manchester-pride-2005-1241120Por: Lorena Fentón
Las personas con un trastorno de identidad sexual tienen una obsesión por ser del género contrario. Sujetos que sin presentar anormalidades anatómico-funcionales, sienten un profundo malestar respecto a su sexo biológico, al que viven como un cuerpo extraño del que desean deshacerse, dado que no coincide con la vivencia psicológica ni las representaciones mentales que tienen de sí. Este desajuste entre el sexo psicológico (género) y el sexo biológico comienza en la infancia de estos individuos. (Barrios, F; 1987)
La construcción del sentido de género comienza a los seis meses. Más adelante a los 2 años de edad, pueden distinguir verbalmente entre “niño y niña” sin embargo esta diferencia es concreta y determinada por características externas, como ropa y estilo de pelo. A los 5 años la mayoría de los niños no entienden el rol de los genitales, no es hasta los 6 o 7 años que pueden entender que la caracterización sexual depende de la anatomía. Antes suelen creer que al madurar tendrán hijos en sus vientres y las mujeres que crecerán un pene. Un varón de tres años estaba sentado en las piernas de su madre y al tocar sus pechos le dice “mama cuando yo crezca yo voy a tener músculos como estos”. La madre le contesta que los hombres cuando crecen tienen penes y las mujeres pechos”. A esto el niño le contesta, “no mami tu estas equivocada yo tendré los dos”.
En general la envidia del pene es tan común como desear tener hijos en los varones. En los años de preescolar la categorización sexual tiene falta de constancia, estabilidad y está basada en la apariencia externa. Los infantes pueden tener claro que son niños o niñas, sin saber por seguro si al madurar serán una mujer o un hombre. Y es esta fluidez lo que deja al descubierto un gran espacio para que deseos inconscientes puedan manifestarse. La integración del entendimiento de género, junto con experiencias de impulsos sexuales es un proceso complejo. Una vez que el infante tiene la capacidad de etiquetar su propio género con el de sus compañeros, se incrementa la segregación de género, es decir serán más propensos a juntarse con amigos de su propio sexo. Al igual modo en que escogen juguetes de su mismo sexo y las mujeres experimentan disminución de su agresión.
Dio de Bleichmar entiende por núcleo de género al “esquema ideoafectivo más primitivo, conciente-inconciente, de la pertenencia a un sexo y no al otro; esquema que es trasmitido por el discurso parental antes de que cualquier niño/a acceda al conocimiento anatómico de sus genitales”.
La construcción propia de género es un proceso paulatino y complejo que está profundamente arraigado a las relaciones de objeto del sujeto. Y por ende reflejara no solamente la historia de esas relaciones, sino sus conflictos, incluyendo los conflictos transgeneracionales.
Eve Sedgwyck ha observado que existen familias que son más propensas a hacer énfasis en los roles de género, y que debido a esto llegan a proyectar cuestiones de poder y abuso. Estas familias están saturadas de contenido de género.
Las cuestiones trans-genero comienzan a los 2-3 años, esto puede ser debido a una fase de estrés, flexibilidad de género o la expresión de un sufrimiento que puede ser el principio de un desarrollo con dificultades emocionales y perturbaciones duraderas. Cuando las preocupaciones del sujeto por ser del sexo opuesto son persistentes, intensas, rígidas y persuasivas, la condición se define como trastorno de identidad sexual de la niñez.
Niños con trastorno de identidad de género están predispuestos a una amplia variedad de desórdenes que involucran la contribución tanto hormonal como genética, sin embargo la razón por la cual los humanos lo desarrollan, sigue sin ser clara del todo. Estos sujetos generalmente son menos activos que el resto, evaden los juegos bruscos, son penosos inhibidos y toman sus precauciones al relacionarse con otros niños. (Coates, Hahn-Burke & Wolfe, 1994).
Pueden presentar una dificultad en manejar su agresión y en expresar sus emociones de maneras socialmente aceptadas.
