Por: Paulina Antón
“Si alguien es un gran ser humano, solo significa una cosa. Ellos fueron amados”
Sue Gerhardt
Gracias a mi embarazo, me fue recomendado un libro que se llama “why love matters: how affection shapes a baby´s brain?” de la autora Sue Gerhardt, para mi grata sorpresa, al empezar a hojear el libro, lo empecé a relacionar de manera casi inmediata con muchos de los temas, que como psicoanalistas en formación, vemos de manera constante: apego, la importancia de la madre en el desarrollo, vínculo, etc. El libro pone el acento en el desarrollo del cerebro, y de la relación entre madre e hijo. No es de extrañar que la autora sea psicoanalista y ha dedicado muchos años al estudio de las neurociencias.
 
Me sorprendió que muchos de los conceptos que manejamos como parte de la salud mental de una persona, tienen una correlación directa con el desarrollo del cerebro, y es esta relación, la que me gustaría exponer en este rotatorio. La mayoría de la información fue obtenida del libro de Sue, complementada con autores que hablan principalmente de apego, desarrollo y mentalización.
 
Existe una explicación biológica, de nuestro comportamiento social, a través de entender la infancia a través del cerebro, y los sistemas bioquímicos involucrados en la regulación emocional.
 
“El cerebro social” se construye durante el embarazo y los dos primeros años de vida.
 
Primero que nada hay que entender que existe una relación directa entre las emociones y el cerebro, los procesos cognitivos elaboran los procesos emocionales, pero no pueden existir sin ellos. Es decir, las emociones son fundamentales para las funciones cognitivas y viceversa, ambas se estructuran de manera conjunta.
 
Para entender la formación del cerebro nos vamos a remontar hasta los primeros inicios; el embarazo. Es en el útero materno, en el que mamá y bebe comparten no sólo el cuerpo de la madre, y sus nutrientes, sino también sus hormonas, y las afectaciones de ésta. Un estudio realizado por Jante di Pietro en el 2006, descubrió que cierto nivel de estrés es recomendado para una mayor rapidez en la maduración del sistema nervioso central y ayuda a un mejor desarrollo del sistema motor y el desarrollo del feto. Sin embargo el estrés de manera constante y excesiva tiene una correlación directa con bebes que presentan bajo peso al nacer.
 
Se ha asociado que pesos menores a los 2.5 kg tienen una mayor propensión a desarrollar diabetes, hipertensión u otras enfermedades.
 
 
Estrés
 
Para entender como el estrés afecta al feto, vamos a entender que estructuras afecta.
 
La amígdala es el epicentro de las reacciones emocionales en el cerebro y esta involucrada en las reacciones disparadoras de estrés. Responde de manera excesiva al dolor y al placer, al miedo, enojo, y a las alegrías. Esta fuertemente conectada a otras estructuras cerebrales como el hipotálamo, hipocampo, y corteza frontal. La amígdala se forma en las primeras 15 semanas de embarazo. El estrés de la madre afecta la amígdala y puede hacer que crezca 6 por ciento de su tamaño. Así mismo, el estrés puede reducir el tamaño del hipocampo (estructura relacionada a la memoria), y alterar el tamaño del cuerpo calloso.
 
A pesar de que el bebe tiene varias membranas que lo protegen, no está exento de padecer algunas de las descargas bioquímicas que padece la madre, ya que dicha membrana no esta cerrada. Un ejemplo claro de esto es la depresión.
 
Si la madre sufre depresión, predispone al embrión a padecerla también. La depresión juega un papel importante en el cerebro, la serotonina es un importante neurotransmisor que circula en el cerebro, y a lo largo de todo el cuerpo, y una de sus funciones es regular las emociones, sobre todo, se encarga de modular la impulsividad y la agresión. Con la depresión o estrés de la madre no solo se afecta el sistema serotoninérgico, sino la producción de serotonina, con todo lo que esto implica.
 
