Tecnología y Formas de PensamientoTecnología y Formas de Pensamiento (Parte I): La Perspectiva Psicoanalítica de la Cognición
Autor: Juan Carlos Botis
 
Hoy en día nos encontramos con una circunstancia particular en la sociedad donde vivimos, donde pareciera que la inmediatez y la gratificación instantánea están a la orden del día. Quizás esto se debe en parte al contexto referente a los avances tecnológicos, los cuales tienen una influencia fundamental en la manera en la que nos relacionamos con nuestro entorno. Este es un ejemplo de un punto de vista que establece como hipótesis que la tecnología puede cambiar la forma en la que pensamos. Y he de expresar que estoy de acuerdo con esto.
Sin embargo, ¿De que manera se podría argumentar esto en una perspectiva tanto psicoanalítica como científica? Creo que para que esto sea posible es necesario un enfoque de tipo multidisciplinario, ya que considero que la interacción entre diferentes áreas traería como consecuencia el enriquecimiento de la respuesta a la pregunta en cuestión.
Es necesario mencionar que el objetivo del presente trabajo no es más que una mera introducción y reflexión sobre el tema, ya que a la fecha no se cuentan con estudios que pudiesen demostrar causalidad con lo aquí expuesto. Considero que sería pertinente enfocarnos desde el punto de vista de la cognición por su relación directa con el tema, ya que como fue dicho por Freud (1900) en la Interpretación de los Sueños, todo pensamiento es una desviación del camino directo hacia la gratificación (en Rapaport, 1978).
David Rapaport (1978) señala que una de las dificultades de abordar lo referente al pensamiento es que los escritos psicoanalíticos son fragmentarios y pertenecen a distintas etapas del desarrollo del psicoanálisis, lo cual resulta en que requieran de interpretación y perfeccionamiento teórico además de que su estudio está alejado del interés terapéutico inmediato: “… su presentación invita a la vieja crítica: lo que tiene de bueno no es nuevo y lo que tiene de nuevo no es bueno.”
De acuerdo con autores como Zepf y Soldt (2009), las ideas de Freud sobre proceso primario y secundario siguen como la base psicoanalítica de la cognición.
Por su parte, Tyson y Tyson (1990, en Zepf; Soldt, 2009) asumen que ambos procesos de pensamientos se originan de forma simultánea. Para ellos el proceso primario y el proceso secundario constituyen una superposición en el desarrollo y funcionamiento del pensamiento.
El proceso primario del pensamiento sirve para la estructuración temprana de un mundo interno y realidad psíquica, mientras que el proceso secundario sirve para un construir un sentido de realidad externa. Dichos procesos están interrelacionados al mantener una armonía entre ambas realidades.
Zepf y Soldt retoman este trabajo previo y se enfocan en el tema del desarrollo de la cognición profundizando en el estudio de ambos procesos. Están en desacuerdo con Tyson y Tyson en que los autores mantengan la postura de que el proceso primario y secundario de pensamiento estén determinados biológicamente y surjan en un momento específico del crecimiento; establecen que lo disposicional (biológico) simplemente expresa una posibilidad de lo que puede ocurrir (potencial).
Adicionalmente, sostienen que el principio placer displacer se centra en un marco biológico y que el origen de la estructura psíquica interna se genera para lograr una relación favorable entre éstos. El desarrollo cognitivo se ve como un resultado del proceso del organismo por la obtención de homeostasis.
El mecanismo primario y secundario como procesos afectivos y conceptuales del pensamiento simbólico
En el proceso primario las catexias se encuentran libres mientras que en el secundario están adheridos a palabras y representaciones de objeto y son fijas y constantes. Cuando las catexias hacen posible que las palabras y representaciones de objeto mantengan dicha relación, es que el desarrollo de la lógica y la causalidad se vuelve posible.
Plantean que debido a que desde autores como George Klein y Robert Holt no se han realizado estudios para desarrollar una explicación del proceso secundario y una reformulación del proceso primario que fuese aceptada por la mayoría de los psicoanalistas, es necesario un replanteamiento de la comprensión de dichos conceptos.