Niños con estas características muestren mayor necesidad de una relación de apego, estos dependen de gran manera que los cuidadores les proporcionen con pistas para ayudarlos a descifrar si una situación es libre de peligro al igual que a regular su ansiedad.
Se conoce mucho menos en cuanto a los trastornos de identidad de género en las mujeres, algunos reportes clínicos indican que las niñas repiten lo contrario de los niños en términos de juegos pesados y activos. Estas tienden a imitar al padre o al hermano. Están interesadas en actividades y exhiben altos niveles de externalizar e internalizar síntomas de comportamiento. (Zucker & Bradley, 1995). Sin importar su nivel de extroversión, las niñas tienen el mismo alto nivel de ansiedad pero debido a su temperamento ellas manejan su ansiedad de manera contraria con defensas contrafobicas y estrategias de defensa.
Se ha asociado la psicopatología en ambos sexos, la más prominente es la angustia de separación. (Coates & Person, 1985: Bradley, & Lowry Sullivan, 1996). Aproximadamente 2/3 partes de sujetos con trastorno de identidad de género tienen síntomas significativos de angustia de separación. Y 3/4 partes de estos chicos se sienten inseguros en su relación de apego. Tienden a presentar miedo a las heridas corporales y síntomas depresivos.
La psicopatología de los padres incluye una depresión maternal, ansiedad y traumas no resueltos. Los padres de niños con TID tienen problemas recurrentes de afecto y regularización (Bradley, 2000). En las madres esto presenta depresión o ansiedad, y en los padres ambas, así como abuso de sustancias, usualmente acompañados con un comportamiento explosivo (Wolfe, 1990).
Dentro de la etiología multifactorial existen predisposiciones a la ansiedad, un trauma no resuelto para los padres. Que vuelve al sujeto miedoso y sensible a su temperamento reactivo. Este tipo de factores inclinan al sujeto a utilizar fantasías trans-género como una solución para manejar su ansiedad.
En el testimonio de un niño de tres años expresa con claridad en el consultorio de Susan Coates “Me odio, no quiero ser yo. Quiero ser alguien más, quiero ser niña”.
Los problemas con la identidad de género llegan a remitirse a resolver cuestiones de problemas y traumas en la generación de los padres, en donde ansiedades inconscientes de poder o de abuso han atormentado las mentes de aquellos padres preocupados por el género. Sobre esta situación los hijos adoptan estos problemas y buscan resolverlos para sus padres, con un grande precio a pagar en términos de su autonomía y autenticidad. Los padres perciben como tierno, adorable y distinto a su hijo que al resto de los varones que son vistos como agresivos y destructivos. Los padres vinculan estos recuerdos de varones agresivos con recuerdos intolerables de su propia infancia.
Los trastornos de identidad de género caben en el contexto de perdida de disponibilidad emocional de la madre. Usualmente a raíz de una depresión, ansiedad o una experiencia traumática. La pérdida repentina del primer objeto de amor está ligada a la confrontación de la “madre muerta” de Andre Green. En donde una madre está presente en cuerpo pero ausente emocionalmente y por tal caso esta ida y no se puede elaborar un duelo a esa madre.
El niño no solamente pierde a una madre que le ayuda a manejar y regular sus propias ansiedades, sino carece el fenómeno de espejismo y de las capacidades reflexivas que permiten se conozca internamente. En una mente tan joven tal perdida es catastrófica, y amenaza tanto la capacidad para regular el afecto negativo como también el desarrollo de su propio self. Y este sujeto buscara cualquier manera dentro de sus capacidades para estabilizar su conexión emocional.
En distintos estudios se ha encontrado que la mayoría de los padres de niños con TIG tienen historias de vínculos inseguros y relaciones con el trauma sin resolver alrededor estos vínculos, y estos se organizaron en su memoria alrededor del contenido de género. Estos traumas sin resolver los volvieron vulnerables y cuando estas experiencias son re-activadas en su presente como padres, estas se muestran ligadas a los vínculos desorganizados con el niño y son susceptibles a reaccionar al comportamiento codificado de género.
