Por: Mariana García Pimentel
Introducción
“En el divorcio se regresa a una especie de estado anterior; a veces felizmente, otras se arriba a un escenario interno de mayor indefensión por las partes que de sí mismo se olvidaron y ofrendaron al otro, quedando un enorme sentimiento de vacío y perdida.” Susana Velasco, 2017
El divorcio es un fenómeno en aumento que responde a múltiples causas de índole cultural, ideológica y personal. En un inicio se hará una breve contextualización de la época actual para comprender los desafíos específicos a los que se enfrentan las parejas y las familias en la actualidad. Después, se hará una reflexión sobre los mecanismos psíquicos que se mueven en un divorcio y como estos se manifiestan en el espacio terapéutico. Se hará énfasis en las dificultades que estos movimientos inconscientes introducen al trabajo analítico, tanto con los niños como con los padres.
El divorcio en la actualidad
Susana Velasco en su libro “El divorcio” menciona las raíces históricas y cambios culturales que han tenido como efecto otras formas de enamorarse, casarse y separarse en la actualidad.
Uno de los temas centrales que desarrolla es como los cambios ideológicos y en los roles de género han generado nuevas formas de convivencia en las parejas. En la época premoderna el matrimonio era por interés, arreglado o de amor convencido y se sustentaba en las relaciones comunitarias y de familias extensas. Según Roca Girona (2008), citado en Susana Velasco (2017) existía la idea de: “primero nos casamos y luego nos enamoramos” (p.18) . Además, el matrimonio debía durar para siempre quedando en otro lado la pasión y la sexualidad.
En el modernismo, se presentó otro tipo de matrimonio; “el matrimonio por amor” el cual se oponía a los ideales de la antigüedad clásica. Se gestó la idea de que “existe una sola persona en el mundo capaz de unirse a todos los niveles y poder colmar la totalidad de anhelos y necesidades de su pareja a través de la reciprocidad y estabilidad. La permanencia de los vínculos se apuntaló en las cualidades intrínsecas del “otro” (Bewin-Legros, 2004 citado en Velasco, 2017 p.19) Otro punto importante es que “La pareja y la familia trasladaron la importancia de la propiedad patrimonial para poner el acento en los sentimientos enriqueciendo el ámbito de lo privado y subjetivo.” (Campuzano, 2001 en Velasco, 2017 p.19).
Otro cambio significativo en la dinámica de las parejas actuales es; “La emancipación de la mujer, el acceso de esta a una formación profesional y su inclusión en la vida laboral, el invento de los anticonceptivos y la revolución sexual, se añadieron al esquema de la doble jornada, constituyéndose en una carga adicional de trabajo para la mujer en cambio significativo en el funcionamiento de la familia” (Velasco, 2017 p. 20)
Susana Velasco, explica cómo los ideales de pasión y el deseo de que la pareja elegida satisfaga la totalidad de necesidades se rompe dando paso a otros sentimientos que pueden resultar tanto vinculantes como desvinculantes. Esta dificultad para conciliar dichos ideales lleva, en muchos casos, a encontrar en el divorcio una salida.
Lyotard (1979) citado en Velasco (2017) hace mención a que los sellos distintivos de nuestra época son “la pérdida de la creencia”, el derrumbe de las certezas y la incertidumbre. “La falta de referentes específicos y la inseguridad respecto del futuro se acompañan de sentimientos de inmediatez y finitud, generando confusión y angustia; además, fomentan el individualismo” (Shorter 1975 en Velasco 2017 p. 21).
Cada época tiene sus aciertos y limitaciones y es fundamental comprender el divorcio no sólo como un problema individual propio de la pareja, sino que también como un fenómeno social en aumento en la actualidad. Entre sus causas se encuentran los ideales modernos de amor y de pareja, las exigencias de género contemporáneas, las dobles jornadas laborales, las nuevas configuraciones familiares, la incertidumbre actual y la intensificación del individualismo.
Después de una breve introducción cultural que permite contextualizar el fenómeno del divorcio en la actualidad, continuaré con una reflexión de los efectos psíquicos que este proceso puede generar en las dinámicas familiares especialmente en como estas se expresan dentro del consultorio.
¿Qué pasa con las familias en las que hay separación? ¿Cuáles son los efectos psíquicos y los cambios relacionales en las dinámicas familiares?