El símbolo es tradicionalmente entendido en psicoanálisis como la representación consciente y mistificada de contenidos inconscientes (Jones, 1961). Dicha definición fue juzgada por Rapaport como una perspectiva demasiado estrecha. Alfred Lorenzer (1981, en ) lo define como una representación cognitiva y consciente de cuestiones situadas en el exterior de un individuo y adjudicándolas a la misma capacidad de reconocimiento que Henry H. Price asignó a los conceptos.
En relación con lo dicho por Freud, donde el vínculo entre representación palabra y representación cosa es un medio para que la representación cosa pase a la conciencia (dentro del marco de la teoría freudiana) Lorenzer define símbolo como una conexión entre palabra y representantes psíquicos. Zept y Soldt (2009) entienden a los símbolos como entidades mentales subdivididas en signos e ideas conceptualmente estructuradas, lo cual está en concordancia por lo propuesto por Gill, Schafer y Rapaport.
Las representaciones psíquicas conceptualmente estructuradas son creadas en un proceso donde lo común a diferentes representaciones es abstraído. El total de características que son comunes a diferentes representaciones de un mismo concepto es llamado contenido conceptual o intención del concepto. A su vez, a las representaciones contenidas bajo un concepto se les llama extensión del concepto.
Contenido conceptual o intención del concepto –características de las representaciones.
Extensión del concepto –conjunto de representaciones.
Es gracias a la existencia de estas estructuras conceptuales que es posible traer algo a la conciencia o hacer conciencia de algo. Por ejemplo, sin alguna de las estructuras anteriores, sería imposible hacer que una tabla de madera con cuatro patas fuera conscientemente percibida como una mesa.
Es así como los objetos son percibidos conscientemente gracias a la interrelación de procesos que permiten identificarlos como pertenecientes a una extensión de un concepto en particular, y es a través del contenido conceptual abstraído que pueden ser identificados como un caso específico de dicho concepto.
Desde esta perspectiva, la represión es vista como un proceso en el cual las ideas son excluidas del contenido del concepto al cual pertenecen. Estas ideas son falsamente re-simbolizadas al mismo tiempo que el contenido inconsciente reprimido se asienta en la extensión de conceptos que no le corresponden biográficamente. Estos a su vez son subsumidos bajo las intenciones de falsos conceptos; contenidos reprimidos los cuales se presentan en “formaciones sustitutivas”, ideas sustitutas y acciones que sólo pueden ser reflejadas en términos falsos.
Como fue expuesto por Rapaport (1968), los conceptos lingüísticos permiten a un individuo representar la correspondencia de la experiencia y categorizarla de acuerdo con reglas lógicas para planear el comportamiento y actuar de acuerdo a sus bases. En otras palabras, los símbolos conceptuales permiten el tipo de pensamiento racional que es descrito por Freud como proceso de pensamiento secundario, el cual está orientado hacia la realidad y tiene como propósito la unión entre ideas.
Zepf y Zoldt (2009) sostienen que la conciencia no surge a partir de la adquisición del lenguaje, sino del surgimiento de los afectos. Los afectos no se disparan a partir de situaciones en concreto, sino de la estructura general que tienen en común (en concordancia por lo dicho por Agnes Heller, 1981). Es en este aspecto que el afecto tiene una similitud en estructura con el concepto. Es por eso que para que un afecto se experimente de forma cualitativa, debe primero verse como un caso que ha sido abstraído en contenido. En otras palabras, experimentar algo es análogo a comprenderlo, en un proceso donde se infiere algo particular como perteneciente a algo general.
Sin embargo, los afectos difieren de los conceptos ya que establecen una relación entre el individuo y lo que le sucede o hace; en otras palabras, dan significado a la experiencia (como habría sido mencionado por autores como Ogden). Además de esto, los afectos no sólo tienen una estructura conceptual, sino que cuentan con un signo de representación física a través de las sensaciones corporales.