En casos clínicos muy a menudo, dentro el transcurso del tratamiento se vuelve evidente que la depresión de la madre fue precipitada por eventos traumáticos dentro de su familia. Tales eventos engendran una ansiedad masiva y una depresión significante acompañada de episodios de rabia y enojo. Estos eventos representan a la madre como emocionalmente inaccesible y tenebrosa para su hijo (Coates, Friedman & Coates Moore, 1997). Ocasionan el descarrilamiento del apego madre-hijo así como en algunos casos la consolidación de una transexualidad, que ocurre en el despertar de un evento traumático y por consiguiente en intentar restaurar esta relación con la madre.
El efecto del trauma en la madre es invariablemente compungido con la falta de habilidad del padre, debido a sus propias limitaciones y psicopatologías, a intervenir efectivamente y ayudar a la madre a manejar su función como la cuidadora primordial del niño. En ciertos casos el padre se retira, se hace indisponible a su hijo y esposa. La psicopatología paternal puede presentarse en distintas maneras, como abuso de substancias y comportamientos hyper-agresivos. Este tipo de comportamientos inclinan al niño sensible a una falta de identificación con su padre (Cook, 1999).
La psicodinamia de los niños con TIG es compleja porque nunca podemos saber por completo que sucede en esa psique. Lo que se ha integrado y recopilado con testimonios y casos clínicos es que cuando se detona la angustia de separación, a raíz de la falta afectiva de la madre, el sujeto desarrolla una fantasía como solución. Intenta convertirse en “mama” en lugar de estar con “mama”. Y substituye a esa persona alienada a el de una manera introyectada, para así lograr una identificación y una relación de objeto.
Mina Emnh argumenta que cuando un sujeto no comprende el comportamiento de su madre, como forma de defensa utiliza la imitación. Se cree que es un sustituto a tener acceso a la mente de la madre y por consecuente voltear al propio self. Estas fantasías y fenómenos internos logran la pérdida de la madre así como la pérdida de su self autentico. (Abraham & Torok, 1984).
Otros varones tienden a manejar la ausencia parental al observar las iniciaciones y reacciones a sus comportamientos trans-genero. Su comportamiento se utiliza para conseguir beneficios secundarios tanto intrapsiquicos como interpersonales. El niño sacrifica su desarrollo altruistamente y se transforma en un “otro” porque dentro su fantasía busca restaurar a la madre triste y ausente. Y es cuando el comportamiento tras-genero de este sujeto puede hacer reaccionar a la madre, tan sea momentáneamente revivir a esta madre muerta, ella podría encontrarlo simpático o dulce, el niño experimenta una relación emocional parcial y temporal. (Coates & Wolfe, 1995). En este escenario psicológico, la atención selectiva de la madre al comportamiento trans-genero de su hijo sirve como un potente reforzador externo para este tipo de comportamiento del niño.
Estas fantasías generalmente se entrelazan con los mundos internos de los padres de varias y precisas formas. Por ejemplo, un niño al convertirse en niña, podría estar ofreciendo su persona a su madre como un reemplazo de una perdida femenina o la muerte de un relativo cercano. (Tal muerte no ha sido elaborada en duelo de la manera adecuada)
Ocasionalmente el varón está confortando a su madre o a su padre. Intentando demostrarles que él no se convertirá en el hombre estereotípico al cual ellos temen inconscientemente. Y como estos recuerdos no han sido elaborados, este tipo de recuerdos de abuso físico podrían entonces conllevar que vuelquen su propia agresión intensa hacia el niño. Y de esta manera el niño intenta protegerse del afecto irregular en relación a su género. Es una solución que se acomoda para la madre, el sujeto y muchas veces el padre también. Existen maneras infinitas dentro de las cuales las dinámicas inconscientes se entrelazan y tienen un sentido poderoso para ambos padres. Y la exploración de este significado es crítico para ayudar a la familia a encontrar una alternativa para regular este afecto disforico.
