rainbow-flag-in-san-francisco-1547874Por: Paulina Palacios
Con este escrito pretendo fundamentar que las políticas de discriminación hacia candidatos homosexuales llevadas a cabo por la IPA carecen de fundamento en la postura asumida por el propio Freud y algunos de sus primeros colegas. En cambio, se basa en una lectura revisionista norteamericana de la obra freudiana, coagulada por la IPA en las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado. Haré primero una revisión de algunas declaraciones públicas y privadas que el mismo Freud hizo, para así pasar a sus detractores y aliados respecto a este tema –tanto en Europa como en Norteamérica– que llevaron finalmente a lo que creo es un sesgo ideológico (con pretensión de cientificidad) rígido y moralizante respecto a una elección de objeto homosexual. Dicho sesgo considero está basado en creencias culturales e ideológicas pertenecientes a la lógica puritana anglosajona, tan arraigada en la historia de Estados Unidos desde su mismo origen como nación.
Mi interés sobre el tema data de hace tiempo, y en el intento de lograr mi objetivo, tomaré datos bien conocidos de la historia del movimiento psicoanalítico y su institucionalización (que se puede revisar en diversos textos, biografías y escritos sobre nuestro devenir como gremio), así como dos textos principales que encontré en este camino. Uno de ellos lo descubrí hace tiempo llamado The Mental Health Professions and Homosexuality, editado por The Haworth Medical Press en 2003, y el otro es un artículo que encontré hace apenas unos días titulado Freud, la homosexualidad masculina y los americanos, escrito por Henry Abelove y que se encuentra en wordpress.
Postura freudiana
El 9 de abril de 1935, cuatro años antes de su muerte y ya muy enfermo, Freud escribe en inglés una carta como respuesta a una mujer que lo busca angustiada respecto a la homosexualidad de su hijo. Entendemos, vía la respuesta de Freud, que esta madre estadounidense le escribe preguntándole si él puede “curar” a su hijo. Sabemos de la existencia de esta carta gracias a la princesa Marie Bonaparte, quien publicó entre 1950 y 1951 escritos que Freud no habría querido divulgar, entre ellos, además de la carta citada, el famoso Proyecto de psicología para neurólogos, escrito en un viaje en tren en el año de 1895 sólo para los ojos de su amigo Fliess. En esta carta –ahora no difícil de encontrar, ya que se encuentra fácilmente en la biografía que Jones hace de Freud, y obviamente, en Google– Freud escribe:
Deduzco que su hijo es homosexual. Me impresiona mucho el hecho de que usted no menciona esta palabra en su información sobre él. ¿Puedo preguntarle por qué evita el uso de ese término? La homosexualidad no es una ventaja, pero tampoco es algo de lo que uno deba avergonzarse; un vicio o una degradación, ni puede clasificarse como una enfermedad. Nosotros la consideramos como una variante de la función sexual, producto de una detención en el desarrollo sexual.
Freud continúa:
Muchos individuos altamente respetables, de tiempos antiguos y modernos, entre ellos varios de los más grandes (Platón, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, etc.) fueron homosexuales. Es una gran injusticia perseguir la homosexualidad como un crimen y es también una crueldad. Si Ud. no me cree a mí, lea los libros de Havelock Ellis.[1]
En la biografía de Jones, encontramos que la madre de este hombre dijo sentirse muy agradecida por la carta, que incluso mandó a Alfred Kinsey, argumentando que Freud era un gran y buen hombre. Suponemos que encontró en las palabras sin prejuicios de Freud, aliento y bondad[2].
En esta carta, Freud expone claramente su opinión respecto a la elección de objeto homosexual: no es una ventaja, pero tampoco es algo vergonzoso, un vicio o una degradación de la vida amorosa, ni puede clasificarse como una enfermedad. Escribe rotundamente que perseguir a alguien por ser homosexual es además de un crimen, algo cruel. Incluso manda a la madre de este joven a educarse al respecto, en caso de que no creyera las palabras que el Dr. Freud suscribe.
Además, si seguimos leyendo, Freud le dice a esta mujer que ningún homosexual debe ser tratado psicoanalíticamente por ser homosexual. Si su hijo, le dice, es además neurótico, infeliz o desdichado, entonces puede ayudarlo, pero por lo anterior, no por su elección de objeto de amor.
Freud fue siempre claro respecto a esta postura: en 1903, más de treinta años antes de esta carta, Freud concede una entrevista a un diario vienés a propósito del juicio de un profesor universitario que estaba siendo acusado de conductas homosexuales. Freud responde que la vida sexual de un individuo no tiene lugar en la corte y que la homosexualidad no es una enfermedad ni una degeneración[3].