Susana Velasco, en su libro el divorcio, menciona que, aunque el divorcio es un proceso normal, el duelo por la pérdida del amor de la pareja resulta más complicado de resolver que aquel que se vive ante la muerte de un ser querido. Esto es porque: “mientras que la muerte permite idealizar y reparar en la ausencia, en los procesos de separación (es especial cuando hay hijos de por medio) el conflicto y la ambigüedad persisten, la expareja permanece y aparece intermitentemente, continuando con su vida.” (Cáceros Manhey S.C, 2009, en Velasco, 2017 p. 98). El divorcio es una separación la cual; “se concibe entonces como una suerte de muerte psíquica que hay que sobrevivir, haciendo uso de mecanismos de defensa en contra de “lo que está vivo”. (Caruso, 2005 en Velasco, 2017 pág. 98).
El divorcio introduce un nuevo camino; un proceso de cambio que puede dar espacio a nuevas formas de vínculo entre los miembros de la familia pero que también implica la destrucción de un espacio anterior compartido. Cuando comienza el proceso de separación o divorcio, en el mundo interno del sujeto se produce una experiencia de destrucción del objeto (la pareja) que hasta entonces ocupaba un lugar significativo. Es en este momento que muchos padres llegan al consultorio con el deseo de que esta ruptura no afecte a sus hijos y que la destrucción quede solo entre ellos. Algunos llegan con un acentuado sentimiento de culpa y de dolor por la familia que ya no será y por la pérdida del vínculo con la pareja. Otros, llegan cargados de un intenso sentimiento de destrucción escindiendo al objeto previamente amado, ahora odiado sin poder reconocer nada bueno en él.
Winnicott, en su texto “agresión, culpa y reparación” plantea que toda actividad constructiva tiene como raíz una relación entre “destrucción y construcción”. En el consultorio, cuando recibimos padres y niños en proceso de divorcio nos enfrentamos a un terreno en el que sucedió una destrucción (real y psíquica). Podemos trabajar con ese terreno destruido, que en algunos casos pueden transformarse en un suelo fértil para nuevas construcciones. Sin embargo, es posible que este terreno está tan destruido que la posibilidad de construir algo nuevo se vuelve una tarea muy complicada.
Los movimientos psíquicos en el divorcio
La posición esquizoparanoide y las defensas maniacas
Según Hanna Segal, en el texto “Introducción a la obra de Melanie Klein” menciona que:
“Ninguna experiencia del desarrollo humano se borra o desaparece jamás; debemos recordar que hasta en el individuo más normal ciertas situaciones removerán las ansiedades tempranas y pondrán en funcionamiento los tempranos mecanismos de defensa”. (2003 p.9) Se puede observar que cuando el divorcio es muy temprano (que es común que lleguen los pacientes en urgencia porque acaba de suceder) predomine la posición esquizoparanoide, las defensas maniacas o un sentimiento de culpa intenso.
En cuanto a la posición esquizoparanoide se observa un predominio de la escisión y dicha escisión según Hanna Segal; “Permite al yo emerger del caos y ordenar sus experiencias. Por excesivo y extremo que pueda ser al comienzo, este ordenamiento de la experiencia que acompaña al proceso de escindir al objeto en uno bueno y el otro malo sirve el universo de las impresiones emocionales y sensoriales del niño y es una condición previa para la integración posterior”. (2003, p. 40).
En cuanto a las defensas maniacas, ocurren cuando el yo no tiene a su disposición métodos adecuados para tratar con eficacia su culpa y ansiedades. Es así como el yo niega la pérdida de un modo omnipotente y surge un deseo de: “controlar al objeto, la gratificación sádica de vencerlo y humillarlo, de dominarlo, el triunfo sobre él” (Klein 1945, p. 353). Como no se logra restaurar o reparar al objeto, estos se vuelven en perseguidores y se reviven los temores paranoides. Según Klein, estos temores: “refuerzan los mecanismos de defensa paranoides (de destruir al objeto) tanto como los mecanismos maníacos (de controlarlos o mantenerlos continuamente en acción). (1945, p. 353)
¿Se entiende que los padres lleguen en la posición esquizoparanoide en el inicio del divorcio, pero que sucede cuando no se puede escapar de esta posición?
Se presenta un desafío grande para el analista, ya que predomina el odio y la identificación proyectiva. A continuación, presentaré una pequeña viñeta clínica de un caso para poder ejemplificar lo mencionado anteriormente.