En el caso particular de los bebés, las sensaciones corporales se registran a través del sistema nervioso central y muchas de ellas se manifiestan en sus rostros. Esto se observa con claridad en la imitación que realizan de los afectos de la madre. Los estudios realizados a infantes han visto que al igual que sucede con el balbuceo, desde los tres meses de edad los bebés intentan copiar la conducta expresiva de sus madres y que para los seis meses sus muestras de imitación ya son especificas a las muestras de imitación por parte de sus madres. Las madres experimentan los afectos que sus bebés sienten a través de una comprensión empática y reaccionan a este. Este espejeo va acompañado de su propio afecto. A su vez, el bebé imita las muestras de su madre y es mediante esto que los signos de representación corporal se tornan específicos a sus propios afectos. De esta forma, la conducta de la madre no sólo es responsable de la calidad afectiva que su bebé experimenta, sino de la variedad de afectos que conoce, ya que sólo se pueden experimentar afectos diferentes a través de diversos signos de representación corporal.
Al comienzo de la vida mental, el pensamiento del bebé se ve estructurado por símbolos afectivos y este modo de pensar coincide con la definición de proceso primario, ya que en este período no existen los otros y el pensamiento se regula principalmente por los afectos, gobernado por el principio de placer-displacer. En dicho proceso, el pensamiento no sigue una lógica conceptual orientada a la realidad sino una lógica orientada al afecto.
Es este tipo de pensamiento el cual contiene las características del proceso primario como es descrito por Rapaport, donde todo corresponde con todo lo que tenga un concepto en común (conceptualizado bajo el término “participación”), donde las ideas se fusionan unas con otras en forma de sincretismos y el razonamiento no se da ni de forma inductiva o deductiva sino por transducción.
Bajo la conceptualización Freudiana, sólo estos dos afectos existen en un principio y como sería propuesto por Brenner, todos los demás afectos se desarrollan a partir de estos. Es así como placer y displacer pasarían a convertirse en categorías que no sólo contendrían dichos afectos específicos, sino otros que se les relacionan.
Joseph Sandler (en Zepf, Soldt, 2009) hace una distinción entre el placer que acontece durante el proceso de satisfacción y el placer que le sigue a dicho proceso una vez que ésta es obtenida, el cual define como “sensación de bienestar”. Por ende, el displacer también a su vez contaría con una sensación de malestar subsecuente.
En el curso de la extensión de la experiencia en el niño, cada vez surgen más sentimientos y con ellos el conocimiento de su significado de su relación entre el mundo interno y externo. Estos no han sido aún incorporados en una forma que el infante pueda adquirir control y pensar acerca de ellos. Como Gegerly y Watson lo señalan (en Zepf, Soldt, 2009), el que esto sucediese implicaría la existencia de un sistema secundario representacional que tenga como objeto los sentimientos del niño. Este sistema consiste de conceptos verbales y se establece hasta la adquisición del lenguaje. Es de esta forma que la vida mental del bebé cambia de manera cualitativa.
La adquisición de palabras eventualmente permite al niño la formación de conceptos y la expresión de palabras no solamente como una clase global de representaciones, sino hacerlo con respecto a sus diferentes aspectos. Es mediante el lenguaje que un estado de conciencia puede surgir, el cual permite identificar diferentes aspectos de las representaciones en interacción. Esto a su vez permite que un individuo pueda diferenciar entre condiciones de placer y displacer en contraste con la fase pre-verbal. Es así como en el curso de la formación de conceptos las palabras pasan a significar no sólo afectos sino también conceptos.
La capacidad de comprender el mundo a través de conceptos verbalmente significados es un prerrequisito estructural para pensar a nivel de proceso secundario. Es el pensamiento conceptual el cual permite la “acción experimental” anticipatoria orientada hacia la realidad la cual es característica de este proceso. Aquí se marca el fin de un punto preliminar del desarrollo basado en el principio de placer-displacer.