Otro ejemplo de ésta postura freudiana la tenemos en 1930, donde al revisarse el código penal austrogermano, Freud aparece como cofirmante de una declaración que solicitaba no se criminalizaran las prácticas homosexuales entre adultos consensuantes, afirmando que de realizarse una criminalización, se estarían violando flagrantemente los derechos humanos y, solicitando que los homosexuales tuvieran los mismos derechos que los demás[4].
Freud mantuvo tanto de manera pública como privada su postura: no aceptaba candidatos a análisis sólo por ser homosexuales. Debían ser además neuróticos –y eran tratados como tales–. Existe incluso un sobrecogedor relato de un hombre que acudió a consulta con Freud entre 1904 y 1905 bajo petición de un profesor de la Universidad de Viena que mostraba preocupación por él. Bruno Goetz era un estudiante de poesía que sufría económicamente y estaba aquejado de síntomas que parecían ser melancolía. Por lo que entendemos, él no quería ir a ver a Freud ya que, al haber leído la obra inaugural del psicoanálisis, le aterrorizaba pensar que iba a destruir sus sueños. El profesor que arregla la cita manda a Freud, previo a ésta, una serie de poemas escritos por el estudiante. Ya en consulta y al hablar de sus prácticas sexuales “no convencionales” y de amor, comienza a sentirse mejor. Freud, además de hacer algunas intervenciones que valdría la pena estudiar técnicamente, le pregunta cuándo fue la última vez que comió bien. Al terminar la consulta, el fundador del psicoanálisis le entrega un sobre y le dice:
Le ruego no lo tome a mal, soy un médico ya instalado y Usted es todavía un joven estudiante. Acepte este sobre y permítame, por una vez, asumir por hoy el papel de su padre. Son pequeños honorarios destinados a retribuir la alegría que sus versos y la historia de su juventud me han deparado[5].
Ese sobre contenía dinero para que pudiera cenar un buen bife. Goetz escribe que en cuanto abrió el sobre y vio el dinero, se soltó a llorar. El joven poeta fue a visitar a Freud dos veces más. En estas reuniones, podemos ver al Profesor Freud hablando de lo que él consideraba significaba ser artista. Le recomienda a Goetz nunca encerrarse ni ocultarse y ser libre, para así poder escribir. El poeta nos comparte:
No me acuerdo lo que le contesté. Cuando llegó el momento de separarnos, me dio la mano y me miró a los ojos, y vi una vez más la bondad tan afectuosa y melancólica de su mirada. No olvidé esa mirada en toda mi vida[6].
Bruno Goetz pasó a ser reconocido como poeta y escribió en varios periódicos europeos. Ahora hasta página de Wikipedia tiene.
Aliados y detractores
En los ejemplos expuestos se describen diferentes momentos en la vida teórica y personal de Freud, pero también del movimiento psicoanalítico. El Freud de 1904 no era el mismo de 1935, y sin embargo, en esta postura se mantuvo. Si bien considero que Freud fue congruente respecto a esta posición teórica y política acerca de los homosexuales, desde muy temprano encontró resistencias entre sus colegas. Tanto Jung como Jones respondían negativamente cuando eran consultados respecto a la aceptación de candidatos homosexuales en los primeros institutos de formación en psicoanálisis en Europa. Jung era el más ferviente de ellos, llegando a usar términos derogatorios para referirse a individuos homosexuales[7]. Jones, a fin de cuentas británico, usaba concienzudamente las palabras para no parecer homófobo, pero transmitía su valoración. Por su parte, Rank y Freud, ante la intención de ingreso de un candidato abiertamente homosexual al instituto psicoanalítico de Berlín en la segunda década del siglo pasado, responden que su homosexualidad no debe ser factor especial para la consideración de su aceptación a tal instituto. Los demás (Sachs, Eitingon y Abraham), responden que lo seguirán pensando. En Berlín también se encuentra uno de los pioneros del movimiento de la lucha gay, que para 1910 peleaba ya por su despenalización: Magnus Hirschfeld, miembro cofundador de esa sociedad psicoanalítica. Como vemos, había desde ese entonces posiciones encontradas.
Así, cada una de las sociedades psicoanalíticas en función para esa década, tuvo sus propios debates. Freud siempre fue claro en su postura, pero al no radicar en ningún otro lugar más que en Viena, su alcance (para nuestra sorpresa) fue limitado. Tenía cerca otros aliados: Viktor Tausk (con su trágica historia y muerte)[8], y Sadger.
