 1985)

Sobre la edad apropiada, existen dos vertientes. La primera, es decirle al niño antes de los 5 años, entre los 2 y los 3 años de edad, de tal forma que el niño se acostumbre a la palabra “adoptado” en un ambiente amoroso. Poco a poco, irá comprendiendo el significado y de esta forma, se evita que la verdad sea un evento traumático.

La segunda vertiente, está basada en la teoría psicoanalítica, que menciona que la edad recomendable para hablar sobre la adopción es después de la etapa Edípica, ya que la habilidad para que el niño resuelva el conflicto Edípico, y se identifique con su padre o su madre,  puede ser obstruido por el conocimiento de ser adoptado. También es una edad en que su yo, se encuentra más fuerte, mejor estructurado. (Nickman, 1985).

Me parece, que lo más importante es la calidad del dialogo que se dé al respecto, no sólo en un momento de la vida del niño, sino a lo largo de su desarrollo, ya que será un tema presente en todas las etapas de su vida.

Creo que es fundamental que los padres tengan bien elaborado todo el proceso de adopción de su hijo, de esta forma, el dialogo que se dé a los 2 años, o a los 6 años, será de contención, sensibilidad, empatía y por supuesto amor.  Los padres deberán estar dispuestos y receptivos a hablar al respecto siempre que el niño lo necesite.

La experiencia de ser adoptado trae consigo rechazo, abandono, pérdidas y fantasías difíciles de elaborar. El papel de los padres adoptivos es fundamental en el desarrollo de los niños, ya que en la medida en que ellos, estén presentes emocionalmente y disponibles al dialogo, los niños tendrán más y mejores herramientas, para elaborar todo lo que gira alrededor de ser adoptados.

 

BIBLIOGRAFIA

  • Brinich, P.M. (1995). Psychoanalytic Perspectives on Adoption and Ambivalence. Psychoanalytic Psychology. 12 (2) 181-199.
  • Brinich, P.M. (1980). Some potential Effects of Adoption and Self Object representations. Psychoanalytic Study of the Child. 35:107-133.
  • Colarusso, C.A. (1987). Mother is than you?. Psychoanalytic Study of the Child. 42:223-237.
  • Freud, S. (1909). La novela familiar de los neuróticos. Obras completas. Amorrortu Editores Buenos Aires. Tomo IX.
  • Lord, R. (1991). Adoption and Identity: a case study. Psychoanalytic Study of the Child.  46: 355-367.
  • Nickman, S.L. (1985) Losses in Adoption-The need for dialogue. Psychoanalytic Study of the Child. 40:365-398.

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