Una vez que la fantasía es establecida y reduce de manera satisfactoria los niveles de ansiedad, es accesible usar esta defensa en eventos menos traumáticos y situaciones en donde el sujeto no ha desarrollado estrategias efectivas incluyendo periodos breves de pérdidas maternas como viajes, transiciones, separaciones. Ya que este sujeto encuentra/inventa esta solución, la creciente autonomía que le da hacia su familia también sirve como una defensa perpetuada.
Para sujetos con TIG, aunque la solución sea creativa y repare, la rigidez y omnipresencia de su preocupación esta intrapsiquicamente e interpersonalmente presente y la energía de este, saturada por las necesidades ajenas dejando poco espacio para su autonomía y autenticidad. En casos extremos, la disforia se manifiesta con pensamientos suicidas y en algunos casos el mutilar los genitales propios. El niño está en un sufrimiento, que puede ser opacado por una presentación maniaca inicialmente confusa, en un caso donde la niña que está en evaluación dibuja un arco-iris brillante y debajo de este una mujer. Hasta que el analista le pregunta que hay al fondo de ese arco-iris y él contesta “un hoyo negro lleno de cuerpos muertos y huesos”.
En un libro de Zucker and Bradley hay también un caso, un dibujo de una niña caminando bajo el sol y a su lado esta una lápida con sus iniciales. Estos dibujos maniacos son similares a otros muy coloridos en donde el estilo esta desorganizado o disociado.
Otros casos tienden a expresar su dolor de manera directa, “deseo ser alguien más” “nadie me quiere” y al transcurrir el tratamiento abren sus canales creativos y son capaces de producir detalles profundos de su sufrimiento.
La psicodinamia en las mujeres y la constelación de factores dinámicos es distinta. Al igual que la intersección con el temperamento, cuando una niña es sensible, inhibida y su temperamento es traumatizado con el retiro maternal esta responder con fantasías de identidad de género sin embargo serán tales como la hiperfeminidad. Empero tanto la rigidez femenina y masculina son desordenes de género, se presentan como desordenes sobre ansiosos o en la adultez como trastorno de la conducta alimentaria en las mujeres y trastornos de conducta en los varones.
Aunque no se conoce mucho en cuanto a la etiología y las razones en este trastorno en las mujeres, la experiencia clínica sugiere que es la adición de un carácter fuerte, una predisposición en la familia y la combinación de un padre agresivo que tiende a devaluar a las mujeres o una madre que tiende a devaluarse a ella misma. En la fantasía femenina, puede buscar volverse fuerte y valiosa como su padre para poder proteger a su mama que es vulnerable y frágil como ella. Estas familias suelen tener un padre psicológicamente o físicamente abusivo (Zucker & Bradley, 1995). En estos casos el identificarse con este padre hace que se sientan seguras. Otro caso puede ser que fantaseen en convertirse en hombre por alguna problema de salud o situación de riesgo de muerte e intentan desarrollar una creencia que el ser mujer las expone a un riesgo de aniquilación.
El costo para las estrategias defensivas para manejar tales ansiedades atreves de síntomas trans-genero continua desarrollando un self falso, un self basado primordialmente en las necesidades de otros (Winnicott. 1954) impidiendo la capacidad de sentirse reconocido y cuidado por otros.
Para que una identidad de género se consolide en la infancia tardía, múltiples factores deben interactuar en un periodo sensible antes de que el infante desarrolle un sentido de su propio género. Ambos factores no específicos, tales como trauma en los padres, predisposición a la ansiedad y factores específicos incluyendo atención especial a comportamientos tras-género y preocupaciones en el niño deben ocurrir en un espacio y tiempo donde se conecten con la sensibilidad del sujeto. Es necesario un encaminamiento de las dinámicas personales y familiares para relucir este fenómeno. Y de esta manera corregir la falta de apego que tengan y estabilizar ambas dificultades paternales con un éxito parcial. Esta motivación se vuelve una fuerza que desarrolla en el infante un falso self, un self depravado de una flexibilidad interna, un sentido de autonomía y autenticidad.