Conforme el movimiento psicoanalítico avanzaba, más sociedades e institutos se fundaban a lo largo de Europa y Norteamérica. Recordemos que en 1909 Freud viaja junto con algunos de sus preferidos a Clark University, en Massachusetts, para brindar sus primeras Conferencias de Introducción al psicoanálisis y en sus palabras, llevarles la peste. Con Putnam (quien es uno de los que lo recibe en Estados Unidos), mantiene una correspondencia[9] donde Freud apela a que sea menos moralista y más libre respecto al ejercicio de la pulsión sexual. Putnam, como buen representante WASP[10], no hace mucho caso. Freud insiste en el carácter amplio del esquema sexual dentro de la teoría psicoanalítica, y le recuerda que todos hemos hecho por lo menos una elección homosexual en nuestra vida, y que si bien no para todos es sabido, no deja de tener injerencia desde lo inconsciente.
Institucionalización
Considero que los británicos y los norteamericanos no sólo ganaron la Segunda Guerra Mundial, sino también (y tal vez derivado de este triunfo) el orden político del psicoanálisis. En cuanto muere Freud, varios analistas se declaran en contra de la homosexualidad. Para la década de los 50, ya la postura oficial era enteramente condenatoria. Rado escribe que, para todas las teorías psicoanalíticas, la homosexualidad es siempre psicopatológica[11]. Charles Socarides va más allá, al afirmar que la homosexualidad es una enfermedad que siempre viene acompañada de psicosis y manifestaciones maniaco-depresivas[12]. Éstos basaron sus consideraciones ideológicas más en la medicina de la época que en un saber psicoanalítico[13]. A mi sentir, Rado y Socarides (como mayores representantes) hicieron una verdadera psicopatologización de la homosexualidad al férreo estilo psiquiátrico norteamericano, alejándose así de lo psicoanalítico.[14]
Por supuesto que en la historia del movimiento psicoanalítico podemos encontrar voces en contra de dicha patologización; Robert Stoller viene a la mente[15]. Tampoco pretendo pensar a la IPA como una institución monolítica sin voces divergentes. Menos aun pretendo siquiera imaginar que dentro de la IPA no hayan existido, desde siempre, homosexuales; como ejemplo principal podemos pensar en Anna Freud y su relación con la heredera de Tiffany’s NY.
El asunto es que los primeros –con puestos de poder y aliados– lograron consolidar una postura política hegemónica y con esto, fueron oficializadas una serie de categorías y prácticas discriminatorias en contra de personas homosexuales en instituciones nacionales e internacionales dentro del campo psicoanalítico (dedicadas, siguiendo a Foucault[16] a preservar el status quo de la cultura), además de los innumerables analistas que funcionaron bajo el precepto de que la homosexualidad debe ser curada en función de una organización psíquica “más alta”, como si ser heterosexual fuera garantía de algo respecto a la salud mental. Lo anterior, por decir lo menos, obligó a que psicoanalistas homosexuales hicieran justo lo contrario a lo que el viejo Freud recomendó a nuestro joven poeta desde los albores del siglo pasado: encerrarse, ocultarse y negarse a la posibilidad de ser libres y, por lo tanto, de escribir.
Con las políticas institucionales puestas en juego –en la teoría y en la práctica– para ser analista en ese entonces, debías o bien ser heterosexual, o esconder tu homosexualidad. Los slogans de la tierra de la libertad y el hogar de los valientes se nos derrumban. Podemos pensar que si bien Michael Jackson en una especie de wishful thinking cantó que no importaba ser blanco o negro en Estados Unidos (cuando es evidente que sí), nosotros podríamos haber cantado ilusoriamente que no importaba ser buga[17] o gay para la institución psicoanalítica. Son esos pedazos de historia, muchas veces escondidos, que considero marcan el rumbo de los grupos. Estados Unidos se congratula al pensar que su mismo origen está marcado por los migrantes y la democracia, Dadme a vuestras hacinadas muchedumbres que anhelan respirar en libertad, reza la estatua de la libertad, mientras que en letra chiquita se nos aclara que se es bien recibido sólo si eres hombre blanco, anglosajón y protestante[18]. Así, muchas veces nuestro gremio se cura en salud al decir que abogamos por la libertad del individuo, apelando a una escucha abierta sin juicios ni prejuicios. Nuestra letra chiquita por mucho tiempo rezó: sólo si eres heterosexual, garante de la salud mental. Si no lo eres, no te preocupes, nosotros te quitamos tu enfermedad –a escondidas–.
Cambios y movimientos
Si bien el mundo cambió en los 70, la IPA no. No fue sino hasta 1998 (¡!) que se abrió el tema en la Internacional. Hasta entonces, la IPA negaba el tema con frases como las siguientes: “La homosexualidad es patológica y por lo tanto descalificativa”, “Como organización científica la IPA debe evitar asuntos políticos” y “Ya que no hay ninguna política escrita respecto a este tema que excluya a los homosexuales, por lo tanto, no hay problema.”[19]