Los bebes nacen con un cuarto de su cerebro. Muchos sistemas regulatorios aún siguen en desarrollo, por lo tanto hay muchos chances de que éstos sistemas se recuperen en el periodo posnatal. Por ejemplo un vínculo positivo y un apego seguro durante el primer año puede ayudar a un hipocampo chico a regresar a su tamaño. Si hay amor, este tiene la capacidad de dar forma en muchos sentidos a una nueva realidad. Estas huellas de amor dejan patrones que se pueden rastrear en la vida adulta, como Freud supuso con su teoría, así mismo Bowlby decía que existe un momento al nacer el bebe en el que la madre no se puede separar de su hijo, esto ayuda a generar una conexión y un vínculo que ayudará a ambos a superar las siguientes fases de desarrollo. Bowlby define al apego como “cualquier forma de conducta que tiene como resultado el logro o la conservación de la proximidad con otro individuo claramente identificados al que se considera mejor capacitado para enfrentarse al mundo… la función biológica que se le atribuye es la de la protección”
 
Psicológicamente el bebe es de alguna manera parte del cuerpo de la madre. Bebe y mamá son uno mismo, depende de la leche materna para ser alimentado, regular su corazón, y presión arterial, y para brindarle protección inmunológica. Su actividad muscular es regulada por su tacto, así como el crecimiento en el nivel hormonal. El cuerpo de la madre lo mantiene calientito, y ella aleja el estrés con su tacto, alimento y voz. Este base regulatoria psicológica permite mantener vivo al bebe, y a la vez ir desarrollando lo que Bowlby describe como una base segura “una madre capaz de adaptarse a las señales y los actos de su hijo, que responde a ellos de manera más o menos apropiada, y que es entonces capaz de controlar los efectos que su conducta tiene sobre su hijo y de modificarla en consecuencia”
 
Las expectativas hacia el otro se inscriben de manera no consciente en el cerebro, en el periodo de la infancia, y marcan las relaciones de la vida adulta. Padres que no son capaces de soportar sentimientos hostiles y agresivos por parte del bebe, enseñan al bebe a quedárselos, se ha descubierto que estos bebes simulan estar en calma, pero cuando son medidos, su corazón palpita más rápido de lo normal ya que el organismo no está auto regulado. Este tipo de comportamiento genera estrés en el bebe. En su artículo sobre vínculo y mentalización Allen propone que el trauma en las relaciones de apego, se da por periodos prolongados de inseguridad, que son dolorosos para el bebe, esto a su vez se traduce en una falla en la mentalización en la propia historia de apego de los padres. El vínculo, la seguridad y la capacidad de mentalización son los engranes que regulan las emociones asociadas al control de la ansiedad, depresión y disturbios emocionales, por lo tanto, no es de extrañar que la autora explique el estrés que sufre el bebe, como una subida instantánea de cortisol que causa problemas en varios sistemas. Así mismo como lo explica la autora Sue Gerhardt el bebe no tiene las herramientas para poder deshacerse de este cortisol que inunda su sistema afectando el crecimiento de los huesos, control de la presión arterial, funcionamiento del sistema inmunológico, metabolismo de grasas, carbohidratos y proteínas, funcionamiento del sistema nervioso e imposibilita dar a respuesta adecuada ante el estrés.
 
El bebe al nacer se enfrenta con un mundo hostil, y tendrá que ir aprendiendo a regular muchas funciones tanto internas, como externas, con ayuda de la madre, es por eso que tanto la frustración, la ansiedad y el estrés ayudan a modular muchas de las funciones. Un ejemplo de esto es la ansiedad de un niño ante la ausencia de la madre, la cuál ayuda a uniros más, el enojo que siente el infante manda la señal de que algo no está bien, y comienzan a regularse muchos procesos en el cerebro. El sistema simpático y parasimpático son solo algunos de los sistemas internos, esta la presión arterial, los patrones del dormir, respirar y excretar, y varios patrones y sistemas que interactúan y se influencian simultáneamente entre ellos y con el cerebro. La sinfonía interna, así como la fluctuación entre la inhibición y la excitación permite que constantemente hayan ajustes entre ellos, no obstante, si esto se da en exceso, el niño no está lo suficientemente maduro para poder soportarlo, y sería muy perjudicial para su salud tanto física como mental.
 