Juan es un niño de 8 años que llega a consulta por el divorcio de sus padres. En un inicio conocí a los padres por separado ya que por motivos legales no podían estar en el mismo espacio. El día de la primera sesión con Juan recibí una llamada de uno de los padres. Este me informaba que Juan se presentaría mañana con el juez y me pedía que le ayudará a que testificará en contra del otro progenitor con el objetivo de que le quitaran la patria potestad.
En ese instante llegó Juan a mi consultorio asustado, le daba miedo entrar. Se sentía en el espacio una sensación de angustia y miedo intenso. Se sentó enfrente de mí y se quedó callado; ambos nos sentíamos en angustia sobre la situación. Le platiqué de la llamada y le dije que él no tenía que hablar mal de ninguno de sus padres sino quería; y que podíamos hablar de lo que el quisiera. Se soltó a llorar y nos quedamos en silencio un buen tiempo.
Cuando se calmó la angustia en la sesión le pregunté si quería jugar a algo y me señaló el “UNO”. Nos quedamos jugando y platicando sobre su examen de geografía que tanto le estaba costando estudiar. Después de esta sesión, regresé la llamada y le comenté que por ahora no era lo mejor que su hijo testificara. Enfatice en la importancia de darle tiempo tanto al juicio como a la terapia para lograr encontrar qué era lo mejor para su hijo.
Presento esta pequeña viñeta clínica con la intención de presentar las dificultades que tiene un divorcio dentro del tratamiento psicoanalítico cuando los padres se encuentran en la posición esquizoparanoide. Cuando predomina el odio, la escisión y la proyección en los padres, el analista se enfrenta a un terreno destruido en donde la construcción se vuelve difícil.
Los padres se encuentran en un terreno en donde en un lado está el bueno y el otro el malo. Se hace una lucha intensa con el hijo para que vea todo lo malo del otro; hasta llegar a despreciar al objeto previamente “amado”. La lucha de quien es el objeto bueno y quién es el malo se llega a proyectar en la patria potestad en un intento de destruir al otro objeto y quedarse con todo lo bueno. Esta dinámica se proyecta en el espacio analítico, en donde ambos padres buscan movilizar al analista que se alié “con el bueno” y devalúe al padre “malo”.
La posición difícil que recae sobre el analista es una proyección de la misma posición conflictiva en la que se encuentra el hijo. Es como si el analista en identificación proyectiva viviera la misma conflictiva que vive el niño y por ello se debe hacer un esfuerzo consciente por mantenerse neutral con los padres. Esta neutralidad implica la capacidad de integrar lo bueno y lo malo de ambos padres para que el niño en esta pérdida no se quede no solo sin un padre en la realidad (como en el ejemplo anterior que mencione) sino que tampoco en su interior se quede con un imago completamente malo y devaluado o completamente idealizado y bueno. Tenemos que hacer un esfuerzo para que el niño no pierda más de lo que ya perdió con el divorcio.
La intensificación del sentimiento de culpa en el divorcio
En cuanto a la intensificación del sentimiento de culpa en el divorcio, los padres y niños llegan con intensos sentimientos de culpa los cuales podemos entender con Klein quien nos explica que en un proceso de duelo y pérdida se despiertan sentimientos de culpa como efecto de los impulsos destructivos dirigidos al objeto amado.
Klein nos explica que cuando hay un duelo por una persona amada; “la pena por la pérdida real de la persona amada está en gran parte aumentada por las fantasías inconscientes de haber perdido también los objetos buenos internos”. (1945 p. 355) Esta experiencia, “conduce a la sensación de estar destruido. Se reactiva entonces la posición depresiva temprana y junto con ansiedades, culpa, sentimientos de pérdida y dolor derivados de la situación frente al pecho”. (1945 p. 355).
La autora igual menciona que “el mayor peligro para el sujeto en duelo es la vuelta contra sí mismo del odio hacia la persona amada, perdida” (Klein, 1945 p. 356). Esto me pone a pensar en las situaciones de divorcio en las que uno quería quedarse y el otro no. Cuando nos llegan padres profundamente deprimidos, culpables y angustiados por querer recuperar aquello que perdieron. Esto pone al niño en una situación complicada, ya que vive a un padre debilitado, triste, devaluado y al otro triunfante, feliz, que se quedó con lo bueno.