Repaso un poco la historia que se puede leer en el artículo de Roughton: en 1992, Richard Isay había hecho el intento de abrir el tema acerca de la discriminación en el Consejo Ejecutivo de la IPA, escribiendo una carta al entonces presidente, Joseph Sandler. Éste responde con una negativa al decir que no había tiempo para discutir el tema de la discriminación hacia homosexuales[20]. Roughton en su artículo, explica cómo esto no llegó a pasar: en la élite de poder de la IPA, se encontraba un grupo de analistas conservadores que no tenían la intención de escuchar. La asociación estadounidense da un golpe en 1996: el mismo Roughton –un analista abiertamente homosexual– es elegido como miembro de la casa de delegados con la firme intención de someter a discusión una resolución para terminar la discriminación hacia los homosexuales dentro de la IPA. No es sino hasta 1997, cuando Otto Kernberg asume la presidencia, que se deja ver un rayo de esperanza: sabían que el punto de vista de éste había cambiado a lo largo de los años y que probablemente ya no consideraba la homosexualidad como necesariamente patológica. Al hablar con Kernberg, éste manifiesta su apoyo.
Sin embargo, lo anterior no es suficiente. Para el congreso internacional celebrado en 1997 en Barcelona, Ralph Roughton decide hablar abiertamente acerca de la homosexualidad. Traduzco sus impresiones:
Durante mi presentación clínica, me identifiqué como un analista didacta abiertamente homosexual – prácticamente un oxímoron en esos momentos. Creo que ningún otro miembro de la Casa de Delegados asistió a este panel particular,  ya que de haber sido así, habrían visto a algunos analistas demostrando sentimientos antihomosexuales abiertamente, en el aquí y el ahora. Yo me encontraba consternado respecto a que el primer comentario del auditorio después de mi presentación fuera sobre  homosexuales abusando de niños pequeños. […] Otro participante del auditorio exigía  saber “¿qué vamos a hacer cuando ‘ellos’ (los analistas gays) vengan a tocar nuestras puertas queriendo unirse a nuestras sociedades psicoanalíticas?” […] No supe decir si él había entendido que yo era uno de “ellos”. […] Además, otro colega gay y yo habíamos puesto un anuncio en el pizarrón, invitando a otros participantes gays y lesbianas para que nos acompañaran en un trago después del panel. Alguien había escrito grafiti peyorativo en nuestro anuncio.[21]
En 1999, en Santiago de Chile, se logra escribir una política de no discriminación dentro de la casa de delegados. Esto no le gustó al consejo ejecutivo de la IPA. Afirmaron no sentirse cómodos con que el término homosexual estuviera escrito abiertamente, prefiriendo, como aquella madre que le escribe a Freud en 1935, dejarlo sobreentendido. Muchos miembros estaban escandalizados acerca de que, al negarse a adoptar una política de no discriminación que nombrara  específicamente la orientación homosexual, parecía que la IPA afirmaba una postura prejuiciosa, acomodándose con aquellos que la consideran patológica[22].
Lo anterior abrió las puertas del infierno dentro de la comunidad psicoanalítica internacional. Se hicieron escritos, discusiones en línea y paneles “abiertos” que parecían no terminar. Ya en el siglo XXI, para 2001, con Daniel Widlocher como presidente, se le solicita que ponga orden al respecto y se discute el tema en Niza. Roughton cuenta:
El debate fue riguroso y duró como dos horas. La postura más vocal vino de una delegada que quería tener evidencia científica de que los homosexuales eran capaces de funcionar como psicoanalistas. […] Robert Pyles contestó que, aun tomando en serio su argumento, tendría más sentido pedir evidencia respecto a que los homosexuales no fueran capaces de funcionar como psicoanalistas antes de quitar derechos y prerrogativas a todo un grupo.[23]
Casi por voto unánime, se aprueba finalmente una declaración, que queda como sigue:
Sobre la base de su compromiso con valores éticos y humanistas, la IPA se opone a cualquier forma de discriminación. Esto incluye, pero no se limita a, cualquier discriminación por motivos de edad, raza, género, etnia,  creencias religiosas u orientación homosexual. La selección de los candidatos para el entrenamiento psicoanalítico debe realizarse solamente sobre la base de las cualidades directamente relacionadas con la habilidad de aprender y de funcionar como psicoanalista.[24]
Concuerdo con Roughton al decir que
Lo único que necesitamos saber es que en efecto es posible ser tanto homosexual como un psicoanalista competente, y lo anterior es demostrablemente cierto. Si lo anterior es así, entonces cualquier rechazo basado únicamente en una orientación homosexual es claramente un acto discriminatorio.
Finalmente, más de un siglo después, Freud sonríe.
 
Bibliografía

  • Abelove, H. Freud, la homosexualidad masculina y los americanos.

https://redfilosoficadeluruguay.wordpress.com/2013/09/28/freud-la-homosexualidad-masculina-y-los-americanos/
 

  • Cornejo E., J. La homosexualidad como una construcción ideológica. Límite, vol. 2, núm. 16, 2007. Universidad de Tarapacá. Arica, Chile. http://www.org/pdf/836/83601605.pdf

 

  • Goetz, B., Recuerdos sobre Sigmund Freud.

https://drive.google.com/file/d/0B3B1j7FmW65iQmtlOU9talZqdWc/view
 

  • Howard Zinn, en A people’s history of the United States. Harper Perennial Modern Classics. 2005

 

  • Jones, E., Vida y obra de Sigmund Freud, Editorial Lumen-Hormé, Buenos Aires, 1998.

 

 

  • Roazen, P., Brother Animal. The story of Freud and Tausk, New York University Press. 1969

 

  • Roudinesco, E., La batalla de los cien años. Editorial Fundamentos.

 

  • Roughton, Ralph. The International Psychoanalytical Association and Homosexuality. En The Mental Health Professions and Homosexuality. International Perspectives. Lingiardi, V., Drescher, J., editores. The Haworth Press, N.Y., 2003

 

  • Stoller, R. Perversion: The erotic form of Hatred. 1995

 
[1] Jones, E., Vida y obra de Sigmund Freud, Editorial Lumen-Hormé, Buenos Aires, 1998, Tomo III, p. 214-215.
[2] Ibíd., T.3, p. 214.
[3] Henry Abelove, Freud, la homosexualidad masculina y los americanos.
https://redfilosoficadeluruguay.wordpress.com/2013/09/28/freud-la-homosexualidad-masculina-y-los-americanos/ Recuperado el 28/04/2017
[4] Ibíd.
[5] Goetz, B. Recuerdos sobre Sigmund Freud. https://drive.google.com/file/d/0B3B1j7FmW65iQmtlOU9talZqdWc/view Recuperado el 28/04/2017
[6] Ibíd.
[7] Abelove, H. Op.cit.
[8] Para una lectura acerca de la vida y obra de Viktor Tausk se puede revisar el libro de Paul Roazen, Brother Animal. The story of Freud and Tausk, editado por New York University Press.
[9] Ibid.
[10] WASP Préstamo del inglés de Estados Unidos: white anglo-saxon protestant, formado con las siglas de w(hite) a(nglo)-s(axon) p(rotestant) que se traduce como blanco, anglosajón y protestante, término utilizado ya en el siglo veinte para agrupar a los herederos “legítimos” de la tradición puritana, conocidos ampliamente por su postura moralista sobretodo, con respecto a lo sexual.
[11] Ibid.
[12] Para una lectura más elaborada de éste punto, consúltese el trabajo de Bernardo Lanzagorta presentado en la Sociedad Psicoanalítica de México en abril de 2014 titulado Entre lo políticamente correcto y lo patológico: Pensando en el papel de la homosexualidad y publicado en la página de ésta sociedad en noviembre del mismo año. https://spm.mx/home/entre-lo-politicamente-correcto-y-lo-patologico-pensando-en-el-papel-de-la-homosexualidad/ Recuperado el 05/05/2017.
[13] “El surgimiento de una medicina de la sexualidad en el siglo XIX se vincula con la constitución histórica del cuerpo, a partir del siglo XVIII, como un dispositivo dominado por prácticas disciplinarias, ligado a sus a priori biológicos. Así, la medicina pasó a desempeñar un papel importante y característico entre las instancias de control social.” Cornejo E., J. La homosexualidad como una construcción ideológica. Publicado en Límite, vol. 2, núm. 16, 2007, pp. 83-108 Universidad de Tarapacá Arica, Chile. http://www.redalyc.org/pdf/836/83601605.pdf Recuperado el 05/05/2017.
[14] Crítica que muchas escuelas psicoanalíticas desde hace mucho tiempo hicieron de la Asociación Psicoanalítica Americana y por lo tanto, de la IPA. Tal vez una de las referencias más importantes al respecto sea Lacan, en Francia, que para 1963 ya no era parte de la organización. Para una lectura acerca de la crítica francesa hacia los americanos en esas décadas y por lo tanto a las posturas oficialistas de la IPA, se puede revisar el trabajo de tres tomos de Elizabeth Roudinesco, titulado La batalla de los cien años editado en español por Fundamentos.
[15] Robert Stoller propone en su libro Perversion: The erotic form of Hatred editado por Karnac, que dicho término sea sólo utilizado cuando se anule la subjetividad del otro. Por ejemplo: los nazis al pensar a los judíos como menos humanos, inferiores a la raza aria e incluso, objetos. Así, el término perversión estaría más enganchado a términos como crueldad y violencia, y menos enganchado por lo menos en principio, a una práctica sexual.
[16] Para una lectura más amplia de esta postura foucaultiana se puede revisar la síntesis hecha por de Juan Cornejo en el trabajo citado anteriormente.
[17] Buga es un término utilizado por los homosexuales en México para describir a los heterosexuales que en un inicio se consideró peyorativo pero que actualmente se utiliza de manera casual.
[18] Para una lectura menos idílica de la historia de Estados Unidos, se puede leer a Howard Zinn, en A people’s history of the United States editado por Harper Perennial Modern Classics.
[19] Roughton, Ralph. The International Psychoanalytical Association and Homosexuality. En The Mental Health Professions and Homosexuality. International Perspectives. The Haworth Press, N.Y., 2003.p. 189. La traducción es mía.
[20] Ibíd., p. 190
[21] Ibíd., p. 191. La traducción es mía.
[22] Ibid., p. 193. La traducción es mía.
[23] Ibíd., p. 195. La traducción es mía.
[24] Ibid, p.195. La traducción es mía
 
 
Imagen: freeimages.com / Owen Parry
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