Por: Erika Prado
“Lo nuevo siempre despertó perplejidad y resistencia” Sigmund Freud
En la actualidad existe una oferta amplia de alternativas psicoterapéuticas, todas ellas surgen del conocimiento del aparato psíquico el cual funciona y se encuentra condicionado por necesidades emocionales. Sin embargo nuestras intervenciones, nuestra formación como terapeutas y hasta el proceso de enseñanza, se ven afectadas y/o modificadas por el paso del tiempo, con esto me refiero a que los criterios de enfermedad, cura, técnica, etc. también son modificados en función de los nuevos tiempos, necesidades y adherencia a determinados enfoques. Debido a lo cual en el DSM-5 se ha propuesto una nueva categoría denominada Trastornos adictivos y relacionados a sustancias, en este capítulo podemos encontrar, como una subcategoría, trastornos adictivos no relacionados a sustancias donde si bien no se incluyó la Adicción a internet pues al parecer es apenas una patología emergente, es algo real.
En consulta se puede ver de primera mano, que es un hecho cómo el uso de la red está modificando la forma en que nos comportamos, la manera de relacionarnos, a tal grado que la “vida online” de los pacientes, cada vez con más frecuencia, se ha vuelto un punto a explorar, punto que hace unos pocos años no existía.
Sánchez-Aizcorbe (2014) resume de manera perfecta en unas cuantas líneas, el primer capítulo del libro de Ricardo Carlino psicoanálisis a distancia; el cual me parece aporta de manera exacta uno de los planteamientos centrales para considerar la psicoterapia a domicilio y cualquier otro tema nuevo o poco explorado dentro del psicoanálisis:
“Plantea la importancia de incluir los valores y paradigmas vigentes sin temor a abandonar ciertas posturas, para habilitar otras más adecuadas. Nos habla de la necesidad de contar con aportes reflexivos, así como de replantear y redefinir algunos conceptos y metodología, basándose en una serie de razones sociales y profesionales importantes, que de no tomarse en cuenta, el psicoanálisis corre el riesgo de perder paulatinamente posibilidades de implementación clínica. Un psicoanálisis que acompañe con inteligencia el devenir de la sociedad, en equilibrio entre lo nuevo y lo valioso conocido.”
Estos ejemplos, adicción a internet y psicoanálisis a distancia son muestra de algunas adecuaciones que con el paso del tiempo será necesario considerar en la teoría, técnica y metodología, sin embargo una modalidad que no se mencionó o no abiertamente, es precisamente el tema a tratar: psicoterapia a domicilio.
La intención es transmitir las deducciones sobre un tema de mi interés y que surge a raíz de una petición de éste tipo de terapia que decliné por no sentirme preparada al nunca haber considerado o siquiera planteado en mi mente la posibilidad, en esta ocasión es una originalidad que el trabajo clínico presentó y espero generar y compartir interrogantes abriendo el tema a futuras investigaciones, aportaciones, debate ya que es un tema basto que por supuesto no abarcaré en su totalidad.
¿De qué va este tema? Estamos acostumbrados a diferentes servicios que pueden llegar directamente a nuestro domicilio, comida, ropa, muebles, las compras del súper, casi todo lo que se pueda imaginar, pero que el terapeuta llame a tu puerta suena bastante extraño, por lo menos inusual y más en México; en algunos países como España y Argentina este servicio es bastante ofertado y de hecho, muy utilizado. La tarifa es elevada, el triple de una promedio, pues se cobra el recorrido de ir, la sesión y el trayecto de vuelta.
La psicoterapia en todas sus modalidades parte con la historia del psicoanálisis desarrollado por Freud hace más de un siglo, en ese entonces como parte de la técnica se describieron en sus escritos intervenciones que ahora serían inaceptables y que claramente responden a la construcción de la teoría que estaba desarrollándose a la par. Por ejemplo “en 1913 Sandor Ferenczi, reportó que había tratado de adaptar la técnica psicoanalítica al niño pero que había fracasado. Explica que el niño no cooperaba porque quería jugar. Ferenczi pretendía que el niño paciente permaneciera recostado en el diván” (Salles, 2001, p.21)
Al mismo tiempo Herminia von Hug-Hellmuth, tercera mujer en ser aceptada como miembro en la Asociación Psicoanalítica de Viena, educadora de profesión y “pionera del psicoanálisis infantil que abrió un fructífero camino para que Anna Freud y Melanie Klein continuaran profundizando” (Reyes, 2004, p. 141) utilizó los descubrimientos de Freud para tratar a niños y a sus padres en los domicilios de estos, creía firmemente que era imposible tratar niños si no era en con visitas domiciliarias y pedía ser presentada como amiga de la familia, así el niño era tratado sin darse cuenta.