A continuación, mencionaré de una viñeta clínica para poder profundizar en el tema.
Un paciente de 5 años llegaba cada sesión a preguntarme porque uno de sus padres no está viviendo con ellos. En los inicios de la terapia jugábamos a la casita y recuerdo que ponía a uno de los padres dormido (durante todo el juego) y al otro dentro de la casa viviendo (cocinando, viendo la tele y jugando con él y los perritos).
Le costaba mucho comprender la palabra “separados”, y sufría porque el padre estaba enfermo de un virus llamado nostalgia. Jugaba a que íbamos al doctor y en la sala de espera hacia lo siguiente: sentaba a un padre de un lado y al otro del otro. Decía “están separados” y ponía un espacio entre ellos. El paciente comprendía la separación física, pero le costaba comprender la separación emocional. Él jugaba a ser el doctor y pasaba al padre; jugaba a que le abría el pecho y le curaba el corazón. Luego, pasaba al niño, a quien también le abría el pecho y le ponía un curita, curándole el corazón.
El paciente sentía la tristeza del padre, quien estaba viviendo un duelo profundo por la pérdida no solo de la pareja, sino de la casa y de todo lo que representaba una familia. Por otro lado, en las entrevistas que yo veía al padre, lo encontraba muy triste, no podía parar de llorar dolido por la familia que ya no tenía. El paciente, además de vivir el proceso de duelo de que su padre que ya no vivía con ellos se sentía profundamente preocupado por este virus llamado nostalgia.
Dentro del consultorio se sentía una profunda tristeza y cansancio. Tanto el paciente como yo nos encontrábamos en un espacio destruido por la tristeza, tratando de curar y reparar al padre que había quedado desvalido y que contagia a su hijo de esta tristeza. Una dificultad del tratamiento era lograr diferenciar a la hijo del padre para que el no se sintiera estancado en dicha tristeza y pudiera continuar con su desarrollo propio (la escuela, su ámbito social y la relación con su familia).
Susana Velasco menciona que los niños mayores “tienen cierta conciencia de lo que significa la separación, por lo que con mucha frecuencia los hijos se sienten inmensamente frustrados, pues no consiguen evitarla o revertirla.” Además, en algunos de ellos aumentan conductas de excesiva responsabilidad por lo que sienten a nivel inconsciente que deben cuidar del padre. Desafortunadamente, hay veces que los hijos asumen el rol del padre que se fue, acompañando y conteniendo emocionalmente al padre que se queda.
A nivel inconsciente esto es una inversión de roles, donde el niño ocupa el lugar de pareja o del padre. Esta dinámica, posiciona al niño en un espacio complejo ya que asume una carga emocional que no le corresponde, obstaculizando así su propio desarrollo psíquico y emocional. Es aquí donde el analista tiene el rol de que el niño logre diferenciar su tristeza y culpa de la del padre y que viva su propio duelo sobre la separación. Además de interpretar la culpa inconsciente ya que se gesta una idea que el niño fue la causa del divorcio.
Para concluir, me gustaría retomar la relación que hace Winnicot entre construcción y destrucción porque ayuda a pensar el trabajo psicoanalítico cuando hay divorcio. Cuando hay una separación es inevitable que algo se destruya y se desorganice. Sin embargo, sabemos que el caos y la destrucción tienden a acomodarse y esto me hace pensar en que por más destructivo que haya sido un divorcio existe alguna posibilidad de reacomodar, integrar y volver a crear. De esta forma, considero importante trabajar las angustias que yacen de la posición esquizoparanoide, las defensas maníacas y las culpas que hay en un divorcio con el objetivo de favorecer la integración y la disminución de angustias primitivas.
Bibliografía
- Klein, M. (1930/1985). El duelo y su relación con los estados maníaco-depresivos. Amor, culpa y reparación (3ª ed.). Buenos Aires: Paidós.
- Segal, H. (1964/2003). Introducción a la obra de Melanie Klein (1ª ed.). Buenos Aires: Paidós.
- Winnicott, D. W. (1984/2011). Agresión, culpa y reparación. Deprivación y delincuencia. Buenos Aires: Paidós.
- Velasco, S. (2017). Divorcio: Una mirada psicoanalítica a un fenómeno social en aumento. México: ETM.
- Imagen: Pexels/Juan Pablo Serrano
