father-sons-1478319Por: Catherine Aguilar
 “No se nace siendo hombre o mujer, sino se tiene que llegar a serlo”. Simone de Beauvoir.
En un inicio el objetivo de este trabajo se basaba esencialmente en la idea de discernir entre las diversas vicisitudes con las cuales es posible finalizar el Complejo de Edipo, y así destacar la importancia de este último y de su resolución en la consolidación de la identidad; sin embargo, esto es algo que considero todos aquí conocemos y hemos estudiado en algún momento, por lo que iniciar el trabajo desde aquella concepción nos haría adentrarnos en un mundo de definiciones y conceptos como la angustia de castración, la función de la metáfora paterna, las diferencias en el desarrollo de dicho complejo entre el niño y la niña, y con ello sus complicaciones y posibles sintomatologías futuras, así como las experiencias de corroboración con los pacientes de cada uno en el consultorio, situación que abarcaría mucho tiempo en un recorrido por los aportes de los diferentes autores y no nos llevaría a ninguna nueva construcción teórica (y aclaro que tampoco es lo que se busca como tal).
Es considerando esto que preferí puntualizar en un solo hecho, que al parecer en la actualidad ha surgido en mayor número de individuos, o quizás se debe al hecho de que existe una mayor desinhibición sexual, y por ende la íntima relación que mantiene con el aspecto social; esto es, la diversidad en la elección de objeto, o como se mencionaría en algunos escritos de Freud, la elección narcisista. Desde luego esto no es algo nuevo, pues ya conocemos a lo largo de la historia su existencia desde antiguas civilizaciones en el apogeo de su cultura, como en pueblos primitivos, así como en su consideración en la literatura psicoanalítica, y es que uno de los mayores exponentes de 1905 “Tres ensayos sobre teoría sexual”, realizaba ya una organización de estas conductas.
Sin embargo en la actualidad hablar de homosexualidad, o de una elección de objeto diferente, continua siendo enfrascarse en un mundo lleno de controversias, primeramente es considerar desde luego un duelo, una elaboración, una aceptación y una reconciliación de unos padres con su hijo, y a la vez en este mismo individuo, pero también es hablar de una “comunidad” que no solo pareciera incrementarse en índice, sino también en reconocimiento y derechos; en contraste, es considerar también una sociedad que aún en cierta parte continua excluyendo y considerando dicha elección de objeto como algo no correspondiente con la norma, como un estado de afectación o enfermedad. Y si bien, en relación con esta concepción debemos estimarla importante dentro de nuestro quehacer profesional, con el objetivo de realizar aportaciones que permitan quizás una mejor comprensión, y por ende se difumine, es decir, una modificación en las formas de pensamiento de esta llamada sociedad, considerando sobretodo la evidencia científica en dos aspectos, que deberían permitir el cambio o eliminación de esta idea de enfermedad; la primera, más antigua y del ámbito del psiquismo, es ya mencionada por Freud en “Tres ensayos sobre teoría sexual” (1905): “No se pueden considerar como degeneradas aquellas personas homosexuales (invertidos) debido a que dicha orientación se halla en individuos que no muestran graves anormalidades, cuya capacidad funcional no se encuentra perturbada, e inclusive ciertas personas se distinguen por su capacidad intelectual y elevada cultura”. Cabría mencionar que aun cuando en ciertos individuos se pueden apreciar otras graves orientaciones, o afectación de las funciones debido a la sintomatología que los aqueja, no habría porque considerarlos bajo la terminología de enfermo.
El segundo de estos aspectos, que tiene su origen o consideración en un hecho más reciente, y del ámbito científico, médico o psiquiátrico, es la corrección realizada en 1973, sobre la 2da versión del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), donde es eliminada la homosexualidad como categoría diagnóstica de lo que era la sección “desviaciones sexuales”, para posteriormente en 1990 ser eliminada también por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10).
Así pues, con dichas aportaciones que nos permitieran relevar esa concepción de pensamiento, las cuales cabe destacar son un trabajo constante, sería posible orientar nuestro quehacer profesional a aquellos factores o aspectos que sin duda se encuentran impactando en los papeles determinantes para la resolución del Complejo de Edipo, y por ende en la consolidación de la identidad; factores de una sociedad que se ha venido transformando, con sucesos relevantes y cambios constantes, y en donde actualmente no solo los avances tecnológicos son los únicos, la obtención de una equidad de género, donde los roles dentro de las relaciones de pareja han sufrido muchos cambios, la institución de la familia se ha reestructurado y por ende la elección de pareja se ha vuelto algo distinto, en donde ésta se ha postergado para etapas futuras de la vida.
Estos entre muchos otros cambios sociales, han marcado una influencia en los problemas que aquejan a los pacientes, por lo que podría pensarse también, que sin duda se encuentran marcando una influencia en los estadios o etapas tempranas del desarrollo, dentro de estas la fase fálica, en donde ocurre el complejo del cual se ha venido hablando; sin embargo al trasponer estos cambios a los tiempos del Edipo y considerarlos desde aquella concepción Lacaniana, con el aporte que ofrece del concepto “Metáfora o Función Paterna”, no debería verse alterado el camino hacia dicha resolución, puesto que como menciona Lacan en su Seminario 5 (1958): “El padre no es un objeto real… es el padre simbólico, es una metáfora, un significante que viene de otro significante”. Por lo tanto como función no tiene la necesidad de ser ejercida por un padre real, puesto que en el orden de lo imaginario, de lo simbólico, esta función vendría simbolizando aquella institución legal, esa Ley tácita de la prohibición, por lo que puede asumir su papel cualquier figura relevante para el infante, de modo que dicha figura instaure al niño en “la prohibición de la satisfacción real de su impulso” (Lacan, 1958), es decir, realice el corte Edípico, de forma que obligue al infante a separarse de su primer objeto de amor, encaminando así al niño durante el desarrollo “normal” de esta etapa, de forma que al final se realice aquella identificación, y por ende se consolide su identidad sexual.
Sin embargo resuena el por qué a pesar de que dicha Función puede ser sustituida por cualquier persona, la elección de objeto “invertido” pareciera ser cada vez mayor, y es que si bien Lacan realiza una ampliación del concepto que pareciera permite incluir estos nuevos factores sociales, ya que gracias a la elasticidad del concepto pueden adherirse estos cambios en los roles sociales y culturales, habría que considerar desde luego muchos otros factores tanto externos (culturales) como internos (experiencias personales). Así también cabría considerar el contraste entre lo positivo y la aparente aceptación de la mayor parte de nosotros, de aquella transformación de la sociedad, y aquella cierta parte que como mencione al inicio aún continua considerando no correspondiente con la norma, no solo la diversidad en la elección de objeto sino también todos estos cambios culturales y sociales; ya que en todo caso desde esta perspectiva, no solo existiría un contraste de ideas o ideales entre quien asume esa Función Paterna y la realidad social que se vive, sino también podría emitir un doble mensaje, que marcara “una duda” en el infante, si es que así se le puede llamar, por lo que este mensaje al no ser claro podría pasar por alto la Ley de la prohibición Edípica, facilitando la regresión y fijación hacia el objeto de amor primario, orientando así al individuo a esa elección objetal.
Desde luego esta es solo una hipótesis, o intento dé, la idea es no perder de vista, es decir, recordar, que es importante continuar considerando el Complejo de Edipo y los factores que intervienen en él, aún en la actualidad, en nuestro quehacer profesional, pues como mencionará Nasio en su libro “El Edipo” (2010): “El Edipo es la piedra angular del psicoanálisis, es decir, es el concepto soberano que genera y ordena todos los demás conceptos psicoanalíticos y justifica la práctica del psicoanálisis… Así la experiencia vivida del Edipo se graba en el inconsciente del niño y perdura a lo largo de toda la vida como una fantasía que habrá de definir la identidad del sujeto, de determinar numerosos rasgos de su personalidad y que fijara su aptitud para manejar los conflictos afectivos futuros.”
 