El cerebro humano
 
El cerebro humano del recién nacido es muy parecido al cerebro de los mamíferos, una diferencia importante es la respuesta de este, ante la interacción humana. El ser humano es el mamífero más social. El descubrimiento de las neuronas espejo en el cerebro habla de que estamos conectados con los demás desde el principio.
“Las viejas estructuras” como el tallo cerebral y la corteza sonsoriomotriz son las que más operan en el recién nacido. La prioridad del bebé es la regulación interna de los sistemas del cuerpo, adaptarse a las condiciones externas, que están fuertemente manejadas por sus respuestas emocionales, buscar la interacción con otros, alejarse cuando se siente saturado, “congelarse” cuando siente en peligro, éstos, son sus primeros intentos rudimentarios de auto regularse. Las emociones en un primer momento son guías hacia la acción, ya sea para ir hacia objetos o alejarse de ellos. Alejarse del peligro es la respuesta más esencial de la sobrevivencia, por lo tanto, no es de extrañarse que el miedo y la autodefensa son sistemas que se encuentran en la amígdala, y son los primeros sistemas emocionales del cerebro en madurar.
Así mismo la estructura básica de la amígdala está completa al nacer, se sigue desarrollando mucho más rápido durante el periodo post natal, hasta los 4 años de edad.
LeDoux autor citado por Sue Gerhardt, experto en temas neurológicos, principalmente en la amígdala, sugiere que muchas reacciones son automáticas, pero también están abiertas al aprendizaje y a la memoria. De ahí la importancia del entorno social. Así mismo es importante señalar que las reacciones de miedo y agresión son primitivas, y no funcionan de la misma manera que en los animales (cuya función es proteger territorio y reproducirse), ya que en los humanos, la interacción con grupos sociales es mucho más compleja, que únicamente pelear por territorio y reproducción, por lo que sugiere que el miedo y la agresión se elaboran en estados mucho más complejos como la tristeza, pena y culpa y sentimientos que ayudan a controlar nuestros comportamientos sociales. Así mismo la emoción básica de satisfacción se complejiza en amor, placer y felicidad. Así como las emociones se complejizan, y participan en la interacción humana, también toman forma en las estructuras del cerebro.
Mauricio Cortina y Giovanni Liotti en su artículo An evolutionary Outlook on motivation: impplications for the clinical dialogue revisan el desarrollo del ser humano desde la parte social, y le dan un gran peso a la culpa y a la vergüenza, como sentimientos que permiten la cohesión social, y favorece la contribución social.
 