Es importante puntualizar que las palabras no son adquiridas de forma súbita en un momento del desarrollo mental infantil, sino que cuentan con predecesores en la forma de sonidos vocales y concomitantes fisiológicos de estados afectivos, los cuales desempeñan la función de señales. De forma similar, los conceptos no surgen en el niño de manera espontánea, sino que una vez adquiridas las señales verbales devienen de los símbolos afectivos de forma gradual.
Para poner lo antes expuesto en términos de lo investigado empíricamente por Vygotsky, éste subdivide el desarrollo cognitivo del niño en tres instancias: pensamiento sincrético, pensamiento en complejos y pensamiento conceptual.
Para la perspectiva de Vygotsky sobre los individuos en la sociedad, la mente no es vista como algo autónomo de los grupos socioculturales. Para Birjandi y Somayyeh, el desarrollo individual puede verse resumido como en lo social y la internalización desde la mediación de signos, la reestructuración del sistema conceptual y la comprensión y conciencia.
Desde la perspectiva de Vygotsky (1978, 1986, en Brijandi; Semoyyeh, 2012) se considera que antes de los dos años tanto pensamiento como lenguaje se desarrollan de forma diferente y tienen funciones separadas. Lenguaje y el pensamiento tienen diferentes raíces genéticas; no están unidos por un vínculo primario ya que se desarrollan de forma autónoma y no existe conexión constante entre ambos. Sin embargo, en los seres humanos la relación es más cercana, aunque debido a la relación cambiante entre estos su desarrollo nunca es paralelo. Se ha podido observar que el pensamiento tiene una etapa pre-lingüística y el lenguaje una etapa pre-intelectual, para posteriormente iniciar un proceso de fusión a partir de los dos años para surgir en una nueva forma (los pensamientos se vuelven verbales y el discurso racional). El entorno social de un niño es fundamental pues funciona como catalizador del desarrollo cognitivo. Es a partir de este momento que el lenguaje estructuraría el pensamiento.
Tomando lo anterior como cierto, el hecho de que el pensamiento pueda ser determinado por el lenguaje implicaría que distintos tipos de lenguajes llevarían a distintos tipos de pensamiento. Un estudio reciente realizado por la escuela de medicina de la universidad John Hopkins (Donnay, G. et. Al., 2014) reveló información que quizás podría proveer de nuevos elementos. En dicho estudio se observó la actividad de las regiones perisilviana en el cerebro en músicos de jazz que entablaban una improvisación interactiva. Dichas regiones incluyen la activación del giro inferior frontal y el giro temporal superior posterior, estructuras que han sido ligadas al procesamiento de elementos sintácticos en la comunicación. Por otro lado, se ha observado que también se acompaña de una desactivación del giro angular y el giro supramarginal, estructuras vinculadas al procesamiento semántico. Esto significaría que al improvisar, los músicos utilizan áreas relacionadas al lenguaje y pensarían en términos de éste de manera similar a lo que es entablar una conversación. Sin embargo, aún no se entiende con claridad cómo se procesa semánticamente la música, pero aun así esto pareciera proveer elementos que refuerzan la teoría que el pensamiento se modifica a partir del lenguaje.
¿Podría ser que si el lenguaje determina el pensamiento este a su vez influiría en nuestra perspectiva del mundo?
La Hipótesis de Sapir-Whorf
De acuerdo con Whorf (1956, en Brijandi; Somayyeh, 2012) toda investigación relacionada con lenguaje y representaciones sociales tiene como punto de partida la idea de Saussure de que el sistema de lenguaje segmenta la realidad en pedazos conceptuales los cuales a su vez imponen categorías a través de los cuales percibimos e interpretamos el mundo. Whorf retomó esto y lo amplió al estudiar diversos lenguajes de pueblos indios americanos, ya que pudo demostrar como las perspectivas del mundo (paradigmas) emergían a partir de la agregación de una conceptualización ligada a una forma lingüística específica.