Coates describe un trastorno de identidad de género como la solución psíquica para el manejo de una ansiedad severa. Que resulta en un self falso poco autentico. Debo ponderar sin embargo, si este self no es solamente falso pero delirante dado que su realidad está basado en fantasía. La identidad de un self está basado no en el reconocimiento de un objeto y en el modelo de dependencia, sino en un instinto urgente a refugiarse de dependencia, que al parecer constituye una amenaza existencial y a su vez un estado de terror. Winnictott lo describe como “el fracaso de seguir siendo” y “destino peor a la muerte”. Este pánico involucrado es distinguido de la ansiedad de separación y no de la pérdida del objeto pero la perdida de la existencia propia. Por lo tanto esta trayectoria de la realidad a la fantasía tras perseverar una ilusión del self.
Es posible pensar que, si bien los sujetos que hoy llamamos Transexuales existieron desde el principio de la historia humana, es a mediados del siglo veinte que se llega a una delimitación precisa de este cuadro, así como a criterios diagnósticos y terapéuticos científicamente válidos. Durante mucho tiempo, e incluso aun hoy para algunos sectores, los transexuales fueron asimilados al conjunto de las Psicosis o al de las Perversiones; o en el mejor de los casos como “limítrofes”: cabalgando entre la perversión y el delirio (Brum, 1982).
A diferencia del travesti, no existe o es muy pobre el investimento narcisístico del pene, el que no solo no es incluido en el comercio sexual sino al que se lo oculta o camufla con diferentes técnicas. La diferencia con el homosexual es que este se siente psicológicamente de acuerdo con su sexo biológico y realiza una elecciónón de un objeto de su mismo sexo. Por su parte, la diferencia con el paciente psicótico es que si bien en este puede existir circunstancialmente la idea de pertenecer al sexo contrario a su sexo biológico, esta idea tiene un carácter delirante, en general alucinatorio, y remite una vez desaparecido el episodio delirante. (Barrios,F;1987)
Para concluir debo decir que es posible la imbricación de influencias ambientales, especialmente de la relación con quien esté a cargo de la crianza temprana del individuo. Por otra parte un mecanismo de defensa primitivo, similar al repudio psicótico, pero limitado a la realidad de la existencia de genitales (sin que por otra parte exista restituciónón delirante de lo repudiado). Algunos autores ven al transexualismo como cercano a la esquizofrenia paranoide y constituyendo una defensa contra la homosexualidad. Otros, consideran que el transexualismo es un fenómeno cercano a las perversiones. También ha sido visto como un desarrollo patológico de la fase de separaciónón-individuaciónón, entendible en una configuraciónón borderline.
Otros como Robert Stoller (1975) plantea al transexualismo como una formaciónón de identidad no conflictiva; habla de un “continuum” de aberraciónón de género, en el que distingue dos tipos de trastornos: variaciones y perversiones. El trastorno de género no es el resultado de un conflicto intrapsíquico.
No ve al transexualismo como la manifestación superficial de un conflicto inconsciente para preservar la identidad, sino como “la identidad per se” del sujeto; como expresión del “verdadero self” del individuo.
Kernberg toma las ideas de J. Money acerca de un “mosaico” de femineidad y masculinidad que en diferentes niveles contribuye a la identidad individual de cada sujeto. Plantea que no existe un dimorfismo absoluto, no obstante lo cual pueden observarse, muy tempranamente en el desarrollo, caracteres comportamentales que varían según el sexo de acuerdo con tres variables: la intensidad, la frecuencia y el contexto. Por otra parte, en niños con perturbaciones de género, esta autora encuentra lo que podría considerarse un síndrome específico, caracterizado por: comportamiento esquizoide, intolerancia al dolor, pasividad, caracteres obsesivo-compulsivos, aislamiento hostil, depresión y, en algunos, el deseo de pertenecer al sexo opuesto.