El área social
El cerebro social se va desarrollando y nos volvemos más emocionalmente complejos y sofisticados, más alternativas y opciones aparecen en nuestra interacción con otros. Esto requiere la capacidad de pensar y reflexionar en nuestras emociones, y a la vez permite la expansión de la corteza del área pre frontal.
Una de las estructuras que madura en el cerebro es el neocortex, esta corteza tiene un rol único en el cerebro de los humanos. Ayuda a priorizar la información dentro de un mundo lleno de estímulos, que permite tomar decisiones y actuar, ayuda a organizar nuestras vidas, ya que está muy bien conectada. Recibe las emociones del sistema subcortical, así como reúne toda la información sensorial del mundo de afuera, y liga la parte motora y química del cerebro. Sue Gerhardt lo definió “como escuchar a escondidas” las actividades de todo el organismo, y coordinarlas todas juntas, para interactuar desde adentro y afuera.
El primer paso hacia la consciencia emocional, es la maduración de la corteza cingular anterior durante los primeros meses de vida. Esta región del cerebro engloba el centro emocional (amígdala y el hipotálamo). Registra los estados emocionales internos en relación con otras personas. Un ejemplo de esto es el dolor ante la separación, conflicto, etc.
Las expectativas se forman pronto, y la cíngula anterior es capaz de detectar los errores, para alertar al infante sobre situaciones que pueden traer recompensas y las que no. Con el tiempo la cíngula anterior se vuelve experta en sostener un rango de información compleja sobre el análisis del costo-beneficio realizando un análisis de los comportamientos que mejor aseguran recompensas. Con el tiempo el niño adquiere la habilidad de cambiar su comportamiento, dominando sus impulsos y desarrollando un mayor autocontrol. Estas capacidad van de la mano con el rápido desarrollo de corteza orbitofrontal que es parte de la corteza pre frontal. La corteza orbitofrontal es una parte importante en nuestra historia emocional.
La corteza orbitofrontal junto con otras partes de la corteza pre frontal son el área responsable de lo que Daniel Goleman llamó “inteligencia emocional”
La capacidad de empatizar, experimentar lo que otra persona está viviendo, e inferir el estado mental de otras personas requiere del desarrollo de la corteza orbitofrontal. Es como si el concepto de mentalización y desarrollo de esta corteza estuvieran íntimamente relacionados, Vero Alférez define la mentalización como el “atribuir estados mentales a los demás (creencias, sentimientos, moivaciones), el comportamiento de los mismos se vuelve entendible, lo que posibilita la relación interpersonal, así como llevar a cabo los múltiples intercambios intersubjetivos en los que es importante la sintonía afectiva e intelectual con el otro”, el poder inferir los estados emocionales de los demás “nos permite predecir el comportamiento, lo cuál es importante para prepararnos para una actitud que conjeturamos amistosa u hostil”
Sin la apropiada interacción con un adulto esta corteza (orbitofrontal) no se desarrolla adecuadamente. Se han encontrado áreas de esta corteza muy pequeñas en personas en las que sus relaciones fueron malas, particularmente en niños que sufrieron abuso o mucha violencia. El estrés en las primeras relaciones dificulta establecer las vías entre la amígdala y la corteza prefrontal. Cuando estas conexiones son débiles, la corteza prefrontal no puede hacer un trabajo adecuado en contener las respuestas de la amígdala, o en corregir situaciones de miedo que no correspondan a estímulos reales (miedo a personas pelirrojas). Pobres conexiones de la amígdala están correlacionadas con depresión y ansiedad.
El cerebro es un “órgano social” como Peter Fonagy lo describe. El bebe es un organismo que tiene varios sistemas listos para echarse a andar, y otros que están incompletos, y sólo se desarrollarán en respuesta a estímulos humanos. De alguna u otra manera necesita ser programado por otros humanos.
La primera infancia es muy importante, Sue Gerhard nos relata como Harry Harlow aisló a changos durante su primer año de vida, y estos se volvieron autistas y perdieron la capacidad de vincularse con otros changos, más recientemente, él trabajo con huérfanos rumanos, niños que fueron arrancados de sus primeros vínculos y permanecían en sus cunas todo el día, y se dio cuenta, que al igual que con los changos, no fueron capaces de establecer relaciones. Cuando la interacción social es prohibida durante el periodo en que el cerebro está madurando, hay poca esperanza de que se desarrollen adecuadamente las habilidades sociales y por ende, la parte del cerebro que se encarga de ellas.
Un bebe no puede desarrollar una corteza orbitofrontal por su cuenta, depende de la interacción con los demás. El bebe tiene que ser invitado a participar en la cultura. De ahí el famoso proverbio africano “se necesita una tribu para educar a un niño”
 