Del mismo modo Erikson (1978), menciona haber tenido por costumbre, antes de encarar un problema familiar, compartir con sus protagonistas una comida en su hogar y ser presentando a su futuro paciente, igualmente, como un amigo de los padres que deseaba conocer a toda la familia; visitaba la habitación del chico, hablaba con él y regresaba en días siguientes si así lo creía necesario (p. 46).
Como vemos hay varios autores que refieren en sus escritos visitas domiciliarias, estos ejemplos hablan específicamente de niños sin embargo la psicoterapia a domicilio no se limita sólo a esta población, es especialmente indicada además, para personas con problemas físicos o de movilidad, que estén a cargo de una persona dependiente y por lo cual no puedan trasladarse, moribundos o que por otras circunstancias así lo deseen, prestando atención a que no se prefiera esta modalidad por buscar un rápido alivio sintomático, se aspire a alcanzar resultados instantáneos con el método terapéutico más cómodo posible, el mínimo esfuerzo o compromiso, si no recurrir al mismo por cuestiones que realmente imposibiliten la adherencia al tratamiento en su forma tradicional.
De esta manera los “métodos de vanguardia” como la psicoterapia a domicilio implementados en países avanzados, en realidad vuelven a sus inicios con visitas en el domicilio que bien nos pueden permitir, como en una investigación de campo, recoger información in situ, lo cual nos permitirá ver el mundo del paciente ya no solamente desde su imaginario, abriendo el panorama de la forma en la que vive, analizar su mundo interno de propia voz y desde sus ojos pero viéndolo al mismo tiempo con los propios y evaluar, de manera objetiva, el contexto personal del paciente, hacer una lectura más precisa de su realidad psíquica y entorno para formular hipótesis mejor fundamentadas de diagnóstico y tratamiento.
Esto no es algo totalmente nuevo, existen casos documentados de visitas domiciliarias en pacientes terminales a los que a lo largo del tratamiento fue necesario visitar en su casa u hospital, sin embargo aquí hablo de ofrecer el servicio e iniciar una terapia de este corte y esto traerá nuevos retos e implicará ventajas y desventajas. Lo primero es delimitar las zonas de la ciudad y el tipo de población que se atenderá.
Los requerimientos de espacio y tiempo son primordiales, contar con un espacio donde se disponga por al menos de una hora de tranquilidad, intimidad y comodidad es requisito y se debe comunicar así al paciente en el encuadre inicial, puntualizando en ello. Las entrevistas iniciales en consultorio brindarán la información necesaria para decidir si es viable, y de ser así, podremos recabar el qué, cómo, cuándo, dónde, etc. en ellas, para comenzar el tratamiento en su casa, esto adicionalmente brindará la oportunidad de cotejar su comportamiento en ambos espacios y hacer un análisis profundo del resultado, conocer si estar en su casa permite y promueve el manejo de la resistencia y el fenómeno de la trasferencia o por el contrario lo entorpece con cada futuro paciente en particular. Al estar en su casa le corresponde al analista, cómo en cualquier otro sitio donde se desarrollen las sesiones, “Crear un ambiente sensible, empático, motivante, con un clima de receptividad, calidez, respeto e interés cooperativo […] para que pueda, el paciente, hablar de sus angustias, síntomas y conductas conflictivas” (López, 2010, p. 3)
Logrado esto en este sitio, la casa del paciente y pensando la contratransferencia como “un instrumento a ser implementado por el analista para la mejor comprensión del mundo interno del analizando y del suyo propio” (Lutemberg, 2014, p. 67) sin duda se volvería rica en expresiones, se sumaría el elemento fáctico que ayudará a resignificar la patología del paciente y abrirá un amplio y mejor espacio para formular interpretaciones pertinentes.
Es claro que este es un punto que amerita mayor y profunda reflexión e investigación y que naturalmente contribuirá a acrecentar nuestra potencialidad terapéutica y por supuesto abrirá controversia.