¿Será que se siente mujer, con todo el bagaje de atribuciones imaginarias y simbólicas que el hombre comúnn le asigna a este ttérmino?, ¿O tal vez sería más preciso suponer que se siente “algo-alguien” que solo puede ser decible con el significante mujer?
Dentro del psicoanálisis no existen diagnósticos, por esta razón sería complicado encontrar una manera de constituir a estos sujetos, lo que puedo deducir después de investigar acerca de estas psiques es que son tan complejas como otras, tienen una etiología que se encuentra entrelazada con ideas para resolver cuestiones transgeneracionales y no existe un tratamiento dirigido a que el paciente regrese a su sexo original. Sino que el tratamiento de estos pacientes debe ser enfocado en tratar con la angustia de separación y el analista debe crear un espacio seguro. El tratamiento con estos pacientes es difícil porque no pueden mantener relaciones objétales, tienden a ser extremistas y a idealizar o devaluar a la pareja. Si llegaran a tener la impresión de una falta de apoyo, reaccionan de maneras agresivas y son fácilmente irritables. Creo que debido a su estructura tan frágil y a sus ideas paranoides utilizar el diván no sería lo más apropiado, debido a que el estrés puede inclinarlos a tener un brote psicótico, intentos suicidas o mutilaciones. El paciente busca el derecho de ser reconocido, dentro sus dolores e historia así como socialmente. Como psicoanalistas nos involucramos y promovemos tratamientos largos y profundos con nuestros pacientes, identificándonos con la imagen que tienen de ellos mismos y confrontando con las herramientas que tenemos para desarrollar un desarrollo psicosocial funcional. Debemos observar y escuchar para comprender el mundo interno del paciente sin generalizar aunque este tenga TIG cada paciente será distinto, aunque el desarrollo óptimo dependerá de algunos factores externos a terapia, tales como la aceptación, el tratamiento hormonal y el éxito de la operación. La estructura podrá variar y tener rasgos narcisistas, perversos o psicóticos y por esta razón no debería de ser su cambio de sexo el enfoque central dentro del espacio terapéutico.
 
Bibliografía

  • Abraham, N., & Torok, M. (1984). “El objeto perdido, yo”: Identificación dentro de la cripta”. Consulta psicoanalítica, 4: 221-242
  • Bradley, S. (1985). Gender disorders in childhood: A formulation in gender dysphoria: Development, research, management (pp. 175-188). New York: Plenum Press.
  • Coates, S. (1990). Ontogenesis en la infancia desorden de identidad de género. Journal of the american academy of Phsychoanalysis, 18: 414-438.
  • Coates, S., Friedman, R., & Wolfe, S. (1991). The etiology of boyhood gender identity disorder: A model for integrating psychodynamics, temperament and development. Psychoanalytic Dialogues, 1: 481-523.
  • Coates, S., Hahn-Burke, S. & Wolfe, S. (1994). Do boys with gender identity disorder have a shy , inhibited temperament?”
  • Paper presented in the international Academy for Sex Research, Edinburgh (June).
  • Coates, S. W., Hahn-Bruke, S., Wolfe, S., Shindledecker, R., & Nierenberger, O. (1994). “Sensory reactivity in boys with gender identity disorder: A comparison with matched controls”. Paper presented at the International Academy for Sex Research, Edinburgh (June).
  • Coates, S. W., & Moore, M. S. (1997). The complexity of early trauma: Representation and transformation. Psychoanalytic Inquiry., 17:286-311
  • Cook, C. (1999). “Parental contributions to the etiology of gender identity disorder: Astudy of Attachment, affect regulation and gender conflict. “ PhD Dissertation, City University of New York.

 
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