La sonrisa
La visión juega un papel importante en las relaciones. El contacto visual se vuelve la principal fuente de información sobre los sentimientos y emociones de los demás, así como una guía para saber que hacer y no hacer, que esperar, utilizando la expresión facial de los padres.
Las miradas positivas son los estímulos más vitales para el crecimiento de nuestra parte social del cerebro. Cuando el bebe mira a su madre y la siente, la huele, la ve, su propio sistema nervioso responde de manera placentera. Este proceso dispara una respuesta bioquímica. Primero un neuropeptido llamado endorfina beta es liberado en el torrente sanguíneo y en la región orbitofrontal. Este tipo de opioides ayudan a las neuronas a crecer, y regulan la glucosa y la insulina. También generan placer. Al mismo tiempo, un neurotransmisor llamado dopamina se libera del tallo cerebral, y se dirige hacia la corteza prefrontal aumentando la captación de glucosa allí, ayudando nuevo tejido a crecer en el área prefrontal. La dopamina no solo genera placer, sino tiene un efecto energetizante y estimulante, esta relacionada a la anticipación de la recompensa.
Dicho de otra manera el psicoanalista Spitz entendía la sonrisa que emite el bebe de manera voluntaria, como el primero de tres organizadores de la personalidad, organizadores que ayudan a entender si hay un yo lo suficientemente fuerte para empezar a catectizar a la madre. De tal forma que la sonrisa, no sólo organiza, sino estructura y estimula estructuras psíquicas, y áreas en el cerebro.
El cerebro del bebe hace mucho en su primer año, de entrada duplica su peso. Tenemos todas las neuronas desde el nacimiento, no necesitamos más, lo que necesitamos es conectarlas, y hacer que trabajen para nosotros. Con más conexiones, hay un mejor desempeño y una mayor habilidad para usar áreas particulares del cerebro.
Entre los 6 y 12 meses hay un masiva explosión de las conexiones sinápticas en el área prefrontal. Logran su más alta densidad justo cuando el desarrollo de las relaciones placenteras entre padres e hijos es más intensa y el vínculo aparece consolidado.
Este crecimiento alcanza su pico en la niñez temprana. El bebe ahora se vuelve un ser social con los inicios de un cerebro social, pero toma más del primer año de vida llegar a este punto. La experiencia empieza a obligar a las células a dirigirse a su destinos finales , de tal forma que van tomando sus posiciones a lo largo de todo el sistema y las que no, empiezan a morir, sobre todo las que no se usan. Esto se conoce como “poda”. El cerebro guarda lo que le es útil y desecha las conexiones excedentes que no son necesarias para esta vida en particular. Fuera de el caos de la sobreproducción de conexiones a lo largo del cerebro, los patrones empiezan a emerger (las neuronas de manera individual no crean patrones). Los patrones se forman por el ensamble de las neuronas y por su actividad, respondiendo a la estimulación del ambiente. El cerebro empieza a tomar forma. Daniel Siegel dijo que “el cerebro es una maquina que anticipa”. Nos ayuda a navegar en el mundo, proveyéndonos de la experiencia y otorgándonos el conocimiento para poder interactuar con nuestro ambiente.
Me gustaría contestar la pregunta del libro, y con la que empiezo este trabajo, ¿por qué el amor importa?, importa por que es el motor para echar a andar las herramientas que nos permitirán acceder a estructuras cerebrales complejas, que a su vez nos permitirán desarrollarnos como seres humanos, y gozar de cierta salud mental. Al menos la suficiente para poder vincularnos, echar raíces, poder empatizar con los otros, o en palabras de Freud “amar y trabajar”.
 
Bibliografía

  • Allen John G. Attachment and mentalizing as change agentes in psychoterapy
  • Alférez V. ¿Cuáles son las funciones más relevantes de la TOM?
  • Bowlby J. Una base segura. Aplicaciones clínicas de una teoría del apego
  • Cortina M, Liotti G. An evolutionary Outlook on motivation: impplications for the clinical dialogue
  • Gerhardt S. Why love matters: How affection sahepes a baby´s brain. Edición Kindle

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