La supervisión, vista no como la imposición de una visión superior, sino como proveedora de un “ambiente facilitador para que el analista pueda, de modo espontaneo y no prefijado asociar libremente acerca de la experiencia con su paciente”. (León, 2013, p. 349) no tendrá ningún impedimento, por el contrario habrá material rico en contenido que si hay oportunidad de llevar con un supervisor que cuente con experiencia en visitas domiciliarias y los hay en esta sociedad, sería la combinación idónea para una pronta y profunda comprensión de la psicodinamia del paciente.
Si hablamos de basar la terapia en la exploración de lo inconsciente y en general comprender e interpretar los aspectos latentes de la psicodinamia del paciente, la alternativa de psicoterapia a domicilio es viable. Stefano Bolognini presidente actual de la IPA (2017) menciona en entrevista con Pavón que:
“El paciente tiene que reproducir sus dificultades en la relación con sí mismo y con el otro a través de un grado de abstinencia y de neutralidad del analista, no es un problema de confort (lugar) es un problema de poner al otro en condición de trabajar mejor en la sesión, de asociar, de recordar, de intercambiar de manera vivible. La empatía psicoanalítica no es ser concordante con la parte más superficial del otro, sino mantenerse potencialmente en contacto y abiertos con todas las partes del paciente. Inclusive las partes contradictorias, conflictivas”. (Pavón, 2016, párr. 4)
A estas palabras agregaría que estar en su casa, contrastar su modo de vivir día a día sin anularlo como sujeto de experiencia y sin perder nuestro marco profesional, sin duda facilitaría la tarea. El funcionamiento será idéntico, la diferencia es un abordaje personal particularizado: el lugar donde se realiza. Dar nuevas oportunidades a quien las necesita.
El psicoanalista cuenta con las herramientas adecuadas, el trípode: análisis personal, formación teórica y experiencia clínica. Tal vez lo que más la limitará serán las vicisitudes de la CDMX eso es un tema aparte, pero para tomar en consideración.
Después de tratar de poner en orden algunas de mis reflexiones, las antes expuestas, parece que esto es sólo un pequeño brote de todo lo que implicaría en cuanto a teoría y técnica, tan es así que no me atreví a titular el trabajo como psicoanálisis a domicilio, pero por algo se empieza y esto es el comienzo de algo.
Uno de los problemas con el psicoanálisis actualmente, es la opinión que hay de él, me refiero a la opinión general de personas sin formación psicoanalítica que no creen en su vigencia, que más bien lo piensan obsoleto; mayormente lo que pasa es que poseen información obsoleta sobre él o lo que es peor, información errónea y es lo que los lleva a pensarlo de este modo. Es tarea de las Sociedades y precisamente de nosotros como candidatos pertenecientes a éstas, renovar y vivificar el método por medio de una mejor comprensión del mundo en que vivimos hoy, repensar nuestra concepción particular del vínculo analítico y sus posibles adecuaciones necesarias para considerar al aparato psíquico y lo inconsciente, no de manera distinta sino en relación con los nuevos tiempos, la cultura, tecnología, política, métodos de crianza, etc. que ya no nos permiten ser sólo los analistas aislados en un consultorio sin ir más allá.
Repito, hay nuevas necesidades que atender que nos precisan ser flexibles y que además piden a gritos desacartonar el psicoanálisis, encontrar o diseñar espacios idóneos para llevarlo al gran público de manera distinta, situación que adicionalmente contribuirá a una mayor afluencia de pacientes en nuestros consultorios, cursos o medio en que nos desarrollemos y cambiará poco a poco la opinión de la gente.
Lo que quiero decir es que podemos hacer que el psicoanálisis sea menos solemne y formal sin por ello salir de los lineamientos institucionales, perder seriedad, rigor o ética, me parece es un poco lo que hace falta en la formación o en algunos de nosotros y el tema presentado, encaja muy bien en esto.
 
 
Bibliografía

  • Erikson, E. (1978). Infancia y sociedad. Buenos Aires: Hormé.
  • León, S. (2013). Psicoterapia psicoanalítica, una ética terapéutica más allá de la técnica. Chile: RIL.
  • López, E. (2010). Entrevista clínica. En Rossi, L. (Comp.), Entrevista, Historia clínica, Patología frecuente (p.p. 3 -10). México: ETM.
  • Reyes, O. (2004). Hermine Hug-Hellmuth, genuina pionera del psicoanálisis del niño. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, (89), 131-142.
  • Salles, M. (2001). Manual de terapias psicoanalíticas en niños y adolescentes. México: Plaza y Valdés.

 
 
Imagen: freeimages.com / Marco Recuero
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