La Hipótesis de Sapir-Whorf pertenece a las teorías de molde (las cuales sostienen que el lenguaje es un molde en término de que categorías de pensamiento se producen) y sostiene que ningún individuo posee una perspectiva absolutamente imparcial del mundo que le rodea, y en cambio es susceptible a estar bajo el influjo de ciertos modos de interpretación. Esto se introduce como un principio de relatividad, donde no todos los observadores llegan a una misma perspectiva del universo a partir de la misma evidencia física a menos que sus contextos lingüísticos sean exactamente los mismos o pudieran ser de algún modo calibrados. La idea de que el lenguaje moldea el pensamiento fue introducida originalmente por Sapir y retomada por Whorf. Carroll (1994, en Brijandi; Somayyeh, 2012) mantenía que la hipótesis de Whorf se conformaba de dos partes: el determinismo lingüístico y la relatividad lingüística. El determinismo lingüístico se refiere a que cada lenguaje determina ciertos procesos cognitivos no lingüísticos. En otras palabras, el lenguaje alteraría la forma en la que pensamos. Por otro lado, la relatividad es entendida como la afirmación que argumenta que los procesos cognitivos que son determinados son diferentes para diferentes lenguajes. Por esta razón se dice que los hablantes de diferentes lenguajes piensan de manera distinta. Carroll argumenta que algunas posturas de esta hipótesis están sujetas a debate. Entre ellas, la cuestión que cada lenguaje esculpe la realidad de diferente manera, que las diferencias entre lenguajes se dan de forma inconsciente (en otras palabras, que los individuos no están conscientes de la forma en la que clasifican a los objetos) y finalmente que dichos lenguajes influencian la forma de ver al mundo. Dichas críticas se dan debido a que en la opinión de Carroll, los postulados propuestos por Whorf no son aptos para investigación experimental, por lo que se dificulta la comprobación de la hipótesis. Adicionalmente, sostiene que el significado de la hipótesis es sujeto a interpretaciones.
Aunque el trabajo de Whorf fue fuertemente criticado por teóricos como Steven Pinker (1994, en Brijandi; Somayyeh, 2012), la década de los 1990’s trajo consigo estudios que levantaban preguntas como las hechas por Whorf y que gracias a su precisión metodológica habilitada por los descubrimientos en tipología y universales, permitían avanzar la investigación de la hipótesis. Hoy en día hay pocos lingüistas que admitan la hipótesis en su forma pura y radical, pero existen muchos que admiten una influencia moderada, ya que están de acuerdo que la manera en la que uno observa el mundo puede ser influenciada por los tipos de lenguaje que utilizamos. Esta nueva postura difiere en los siguientes aspectos:

  • Ya no se habla de un determinismo influenciado por el lenguaje, sino que se hace énfasis en una alteración del potencial para pensar.
  • Se observa al pensamiento y lenguaje como un proceso bidireccional: el lenguaje que uno utiliza también se ve influenciado por la manera de percibir al mundo.
  • Cualquier impacto se atribuye no a la lengua como tal o para un idioma en relación a otro, sino que se le asigna a la utilización de un lenguaje en contexto particular, como grupos socioculturales específicos.
  • Se hace énfasis en el contexto social, y la tendencia o presión a utilizar el lenguaje en una forma particular más que concentrarse puramente en las formas lingüísticas.
  • El significado no está en la forma, sino en la interpretación que se le da y esta última está dada por contextos socioculturales.

La hipótesis se Sapir-Whorf es un postulado sobre cómo se generan nuevos pensamientos a partir de la experiencia con el lenguaje en vez de como una consecuencia de la experiencia con los objetos y eventos que suceden en el mundo.
El meme: Un ejemplo tentativo de como la tecnología podría estar cambiando el pensamiento
En 1976, el biólogo Richard Dawkins hablaba de la cultura como la distinción primordial entre los seres humanos y los animales. Dawkins considera la transmisión cultural como análoga de la transmisión genética, ya que puede dar origen a la evolución. Bajo esta perspectiva, el lenguaje evoluciona por medios no genéticos y a una velocidad mucho más rápida que la evolución genética.