Bibliografía.
 

  • Freud. (1905) Tres ensayos sobre teoría sexual. Obras Completas, Tomo VII, 6ta reimpresión, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 109-134, 200-210 pp.
  • Freud. (1920) Sobre la psicogenesis de un caso de homosexualidad femenina. Obras Completas, Tomo XVIII, 4ta reimpresión, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 137-164pp.
  • Freud. (1924) El sepultamiento del complejo de Edipo. Obras Completas, Tomo XIX, 4ta reimpresión, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 177-187pp.
  • Freud. (1925) Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos. Obras Completas, Tomo XIX, 4ta reimpresión, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 259-276pp.
  • Freud. (1931) Sobre la sexualidad femenina. Obras Completas, Tomo XXI, 3ta reimpresión, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 223-244pp.
  • Freud. (1933) La feminidad. Obras Completas, Tomo XXII, 2da reimpresión, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 104-125pp.
  • Lacan. (1958) Seminario 5. La metáfora paterna I, 70-77 pp.
  • Lacan. (1958) Seminario 5. La metáfora paterna II, 78-84pp.
  • Lacan. (1957) Seminario 4. Del complejo de Edipo, 71-77pp
  • Lacan. (1957) Seminario 4. Del complejo de castración, 78-83pp.
  • D. Nasio. (2010) El Edipo. El concepto crucial del Psicoanálisis, 2da Edición, Ed. Paidós, Buenos Aires, 13-16, 21 pp.
  • American Psychiatric Asociation. (1973) Homosexuality and sexual orientation disturbance: proposed change in DSM-II, 6th printing, 44pp.

Imagen: freeimages / Jeffrey van Bijleveld
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