Propuso descartar al gen como base única en las ideas sobre la evolución y explicaba la función de los genes como reproductores o replicadores. A partir de esto, plantea como hipótesis la Idea de que puede existir una ley fundamental para los organismos: “toda vida evoluciona por la supervivencia diferencial de sus entidades reproductoras”.
Así es como la cultura humana puede ser considerada como replicador, ya que se transmite e imita. Utiliza la raíz griega “mímesis”, la cual significa imitación para designar este concepto y posteriormente el término “mime/meme” ya que es más parecido a la palabra “gene” en inglés.
Hace mención de N.K. Humphrey quien expone que los mimes deben de ser tratados como estructuras vivientes en un sentido técnico y no sólo metafórico. Expone la analogía del mime como un virus que se va propagando en forma parasitaria de célula en célula para así asegurar su transmisión.
El mime debe contar con un valor de supervivencia y conforma un proceso análogo a la selección natural. Esto significaría que para que un mime pudiera transmitirse, debe contar con una cualidad característica en los reproductores prósperos: fidelidad de la copia. Sin embargo, los mimes se transmiten de forma alterada, parece que estos se ven sometidos a una mutación constante.
Décadas más tarde, con el crecimiento del ciberespacio y la red, nos topamos con la situación peculiar de que los mimes/memes ahora son asociados puramente con imágenes multimedia las cuales contienen una pequeña frase que intenta por transmitir una idea referente a un concepto.
En definitiva carezco de información sólida con la cual podría hacer una inferencia adecuada, pero hablando desde mi punto de vista, me llama la atención el hecho de que pareciera que hay personas que utilizan a los memes como formas predominantes de comunicación a través de la red. Considero que estos cumplen con la característica primordial de ser alterados con facilidad, al punto que llegan a causar una cierta confusión/obstrucción de la comunicación. En cierta forma pueden a llegar a ser sincréticos, pues incluyen una gama de conceptos categorizados que no necesariamente corresponden bajo esa clasificación, además de que me quedaría la impresión que tendrían la función de símbolos afectivos dirigidos a dar un sentido a la experiencia del sujeto.
Por cuestiones relativas al tiempo no me es posible continuar desarrollando más el tema, pero considero que este tipo de reflexiones pueden llegar a ser útiles en el ejercicio de nuestra labor como analistas.
 
Bibliografía

  • Zepf, Sigfried; Soldt, Phillip (2009) About the Development of Infant Thinking: Some Psychoanalytical Remarks. Canadian Journal of Psychoanalysis, 17(1), p. 36-61
  • Birjandi, Paviz; Sabah, Somayyeh (2012) A Review of the Language-Thought Debate: Multivariant Perspectives. BRAIN: Broad Research in Artificial Intelligence and Neuroscience 3(4), p. 56-68
  • Roth, Wolff-Michael (2010) Vygotsky’s dynamic conception of the thinking–speaking relationship. Pedagogies: An International Journal 5(1), p. 49–60
  • Dawkins, Richard (1976) El gen egoísta. Salvat Editores. Barcelona.
  • Bangert, Marc; Altenmüller, Eckart (2003) Mapping perception to action in piano practice: a longitudinal DC-EEG study. BMC Neuroscience 4(26)
  • Donnay, Gabriel; Rankin, Summer; Lopez-Gonzalez, Mónica; Jiradejvong, Patpong; Limb, Charles (2014) Neural Substrates of Interactive Musical Improvisation:An fMRI Study of ‘Trading Fours’ in Jazz. Plos One 9(2) p. 1-10
  • Rapaport, David (1978) El Modelo Psicoanalítico, la Teoría del Pensamiento y Técnicas Proyectivas. Ed. Paidos. Buenos Aires.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *